viernes, 30 de octubre de 2009

GUÍA TÉCNICA DEL BUEN BORRACHO: GALERÍA DE LOS MÁS COTIZADOS "TERREMOTOS" DE LA CIUDAD (SEGUNDA PARTE)

Bien, sismólogos: habiendo cumplido con la loable y necesaria tarea de registrar una primera lista de los mejores y más famosos "terremotos" de Santiago de Chile, ese maravilloso trago a base de vino pipeño y helado de piña que la leyenda supone nacido en el bar "El Hoyo" de Estación Central tras el terremoto de 1985, comenzamos en la no menos esforzada pero ineludible tarea de preparar una segunda lista de "terremotos" santiaguinos, que aquí publicamos luego de algunos meses de sacrificios y dedicación.
Fue tal el éxito de nuestra primera guía técnica terremotera que circularon links hacia nuestra página en comunidades como facebook y twitter, además de haber aparecido mencionada y direccionada en un reportaje con características de encuesta sobre el "terremoto", publicado en el portal noticioso de Terra.cl (sección Blog Gour.net). Hasta nos pirateraron por allí algunas de las fotografías de ese primer registro, pues parece que en la internet no eran abundantes las imágenes de cañas con "terremotos".
Nuevamente, nos concentramos en diez ejemplos basados en la medida individual, evitando así las jarras o "cataclismos" para varias personas o los vasos pequeños llamados "réplicas", estandarizando de esta forma el criterio de observación. Los valores, direcciones y datos de ubicación de cada local corresponden a los que estaban vigentes durante el segundo semestre de 2009, más específicamente entre julio y octubre.
Aunque suene majadero, debemos insistir en que no nos anima otra cosa en esta investigación, que el sincero y muy, muy auténtico deseo de estudio de la cultura urbana y la tradición nacional. Ahora bien, que esta tarea haya tenido sus gratificantes recompensas y pertenezca a la clase de indagaciones en terreno más entretenidas que nos haya tocado, es harina de otro costal (o pipeño de otro vaso).
Disfrutad, entonces, de esta valiosa información y esforzaos por verificar todos y cada uno de los datos que acá os entregamos para señalar vuestro camino hacia la plenitud de la iluminación espiritual.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'44.41"S 70°38'53.54"W
  • LUGAR: "D'Jango"
  • DIRECCIÓN: Alonso Ovalle 871, Santiago Centro - Fono: 638 3402
  • VALOR: $ 1.300
  • CARACTERÍSTICAS: ¡Qué se puede decir sin caer a en la adulación enfermiza! De entre los buenos "terremotos" de Santiago, éste es uno de los realmente venerados, además de figurar entre los que se reservan la fama de ser los más mareadores que quizás puedan hallarse en una noche de peregrinación. Se los doy con la garantía de la experiencia personal, recalcando que sólo lo hice por afán de investigación (mentira). Son 500 c.c. que llevan la tradicional base de pipeño con helado de piña más unos toques de granadina y coñac, aunque notoriamente más generosos con el primero de estos "accesorios" que le acompañan. Al gusto, el vaso telúrico guarda cierta semejanza con los "terremotos" más típicos del barrio San Diego, pero los paladares más diestros podrán notar las diferencias y particularidades. Imperdible.
  • HISTORIA: Los administradores del "D'Jango" ya no recuerdan exactamente cuándo comenzaron a ofrecer el "terremoto" en sus cartas, sólo estimando el tiempo en muchos años, probablemente desde principios de los noventas. Aunque el "D'Jango" no está en barrio San Diego exactamente, bien puede haberle llegado el trago desde allá, tanto por el tiempo que llevan ofreciéndolo como por la semejanza de su receta particular con la de otros locales de ese sector. Como hemos dicho, barrio San Diego es uno de los que lleva más años ofertando el trago en la capital, teóricamente superado sólo por Estación Central, territorio en el que se adjudica oficialmente la creación del "terremoto".
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'23.39"S 70°39'10.74"W (bar 1) 33°26'22.61"S 70°39'8.08"W (bar 2) 33°26'32.77"S 70°38'59.32"W (bar 3)
  • LUGAR: "Bar Nacional"
  • DIRECCIÓN: Bar Nacional 1: Paseo Huérfanos 1151, Santiago Centro - Teléfono: 696 5986 - 699 5466. Página web: www.barnacional1.cl / Bar Nacional 2: Bandera 337, entre Huérfanos y Compañía, Santiago Centro - Teléfono: 695 3368 / Bar Nacional 3: Matías Cousiño 54, Santiago Centro- Teléfono: 699 6672. Página web: www.barnacional3.cl.
  • VALOR: $ 1.800 / $ 1.440 si se pide en la barra.
  • CARACTERÍSTICAS: Es imposible encontrar algo mediocre en el "Bar Nacional". Hasta una chupada al estropajo de la cocina debe ser toda una degustación de sabores y aromas tentadores. Su "terremoto", entonces, cumple fielmente con el mandato primero de calidad del local: helado de piña cremoso flotando en dos bolas sobre un mar de exquisito pipeño ámbar. Le colocan unas pintas de fernet "para la guatita", según me dice el barman, aunque me tinca que no me ha revelado la totalidad de la receta. Como si no bastara con la sabrosura, delicadamente servida en una gran copa de medio litro (que parece más bien un cáliz, onda Santo Grial de los "terremotos"), al cliente le colocan a un lado un pequeño pocillo con pichanguita escabechada y un mondadientes, exquisito. ¡Si falta que hasta le hagan a uno un masaje en el cuello, mientras tanto!
  • HISTORIA: Lo probamos en el "Bar Nacional Nº 3", ubicado en las ex dependencias de la desaparecida Librería Nacional de pasaje Cousiño. A diferencia de los otros, aquí siempre hay "terremoto". A pesar de que la especialidad del "Bar Nacional" ha sido siempre el excelente "cola de mono" que ofrece, no cabe duda de que la enorme experiencia coctelera de este viejo y tradicional bar chileno le permite jactarse de tener a la venta otro de los mejores "terremotos" posibles de beber en Santiago. También ha sido identificado como un "terremoto" con cierta elegancia, dentro de la oferta general y eso se nota en la propia presentación del traguito. Sin embargo, su sabor conserva la lealtad del gusto popular, encontrándose en el umbral que hay entre la coctelería más rústica y la más refinada. Los dueños lo incorporaron desde hace algunos años porque, simplemente, es inevitable que un bar tan importante y conocido en la ciudad no lo tenga en oferta. El local preferido de los terremoteros entre los tres Bares Nacionales es el tercero, al que hemos asistido, y lo ofrece desde que abrió. También es un lujo ser atendido por algunos de los mozos más experimentados y veteranos de la ciudad, además de sus aprendices en este monasterio, con un "terremoto" de tan buena calidad y sabor.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'32.77"S 70°38'59.32"W
  • LUGAR: "Club Social y Deportivo Comercio Atlético"
  • DIRECCIÓN: San Diego 1130, casi esquina de Avenida Matta, Santiago.
  • VALOR: $ 1.800
  • CARACTERÍSTICAS: ¡Extraordinario! Un pipeño dulcecito fantástico, con helado corriente de piña pero en dos porciones, sacadas con esas cucharas típicas de las heladerías. No aplican mucho, porque el vino es suficientemente sabroso y frutal. Como en muchos otros lados, un toque de fernet completa la receta. Es un "terremoto" muy frío, quizás el más gélido de los que se vendan en el barrio, ya que todos los ingredientes son mantenidos en estricta refrigeración. Más bien debiese llamarse "avalancha". Me parece ideal para los días calurosos o como postre bajativo; pretendo ir a probarlo en estas temporadas de fin de año, al descubrir aquí otras alternativas tan interesantes para consumir helados. De uno a siete, estos 500 c.c. de alegría y encantamiento se ganaron el ocho.
  • HISTORIA: La tradición de los "terremotos" de barrio San Diego es una de las más antiguas de la ciudad, como sabemos. Algunos, incluso, alegan que es anterior a la de Estación Central, donde habría nacido el trago. Particularmente, en el "Club Social y Deportivo Comercio Atlético", que es uno de los negocios más antiguos del sector remontándose a 1932, tampoco recuerdan exactamente cuándo comenzaron a ofertarlo, pero sí ha cobrado especial popularidad en los últimos años a raíz de los encuentros de cueca que se realizan repetidamente dentro de este local, en donde el "terremoto" es la estrella telonera. El que no lo pruebe este "terremoto" convertido en refresco, se va al infierno y será condenado a beber el ron-aguarrás del pirata por toda la eternidad.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°28'23.90"S 70°38'3.09"W
  • LUGAR: "El Pipeño" (conocido también como "Las Pipas del Biobío" y "El Portón de Lata")
  • DIRECCIÓN: Tocornal 2207 esquina Biobío, barrio Franklin, Santiago. Teléfono: 556 9764.
  • VALOR: $ 1.200
  • CARACTERÍSTICAS: Para muchos, otro de los mejores o directamente el mejor de los pipeños de Chile, servido con helado de piña cremoso y un poquito de fernet. Es formidable lo que puede lograrse con una receta tan sencilla cuando los ingredientes y las proporciones son de total calidad. El vino es claro y dulce, por lo que no necesita mucho helado en la receta. No tengo mejores adjetivos... Se trata de uno de los más cotizados vinos pipeños de este tipo y, de hecho, frente al local de "El Pipeño" está una distribuidora de los mismos propietarios que abastece a muchos de los locales que ofrecen "terremoto" en la capital. Aquí lo sirven con pajilla y también una cuchara en vaso caña de vidrio de 500 c.c., pero sin batir. Llama la atención la transparencia limpia del pipeño, además de su sabor incomparable.
  • HISTORIA: Es una de las especialidades de este antiguo local, cuyo secreto del éxito generacional es el pipeño de extraordinaria calidad, como hemos dicho. Son esas pequeñas joyitas refinadas que a veces resguarda lo rústico y aparentemente palurdo de la cultura popular. "El Pipeño" fue uno de los primeros bares del sector de Franklin-Biobío, por allá por el final del barrio Matadero, que ofertó "terremotos" en su carta de típicas comidas y tragos chilenos, por ahí por la segunda mitad de los años ochentas. Servido por el propio jefe de la barra y ante la mirada de los visitantes, casi como un rito. Es, además, el más popular de los locales que venden "terremoto" en vaso o en jarra por este lado de la ciudad... Y ya, no puedo seguir escribiéndole más elogios, porque me voy a pedir otro altiro.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'36.62"S 70°38'45.08"W
  • LUGAR: "La Punta"
  • DIRECCIÓN: Santa Rosa 24, cerca de la Esquina con la Alameda, Santiago Centro. Más información, aquí.
  • VALOR: $ 1.450
