viernes, 4 de septiembre de 2009

LAS REACCIONES INMEDIATAS A LA MASACRE DEL SEGURO OBRERO DEL 5 DE SEPTIEMBRE

Homenaje del Partido Socialista "a sus adversarios políticos" asesinados en el Seguro Obrero el 5 de septiembre. Imagen tomada durante una marcha realizada poco después de la masacre, en una concentración de las fuerzas políticas del Frente Popular.
El año pasado, uno de los publicistas de la política oficialista chilena, acusó en un programa de Chilevisión a nuestros blogs de tener orientaciones nacionalsocialistas o algo parecido (estos tipos nunca son claros y directos, pues ésta es una característica de los calumniadores). Se refirió especialmente a aquél dedicado a la Masacre del Seguro Obrero, que finalmente, hemos fundido con los contenidos de este blog de Historia Urbana de Santiago por coincidir en hechos históricos de nuestra ciudad. La temeraria actitud del señor aludido (un abogado vinculado a organizaciones hoplofóbicas) intentando emporcar ladinamente nuestros trabajos de investigación, la contestamos por carta abierta que, por supuesto, nunca fue respondida por el aludido. La carta en cuestión permanece publicada y puede ser vista en este link.
El punto es que, por razones que sólo comprende ese siniestro engendro emborrachador llamado política (¡siempre la vil política!), todavía hay fanaticadas de neuróticos que creen inconcebible referirse en términos elogiosos o humanitarios siquiera a las víctimas de la horrorosa Masacre del Seguro Obrero del 5 de septiembre de 1938, como si el sólo acto de reconocer la atrocidad que se cometió contra un grupo de muchachos, muchos de ellos adolescentes, fuese un implícito homenaje público al nacionalsocialismo, a los exterminios, a los campos de concentración y a cuanto anatema de los lejanos actores de la Segunda Guerra Mundial existe. Curiosamente, es la misma gente que cree tener el monopolio de la memoria histórica en favor de sólo algunas víctimas de la violencia política en nuestro país, precisamente también en septiembre, y que saltan como picados por escorpiones cuando alguien recuerda que la historia de este país está regada de masacres, matanzas y brutalidad vesánica, desde la decapitación de los caciques detenidos en Santiago durante el enfrentamiento de 1541 hasta el sacrificio "ritual" de conscriptos en las nieves de Antuco en 2005, muertos que también merecen el privilegio del reconocimiento y del recuerdo de nuestra sociedad.
Sinceramente, entonces, no puedo comprender qué clase de mezquindad o de hemiplejia moral podría llevar a creer que los muertos valen sólo según quién los mató, según la importancia que le reporten a la ideología. Cosas de la oscura y cochina política, supongo. Como nadie es inocente, todos intentan ser los menos culpables.
En esta ocasión, entonces, hemos querido recordar la trágica masacre sucedida hace 71 años, hacia fines del Gobierno de Arturo Alessandri Palma, reproduciendo algunas de las protestas y acusaciones que la prensa no manipulada por el alessandrismo publicó en los días inmediatos a la matanza del Edificio del Seguro Obrero, que está por cumplir un nuevo aniversario este 5 de septiembre venidero. Es una demostración, además, de lo ajena que la sociedad chilena y las fuerzas políticas se encontraban aún de los juicios de valor relativos a los sucesos de la Segunda Guerra Mundial que aún no comenzaba en esos días, especialmente en lo referido al fenómeno nazi-fascista europeo y sus simpatías en el resto del mundo.
Cabe advertir, antes de abundar en estos documentos, que durante la noche del 5 de septiembre de 1938, sólo horas después de sucedida la masacre, el Presidente Alessandri recibió el apoyo de una serie de autoridades empresariales y políticas relacionadas con grupos de influencia de la oligarquía liberal chilena, intentando cubrir la gravedad de los sucesos de la Caja del Seguro Obrero, donde los casi 60 alzados habían sido asesinados a sangre fría por funcionarios de las fuerzas de orden. Como se previeron las consecuencias negativas que el acontecimiento podía tener para el candidato Gustavo Ross Santa María en las elecciones presidenciales que se aproximaban, las fuerzas proclives a la derecha alessandrista iniciaron una rápida campaña para esconder la realidad de los hechos y evitar mencionar así la situación de las muertes. Sus diarios repitieron a coro la fábula oficial de que los masacrados había asesinado a sus propios compañeros de aventura revolucionaria y luego debieron ser reducidos por carabineros.
