miércoles, 16 de septiembre de 2009

LA DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN ÉTNICO DE LA CUECA CHILENA (PARTE II)

Antigua postal de la casa editora de Carlos Brandt, en Santiago. Cueca rural, en una ramada de aspecto clásico y campesino.
(Continuación de la entrada anterior)
FUNDAMENTOS SOBRE UN ORIGEN BLANCO-HISPÁNICO
La discusión académica del origen de la cueca gira esencialmente entre tres ramas étnicas, como hemos dicho, desde las cuales puede provenir: la española, la negra, la indígena. Por razones que ya expondremos con detalle, nosotros agregaríamos necesariamente la opción árabe como cuarta y más importante, pues es la que sostienen muchos de los principales difusores y artistas del medio. Ninguna de ellas, sin embargo, tiende a acaparar la totalidad de la explicación sobre su nacimiento negando influencia de las otras, pero el debate es más bien sobre cuál de estas vertientes culturales es la que influyó mayormente en su origen.
Quienes sostienen que la cueca debe su gestación a la influencia española en el mestizaje chileno como énfasis, se concentran principalmente en la estructura de los ritmos musicales y los instrumentos que se emplean: guitarras, panderos pero sobre todo, el arpa, el violín, el piano y el acordeón, algunos de los cuales no fueron de gran conocimiento popular en tiempos de la colonia o los primeros años de la república, sino que parecen más bien tomados de la música docta para ser incorporados a algún ritmo popular cuando éste llegó a las casas patronales o salones de los estratos altos, entre las familias de origen castellano-vasco representantes de la aristocracia chilena de entonces, con lo que, de alguna manera, al irse fundiendo el elemento hispano con el elemento mestizo local en el surgimiento del criollo, lo hizo también la cueca.
Así se recuerda, por ejemplo, la letra de una colorida cueca tradicional chilena titulada "Siempre el piano fue el señor" y que figura en las recopilaciones de González Marabolí, al hablar de la transición de los instrumentos selectos a las clases populares, precisamente a través de la cueca:
Siempre el piano fue el señor
de la alta sociedad
Cuando conoció a la cueca
ya fue más de la gallá
Ahora anda en el lote
y le da brillo
Va a to'a las pará'
con los chiquillos
En favor del origen hispano o "blanco" de la cueca, también hay varios puntos que no dejan de ser interesantes. El movimiento de pies ha sido identificado como parecido a la jota y el fandango españoles, por ejemplo, aunque dudamos que la cueca efectivamente provenga de modo directo de algunos de estos dos bailes, sino que más bien parece haber tomado elementos de estas danzas cuanto mucho.
La posible base de la cueca en el fandango era defendida, entre otros, por el musicólogo y pianista Albert Friedenthal y los estudiosos Vicente Salas Viu y de alguna manera sugerida como posibilidad por Acevedo Hernández. Además, la investigación de la mayoría de los ritmos nativos del continente siempre termina por arrojar una de sus raíces conexa con España, de un modo u otro, más por influencias que por líneas directas. En Ñuble, por ejemplo, se baila la "sajuriana" o "secudiana", una danza muy semejante a otros bailes de la Península, pero mezclado con elementos de la cueca, como las ruedas y el pañuelo, aunque pasado muy cerca del suelo y que incluye "escobillado" o movimientos de pies semejantes a frotar los zapatos contra el piso. En Chiloé, se baila igualmente la danza española "sirilla" o "seguidilla", acompañada del pañuelo cuequero. Se cree que esta influencia habría sido vital sobre el origen de la popular cueca chilota, según algunas fuentes. Los vascos trajeron su "zortzico", también con alguna posible influencia sobre la música cuequera nacional, según se presume.
Otra de las razones por las que se ha creído identificar elementos de la cultura blanco-hispánica en la cueca chilena, brota de la presencia de ciertos elementos de la estructura musical que coinciden con algunos presentes en el folclore español, como la existencia de los llamados "versos llaves" (equivalentes a los que abren la canción) y los "versos guachos" (equivalentes a los que se repiten al final de una copla). La destacada folklorista chilena Margot Loyola, dotada del fino oído del músico del que los investigadores históricos con frecuencia carecen, escribe analizando la métrica de la cueca esta frase que puede reforzar la teoría del origen hispánico:
"...la seguidilla de la cueca presenta 8 versos en vez de siete, como en origen es la seguidilla de España. Esto ocurre por la repetición del 4º verso, repetición que además lleva agregada al final el monosílabo sí por lo que el 5º verso (o 9º de la cueca) pasa a ser un verso heptasílabo".