  • CARACTERÍSTICAS: Vaso de medio aproximadamente, con abundante pipeño del tipo blanco Italia (las garrafas están a la vista detrás del mesón), con helado de piña un poco espumante pero de buena calidad, pues dura bastante en el vaso antes de derretirse. El cliente puede solicitarlo con coñac o fernet como tercer ingrediente. Yo opto por este último y parece es buena alternativa, porque las dos chiquillas que atienden la barra son más generosas con este aditivo que en otros locales que también ofrecen "terremoto". Es servido en un pequeño traste a modo de platillo y con su respectiva bombillita. Tiene una colorida presentación en los momentos en que el color ámbar del vino recién comienza a diluir sobre sí el helado blanco y el fernet oscuro, que aún flotan más arriba. Muy sabroso, algo rústico quizás, pero con el control exacto de dulzores de los ingredientes para disfrutar de un buen y tradicional "terremoto". ¡Rico! Dan ganas de echar garabatos para poder describir con precisión lo bueno que es, pero no lo haré porque no soy un web-on picante. Mejor vayan Uds. a confirmarlo y a gritar "¡Put' que rico!".
  • HISTORIA: El local de "La Punta" nace precisamente en los años en que se considera oficialmente creado el "terremoto", por lo que fueron los propios clientes quienes, a meced de su insistencia en preguntar si lo ofrecían, los que convencieron a sus dueños de origen oriental de incorporarlo a la carta de venta de tragos, todos ellos muy chilenos y populares. Desde mi punto de vista, se trata de uno de los "terremotos" más sabrosos y tradicionales de Santiago, para disfrutar en un pequeño y cómodo lugar. Sorprende que "La Punta" sea visitada de vez en cuando por algún viajero o aventurero que llega desde otras tierras aprovechando de pasar por el local a probar un "terremoto", estimulado por la curiosidad y las recomendaciones. "La Punta" es, además, un estupendo restaurante de comidas típicas. Bueno, bonito y barato; combinación cada vez más escasa.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°24'53.88"S 70°38'36.59"W
  • LUGAR: "Santa Rosa" (conocido también como "El Rey" y el "Santa Rosa de Pelequén")
  • DIRECCIÓN: Recoleta 1389 esquina María Graham, frente al Cementerio General, Recoleta.
  • VALOR: $ 1.300
  • CARACTERÍSTICAS: Receta simple y muy sabrosa por sus particularidades que lo sacan de norma y que quizás sólo se protocolen acá. El pipeño es relativamente dulce y acompañado con helado de piña tipo hielo, pero ¡no reclamen!: si bien hemos dicho alguna vez que el helado crema es el óptimo para un buen "terremoto", el barman acá lo mantiene sólo parcialmente sólido, de modo que pregunta al cliente cuánto de este dulzor frío quiere en el vaso y le agrega el pipeño para revolver batiendo con relativa energía, por lo que cerca de la mitad del helado queda diluido y perfectamente mezclado, con el sabroso dulzor derramado sobre el vino. A continuación el mismo barman permite al consumidor elegir una, dos y eventualmente hasta tres cortitos de fernet, para controlar si lo quiere "con más sabor, o con menos sabor". El resultado es un magnífico "terremoto" en vaso de 500 c.c. con la tradicional pajita (o bombilla, para los mente de cloaca), con contenido de color opaco y pardusco, elaborado con el equilibrio ideal entre el talento de la receta del coctelero y las consultas que "personalizan" la cantidad de ingredientes al perfil del consumidor. Buena receta base, buen criterio de hacer participar al cliente y buenos ingredientes. ¡A probarlo, señores!
  • HISTORIA: La irradiación del "terremoto" en estos lados probablemente sea por la escuela del "Quitapenas", ubicado en la cuadra siguiente. Este local, el "Santa Rosa", ha pasado por varios propietarios y varios nombres resumidos en sus carteles y letreros, que no hacen mucho para adivinar cuál es el actualmente válido. Probablemente en uno de estos traspasos se heredó la oferta y se afinó la receta del "terremoto" hoy vendido allí. Actualmente es propietado por una ciudadana de origen peruano, según me parece, por lo que ha comenzado a llamarse informalmente al local con su nombre: "Doña Hilda" (como si tuviera pocos motes, ya), la que ha conservado la oferta de estos "terremotos" hasta ahora, afortunadamente. Si conocen tan bien sus propios gustos terremoteros como yo, y pueden presumir de su talento con las recetas, de seguro obtendrán también un resultado con la misma categoría que llegué con el mío: suave, refrescante, no excesivamente embriagante y, en resumen, un "terremoto" exquisito para una tarde calurosa y demasiado sobria.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'48.69"S 70°38'50.36"W
  • LUGAR: "El Rincón de los Canallas"
  • DIRECCIÓN: Tarapacá 810, casi esquina San Francisco de Asís, Santiago - Fono 632 5471.
  • VALOR: $ 3.200
  • CARACTERÍSTICAS: El individual más pequeño es el llamado junior. Definitivamente, es uno de los mejores terremotos que existen en la capital y le sobran méritos para figurar en nuestra nómina, aunque su nombre aquí es otro: "maremoto" (no confundir con las versiones homónimas del "terremoto" que llevan menta en lugar de fernet, como es el caso de las ofrecidas en el "Wonder Bar" y el "Tropezón", por ejemplo). Tiene las proporciones perfectas de buen sabor, dulzor y efecto mareador. Su receta es tan particular como el local que lo vende: lleva una base de vino pipeño con helado de piña, más una parte de aguardiente, jugo de frutas y granadina. Sospecho que incluye otros ingredientes que permanecen más bien en el secreto. Estas diferencias con las recetas más tradicionales nos provocó algunos conflictos morales al no saber con seguridad si corresponde a una variedad de "terremoto" o definitivamente a un trago distinto... Afortunadamente, con unos cuantos sorbos se nos fue la ética y decidimos incluirlo de frentón como uno más de los "terremotos" de nuestra lista. Se sirve en una jarrita de unos 600 c.c. (quizás más, no lo tengo muy claro) y se lo acompaña de un vaso pequeño y una cuchara. El pipeño es notable, sumamente sabroso por sí solo. El helado es tipo crema y abundante, sin llegar a lo abusivo, bellamente pintado por el rosa de la granadina. "Maremoto" magnífico y supremo. No hay excusas para perdérselo; ni siquiera no saber nadar.
  • HISTORIA: El "maremoto" es uno de los tragos que más identifican a este famoso centro de recreación y jolgorio. Me atrevería a asegurar que es el principal y más reconocible de su carta. "El Rincón de los Canallas" lo ofrece desde hace muchos años, antes de los noventas si mal no recuerdo, siendo probablemente uno de los primeros negocios en vender "terremotos" y ciertamente el único con esta receta. Como se recordará, el famoso local fue por muchos años parte de la oferta de estos tragos en el sector de barrio San Diego, desde donde debió emigrar cambiando su teatro de operaciones hasta la proximidad de Santa Rosa, debido a la demolición de su antigua e histórica casa. No se espanten con el precio, que lo coloca entre los más caros "terremotos" que hemos probado: la verdad es que, por su trinidad (canti-dad, cali-dad y ebrie-dad) vale hasta el último peso pagado... Terminarán lamiéndose la punta de los zapatos, para salvar hasta al última gota de esta delicia.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'19.75"S 70°39'20.12"W
  • LUGAR: "Bar las Naciones"
  • DIRECCIÓN: Teatinos 416 esquina Compañía, Santiago Centro - Fono: 671 0349
  • VALOR: $ 1.300
  • CARACTERÍSTICAS: Tan sencillo como bueno, basado en la receta básica-originaria de pipeño, helado de piña y fernet. Se sirve en vaso plástico de unos 400 c.c. con bombillita y, si el cliente lo solicita, también una pequeña cuchara de plástico para atacar los glaciares de piña. Todo es excelente: buen vino pipeño, buen helado tipo crema y la proporción diestra y profesional del fernet, sin revolver. Felicitaciones al barman. Muchos lo consideran también como uno de los mejores que se venden y, por cierto, es un deber de todo chileno pasar por el paladar una exquisitez embriagante como el "terremoto" de este famoso bar-restaurante, para hacerse su propio juicio (cuando hayan perdido el juicio, ya). Aunque ya conozco el bar, llegué dateado buscando este "terremoto" y ciertamente fue una excelente sugerencia, pues cumple con todo lo necesario para ser por completo recomendable... Algo me dice que reapareceré por allí muy pronto.
  • HISTORIA: El maravilloso bar y restaurante "Las Naciones" es un verdadero mito adjunto al Barrio Cívico de la capital, emplazado en el segundo piso de una antiquísima casona cuyo salón principal debe estar entre los recintos más grandes y espaciosos de toda la ciudad. Irónicamente, sin embargo, los administradores sólo tienen una idea general respecto a desde cuándo venden el "terremoto": mientras opinan que esta oferta existe más o menos desde la misma época en que el bar "La Piojera" lo introdujo en el barrio (harán unos quince años), confiesan también que la popularización del "terremoto" en la carta del bar "Las Naciones" es cosa de los últimos años, aún cuando su presencia pueda ser desde hace tiempo. La experiencia me dice que los locales que suelen ofrecer esta receta sencilla del trago son más bien los veteranos de la venta de "terremotos" en Santiago, sin embargo.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°25'59.87"S 70°39'15.22"W
  • LUGAR: "Wonder Bar"
  • DIRECCIÓN: General Mackenna 1176, Barrio Mapocho, Santiago Centro - Fono: 09 035 3029
  • VALOR: $ 1.500
  • CARACTERÍSTICAS: Maravilloso... Como el nombre del bar, nada más. No esperaba menos, tampoco. Es una delicia de sabroso vino pipeño ámbar con una buena y generosa porción de helado que casi rebasa los bordes, con el respetivo chorro de fernet, todo en un vaso de vidrio de medio litro. Le acompaña una bombillita y un platillo. Si el cliente lo solicita, la simpática niña de la barra puede incluirle granadina o un cortito de menta. Prefiero el tradicional, pues sé que en esta casa lo preparan excelente, disputando sinceramente el primer lugar de los mejores "terremotos" con las casas más famosas del Barrio Mapocho y alrededores. Felicitaciones a los dueños del "Wonder Bar", además, por la calidad de sus ingredientes. No se molesten en tomarlo con moderación, porque se van a curar igual. Nuevamente, siempre en pro del afán de investigación, prometo volver; y volver... y volver.
  • HISTORIA: Por alguna razón, los bares del Barrio Mapocho tienen una vinculación especial e íntima con el "terremoto", pese a que la tradición en torno al trago no les adjudica el origen a ninguno de ellos. "Wonder Bar" es otro de los locales más tradicionales que lo ofertan en Santiago y uno de los favoritos de los amantes del culto sísmico nacional. Llevan tanto tiempo vendiéndolo que ya es un trago característico de este bar-restaurante tan chileno, que siempre tuvo fama por la excelencia de sus pipeños y sus comilonas, además. Este sitio, así, aparece sugerido como otro de los mejores expendios del trago según el ranking sagrado de los devotos de la religión telúrica al vaso. Me detengo aquí en los piropos al "terremoto" del "Wonder Bar" para no babear mi PC (sí, uso PC, no esos computadores de juguete con frutitas en la tapa).
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:

Coordenadas: 33°26'1.13"S 70°39'7.80"W
  • LUGAR: "La Piojera"
  • DIRECCIÓN: Aillavilú 1030, Barrio Mapocho, Santiago Centro - Fono: 698 1682 - Página web: www.lapiojera.cl
  • VALOR: $ 1.700
  • CARACTERÍSTICAS: Éste es el "terremoto" símbolo de los guachacas, por excelencia, y muchos lo consideran derechamente como el mejor de todos los que existen en Chile, estando frecuentemente en el primer lugar de todas las listas. Lleva un pipeño dulce y de color oscuro especial de la casa, con helado muy cremoso, más un buen golpe de fernet, acompañado sólo de una bombilla. Hace algún tiempo se servía exclusivamente en caña de vidrio, pero la enorme demanda y la tremenda cantidad de comensales que llegan diariamente a este tradicional local del "barrio chino" de Mapocho, han obligado a optar por la solución de venderlo también en vasos plásticos que, de todos modos, respetan los 500 c.c. A pesar de la sencillez de su receta, no más distinta de otras muchas que hemos visto, el "terremoto" de este mágico lugar es extraordinario y único, todo un emblema de la cultura popular chilena, por lo que sólo podemos explicarnos su cotización en el calidad de sus ingredientes y en el talento de los experimentados barmen que llevan años preparándolos de a miles por días.
  • HISTORIA: "La Piojera" lleva ofreciendo el "terremoto" hace unos 15 ó 20 años, siendo uno de los locales pioneros en introducirlo en este sector de Santiago ribereño al río Mapocho. Se trata, por lo tanto y a estas alturas, de un clásico de clásicos en la oferta nacional terremotera. La gran explosión de popularidad de los últimos años ha sido gracias a que este local, además, se ha convertido en la sede de los encuentros de la cultura guachaca, que ha encontrado casa en tan antiquísimo bar-restaurante que atiende a sus fieles clientes desde hace un siglo. El "terremoto" de "La Piojera", entonces, es un verdadero emblema nacional y probablemente represente, en el ideario nacional, al más grande "terremoto" de todos los "terremotos". Persignarse la jeta tras cada sorbo, entonces.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:
Bien, termina aquí nuestro segundo recuento de los mejores y más solicitados "terremotos" de Santiago, tal cual lo prometimos con profesional responsabilidad en nuestra primera guía terremotera, y con el compromiso aún más demandante y necesario de preparar un nuevo y venidero registro de ofertas telúricas por los bares de la capital. Como siempre, aprovechad esta luz de conocimiento en la búsqueda de la salvación del espíritu.
"Veritas et terraemotus".

domingo, 25 de octubre de 2009

UNA SEGUNDA FUENTE DE LA PILA DEL GANSO EN BARRIO ESTACIÓN CENTRAL

Coordenadas: 33°27'11.79"S 70°41'20.70"W
Sí, así es. Suena raro, pero existen dos fuentes llamadas Pilas del Ganso en el mismo sector tan tradicional de la Alameda Bernardo O'Higgins, en Estación Central. Sólo una de ellas es la conocida pileta ubicada por ahí por el cruce de la ex Avenida General Velásquez con la ex Alameda de las Delicias, en la proximidad de la ex Estación Pila del Ganso (hoy San Alberto Hurtado) del ex cómodo y ex acogedor Metro de Santiago.
La otra fuente, aquella que nos distrae, está a sólo un par de pasos de la original: es la fuente de soda y restaurante "Pila del Ganso". Dicen que lleva décadas situada en el barrio, ocupando la ubicación de Alameda 3889-3895. Su nombre lo toma, obviamente, de esta pileta ornamental que es símbolo del vecindario, uno de los más históricos y costumbristas de todo Santiago, como hemos dicho.
Sus carteles luminosos, señalando en grandes letras rojas el nombre del local, también reproducen el icono del Niño de la Oca del arte clásico como símbolo del negocio, aunque con un dibujo de cierta ingenuidad en el trazo. Desde su posición privilegiada en esta venida, pudo observar las épocas doradas del ferrocarril y el comercio en este popular sector de la capital chilena.

