miércoles, 30 de septiembre de 2009

MÁS QUE UN CONFLICTO NOMINAL: PLAZA BAQUEDANO, NO "ITALIA"... AÚN LE QUEDAN ENEMIGOS AL GENERAL INVICTO

Coordenadas: 33°26'13.05"S 70°38'4.06"W
Ya lo he dicho antes: considero que la politiquería es la forma en que los pueblos sucumben a la estupidez propia o ajena, pero siempre colectiva... La búsqueda de un vergel celestial en la tierra muerta y la conformidad de quien agradece hallar un arbusto raquítico interpretándolo como los propios Jardines del Paraíso que le fueron prometidos. Y este año será de elecciones; decisivas elecciones, para la pasión de muchos. Peor aún: elecciones y vísperas febriles de la obsesión “bicentenaria”, en la que algunos quieren echar todo abajo y mostrar sólo los logros de su portafolio, por supuesto que omitiendo los puentes que se caen solos, los sistemas de transporte que han estrangulado la calidad de vida en Santiago y los flamantes servicios ferroviarios al Sur fallecidos por muerte súbita. De la mentada “Torre Bicentenario” no se levantó ni un peldaño, y de los supuestamente multimillonarios proyectos con los que cierto influyente grupo de políticos nos privaron del único segundo aeropuerto útil para Santiago, en Los Cerrillos, aún no se logra licitar ni el kiosco de pretendida Ciudad Parque Bicentenario que allí se haría.
Politiquería y oportunismos bicentenaristas juntos… Así que ¡alerta! El barómetro de la estupidez en masa nacional se pasó a rojo bermellón hace rato.
Recientemente en el diario "Las Últimas Noticias" se reveló extraña apología relativa a una opinión suelta y un tanto ignorante -pero tan propia de este lapso de conciencia colectiva chilena- aparecida a su vez en “El Mercurio”, de un lector que sugiere con todo desparpajo para este Bicentenario, ir a tirar el monumento del General Manuel Baquedano al Parque Almagro, sólo porque a él le parece “re feo” (sic).
Como si la cantinflada ya fuera poca, el artículo también pide “devolverle” el nombre a la Plaza Italia, y se avalan tales desvaríos con las declaraciones de un “doctor en historia” que opina lo mismo. Nada raro de su parte, considerando que el personaje corresponde a un profesor conocido más bien por su entreguismo compulsivo disfrazado de americanismo bolivariano, y por defender fanáticamente hasta las más bizarras pretensiones de países vecinos sobre territorio chileno, entre otras, la que nos tiene en este momento preparando motores para ir a La Haya.
Peroratas al lado, debo hacer notar que una de las tantas cosas que los santiaguinos no saben -y parece que no sabrán jamás- sobre su propia ciudad, es que el nombre vulgar de Plaza Italia se popularizó después de la instalación del Monumento de la Colonia Italiana recién en 1910, en un espacio financiado por la colonia itálica residente en Chile. Antes, también había recibido nombres como Plaza Colón y luego Plaza de la Estación. Pero actualmente, se le llama Italia sólo a la plazoleta que acoge esta misma escultura generosamente regalada por los italianos en nuestro Primer Centenario, cuando nuestra euforia de aniversario fue bastante más madura y sensata que la de hoy, pero no por ello menos festiva y ostentosa, especialmente con la inauguración masiva de suntuosas edificaciones y recintos públicos de los que se hizo alardes.
El conjunto escultórico del General Baquedano con su querido caballo Diamante, se inauguró en 1928 y es una de las obras más célebres del gran Virginio Arias. Prometo dedicarle algún día una entrada completa y exclusiva a su historia. Por ahora, haré notar que es por su presencia que la plaza se llama oficialmente Plaza Baquedano y ya no Plaza Italia, como cree el uso vulgar que siempre se resiste a abandonar las nuevas denominaciones en la toponimia, por una tendencia casi innata a lo estático. En este caso, parece ser que fue la locomoción colectiva de Santiago la que hizo perdurar en sus recorridos, por largo tiempo, el nombre de Plaza Italia, dispersando la idea errada de que la Plaza Baquedano seguía llamándose de esa manera. Visto fríamente, sin embargo, el nombre de Italia le duró bastante poco, menos de 20 años.

