jueves, 24 de diciembre de 2009

RÉQUIEM POR TODOS LOS "TERREMOTOS" QUE YA NO ESTÁN ENTRE NOSOTROS

En esta víspera de Navidad, quisiéramos recordar que han sido muchos los bares, cantinas y tabernas desaparecidas de Santiago que ofrecieron alguna vez célebres versiones del "terremoto", ese trago mágico a base de vino pipeño y helado de piña que ha motivado tantas páginas de este blog. "Terremotos" que ya no existen; que se han convertido en recuerdos melancólicos de borrachines o bien en verdaderas leyendas de la coctelería popular y "guachaca".
Del triste destino de algunas de estas desaparecidas picadas nos hemos enterado recientemente, siguiéndoles la pista durante la elaboración de nuestra guía 1ª y guía 2ª (y ya viene pronto la 3ª) sobre los mejores "terremotos" de Santiago.
Quisiéramos hacer un brindis por ellos en las puertas del Año 2010, por todos estos "terremotos" que no llegaron a acompañarnos y no conocerán el Bicentenario Nacional, por lo mismo.
Partimos recordando uno de los negocios terremoteros más célebres que ya han partido al patio de las memorias urbanas: el local de "La Picá", también conocido como "La Picá de Amengual", que se encontraba en la Estación Central por la vereda Sur de la Alameda Bernardo O'Higgins cerca de la calle Amengual, aunque no exactamente allí, sino más cerca de la Estación Ecuador. Era un local muy antiguo con aspecto de colorido comedor de barrio, con una entrada estrecha por un pasillo de muros de adobe escondidos con decoración y cuadros ornamentales, en el cual también había mesas cojas y sillas metálicas ideales para las cabezas rotas en una riña de cantinas.
Por estos "terremotos" enrojecidos con granadina en "La Picá" iba de todo: desde oficinistas salidos de barrios cercanos al sector hasta humildes mendigos vestidos casi con harapos que intentaban mantener limpios. Su terremoto llegó a ser uno de los más famosos del barrio y se lo comparaba incluso con los mejores de la Estación Central, como los de "El Hoyo", "Pancho Causeo" o "El Campesino". Lamentablemente, el local cerró sus puertas poco después del cambio de siglo y su viejo edificio fue demolido, abriéndole paso en la cuadra a un nuevo proyecto inmobiliario.
Local del "Chicha y Chancho", ya abandonado.
El antiguo dibujo de un "terremoto" que estaba antes en la fachada del "Chicha y Chancho", ya borrado bajo una capa de pintura.
"Terremotos" con cueca eran los que se servían, en cambio, en las reliquias que tenía por barras el restaurante "El Barquito", un pequeño pero simpático local de adobe y tejado con pretensiones coloniales ubicado en la esquina Nor-Oriente de la calle Carmen con Marín, que hasta plazoleta propia tenía, afuera, en cuyas bancas terminaban durmiendo los borrachos más graves. Fueron conocidas sus fiestas folklóricas de fin de semana, con músicos de cueca brava en vivo (varios grupos del circuito se iniciaron allí), hasta que cerró hace unos tres años y fue demolido.
Hoy, el ex terreno de "El Barquito" pertenece a una casa universitaria allí instalada. Su placilla aún existe, aunque ocupada ahora por jóvenes estudiando o calentando materia para las pruebas en lugar de esos ebrios exhaustos de pipeño y fiesta del pasado.
El "Chicha y Chancho" era un entretenido antro de bebida, comida y música en vivo que competía con "La Piojera" ubicado casi exactamente al frente de ésta, en la misma calle Aillavilú. Era otro de los centros más tradicionales del Barrio Mapocho y expendía cientos de sus famosos "terremotos", servidos en una jarra de medio litro parecida a los schoperos. Tenía dibujado uno de estos terremotos afuera, en los muros junto al acceso, con un chorreante vaso de "terremoto" sobre una barrica de pipeño. Eran económicos y muy buenos, aunque había que tener algo de valor para entrar al local, especialmente durante las noches, pues el ambiente era un tanto bravo hacia sus últimos años.
Luego de muchos problemas y algunos asuntos policiales provocados por gente externa a la planta de trabajadores del local, el "Chicha y Chancho" debió cerrar sus puertas hacia el año 2005, parece que para no abrir nunca más, llevándose a las abstractas memorias de la ribera Sur del Mapocho sus cotizados "terremotos". Muchas veces se ha anunciado su reapertura, incluso con lienzos colocados en la fachada, pero hasta ahora este regreso nunca ha sucedido.