Puede ser, entonces, que España haya colocado sobre la cueca chilena muchas más influencias de las que podemos ver hoy en ella valiéndonos únicamente del ojo del buen cubero (o la oreja, mejor dicho).
FUNDAMENTOS SOBRE UN ORIGEN ARÁBIGO
Sin embargo, cabe la posibilidad de que este origen blanco (español) sea más correctamente definible como árabe, como herencia de su influencia secular sobre la Península. A nuestro juicio y sin ser expertos, ésta parece ser una de las teorías mejor respaldadas por la evidencia y la calidad de los autores que la han sostenido, vinculados directamente a la tradición y culto de la cueca.
Esta influencia árabe que a ratos suena un tanto controversial, habría llegado a Chile desde una de estas dos posibles vertientes principales, o bien desde ambas:
  1. Desde los bailes y cantos moriscos como la "zambra", traídos por esclavos de paso por el territorio colonial chileno y por algunos viajeros de ese origen que acompañaron a los españoles.
  2. Desde la parte de la misma cultura hispánica profundamente influida por el mundo árabe a través del canto conocido como la "daira", especialmente por la vía andaluza, a pesar de la relativa resistencia de la cultura española por admitir la existencia de esta ingerencia en su propia identidad histórica, en algunos casos.
No hay gran disimulo en algunas de las influencias árabes que acusa la cueca chilena y que explican, en gran medida, su distanciamiento con ritmos matrices de la zamacueca en el resto de Sudamérica, a pesar de las opiniones académicas. Incluso, se lo encuentra en muchos otros elementos folklóricos que se consideran propios de la chilenidad, como el uso de ciertos instrumentos musicales, los pantalones abombachados de los habitantes de la Patagonia (también asociados a la indumentaria gaucha argentina) y juegos populares como la famosa "carrera a la chilena" que parece provenir del estilo de corridas de caballo realizadas por pueblos del norte de África, como los beréberes.
Con respecto a la cueca, el maestro González Marabolí (quien la creía directamente asociada a la Daira, como lo admiten muchas letras de los propios cancioneros cuequeros) rescató uno de los viejos ejercicios vocales que realizaban los cantantes antes de cada presentación. Sin nos permiten especular un poco, la combinación fonética es sospechosamente parecida a la utilizada para la vocalización de ciertos cantos de origen innegablemente arabesco, posibilidad que también me han comentado personas que considero expertas en estos temas:
Laraila, laraila, laraila
Lang-lang-lang-lang
Trang-trang-trang-trang
Mang-mang-mang-mang
Nang-nang-nang-nang
Cabe señalar que no es un caso único en el folklore y el costumbrismo chileno: por ejemplo, el tipo de gritos de incentivo al tiro de yuntas de bueyes, muy común en los campos de Chile y aparentemente tomados de las tradiciones de navegantes a remo, también ofrece intrigantes similitudes tanto con el estilo de los cantos religiosos asociados al mahometanismo como a algunas de las vocalizaciones propias de la cueca chilena.
Otro indicio del posible origen árabe de la cueca chilena nos lo da la estructura de la rueda, proveniente de la tradición de la Daira, y la seguidilla de cuatro voces (tres o cuatro grupos de cuatro cantores cada uno), similar al de algunos encuentros de canto arabescos: con frecuencia, los tres primeros cantores de una rueda cuequera van entrando a los compases con tres sílabas métricas cada uno, mientras que el cuarto cantante aviva y vocifera gritos que complementan la letra y el ritmo, metiéndole al conjunto sílabas al final de cada verso de la copla. Recuérdese que la cuarteta o copla paya también era conocida en el mundo del canto árabe.