Al frente, entre los dos Carabineros, Enrique Herreros del Río, uno de los dos jóvenes asesinados que dejó cartas de despedida esa trágica mañana del 5 de septiembre, y cuyos fragmentos han sido grabados en el Monolito de los Mártires del Seguro Obrero del Cementerio General. Tuve ocasión de conocer personalmente esta carta en agosto de 1998, cuando el hermano del mártir, Gonzalo Herreros, me la mostró en su casa y me permitió fotografiarla. Don Gonzalo estaba ciego en aquellos años, y falleció un tiempo después.
Los detenidos son conducidos al Edificio del Seguro Obrero, donde serán masacrados a sangre fría aquella jornada terrorífica del 5 de septiembre de 1938.
PALABRAS DE RENATO VALDÉS
Una ardiente carta fue publicada por el periodista Renato Valdés en el diario "La Opinión" (cuyas instalaciones había sido destruidas, además de clausuradas), propietado por Luis Mery, Juan Rossetti y Santiago Mosca. Pudo ser hecha pública cuando "La Opinión" salió nuevamente a circulación, casi dos días después de la masacre y luego de la censura general decretada por el Gobierno de Alessandri. Ella refleja a la perfección el sentimiento popular que existía en aquel instante. Renato Valdés era hijo del recordado y estimado Alcalde de Santiago del mismo nombre, además de ex miembro del Ejército de Chile y agregado de las legaciones diplomáticas de nuestro país en Suecia y Alemania. Llegó a ser Intendente de Magallanes.
Reproducimos aquí la elocuente y magnífica carta que dirigió al mencionado candidato oficial del alessandrismo, el ministro Gustavo Ross Santa María, echándole en la cara su responsabilidad frente a los hechos y anticipando con precisión su derrota en las elecciones presidenciales que se venían encima:
Santiago, 7 de Septiembre de 1938
Señor don Gustavo Ross Santa María
Presente.
Muy señor mío:
Vengo saliendo de la prisión, a donde fui conducido por los sucesos de ayer, y me encuentro horrorizado ante los acontecimientos ocurridos. No tengo prensa en qué manifestar mi opinión, ni medio alguno para dirigirme al gobierno o a mis conciudadanos; pero quiero hacer llegar hasta usted mi protesta más airada ante los hechos horripilantes que ha contemplado nuestra capital, por el solo hecho de pretender el gobierno mantener una candidatura monstruosa, una candidatura que es una aberración política, que es una ofensa a la democracia y un atropello a la dignidad humana.
¡Este país no se vende, y ni siquiera acepta que alguien se lo quiera comprar!
Usted no conoce la tierra en que usted, tal vez por casualidad, nació: Usted no conoce a su pueblo, ni puede comprender su alma, pues sus largas ausencias de su suelo, el poco interés que siempre usted ha tenido por él, lo han transformado a usted en un extranjero, y aún la sangre que corre por sus venas tal vez no sea asimilable con la sangre chilena que corre por las venas de sus connacionales.
A usted lo lleva a la Presidencia de la República, una oligarquía plutocrática en decadencia, corrompida, que ha perdido todo derecho a gobernar a un pueblo que fue grande y digno, y que pretende volver a serlo.
La sangre joven derramada ayer, en forma cobarde y sanguinaria como no se ha visto en la Revolución Rusa, ni la española, no es algo que pueda amilanarnos ni acobardarnos, sino que va a enardecernos y devolver a todos los hombres de bien y amantes de su tierra, la esperanza de mejores tiempos. Cada víctima formará cientos de almas valerosas dispuestas a participar en la lucha que ha de poner atajo a sus insolentes pretensiones de convertirse en capataz del pueblo que produjo un Arturo Prat, que se entusiasma ante el valor de los Carrera Pinto, y que sabe del heroísmo de miles de ciudadanos que han dado su vida por Chile.