Su historia habría comenzado con un locan fundado hacia los cincuentas según recuerdan sus actuales dueños (1954, de acuerdo a un dato que encuentro en internet), y su semblanza está reflejada en las distintas etapas de crecimiento y modificación del establecimiento.
Aloja en una antigua casona de dos pisos del barrio, y se le puede distinguir desde afuera por sus aleros de tejuelas clásicas que, durante las lluvias de invierno, alejan generosamente el agua de la cabeza de los transeúntes que marchan por este tramo de la cuadra. Los dos accesos adelantan con carteles y anotaciones en los vidrios parte de la amplia carta de su cocina.
Al entrar, el visitante de la "Pila del Ganso" se encuentra con una sala principal similar a la de las fuentes de soda típicas o cervecerías de la Alameda Bernardo O'Higgins, con una amplia y colorida barra donde abundan los pitchers, las jarras de schops y las gaseosas. Tras este mesón, una hilera de refrigeradores hielan bebidas y una joven camarera los recorre en toda su extensión complaciendo los pedidos de la clientela. En las mesas del lugar suelen reunirse cantidades grandes de comensales durante los días de partidos de fútbol, según me han dicho.
Hacia atrás del establecimiento existe una sala de bar y comedores algo más refinada y elegante; un piano-bar más precisamente, con características que no estarían lejos de algún pub nocturno. Mezcla elementos de mayor intimidad con decoración clásica, pero la barra de tragos, incluso en su iluminación y repisas para licores, es algo más moderno y sofisticado. Se nota que los administradores han invertido esfuerzos en la ornamentación y el carácter de este salón.
Sala de la fuente de soda.
Sala del bar y comedor.
Comedores familiares del segundo piso.
Por las escalas al costado del local, se accede al segundo piso. Aquí el ambiente es más familiar y reservado, tentación para reuniones de amigos, por ejemplo. Es un comedor donde predominan las maderas y las tablas crujientes en el suelo. Un enorme cuadro paisajístico decora el muro, atrayendo la atención de los clientes si la televisión no está encendida. Es cómodo, acogedor y me recuerda los típicos restaurantes de puertos, aunque por sus ventanas no se vea la cautivante vastedad oceánica, sino la marea interminable de vehículos transitando por la Alameda.
Los distintos estados históricos de la "Pila del Ganso" también aparecen reflejados en su amplia carta, confiada al talento del chef Julio Beltrán, uno de sus propietarios. La oferta rápida es la típica de una fuente de soda: completos, italianos, churrascos, chacareros, Barros Jarpa, Barros Luco, etc. Sin embargo, instalado en un barrio tan tradicional como la Estación Central, el restaurante no puede desentenderse de una buena oferta de comidas típicas chilenas, destacando en sus tenedores especialmente las parrilladas y el chancho a la greda, especialidades de la casa.
Los productos marinos también están presentes: mariscos, pescado frito e incluso delicadezas como la corvina con salsa de camarones. Tiene la opción de vender platillos para llevar, además.
La variedad y pluralismo se repiten en la carta de tragos: cervezas y shops en la fuente de soda. Piscos sour, aperitivos y tragos de barra, en el piano bar. La oferta más tradicional y popular va por los vinos, el clásico "terremoto" (símbolo del barrio Estación Central), además del borgoña y la malta con huevo.
La clientela de la "Pila del Ganso" también es surtida, como suele suceder con las fuentes de soda. La relativa proximidad de la Universidad de Santiago le hace atractivo también a los estudiantes, especialmente en las horas de colación.
En la actualidad, el local es propietado por Gallardo y Beltrán hermanos Ltda., constituyendo -por cierto- un fuerte reforzamiento al nombre del barrio de la Pila del Ganso, luego de habérsele retirado tal denominación a la importante Estación del Metro que allí desemboca.