De lo anterior se desprende un detalle importantísimo: mientras que en la rueda de zamacueca lo importante era el baile, en la cueca chilena es el canto y toda la correlación que gira en torno a ella como eje. De hecho, es común que las ruedas de cantores descritas interpreten cuecas más lentas de lo común y sin baile. Incluso, existe hasta hoy todo un estatus para las mujeres que se aventuraban en el arte del canto, como si ejecutaran un rol con cierto prestigio y reconocimiento en las artes cuequeras.
Si bien puede ser que el detalle de la importancia de la canción por sobre el baile no llegue a ser tan notorio en la marinera peruana (que muchos han supuesto relacionada con la cueca), sí parece ser que el valor del canto se hace más importante y relevante en ella que en la zamacueca tradicional del Perú, de modo que nos encontramos con otra posible sugerencia de una influencia chilena sobre el baile nacional peruano, con una vertiente distinta o variante de los conceptos históricamente asociados a la zamacueca propiamente tal. A nuestra impresión, esta diferencia podría estar marcada fundamentalmente la influencia árabe, pese a la negación que pareciera existir al respecto.
Cabe resaltar también cierta influencia del número 8 en la estructura de la cueca, principalmente en los versos. Como se recordará, ésta cifra es sagrada en el mundo árabe, y coincide con el número de puntas de la estrella del Islam, además de algunos tecnicismos de sus cánticos religiosos. Entre otras razones, está presente en la matemática musical de la cueca chilena, que inicia en las entradas con ocho sílabas métricas y sigue saltando los ritmos y los ajustes del canto dentro de los compases en una estructura basada, a su vez, en la tabla del ocho, de modo que podría presumirse alguna relación ancestral con cantos de corte más bien místico provenientes del mundo árabe, identificable sólo con el dominio de ciertas pautas matemáticas.
Quizás algo de esto quiso decir González Marabolí al insertar estas sugerentes estrofas en la canción "Con permiso, soy la cueca", donde cita disciplinas profundamente emparentadas con la cultura árabe:
Yo soy la cueca patria
la mas joyante
El que no me conoce
que no me cante
Que no me cante, sí
soy la geometría
la fórmula del arte
y la astronomía
El uso en la cueca de instrumentos asociados a este influjo arabesco, como el pandero y las castañuelas (sustituidas estas últimas con platos y con cucharas golpeados con sus concavidades opuestas) parecen acusar parte de este lejano origen, reforzando las teorías que la vinculan a ancestrales bailes moriscos o arábigos. De hecho, el tipo de pandero hexagonal más utilizado por los cuequeros chilenos es exactamente igual al que se emplea en el folclore tradicional árabe, desde donde procede, saltando también a expresiones de folklore religioso y ceremonial de nuestro país.
UNA OPINIÓN DE CLARO VALDÉS
Hemos hablado suficiente ya desde nuestra condición de no expertos, así que veamos qué dicen los más versados en el tema al respecto. Reafirmando la posibilidad de esta raíz arabesca de la cueca chilena, por ejemplo, Samuel Claro Valdés escribió basándose en los estudios del mismísimo González Marabolí, lo siguiente:
"La voz cueca o chilena se utiliza generalmente para denominar la danza folclórica de ese nombre, considerada como danza nacional de Chile, conocida también como chilena o marinera en diversos países latinoamericanos, desde Chile hasta México. Actualmente podemos extender este concepto a una compleja forma de música, poesía, canto y danza de raigambre árabe-andaluz, que origina diversas especies folclóricas latinoamericanas, especialmente la cueca o chilena. Esta última se conserva por tradición oral con gran pureza en Chile".
Sostiene la misma idea en su estudio "Chilena o cueca tradicional", que escribió con Carmen Peña Fuenzalida. Allí puntualiza sobre el marco teórico de investigación de la cueca chilena, algo importante que ha sido un tanto desconocido por los investigadores de carrera:
  1. Los orígenes de la chilena o cueca tradicional se encuentran en la tradición oral recibida del pueblo árabe-andaluz que acompañó al conquistador en su paso al Nuevo Mundo, la que mantiene la herencia poético-musical árabe llegada a la Península Ibérica a partir de la dinastía de los Omeya, en el siglo VIII;
  2. En América se preservan rasgos musicales provenientes de la herencia musical de una España tridimensional: cristiana, judía y musulmana. Algunos, en forma documentada, otros, por tradición oral. Esta tradición se ha mantenido principalmente por medio del mestizaje racial y cultural que caracteriza al continente, especialmente por la vía paterna, y ha llegado con notable fidelidad hasta nuestros días, si bien en zonas geográfica y culturalmente aisladas. Gracias a la persistencia de la tradición oral, es posible recuperar y reconstruir versiones originales de especies que ya han desaparecido en sus lugares de origen y que se han mantenido en el tiempo, con una enorme fuerza de identidad respecto a sus ancestros y a su universo cultural.