Siempre es igual: para bien o para mal, por comodidad o por resistencia, tenemos el ex Aeropuerto Pudahuel, el ex Pedagógico; el actual edificio del Ministerio del Congreso Nacional sigue siendo llamado Hotel Carrera y el del Ministerio de Justicia seguirá siendo por siempre la Torre del Seguro Obrero. Avenida Gladys Marín sigue siendo llamada Pajaritos y difícilmente alguien logrará revertirlo. Estación San Alberto Hurtado aún es Pila del Ganso para los usuarios del metro. Pocos saben que nuestra principal arteria de Santiago, de hecho, ya no se llama Alameda. Esto sucede siempre, siendo sólo la denominación oficial la que permite poner orden y cotas; pero de ahí a acoger costumbres del uso vulgar y oficializarlas "porque sí", es otra cosa, creería.
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Por otro lado, la toponimia de Baquedano se repite en el entorno, confirmándola ya afianzada: el Metro Baquedano, el Teatro Baquedano, la Edificio Baquedano, el Café Baquedano, etc. Plaza Italia, entonces, sobrevive nada más que en un error cognitivo y nominal de la gente, de una "resistencia" en el lenguaje informal, preferentemente.
Explicado el asunto del poder nominal de Baquedano en esta plaza, cabe recordar también la historia de por qué habría sido instalado allí el conjunto artístico del General, y que tiene su carga cultural propia y profunda. También abordaremos a futuro con más detalle este asunto. Es tan justificada y hermosa como desconocida será a todos estos publicistas de la deconstrucción: según la leyenda ya casi olvidada, el héroe invicto de la Guerra del Pacífico pasaba todas las mañanas por este sector, a caballo, hacia los mercados del barrio Mapocho para desayunar con los rotos, sus mismos hombres que le acompañaron lealmente en la epopeya de los desiertos. Se dice que los caldillos de marisco eran sus favoritos. Baquedano, de hecho, convirtió durante sus idas a los mercados en puntos de encuentro y camaradería entre veteranos, desde muy temprano cada día. Siempre amó a sus rotos, a su lealtad y compañía. También solía andar por todos estos vecindarios e ir a esperar el cañonazo de las 12 en el Cerro Santa Lucía, además de visitar algunos amigos del barrio. Solo la enfermedad que lo llevaría a la tumba le apartó de esta amistoso hábito.
Sería un absurdo y un contrasentido, por lo tanto, que se trasladara la estatua de Baquedano a alguna otra plaza o parque, menos aún al Parque Almagro como se ha sugerido con aberrante candidez, como si olvidaran que este sector ya está convertido en un barrio universitario con fuerte identidad propia y que ya cuenta con una estatua del descubridor español que le da su apellido. Además, estos creativos enemigos del Monumento al General Baquedano parecen ignorar, junto con todo lo ya señalado, que la tumba de un militar desconocido está enterrada allí, formando parte del conjunto, de modo que un traslado implicaría no sólo meros elementos burocráticos relacionados con el mero transporte y reposición de una pieza ornamental, sino también la exhumación.
Por otro lado, la connotación triunfal y orgullosa de la memoria del héroe de la Guerra del Pacífico surge allí en la plaza cada vez que este pueblo chileno, tan infeliz y estéril en todo lo que no sean desgracias, quiere celebrar grandes hazañas nacionales o sus escasas victorias, y corre instintivamente hasta Plaza Baquedano como punto de festejo, especialmente cuando se trata de eventos deportivos, triunfos políticos o campañas sociales. Esto sucede precisamente por la identificación original de estos actos con la figura triunfal del General Baquedano, aunque esta conciencia se ha ido perdiendo.
Parte del juego de la politiquería, sin embargo, es ser tonto por voluntad: querer serlo y sentirse feliz de serlo. No hay cómo convencer de lo contrario a alguien en este punto de ocaso mental. Así que, si la estatua de Baquedano fuera tan “fea” como aseguran algunos, sería interesante entonces que los iluminados del Bicentenario explicaran por qué fue comparada aquí y en el extranjero con la calidad de las obras de Benlliure y Gil, otro maestro internacional de los monumentos ecuestres. Esto sólo por mencionar algunos de los elogios que ha recibido el conjunto escultórico.
Ahora bien, si realmente el Bicentenario ha hecho brotar por Santiago a una nueva clase de espontáneos esteticistas con aspiraciones irresistibles de revisar la ciudad en sus 200 años de Independencia, les propongo partir por hechos realmente audaces que podrían probarlos en su honestidad real por recuperar una urbe. Por ejemplo: esforzarse por reponerle sus nombres históricos a la ya mencionada Avenida de los Pajaritos (usado desde el siglo XVIII ó XIX) y al Estadio Chile que, con el respeto del infortunado cantante que hoy lo identifica, fue inaugurado con el nombre de nuestro país precisamente para homenajear a Chile y a todos sus triunfos históricos, mas no a la lamentable muerte de una persona allí asesinada (estoy pensando en los términos que usan los enemigos del Monumento y la Plaza Baquedano para argumentar, no en el criterio mío).
Por último, un afán "bicentenario" por devolverle a las cosas el curso no histórico sino el más conveniente a la fiebre del aniversario, equivaldría a hacer la misma campaña que algunos han querido sostener contra la estatua de Baquedano -incluyendo los mismos fundamentos-, para pedir el retiro desde la Plaza de la Constitución, por ejemplo, de esa estatua de un ex Presidente de la República que parece estar recién levantándose enredado entre las sábanas de su cama (si se tratara de buscarle algo "re feo", cualquiera puede) y para cuya colocación en el Barrio Cívico, más encima, se debió remover uno de los cuatro obeliscos-faros que formaban los vértices de la Plaza de la Constitución, señalando simbólicamente la luz de la Independencia de Chile en las cuatro esquinas de toda la cuadra, frente a La Moneda. Sin embargo, con la irrupción de la nueva figura allí levantada ahora, las autoridades cometieron una amputación al retirar el obelisco-puerto de esta esquina y alterar el diseño original y el contenido simbólico de la plaza. ¿No será, acaso, suficiente razón para pedir quitarla de allí con la misma pasión iconoclasta que se apunta la mira al Monumento a Baquedano, y a continuación arrojarla al Parque Almagro para reponer el desaparecido faro-obelisco, so pretexto de que su símbolo es más acorde al nombre de la Plaza de la Constitución?
¿Suena odioso, no? Como pretendo haber dejado demostrado, entonces, es fácil buscarle justificaciones a los caprichos "bicentenarios" más bien impulsivos y que, en lugar de motivarnos a restaurar y conservar lo poco que nos queda en la ciudad con valor realmente histórico y cultural, nos envilece con pensamientos absurdos de renovación autojustificada, de tremendismos sensibleros, mientras festejamos los dos siglos de Independencia con la triste postal de tener un Santiago que es, en muchos aspectos, considerablemente menos de lo que era en 1910... Y la culpa no fue sólo de los terremotos.