martes, 20 de octubre de 2009

UNA HISTORIA A ESPALDAS DE UNA ESTATUA: EL CURIOSO SECRETO DEL "CAUPOLICÁN" DE NICANOR PLAZA EN EL SANTA LUCÍA

Coordenadas: 33°26'27.20"S 70°38'38.58"W
"Caupolicán" se constituye en la historia del arte como una de las obras escultóricas más famosas de Santiago y de todo Chile, además de ser la popularmente más conocida del pionero de la escultura chilena, Nicanor Plaza (1843-1918), el mismo autor de innumerables otros trabajos, incluyendo los desaparecidos perfiles de bronce con los rostros del Monumento de los Historiadores de la Independencia y varias otras piezas ornamentales de la ciudad.
Hay algo solemne en esta figura que, por décadas, se ha creído retrata a nuestro Hércules araucano, el mismo toqui que se echara al hombro un tronco durante toda una noche, motivando a don Alonso de Ercilla a registrar su epopeya en "La Araucana". Sin embargo, hay discusiones desde hace mucho al respecto.
Su musculatura perfecta y enérgica semeja los estudios de maestros renacentistas como Miguel Ángel o Leonardo, como homenajeando la anatomía ideal del ser humano. Es tan fuerte y expresiva la posición en que se encuentra el personaje, con un arco en sus manos (o una chueca, según otros, pero claramente es el palo de un arco que el personaje dobla para tensar la cuerda en él) y una masa y un carcaj de flechas en el suelo, que incluso desplazó las tradicionales figuras del caudillo indígena con el pesado tronco a cuestas, convirtiéndose en la más conocida y recurrida para las representaciones de Caupolicán. Fue el icono utilizado, por ejemplo, en la época de gloria del Teatro Caupolicán de calle San Diego, y también por las históricas Farmacias del Indio, que estaban en Alameda Bernardo O'Higgins esquina Ahumada.
Aparentemente, la estatua estuvo en ferias internacionales como la del Salón del Yeso de París de 1868, pero fue presentada en Chile como "Caupolicán" en la Exposición de Artes e Industrias de 1872, que se realizó durante la Intendencia de Santiago don Benjamín Vicuña Mackenna, con el flamante edificio del Mercado Central como parte de la muestra. En el certamen ganó la medalla con el primer lugar. Han existido desde entonces varias copias del "Caupolicán", unas oficiales y otras no autorizadas. La más contemplada quizás sea la que se colocó en el Museo de Bellas Artes, pero otras muy famosas fueron instaladas -por ejemplo- en el Estadio Nacional, en la Escuela de Carabineros y en el Club Hípico, esta última la más conocida de Santiago después de la que está en el Cerro Santa Lucía. También se la colocó en dependencias de la Universidad del Bío-Bío, en Concepción, y en el Parque de Lota donde parece estar la exhibida en Francia que sirvió a los moldes, según creen los locales. Hay algunas en manos de particulares y anticuarios, además, pero la más popular es la estatua de bronce del Cerro Santa Lucía, sobre la roca que señalaba el antiguo camino por el Desfiladero del Paraguay (en la cara poniente del cerro).
Observando el "Caupolicán" del Club Hípico, ubicado más bajo y accesible a la vista del observador que el del Santa Lucía, se advierte la firma de Plaza en la base, junto al pie derecho del personaje. Del otro lado, en el pie izquierdo, confirmamos en la rúbrica del fabricante que la fundición de la obra quedó en manos de la casa francesa Thiebaut et fils, la misma que fundió la estatua de Diego Portales de la Plaza de la Constitución.
Esta instalación habría tenido lugar en el cerro hacia 1910 según la información de la que disponemos, a propósito de las obras de hermoseamiento de la ciudad para el Primer Centenario de la Independencia de Chile. Fue el colega de Plaza, don Ricardo Richon Brunet, académico de la Escuela de Bellas Artes y Secretario General de la Exposición Internacional del Centenario, quien propuso colocar allí la figura. Desde ese momento, la presencia de la estatua fue tan determinante en este lugar que la Terraza del ex Castillo González, en la cara Sur del cerro, pasó a ser llamada Terraza Caupolicán, como se la conoce hasta nuestros días, aunque Oreste Plath sugiere en "El Santiago que se fue" que este patio-mirador ya había sido bautizado con el nombre del héroe indígena cuando se fundó allí el viejo Teatro Santa Lucía, pasados sólo dos años de la inauguración oficial del paseo, por el lado donde estaba el restaurante.
Vista de "Caupolicán" del Santa Lucía, en 1929. La ciudad de Santiago aún esta comenzando a crecer verticalmente tras su espalda, y los primeros grandes edificios ya empezaron a competir con la altura de las grandes iglesias y catedrales de la capital.
Postal del Cerro Santa Lucía, con un ángulo levemente distinto al anterior, aunque por el tamaño de la vegetación creemos que no debe estar muy lejos de la fecha de la fotografía previa.
No tengo la fecha ni la fuente de esta fotografía, generosamente facilitada por un lector, pero calculo por el aspecto de la ciudad y su comparación con las fotografías de antes y después, que debe corresponder más o menos a los años treinta.
(Idem. imagen anterior)
Otra vista del "Caupolicán" con la ciudad a sus espaldas, en 1940. En sólo unos años, comenzó a levantarse una nueva arquitectura que configuró las características más distintivas de la ciudad de Santiago. Aún existe un equilibrio entre los edificios y el horizonte donde diariamente cae el Sol de la tarde. Existen otras fotografías similares, tomadas por Einar Altschwager y hoy en el Museo Histórico Nacional, confirmando que éste era el paisaje que reinó en el Santiago de esos años desde esta perspectiva y altura.
Pero el cambio más radical de la ciudad llega con la década siguiente. La misma vista publicada en julio de 1955 por la revista "En Viaje". La fotografía fue tomada por Baltazar Robles Ponce. Se observa cómo ya han desaparecido casi todos los edificios más bajos de la ciudad a espaldas del "Caupolicán".
La vista actual de "Caupolicán" y una gran ciudad a sus espaldas, con la arquitectura ya descontrolada, fuera de equilibrios, de estándares y de racionalidad. La elevación de los edificios ha derrotado a la línea del horizonte. Pese a todo, es una de las postales más características y reveladoras de la ciudad de Santiago en nuestros días.
Por muchos años, sin embargo, llamó la atención de los observadores más atentos el aspecto de la estatua, sospechándose desde temprano que parecía representar o estar inspirada más a un indígena norteamericano que a uno sudamericano; mucho menos a un mapuche, tanto por sus plumas como sus aros en las orejas. Aunque muchos se equivocan al creer que los indígenas de América del Sur nunca se emplumaban (a veces, algunos se colocaban un par de plumas a un lado de la cabeza para bloquear los rayos solares, durante la caza, o usaban diademas símbolos de jerarquía), ciertamente no lo hacían de la forma que aparece en la estatua, con un elegante penacho típico de las culturas pieles rojas de los territorios de Estados Unidos y Canadá. Entre los indígenas chilenos, esta costumbre fue tan extraña o definitivamente ausente que no dejó de convocar dudas legítimas la presencia de este detalle en la figura del Caupolicán de Plaza.
Hubo muchos incrédulos sobre la representación del toqui araucano en esta imagen, entonces. Grandes leyendas circulan al respecto, por lo mismo. Joaquín Edwards Bello y Ernesto Greve, por ejemplo, creían que se trataba de un mito o de un engaño; y en marzo de 1942, el poeta Carlos Acuña escribió un artículo en "Las Últimas Noticias" donde sostenía que la estatua nunca había sido Caupolicán, sino un indígena de América del Norte. Hacía notar, además, que un cacique de apellido Huaquimir tampoco había reconocido a este "Caupolicán" como su auténtico congénere, tanto por la estructura física del representado como por el penacho o tocado de plumas que lleva sobre la cabeza. Tampoco se explica por qué razón, salvo las idealizaciones, se había adoptado culturalmente la figura de la estatua como la representación más popular de los indígenas de este territorio, pese al evidente desajuste con el aspecto físico y la indumentaria que ellos usaban.
Cabe comentar que una de las leyendas que corrieron sobre el origen de la obra, por ejemplo, decía que el gran mecenas de Nicanor Plaza, el empresario del carbón Luis Cousiño Squella, se la había solicitado mientras el artista estaba en Francia, pidiéndole expresamente que representara a Caupolicán, pues iba a ser instalada originalmente en Lota. Sin embargo, por un error en los embarques o por una prisa en entregarla, la que llegó a Lota no era del caudillo indígena, sino la representación de un indio norteamericano. Para evitar dilatar las cosas y no caer en controversias, simplemente se la bautizó de todos modos Caupolicán y se le estimó como tal.
Otra leyenda, aun menos histórica, dice exactamente lo contrario: que en Estados Unidos se habrían apropiado de la imagen de nuestro Caupolicán para mostrarla como representación de sus propios indígenas locales en una estatua del Central Park de New York similar a la nuestra. Esto parece altamente improbable, sin embargo, y más digno de un cuento de fanatismo antiyanqui.
Grabado de la estatua, por Antonio Camacho, publicada en Madrid de 1877.
Imagen de la copia de la estatua de bronce en venta en el portal de Todomercado.com. Se observa claramente que, en la base de la obra, dice en inglés "El Último de los Mohicanos". Intentamos ponernos en contacto con los vendedores, de la Región del Biobío, pero fue imposible obtener respuesta de ellos.
Acuña tenía otra explicación: la obra llegó en 1891 a Chile desde París, como regalo de Nicanor Plaza para el Presidente José Manuel Balmaceda. En vista de los infaustos sucesos de aquel año, terminó en alguna bodega esperando que alguien se acordase de ella. Pasado un tiempo, la estatua fue a parar a una de las salas del Palacio de la Moneda. Durante la Presidencia de Pedro Montt, don Luis Thayer Ojeda, curioseando en la base de la estatua, logró desprender una placa que cubría el nombre original grabado sobre el bronce. Esta plancha retirada decía "Caupolicán" y llevaba también el nombre de Nicanor Plaza. Para su sorpresa, abajo de ella decía en inglés: "El Último de los Mohicanos", el famoso personaje de la novela de Fenimore Cooper, escrita en 1826. Según supone el escritor, la obra habría sido concebida originalmente, entonces, para algún concurso promovido por los Estados Unidos y para homenajear al último de los indios mohicanos, aunque según otras versiones corresponde a un indígena hurón. Efectivamente, existe al menos una copia más en Chile de esta estatua, en manos particulares, donde se encuentran estas dos placas en la base de la estatua, atornillada, una tapando a la otra con "Caupolicán" encima y "El Último de los Mohicanos" abajo.
Para Edwards Bello, sin embargo, la explicación es absurda, pues sería extrañísimo -sino imposible- suponer que se realizara en Francia un concurso destinado a homenajear a un personaje de origen piel roja norteamericano, algo culturalmente tan ajeno al romanticismo parisino. En Estados Unidos había suficientes buenos escultores como para proponer un certamen de tales características en el extranjero, y, si acaso éste iba a ser un regalo de la República de Francia para los norteamericanos, cabe recordar que, para entonces, ya contaban con un tremendo obsequio francés en New York: la famosísima Estatua de la Libertad, llevada allá en 1886, para el Centenario de su Independencia.
Cabe destacar, además, que en aquella fecha Plaza ya había retornado a Chile desde su primer viaje a Europa, en 1875, regresando a vivir al Viejo Mundo recién en 1899. Pensar, por lo tanto, que la mandó con alguna suspicacia o pillería desde Francia a Chile, no calza bien con los hechos cronológicos. Otras especulaciones dicen que sólo fue comprado en una subasta de París y que, traído a Chile, se le rebautizó con el nombre del caudillo araucano.
Escultor nacional Nicanor Plaza.
Vista desde abajo (fuente imagen: educarchile.cl)
Otra imagen, esta vez desde abajo. Nótese el detalle del taparrabo, simulando piel de puma (con una mano y garras del animal a la vista).
Especulando, creeríamos más factible que Plaza haya tenido intenciones de crear una estatua diseñada en principio para el Último de los Mohicanos, probablemente por algún pedido o concurso; pero no que algún momento, la reorientó hacia un homenaje a Caupolicán. Esto no sería tan extraño ni inusual: la estatua del Roto Chileno en Plaza Yungay, por ejemplo, fue un proyecto que Virginio Arias había titulado originalmente como "El Defensor de la Patria", pero socialmente quedó asimilada con el concepto y la figura del roto chileno. Empero, el hibridismo de Caupolicán -por su intrigante parecido a indios pieles rojas pero representando en rigor a un araucano- queda manifiesto en los atuendos que lleva: mientras usa un penacho más propio de los pueblos nativos norteamericanos, como hemos dicho, el taparrabo de la figura es más característico de los pueblos australes, simulando la piel de un puma, incluso con una extremidad con garras colgando al frente. Ergo, no puede darse por hecho que su inspiración sea sólo un piel roja, en nuestro criterio.
Desde entonces, se debate y se discute sin cesar sobre la identidad del Caupolicán de la estatua, y en relación a quién es el verdadero retratado en ella. Algunos hablan directamente de un fraude; otros creen que fue sólo una "broma" de Plaza. Tomando en cuenta que en las primeras ferias en las que fue expuesto ya se le identificaba como "Caupolicán", hay quienes prefieren pensar que la única explicación de todo se halla en la idealización del escultor sobre la imagen del indígena chileno, de atuendos demasiado sencillos para una caracterización apolínea, a diferencia de la que ven miles y miles de visitantes de nuestro Cerro Santa Lucía anualmente convencidos de estar observando al toqui mapuche y no a otro personaje.
Bien sea Caupolicán o derivativamente el Último de los Mohicanos, no cabe duda de que la posición de esta estatua es de una solemnidad sobrecogedora en el paseo del cerro. Por las tardes, el Sol del crepúsculo cae sobre ella en una de las postales más hermosas que ofrece el Santa Lucía y la ciudad de Santiago entera, desde el mirador situado a un lado del peñón que la soporta. Como testimonian las fotografías que aquí exponemos desde este mismo sitio, a espaldas del Caupolicán de Nicanor Plaza, puede observarse el drástico cambio y el crecimiento de la ciudad de Santiago, ese que sus ojos nunca han podido ver desde la posición en que quedó fija su mirada de bronce.
Como epílogo incierto para este misterio, corresponde comentar que, hacia el año 2007, una estatua ofrecida como copia de la original del Caupolicán de Plaza enviada a Lota, apareció en venta por unos particulares de la ciudad de Concepción, según la información con la que contamos. Y en las fotografías publicadas por un conocido portal de ventas por internet aparece claramente, en el pedestal a los pies de gallardo indio emplumado, la inscripción en letras de estilo gótico: "The Last of Mohicans"... Es decir, "El Último de los Mohicanos".
Estatua de "Caupolicán" en el Club Hípico.
Acercamiento a la misma estatua. Se ve el taparrabo de piel de puma.
Inscripciones en la base de la estatua del Club Hípico (autor).
Inscripciones en la base de la estatua del Club Hípico (fundición).