Cerca de allí estaba el mítico "Bar Central", una cuadra más abajo del Mercado Central en calle San Pablo, donde el pipeño se mezclaba con helado de piña a solitud de sus comensales. El clásico negocio mencionado por Ramón Díaz Eterovic en una de sus novelas, estaba ubicado por ahí cerca de donde antes estuvo la inolvidable boîte de "El Jote", actualmente es ocupado por un restaurante de comida popular peruana.
Mención especial para "El Rey" de Recoleta con María Graham, cuyos "terremotos" competían junto al Cementerio General con clásicos como "El Quitapenas" y "La Carmencita 2". Recientemente, el local fue vendido y ahora se llama "Santa Rosa de Pelequén", aunque siguen vendiéndose estos tragos en él.
Tenemos entendido que, hacia sus últimos días, la "Quinta de Recreo Ecuador", conocida también como "El Bar de la Tía" y del que ya hemos hablado en otra entrada, ofrecía "terremotos" a su clientela principalmente universitaria, de calle Catedral cerca de la esquina con Almirante Barroso, en Barrio Brasil. No tenemos más noticias de las características del que aquí pudo haberse preparado, pero el caso es que este histórico rincón cerró sus puertas también hacia el año 2000, siendo su local demolido y olvidado a pesar de la cantidad de años e historias que arrastraba.
Esta muralla roja y el portón azul es todo lo que queda de la casona de "El Barquito", que ocupaba toda la esquina de Carmen con Marín.
Y esto es lo quedaba hasta hace poco de la "Quinta de Recreo Ecuador" (sector de las panderetas), local del barrio Brasil en el que, según se nos ha informado, se vendieron "terremotos" hacia sus últimos años de actividad, aunque no hemos podido confirmar este dato (cualquier ayuda, bienvenida).
También tenemos en cuenta ciertos bares que nos presentan dudas imposibles de resolver a estas alturas, sobre la supuesta presencia del "terremoto" en ellos, reportada informalmente a nosotros. Suponemos así que estaba cerca de la Estación Central, por ejemplo, en un restaurante llamado "La Picá de la Estación" de Meiggs, que no sobrevivió a los años ochenta. Al parecer, varios boliches del sector alcanzaron a ofrecerlos luego de que estos fueron popularizados por "El Hoyo", a pocas cuadras de allí, hacia mediados de esa misma década. Y en Exposición 112 se servían los "terremotos" de "El Fabián", local cuyas dependencias son actualmente ocupadas por el bar "Tropezón", que antes se ubicada en el negocio de exactamente al lado.
Un "terremoto" que se quedó en el camino, a pesar de que su local sigue existiendo, es el que se habría ofrecido en el famoso "777" de la Alameda, así llamado por ser ése su número en la avenida. Esta famosa picada a la que se asciende por vertiginosas escaleras a prueba de ebriedad, tenía en su carta "terremotos" hasta por ahí por fines de los años noventas, según nos han informado. Sin embargo, recibimos la noticia de que ya no los oferta, gravísima denuncia que verificamos en el lugar aunque seguimos preguntándonos por la razón que pudo haber motivado semejante decisión de parte de los locatarios.
También nos han dado información similar con relación al famoso "Chancho con Chaleco", sobre y supuesto pasado terremotil en su conocido local de Avenida Pajaritos 99-113. Sin embargo, la visita en terreno nos confirma -para desgracia de desgracias- que no existe una oferta de "terremotos", o al menos no ya. Una lástima. Ojala, sea revisada a futuro.
Es difícil saber si existen más locales vigentes que alguna vez ofrecieron "terremoto" y ya no lo hacen. Muchas veces, los dueños, los administradores y los barmen han ido cambiando o incluso han ido muriendo, por lo que se hace difícil verificar si el trago estaba entre las ofertas del pasado de un local, casi tanto como si el mismo no existiera, como es el caso de "Los Braseros de Lucifer", también desaparecido recientemente desde la calle San Diego con Cóndor y trasladado hasta otra ubicación. Es el mismo problema que nos impidió, en el pasado, rastrear un posible origen porteño de la receta original del "terremoto", teoría que es muy comentada y creída entre los bohemios del puerto.
Sí aprovecharíamos la ocasión para recomendar a locales que venden terremotos, como el "Amberes" del Barrio Universitario y la "Capilla Los Troncos" de Quinta Normal, que ofrecieran la opción del vaso-caña individual y no sólo la jarra para varias personas... Una modesta sugerencia de la comunidad sismológica que despide a sus desaparecidos "terremotos" de Santiago.

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