Dejemos los monumentos donde están, entonces, nos gusten o no; tratemos de mantener la toponimia de acuerdo a criterios funcionales y útiles más que a caprichos y excusas raudas; y no desatemos un efecto dominó descontrolado, en la fiebre por pintar de inmediatismos una ciudad como la nuestra.

3 comentarios:

  1. Excelente blog, de los mejores que he leído en internet.

    Odio los blogs y todo lo que tenga que ver con la web 2.0 con su contenido basura.

    Pero sitios como este le dan absoluto sentido.

    Mis más sinceras felicitaciones por él.

    Saludos.
    Alejandro

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  2. Revisen esta nota de acuerdo a este tema, el porqué le llamaos 'Plaza Italia' al monumneto del General Baquedano
    http://www.24horas.cl/nacional/por-que-llamamos-plaza-italia-al-lugar-donde-esta-la-estatua-del-general-baquedano--1561176

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  3. Don Criss Salazar
    Interesantísimo su artículo sobre la Plaza Baquedano, pero desearía informarle, que hay un anteproyecto ya aprobado, por la Intendencia de la Región Metropolitana y los Municipios de Santiago y Providencia, autorizan la REMODELACION de todo ese sector a fin de UNIR Alameda con Av Providencia y hacer un paso sobre o bajo nivel (la piedra tope es el Metro) de Av. Vicuña Mackenna con el puente Pio Nono. El Monumento al General siempre vencedor jamás vencido, Baquedano queda en el limbo o sea NO TIENE LUGAR FIJO, probablemente al final quede en el Parque Almagro. Las obras empezaran en 2017. Hay tiempo para DETENER esta ABERRACIÓN HISTÓRICA (Vea por internet tema Plaza Italia ya no será más como la conocemos).

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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