jueves, 15 de octubre de 2009

ROMUALDITO: LA ACLARACIÓN DEL MITO EN TORNO A LA MÁS POPULAR DE LAS ANIMITAS DE SANTIAGO

Coordenadas: 33°27'7.66"S 70°40'48.89"W (animita) 33°24'57.61"S 70°38'46.44"W (tumba)
Ya hemos hablado del contenido pagano y popular en el culto a las "animitas" en Chile, particularmente cuando nos referimos en un anterior posteo a la famosa tumba de la Carmencita del Cementerio General, la supuesta "niña" muerta tras una violación que, en realidad, era una mujer adulta al momento de morir y probablemente había oficiado incluso como trabajadora sexual, lo que no le privó de ofrecer las capacidades milagrosas postmortem que se le atribuyen, hasta hoy, para conceder favores.
La más famosa de las animitas de Santiago, sin embargo, también tiene una historia parecida de idealización y de virtual canonización angelical, que nos permite identificar algunos rasgos comunes en el credo popular sobre el mito del ánima.
Se trata de la famosa animita de Romualdito o Rumaldito, en San Francisco de Borja casi esquina con Alameda Bernardo O'Higgins, junto a un fragmento del antiguo muro a un costado de la Estación Central. Por muchos años, se discutió sobre su verdadera identidad, aunque siempre se habló de una persona allí asesinada en 1933. Muchas teorías existían al respecto, algunas muy probables, y otras francamente insensatas.
El pasado mes de agosto se cumplieron 76 años del fallecimiento de Romualdo, coincidentes con las relevaciones más importantes sobre él que hayan sido hecho públicas en todos estos años de culto. Nos hemos propuesto exponer aquí un poco de su historia real y de su historia ficticia, y de cómo entró su memoria a los umbrales de lo legendario y lo sobrenatural.
LEYENDAS SOBRE SU IDENTIDAD Y SU MUERTE
Como sucede con todas las animitas más populares de Chile, Romualdito también fue sometido a un proceso de conversión en ángel de la inocencia, tal cual sucedió con la Carmencita del Cementerio General. Los fieles comenzaron a hablar de él como si se tratara de un niño o de un muchacho indefenso y vulnerable, versiones que aún son creídas y defendidas por los devotos de este santo informal. La fecha más repetida sobre su asesinato era el martes 8 de agosto de 1933.
Las principales versiones populares que existen hasta hoy sobre la identidad de Romualdito, son las siguientes:
  • Un niño que habría sido asesinado brutalmente tras ser violado por vagabundos del sector. Esta conversión de Romualdo en un niño se repite en otros casos de animitas, como el citado de la Carmencita. La tendencia a identificar rasgos angelicales en los niños y darlos por milagrosos o santos cuando fallecen en muertes dolorosas y crueles (generalmente en manos de herejes) es muy antigua en el cristianismo y tiene muchos ejemplos en el resto del mundo, como el famoso Santo Niño de La Guardia y también el caso de San Simón de Trento, entre otros. No ha faltado quien ofrenda a la animita de San Borja, además de las flores, velas y agradecimientos, algún juguete de niño, convencidos de esta versión sobre la identidad del milagroso personaje.
  • Otra teoría dice que Romualdito era ya un muchacho al momento de morir (de unos 20 años), pero con retraso mental o síndrome de Dawn. Todos lo querían en el barrio por ser muy servicial, trabajador y simpático. Según esta historia, el infortunado Romualdo falleció tras ser atacado a palos y cuchilladas por criminales callejeros que dejaron su cuerpo tirado junto a la pared, donde fue encontrado después. Se dice que el desgraciado muchacho iba camino a entregar un poncho del tipo manta de Castilla, o bien a darle comida a su padre, que estaba postrado por alguna enfermedad. Si bien esta versión no insiste en la niñez del personaje, conserva su inocencia al relacionarlo con un "tontito" inofensivo y querido por el barrio, que acabó siendo víctima de la crueldad de los asesinos.
  • Una de las versiones que siempre se tomó por más cercana a la realidad de caso, decía que el occiso era en realidad un tal Romualdo Ibáñez, de 40 años y que también habría fallecido asaltado y apuñalado en el lugar. Esta versión ponía su nota de dramatismo al agregar que Romualdo justo venía saliendo aquel día de una larga convalecencia en un hospital para tuberculosos, (aparentemente, el Barros Luco). También se dice que los delincuentes lo mataron para quitarle su poncho de abrigo y los 15 pesos que llevaba consigo. Como avezado investigador, Oreste Plath intuyó que ésta podía ser la versión más cercana a la realidad y es a la que dio más crédito en su trabajo "L'Animita", de 1993.
  • Una leyenda menos cotizada por los fieles dice que Romualdito era un huaso recién llegado a Santiago, que cayó tras ser embaucado por malhechores que sólo querían asaltarlo y robarle su manta o poncho. Una versión recogida por Plath, sin embargo, coloca a este personaje con una variación: el huaso llevaba tiempo ya en la capital pero venía saliendo de una enfermedad respiratoria. También llevaba una manta.
  • La versión menos elegante y menos aceptada de todas las que maneja el credo popular es una de las varias que menciona también Plath, respecto de que Romualdo habría sido un peligroso maleante abatido por policías en ese lugar. Cabe añadir que sí han existido otras animitas en la ciudad que pertenecieron a delincuentes y asesinos, por extraño que pueda parecernos.
Llama la atención la repetitiva figura del poncho en estas versiones. Quizás sea, como en toda leyenda ramificada, un elemento de verdad que sobrevive entre los rasgos fabulosos del mito. También se agregan detalles especiales, como que esa noche del crimen llovía, que fue asesinado en horas altas y que su cuerpo sólo fue hallado al día siguiente en la mañana. Otro detalle advertido por Plath es que en las distintas versiones, siempre resulta semejante el hecho traumático del asesinato violento por parte de delincuentes, e incluso el autor lo verifica entrevistando a personajes del barrio que alcanzaron a conocer más de cerca la leyenda de Romualdito. Una de las versiones que recoge hablaba incluso de que los asaltantes eran tres y habían salido del restaurante del sector llamado "Los Tres Palos", muy popular en aquellos años.
Otro hecho que se perdió en la penumbra y se fue nublando, es el de la fecha exacta en que murió Romualdo. Independientemente de la versión que lo tomara por niño, retrasado mental o adulto, muchos creían que el año de su muerte fue en 1950, quizás por una impresión errada del detalle que comentaremos sobre la presencia de placas de los años cincuentas como las quizás más antiguas de todas las que quedan en el murallón donde se erigió su devoción como animita.
NACIMIENTO DEL CULTO
Como es costumbre en Chile, alguien levantó una animita en el lugar junto al muro donde Romualdo perdió la vida en manos de sus malvados verdugos. Plath piensa que alguna vecina encendió una vela, como es hábito acá para los lugares donde acaba de fallecer una persona. Con este sencillo acto, comenzó a surgir el culto y todos empezaron a hablar de la generosidad milagrosa del espíritu.
Sin embargo, por corrupción fonética, la gente comenzó a llamarte Romualdo o Rumaldo Ibáñez, y después, simplemente como Romualdito. Aún hoy se los sigue llamando indistintamente de varias maneras. Un detalle interesante observando actualmente la animita, es que el diminutivo de su nombre no era tan común en las más antiguas placas de agradecimientos. Otros nombres equivocados que se le asignaron han sido Remialdo, Ronaldo, Romalcito e incluso Iván, tal vez por una confusión con el apellido que, por cierto, también ha degenerado: al mencionado Ibáñez, se suman extravagancias como Ivane, Ibaniz e Ivanez. Algunos de sus fieles aseguran que su verdadero nombres es Rumaldito, y al parecer tienen razón.
Con el tiempo, comenzaron a aparecer más animitas y más placas en el viejo muro. La fama de Romualdito concediendo generosamente deseos solicitados, corrió por toda la ciudad y el espacio se hizo poco en el muro para seguir soportando agradecimientos. Según algunos, este culto comienza en 1960, aunque tras revisar las placas, hemos descubierto una de 1956. Otras más antiguas pueden haber ido quedando abajo de las más nuevas o, simplemente, se han perdido. Hasta el escritor Daniel de la Vega pasó por allí, siguiendo el rito con un amigo, según él mismo confesaría dando fe de los poderes milagrosos de la animita.
Una de estas placas de agradecimiento define poéticamente los términos en que sus seguidores siguen sintiendo su presencia generosa en favores y milagros del fallecido:
Caminante no hagas ruido
baja el tono de tu voz
que Romualdo no se ha ido
solamente se ha dormido
en los brazos del Señor
La mayoría de los favores concedidos no son revelados, pero hay casos en donde se confiesa el milagro: las gratitudes van desde por haber tenido prosperidad económica hasta el nacimiento de hijos en madres que no podían tenerlos. La cantidad de velas de peticiones o de agradecimientos encendidas a lo largo de las décadas, fue ennegreciendo paulatinamente esta muralla al punto de que hoy se ve como una gran mole oscura salpicada de sus cientos y cientos de placas.
Es tal la fe generada por la animita que entre los creyentes de Romualdito incluso es común desafiar a los incrédulos a probar con su propia experiencia las bondades de este verdadero santo popular de Estación Central.
REVELACIONES, 76 AÑOS DESPUÉS
Una serie de investigaciones particulares realizadas desde principios del presente siglo y un muy reciente estudio de la Policía de Investigaciones de Chile en base a partes policiales y médicos, permitieron resolver definitivamente el enigma de la más popular de las animitas capitalinas. Aunque estas revelaciones no fueron de la total atención de la sociedad chilena (e incluso molestaron a algunos de los devotos), sino más bien de los círculos de investigadores históricos, no cabe duda de que se trató de un verdadero notición para los registros de la historia urbana y cultural de Santiago. Fue en este período, mientras se estaba a la espera de los resultados de tales estudios, que partí a tomar estas fotografías de la animita que aquí publico.
Durante este año, los investigadores históricos de la Policía de Investigaciones de Chile dieron a conocer con este entusiasmo y ante la expectación de algunos medios de prensa y otros investigadores, los resultados de sus rastreos sobre la huella del verdadero Romualdito "Ibáñez", llamado realmente Romualdo Ivani Zambelli. Este estudio fue dirigido por don Gilberto Loch, Jefe de la PDI de Valparaíso y del Grupo de Investigación Histórica Forense.
Entre otros datos notables, precisaron que la viuda de Arturo Mancilla, un amigo que le dio sepultura al infortunado según veremos más abajo, estaba viva y residiendo en Chillán. Mancilla falleció en 1935. Otro dato interesante fue dar con la casa de Romualdo, en la actual dirección de Lisperguer 3548 de Estación Central, a poca distancia de donde está su animita. Allí reside, actualmente, doña Eugenia de la Fuente Góngora. Aunque ella vive en esta casa desde 1934, al año siguiente del crimen, aseguró no saber que allí tuvo domicilio Romualdo. No obstante, consultada por el noticiario de un canal de la televisión chilena, aseguró que siempre había sentido presencias extrañas en la casa, que hoy atribuye al fantasma del célebre difunto. Hay antiguos vecinos, sin embargo, que reconocieron a Romualdo Ivani y aún dicen recordarlo, pero llama la atención que nunca se supo de ellos antes de las revelaciones de la investigación definitiva.
En algún momento, la tumba de Ivani en el Cementerio General también comenzó a ser venerada como animita. Hoy luce una gran cantidad de placas de agradecimiento, algunas pasándose al espacio de nichos vecinos. No sabemos desde cuándo ni cómo fue descubierto el hecho de que la identidad del fallecido de este lugar era el propio Romualdito de Estación Central, pero parece más bien que fue hace poco, pues las placas de agradecimiento están fechadas en años recientes. Quizás este fenómeno esté relacionado con el surgimiento del interés de los investigadores sobre su figura.