Usted puede establecer un Banco, una Agencia de Empleos, un Oficina de Corredor, un otro negocio que armonice con los instintos de su sangre de mercader; hombres no comprará usted, a no ser aristócratas degenerados o hambrientos envilecidos. Los chilenos de verdad, los que amamos a nuestra patria, los que en ella hemos nacido, en la cual vivirán nuestros hijos y descansarán nuestros huesos, preferimos morir masacrados, como los estudiantes de ayer, antes que continuar viviendo deshonrados en un país que puede aceptarlo a usted como su mandatario supremo.
Los muertos de ayer están defendiendo el honor de Chile: son las primeras víctimas de su candidatura, y habemos muchos, pero muchísimos, que estamos dispuestos a ocupar su sitio en la brecha, antes que seguir la vida de esclavitud que significa su política explotadora, digna de los negreros de la Colonia.
Esta es la opinión que dominará mañana en el país, cuando se conozca todo el horror y cobardía de ayer.
Renato Valdés
PALABRAS DE CARLOS PRÉNDEZ SALDÍAS
El día 9 de septiembre, el periodista, poeta y escritor Carlos Préndez Saldías decidió romper la censura oficial y contestar a tanta infamia dirigida desde el Gobierno. Así, publicó en el diario "La Opinión" un desafiante artículo contra los criminales del Seguro Obrero, en donde su pluma de fuego desafiaba al poder con las siguientes líneas:
Cualquier hombre puede convertirse en criminal, cegado por una pasión alta o mezquina. Porque pasiones hay que enaltecen al hombre, aunque así no lo comprendan los menguados ni los de corazón estrecho y mente sin ejercicio.
Los estudiantes que dieran la asonada del lunes último, con la intención infantil de derrocar al Gobierno que soportamos, iban tras de un ideal que era su norte y su esperanza alucinada. Se jugaban la vida con inconsistencia jubilosa, perturbados acaso por prédicas incontroladas.
No es ocasión de averiguar qué doctrina ilusa o qué hombres pusieron la inquietud en sus mentes juveniles. Basta con anotar el desenfado de su gesto -equivocados para muchos y para mí, que repudio con asco todas las tiranías-; basta con señalar la resolución con que se dieron a una lucha que imaginaron salvadora para su patria, basta eso para que todo hombre se incline respetuoso ante la evocación de su inútil sacrificio.
Pero si cualquier hombre, aún el más puro y de espíritu más cultivado, puede convertirse en un criminal cuando lo empuja una pasión incontenible, las autoridades de un país civilizado no pueden ejecutar actos de bandidaje. Cuando se está dirigiendo -bien o mal- los destinos de una nación en que no hay cafres, no puede atropellarse la dignidad humana como lo hicieron las autoridades de Chile al reprimir la asonada de los estudiantes nacistas.
Eso denigra a la especie. Eso anula el sentimiento de respeto que debe inspirar la autoridad a los que la eligieran para su resguardo.
Ese ultimar a sangre fría, con ensañamiento de bebedores de sangre, a una muchachada idealista que levantó los brazos cuando se supo dominada por la fuerza, arranca este solo grito de mi corazón de poeta: ¡CANALLAS!
PALABRAS DE ARTURO NATHO
Otra reacción tuvo lugar desde el escritorio del periodista de la revista "Hoy", Arturo Natho, cuando publicó un sobrecogedor artículo en el que se lee lo siguiente, en la edición del medio que siguió a los hechos del Seguro Obrero, el 12 de septiembre:
La prensa de derecha llena sus columnas con declaraciones oficiales. En todas ellas aparecen las autoridades felicitando al cuerpo de Carabineros por la forma en que dominó el conato revolucionario. Pero en ninguna de estas declaraciones ni en ninguno de estos comentarios se contesta la pregunta que formulo: ¿DÓNDE ESTÁN LOS MUCHACHOS QUE SE RINDIERON EN LA UNIVERSIDAD?
¿Dónde están, señor General Arriagada, Enrique Herreros, Félix Maragaño y tantos otros?
¿Dónde están, señor intendente, Héctor Thennet, Francisco Maldonado, Juan Silva Peña?