  3. Durante el período colonial estas expresiones tradicionales se mantuvieron en la penumbra, toleradas oficialmente como bailes de la tierra, cobraron nuevo vigor con el proceso de Independencia, para ser posteriormente perseguidas y arrinconadas por su inmensa capacidad de cohesión e identidad. Poco a poco fueron perdiendo su vigencia o su fidelidad al modelo original, excepto en enclaves aislados del continente y, particularmente, en Chile, país insular -insertado entre cordilleras, desiertos, mares y hielos- el que, precisamente por esta condición insular, ha preservado su fuerza mestiza y la tradición arábigo-andaluza recibida a partir de la Conquista. Actualmente, los medios de comunicación y los agentes de colonización económica, cultural e ideológica contribuyen a su desfiguración y deformación.
  4. La chilena o cueca tradicional interpreta y trata de reproducir la perfección del universo creado por Dios, sus relaciones matemáticas y la armonía de la evolución de los cuerpos celestes capaces de ser observados a simple vista. Hay, así, una verdadera interpretación de la llamada "música de las esferas", expresada en una cultura del número, particularmente del numero 8, el número musical por excelencia, pero también de los otros números musicales: el 5, 6 y 7, y sus relaciones según el sistema del llamado "compás de 6 x 8";
  5. Los trabajos realizados hasta ahora sobre la cueca o chilena se han caracterizado por centrarse en el estudio de la danza y de la música, sin comprender cabalmente la fundamental relación numérica que existe entre poesía y música, la que le da su estructura y su fuerza creadora. Las indagaciones sobre especies ibéricas que podrían considerarse como sus antecesoras, tales como la muwassaha, jarcha y zéjel, por otra parte, se ocupan principalmente de especies cultas y no de sus modelos originales provenientes de una cultura matemática cultivada por tradición oral, con milenios de perfeccionamiento, sutilezas y códigos muchas veces impenetrables. Por eso, el producto culto que pretende copiar lo tradicional suele ser, en comparación, acartonado y pobre. Por lo general, lo culto, lo cortesano, copia mal, porque el cultor tradicional no se deja copiar y se defiende del estudioso, introduciendo variantes despistadoras, que son las que después van a dar, como artículos de fe, a los textos que presumen de científicos. Así, la copia culta se asemeja a un curioso proceso de manierismo, donde el autor deja de copiar la naturaleza, como lo hace el cultor, para copiar lo ya existente, que no logra penetrar ni entender cabalmente.
  6. El estudio de la estructura de la cueca nos revela importantes relaciones de ésta con otras especies musicales de tradición popular tales como la cumbia, la tonada, el tango, la marinera -que no es otra que la cueca-, el vals y la canción, y con juegos populares que podríamos denominar "cosmológicos", basados también en el sistema del "compás de 6 x 8", como el ajedrez, el dominó y la rayuela, y juegos infantiles como el volantín y el luche, verdaderas fórmulas rituales y espontáneas que mantienen viva una cultura y tradición de siglos.
  7. Todo esto nos permite sostener que el "Nuevo" Mundo tiene un horizonte cultural mucho más antiguo que los 500 años de encuentro que se conmemoraron en 1992, hunde sus raíces en milenios de culturas occidentales y orientales, y conserva tradiciones que el "viejo" mundo ya ha perdido.
FUNDAMENTOS SOBRE UN ORIGEN NEGRO-AFRICANO
Sin embargo, obviando la gran evidencia a favor del origen árabe de los ritmos esenciales de la cueca, una de las teorías más extendidas entre todos los investigadores, especialmente los que comulgan con la idea de que es una mera adaptación de la zamacueca, es la de su origen prioritariamente negro o "afro". Según esta idea, la cueca habría nacido entre los esclavos africanos, aunque no siempre se define si esta influencia se remitió únicamente a la de los negros que bailaban la zamacueca en las haciendas del Perú o si influyó también el efímero paso de los esclavos por Chile.