Más nos llaman la atención dos detalles de su sepulcro, sin embargo:
  • Primero, que quienes sabían desde hacía años que ésta era la tumba de Romualdo Ivani Zambelli, podrían haber sido de utilidad para desvirtuar las leyendas que lo llamaban y lo siguen llamando erradamente como Romualdo Ibáñez u otros motes, pues el nombre y apellidos del fallecido están perfectamente grabados en la lápida de mármol que sella su modesto nicho. También es extraño que la lápida, colocada por su propia madre, lleva el nombre de pila Rumualdo, por lo que podría haber un error incluso en los datos recientemente proporcionados sobre su identidad.
  • Segundo, que al igual que en la tumba de Carmencita Cañas en el mismo camposanto, la placa sólo señala la fecha de muerte: 8 de agosto de 1933. No sabemos si esto será intencional ni estamos ciertos de si los mármoles son los originales (damos cabida a este pequeña posibilidad de que sean posteriores), pero creemos que este detalle ha ayudado a fomentar -voluntaria o involuntariamente- el mito de que los milagrosos fallecidos habían sido "niños" al momento de morir. De hecho, la tumba de Rumualdo Ivani también tiene algunos pequeños juguetitos que le han dejado sus fieles.
Finalmente, es importante destacar que los registros de hospitalizaciones por enfermedades respiratorias no arrojan a ningún Romualdo Ivani, por lo que esta parte de la información reportada por la leyenda ha de ser más bien un contenido de fantasía que rodea al hecho cierto de su asesinato.
Imágenes de la tumba de Rumualdo Ivani.
La lápida puesta por su madre decía "Rumualdo", curiosamente.
LA VERDADERA HISTORIA DEL FALLECIDO
En base a los documentos revelados por las investigaciones, hoy puede establecerse perfectamente quién fue el asesinado y cuál fue su tragedia.
Romualdo (o Rumualdo) Ivani Zambelli era ciudadano chileno nacido en una familia de origen italiana compuesta por don Juan Ivani y Herminia Zambelli. Soltero y sin hijos, caminaba por calle Borja (hoy San Francisco de Borja) en la tarde del 8 de agosto (9 según su lápida) de 1933. Como siempre, lo hacía junto al enorme muro que dividía el recinto de la Estación Central con la vieja y desolada avenida. Joaquín Edwards Bello nos aproxima al aspecto de este murallón de ladrillos y de la misma calle en su libro "El Roto" (1918):
"La calle Borja, situada detrás de la Estación, es una calle típica de los barrios bajos santiaguinos, el reverso de esa decoración flamante que se llama Alameda. Pasa por ahí hedionda acequia sobre la cual volotean nubes de mosquitos; por las noches corren en sus bordes esas ratas imponentes que llaman pericotes y que hacen frente a los gatos del barrio. Está separada de la vía férrea por una larga y fea muralla desconchada, con rayas de carbón o tiza que dejan los chiquillos que pasan, cuando no escriben palabras obscenas".
Ivani, de 41 años, probablemente trabajaba en la Estación Central, desde donde parece ir en dirección a su casa, ubicada en la corta calle de Covarrubias (hoy Lisperguer) número 3548, a muy poca distancia. Es mecánico y su residencia es propiedad de Ferrocarriles del Estado, aunque vive en ella desde 1930, cuando se cambió desde San Bernardo. Hizo muchas veces esta recorrido por los peligrosos barrios aproximados al ex poblado de Chuchunco, cuya configuración marginal y semi-rural cambió sólo con la construcción de la Estación Central, dándole nuevos bríos de urbanidad a este sector entonces periférico de Santiago, alojo de prostíbulos, bares de mala muerte y pendencias callejeras. Sin embargo, esa noche sería la última vez que el pobre Romualdo podría pasar por allí.
A las 20:30 horas, es abordado por delincuentes, no menos violentos que aquéllos que infectan nuestra ciudad en la actualidad. En pleno asalto, le dan una estocada directamente en el corazón. Romualdo queda tirado a sólo pasos de la Alameda de las Delicias, junto a la pared y a la insalubre zanja descrita por Edwards Bello.
El caso del asesinato fue tomado por la 11ª Comisaría de Carabineros de Chile, pero no hubo registros del crimen en los medios de comunicación, probablemente porque -hoy como ayer- no era una gran novedad esta clase de asesinatos en los barrios bajos de la ciudad. Su cuerpo fue llevado al Instituto Médico Legal, donde se emitió el certificado de defunción el 10 de agosto siguiente: la causa del deceso fue la herida mortal en la región pericordial provocada por la agresión con arma blanca, específicamente un puñal.
Nunca hubo detenidos ni culpables por el infame homicidio. No se encontraron registros de algún juicio tampoco, por lo que el asesinato quedó impune. Por un favor de su mencionado amigo Arturo Mancilla, su cuerpo fue retirado y sepultado en el Cementerio General, en el Patio 44, Pabellón 4, Anexo 4, nicho número 1.063, en la calle Dávila. Su madre doña Herminia, en su incontenible dolor, hizo grabar en una placa de mármol de la tumba: "RECUERDO ETERNO DE SU MADRE".
Hasta aquí la historia real de Ivani Zambelli, porque lo que sucedió después de su muerte, será un verdadero mito de la fe popular.
EL MISTERIO DE LA HISTÓRICA MURALLA
Ha habido ocasiones en que las autoridades han querido demoler este fragmento del viejo muro donde está la animita, pero nunca lo han podido concretar: rondan historias terroríficas sobre quienes han osado intentarlo. Se cuenta, por ejemplo, que un policía que intentó remover las velas montado en un caballo y valiéndose de las patas del animal (alegando a las horrorizadas mujeres que allí rezaban que eran un peligro de incendio), terminó sufriendo un grave accidente cuando su caballo resbaló después, a poca distancia de allí, cayendo y quebrándole las piernas al oficial. El accidentado se hizo devoto de inmediato de Romualdito y así se sanó.
Sólo la fe en Romualdito le ha permitido permanecer a este muro: gran parte del entorno en calle San Borja ha sido derribado para levantar nuevas construcciones o edificios, pero la animita sigue allí, tal cual lo estaba hacía medio siglo atrás, y aún antes. Se ve hermosamente iluminada por las velas y cirios durante las noches, resguardada por ángeles de yeso y humildes vírgenes colgantes. Es un paisaje casi surrealista, especialmente cuando se realizan peregrinaciones. Y los fieles, casi a modo de protección, han levantado con los años varias animitas menores o ermitas dedicadas al fallecido, alineadas en la base de toda la longitud del muro. Alcancé a contar 21 de ellas, todas pintadas de color azul. Como sucede con la famosa Difunta Correa en Argentina, aunque el ánima de Romualdo sea más modesta, no deja de ser un atractivo para algunos turistas, que se asoman por allí tomándose fotografías o solicitando sus propios milagros, medio en broma y medio en serio.
Curiosamente, algunas de las ermitas están parcialmente vacías y han servido de refugio para perros vagabundos del sector, especialmente en las noches frías del invierno. Esto, en lugar de molestar a los fieles, parece ser que los complace, pues los canes son bienvenidos y tomados por guardianes de la animita. Me pregunto si habrá alguna relación arquetípica e inconciente con la función legendaria que los perros han tenido como custodios de la tranquilidad de los muertos, tal cual lo hacía el dios cabeza de perro Anubis, representado como un can que permanecía echado sobre la tumba de los fallecidos.
Se cuenta que cuando un equipo de retroexcavadoras fue enviado a la Estación Central para echar abajo la muralla de la animita y ampliar el ancho de la calle San Borja, los obreros comenzaron a denunciar con pavor algunos hechos inexplicables, ni siquiera comprensibles dentro de su experiencia. Alegaron, por ejemplo, que las máquinas se detenían súbitamente o funcionaban mal, quedando inutilizadas cuando intentaban usarlas para botar la pared. Otros prefieren pensar que los obreros temían a alguna clase de maldición y, buscando alguna excusa para zafarse de tan incómodas órdenes, optaron por fingir que las maquinarias se trababan en cada intento de utilizarlas contra la popular animita.
La muralla donde está la animita en San Francisco de Borja no ha podido ser demolida, entonces. Incluso se instaló un cartel señalizando a Romualdito, en este lugar. Cuando fui a tomar estas imágenes, la berma estaba en reparaciones y se hacían ciertos trabajos. Todo el sector estaba acordonado. Sin embargo, el encargado de la obra me hizo una seña con su casco y me dejó entrar sin ninguna clase de traba ni condición, retirando las protecciones... Me bastó este gesto para notar que era otro devoto de Romualdito y que no privaría a nadie de acceso a su milagroso mini-santuario.
Bien para todos que Romualdo ha hecho el milagro de salvar también a esta muralla, por cierto, pues es el último fragmento que queda de ese viejo murallón histórico del que habla Edwards Bello, y que ya fue demolido por toda su extensión en el resto de la calle San Borja. En una ciudad donde existe una pasión febril por derrumbar y destruir todo vestigio de historicidad urbana, sin duda que sólo un auténtico santo sería capaz de salvar de la picota y el taladro esta clase de rincones.