¿Dónde están, señor Ministro del Interior, César Parada, Humberto Yuric, José Alvear y los otros estudiantes que se rindieron a la fuerza legal?
¿Dónde están, señor Presidente de la República, los veinte y tantos muchachos que con vida salieron de la Universidad y con los brazos en alto pasaron por la Morandé hasta calle Agustinas y luego fueron vueltos al Seguro Obrero?
Si vosotros no queréis contestar, os contestaré yo: ¡están en la Morgue!
Allí fueron reconocidos por sus familiares y ahí son testigos indelebles de la masacre que a bala y arma blanca se cometió en el Edificio de la Caja del Seguro Obligatorio. Las autoridades deben responder: ¿Por qué los llevaron al Seguro Obrero y por qué sus cadáveres aparecen después en la Morgue?
¡Contestad! El país lo exige.
PALABRAS DE ANÍBAL JARA
Pero no fue el único ataque de la revista "Hoy" al Gobierno. El siguiente artículo es un homenaje a las víctimas publicado también el 12 de septiembre en la página principal de la revista, bajo la redacción de uno de sus directores, Aníbal Jara, quien firma como "Ayax":
MIRANDO HACIA ARRIBA
Pasa primero Yuric con las manos arriba, con su pobre abrigo de estudiante; le siguen Maldonado, los Thennet. Marchan impávidos entre carabinas legales, ya ausentes del mundo que se acumula en las aceras, en las ventanas. Pero ninguno es más símbolo que ese muchacho adolescente, pálido, que pasa mirando hacia arriba, hacia los pisos altos de la Caja, donde sus compañeros están batiéndose.
¿Qué pasa? Alarga el cuello, echa para atrás la cabeza y pasea los ojos llenos de ansiedad por las enigmáticas ventanas. No piensa que va a morir. Está caminando la última milla de su vida. Un niño de cinco años podría contar los pasos que le faltan para no andar nunca más. Pero a él no le interesa sino lo que ocurre allá arriba, donde hay otros locos como él, batiéndose, cayendo. No le importa su destino, no mira hacia adelante, mira hacia arriba, con la obscura idea de ver a alguien de los suyos en ese mundo bárbaro de pólvora y de rifles que se ha desencadenado.
La ancha plaza de cemento no está solitaria. Todo es gris. No circula más que la ley, la tremenda ley armada de carabinas, lista para el crimen. La ley hace el crimen, decía San Pablo. Lo crea, lo elabora. Hace del Gólgota un acto legal. A Pilatos le basta una palangana de agua para lavarse sus manos velludas como Códigos. Los jueces del Sanhedrín sonríen jugando con la muerte.
"No somos nosotros los que matamos a este hombre, dicen. Es la ley".
La ley es la ley. Pero la ley es también a veces el crimen. Cien palanganas de agua no bastan a veces para lavar el rastro que deja la ley enfurecida, atemorizada, llena de pavor.
Estoy viendo en las fotografías el rostro deslumbrante de este adolescente que va a morir, es en la juventud donde la muerte tiene toda su pavorosa y magnífica belleza. Es la muerte joven, sin pestilencias.
La puerta de reja se ha cerrado tras el paso de los muchachos que llevan sus manos en alto. Adentro está la ley corriendo despavorida, vomitando metralla, blandiendo espadas implacables. La plaza de cemento ha quedado envuelta en una soledad de pesadilla. Arriba flamea una bandera blanca. Se siente el tableteo de una ametralladora. Luego el silencio. Desde las azoteas lejanas, la muchedumbre contempla el espectáculo del circo romano. El edificio de muerte está cerrado, mudo. Se ha tragado a la muerte. Hay un silencio patético, como si fuera a ocurrir algo extraordinario. Y ocurre. Retumban las descargas adentro. Nuevo silencio. Nuevas descargas.
El muchacho que miraba hacia arriba ya no volverá a mirar más. Se ha quedado con los ojos inmóviles, como si mirara, nada más. Sus compañeros han quedado también inmóviles, con los brazos extendidos, como si fueran a abrazar a una mujer.
Están en su actitud final, definitiva. Desde el oscuro fondo desatentado de locura, ha surgido de repente, con la muerte brutal y monstruosa, la gloria reparadora.
El que miraba hacia arriba seguirá mirando y los que quedaron con los brazos extendidos, seguirán en alto, como los que le alargaba Peer Gynt a Ingrid, antes de partir.
Brazos rígidos, como ramas de "abetos", dice el poema.
Ayax
El muchacho que "Mira hacia arriba".
OTRAS REACCIONES
La prensa objetiva no se dejó amedrentar por los panfletos derechistas, ni por barrigones directores devoradores de canapé y champagne que corrían a La Moneda a manifestar su compromiso con el Gobierno, ni por la censura generalizada impuesta contra los demás medios. Como hemos visto, allí estuvieron órganos dignos como "La Opinión" y la revista "Hoy", esta última de Ismael Edwards. Incluso la revista de sátira política "Topaze" reaccionó con encono contra las criminales del Gobierno.
El pequeño semanario "Lircay", precisamente en el período de los hechos, publicó una iracunda columna en la que se lee:
"En la represión se cometieron indiscutiblemente excesos que somos los primeros en reprobar y lamentar... Pero hay en la represión algo que nosotros no podremos jamás justificar. Actos de barbarie trajeron la muerte innecesaria a muchos jóvenes cuyas vidas debieron ser entregadas a la justicia para su enjuiciamiento. Nosotros hemos pedido en la Cámara una severa investigación que determine las responsabilidades".
Ante tanto descaro oficialista, una edición clandestina del diario "Trabajo", órgano oficial de los nacionalsocialistas chilenos, incluía en su suplemento la siguiente declaración:
"La falsificación deliberada y sistemática que la prensa rossista ha hecho de los sucesos del 5 de septiembre, obedeciendo a una consigna perfectamente estudiada y uniforme, hace necesario dar a conocer a todos los nacistas, por medio de nuestro órgano oficial, la verdad de los hechos".
Y, acto seguido, presentaba un artículo con los testimonios de los cuatro sobrevivientes que fueron toda una revelación sobre la realidad de lo sucedido, y un terremoto para la plutocracia.
Indignado por la actitud desafiante y las protestas de los medios, Alessandri despachó el siguiente decreto del día 12 del mismo mes:
"N° 3391.- En uso de las atribuciones que me confiere la ley N° 6253, de 12 del actual, Decreto:
Quedarán sometidos a censura previa los siguientes diarios y revistas de esta capital: "La Hora", "La Opinión", "Claridad", "Frente Popular", "Zig-Zag", "Ercilla", "Hoy", "Topaze" y "Crack". En caso necesario las autoridades administrativas y policiales procederán a impedir su circulación".
Al día siguiente, la Cámara de Diputados presentaba contra el Ministro Salas Romo (que había renunciado el día 11) una acusación por haber clausurado indefinidamente y de manera abusiva e inconstitucional el diario "Trabajo", además de las imprentas de "La Opinión", para boicotear su circulación. Ya había sido acusado en la Cámara Baja por su responsabilidad en la masacre.
La persecución y detención de los camaradas de los alzados y de todos los sospechosos de complicidad, continuó en los días siguientes a estas publicaciones. Inclusive el Regidor de Valparaíso Manuel Mayo Bodelón, fue apresado el día 13, por sus vínculos con el nacionalsocialismo criollo. Horas después, corría el mismo destino Heriberto Bizama, Jefe Provincial del movimiento en la ciudad de Antofagasta.
A pesar de todo, no pudo evitarse que la población votara por el Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda en las siguientes elecciones de 1938, al bajarse la candidatura del General Carlos Ibáñez del Campo, con lo que, por primera vez, fuerzas populares lograron alcanzar el poder gubernamental. La masacre, entonces, puso fin a la aspiración de perpetuar el alessandrismo y trajo como consecuencia inesperada el cambio sustancial en las energías políticas chilenas.
Vista actual de la torre "de la sangre" en Plaza de la Constitución.
Placa conmemorativa de las víctimas en la ex Caja del Seguro Obrero.

1 comentario:

matrix dijo...

El tiempo borra todo recuerdo de maldad, pero hay quienes no olvidan.

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