Qué ver en una visita?

Aconcagua (9) Aeronautica (12) Africa (4) Alemania (4) Alto Hospicio (11) Angol (2) Animitas (72) Antartica (31) Antofagasta (19) Apuntes (6) Arabes (20) Arabesco (13) Araucania (8) Arauco (2) Archipielago Juan Fernandez (1) Arequipa (6) Argentina (30) Arica (41) Armas (23) Arqueologia (76) Arquitectura en hierro (22) Art Deco (34) Art Nouveau (18) Arte (179) Artico (2) Austria (1) Aysen (9) Bares-Restoranes (146) Barroco (53) Bauhaus (10) Belgas (1) Biobio (1) Bizantino (9) Bohemia (162) Boites (26) Bolivia (18) Bomberos (33) Brasil (3) Britanicos (38) Buenos Aires (4) Burdeles (24) Cachapoal (1) Cafes-Salones de Te (17) Cajon del Maipo (14) Calama (2) Caldera (8) California (1) Calles (79) Campo (109) Candilejas (53) Carreteras (55) Cartagena (3) Casonas (99) Cauquenes (1) Cementerios (61) Cerros y montañas (40) Chañaral (1) Chile (1042) Chillan (5) Chiloe (13) Choapa (7) Ciencia (72) Cine (12) Cinema-Teatros (39) Circo (16) Cites-Conventillos (17) Cocina (58) Cocteleria (56) Colchagua (2) Colombia (1) Coloniaje (148) Comercio (188) Comics (30) Compañias (90) Concepcion (8) Conmemoracion (127) Copiapo (30) Coquimbo (21) Criminologia (28) Croatas (6) Cur (1) Curico (1) Curiosidades (240) Delincuencia (62) Deporte (42) Desierto de Atacama (53) Diplomacia (23) Diseño (92) Edad Media (19) Edificios historicos (174) Edificios populares (66) Educacion (72) Egipto (2) El Loa (1) El Maipo (2) El Maule (12) El Tamarugal (24) En prensa/medios (42) Errores (109) Esoterismo/Pagano (74) España (18) Estatuas-Monumentos (122) Etimologia-Toponimia (154) Eventos (47) Exposiciones-Museos (64) Fe popular (142) Flora y fauna (112) Folklore-Tradicion (212) Fontanas (39) Fotografia (24) Franceses (89) Francia (9) Frutillar (2) Gargolas-Grutescos (19) Georgiano y victoriano (25) Germanos (32) Gotico (19) Gringos (31) Guerra Chile contra Confederacion 1836 (11) Guerra Chile-Peru contra España 1865 (2) Guerra del Pacifico (78) Guerra Peru-Bolivia 1841 (1) Guerras antiguas (5) Guerras civiles y golpes (38) Hechos historicos (127) Heraldica (29) Heroes (83) Hispanidad (117) Holanda (1) Hoteles (32) Huasco (3) Huasos (60) Humor (62) I Guerra Mundial (2) Iglesias y templos (103) II Guerra Mundial (6) Imperio Romano (21) Independencia de America (46) Indigenas (101) Industria (74) Instituciones (167) Iquique (74) Isla de Pascua (1) Israel (1) Italia (35) Italicos (43) Jerusalen (1) Judios (10) Juegos (42) Junin (1) La Paz (1) La Serena (18) Lejano oriente (38) Lima (2) Limari (9) Linares (2) Literatura (122) Llanquihue (1) Los Andes (2) Lugares desaparecidos (213) Madrid (1) Magallanes (35) Malleco (1) Marga Marga (1) Mejillones (4) Melipilla (1) Mendoza (2) Mercados (23) Mexico (1) Militar (93) Mineria (51) Misterios (109) Mitologia (158) Mitos urbanos (121) Modernismo-racionalismo (15) Mujeres (78) Musica (68) Navegacion (46) Negros (12) Neoclasico (151) Neocolonial (22) Neorrenacentismo (1) Niños (99) Numismatica (16) Ñuble (5) Obeliscos (16) Orientalismo (12) Ornamentacion (107) Osorno (1) Ovalle (5) Palacios (24) Paleocristianismo (20) Palestina (1) Panama (1) Parinacota (1) Paris (1) Patagonia (21) Patrimonio perdido (120) Peñaflor (1) Periodistas (29) Personajes culturales (161) Personajes ficticios (53) Personajes historicos (181) Personajes populares (172) Peru (53) Pesca (17) Petorca (6) Philadelphia (1) Playas (33) Plazas y parques (164) Polacos (1) Politica (59) Productos tipicos (81) Publicidad (58) Puentes (35) Puerto Montt (6) Punta Arenas (9) Quebrada de Tarapaca (13) Quillota (2) Radio-TV (53) Rancagua (3) Ranco (1) Reliquias (154) Renacimiento (3) Reposteria/Confiteria (22) Rio Chili (1) Rio Mapocho (44) Rio Tevere (3) Roma (33) Rotos (94) Rusia (2) San Antonio (5) San Pedro de Atacama (2) Sanidad (50) Santiago (663) Semblanzas (136) Sicilia (1) Simbolos/Emblemas (75) Sociedad (145) Suiza (2) Suizos (1) Tacna (5) Talagante (8) Talca (3) Tarapaca (96) Tecnologia (83) Terrores y fantasmas (95) Tierra del Fuego (12) Tocopilla (2) Tragedias (200) Transportes/Estaciones (80) Tucuman (1) Tudor (28) UK (9) Uruguay (1) USA (20) Valdivia (4) Valle de Azapa (10) Valle de Elqui (15) Valparaiso (33) Vaticano (5) Venezuela (6) Viña del Mar (3) Websites recomendados (10)