Se ha propuesto, por ejemplo, que grupos de esclavos africanos lo habrían bailado en Quillota o incluso en Concepción. Tras verlos personalmente bailando cueca (o algo parecido), don Benjamín Vicuña Mackenna aseguró en "La Zamacueca y la Zangüaraña", de 1882, que fue introducida por los negros en Quillota y El Almendral, hacia 1813, pues en estos lugares se encontraban los alojamientos para los esclavos provenientes de Guinea que iban de viaje hacia el Perú. Esta teoría coloca a la cueca pasando antes por Chile que por Perú, según escribe:
"Trajéronla a Chile, primero que al Perú, a fines del pasado siglo, los negros esclavos que por esta tierra pasaban".
Para el mismo autor, la cueca derivaría del baile africano Lariate, traído por los esclavos negros de Guinea. Escribe al respecto:
"Las danzas lascivas traídas de África por los negros bozales, como se llaman a los negros originarios, se unían a la indolente pereza de los indígenas americanos para hacer de los gustos populares una melancólica mezcla de ociosidad y libertinaje".
A pesar de que Garrido, como hemos visto, consideraba que la cueca es chilena y no africana ni española, sí adhiere a la posibilidad de encontrar en ella algunas eventuales raíces "afros", según esta cita del autor que toma Nano Acevedo:
"El hecho de buscar y encontrar raíces en las culturas africanas, es lo que no gusta a muchos y a través del tiempo, de una u otra manera, se ha intentado borrar el hecho de que nuestro baile provenga de aquellos, y fuera traído por los esclavos negros y modificados su movimientos".
Sin embargo, el compositor Pedro Humberto Allende corrige a Vicuña Mackenna comentando, casi medio siglo después, que la zamacueca y la cueca chilena estarían relacionadas con la fiesta o tradición de origen morisco llamada zambra, que ya hemos citado, aunque vinculándola más con el mundo "afro" que con el árabe. Para él, además, el origen de la tonada estaría en la técnica musical de la "tornada", pues consistía en devolver gradualmente el ritmo de una pieza hasta lograr repetir la primera melodía, aunque no tenemos la certeza de que el autor asocie esta estructura a alguna influencia negra o africana en general.
"La música -agrega- imitaba los pregones de la calle, las coplas y zambras villanescas. En algunas tonadas chilenas se intercalan pregones a modo de estribillo y con frecuencia aparece también el ritmo de la zamacueca".
León Echaiz también comparte en parte esta teoría del origen africano. Nicomedes Santa Cruz, por su lado, señala con más detalle que el baile que inspiró la cueca era el sembacuque, de origen bantú. Hay otras versiones y derivaciones de la teoría del origen negro, pero creo que con las ya comentadas la idea ha quedado expuesta en este texto.
CUESTIONAMIENTOS A LA TEORÍA DEL ORIGEN "AFRO"
Aunque la teoría del origen negro, mulato (mezcla de negros y blancos) o zambo (mezcla de indígenas y negros) es tan interesante como creída en nuestros días, y ha tenido el atractivo de las cosas exóticas para la mayoría de los investigadores de la cueca chilena provenientes del mundo de la historiografía (al contrario de lo que dice Garrido, nos parece), ésta presenta dos problemas concretos que le restan puntos para alcanzar la cima de las probabilidades, en nuestro humilde juicio que verifico compartido por algunos folkloristas y artistas de la cueca popular:
  1. Que por mucho que la zamacueca o sambacueca y sus presumibles ramificaciones hayan estado asociadas a los negros, mulatos y zambos (o sambos) en el Perú, como su propio nombre lo indicaría, esta influencia étnica en Chile fue considerablemente menor y en algunos períodos casi inexistente, al menos en lo referido a las proporciones de asimilación de los grupos humanos que conformaron el elemento racial chileno, de modo que la influencia negra en el origen de la cueca parece más acertado sólo en lo que se restringe a una presunta relación con la zamacueca peruana y dando por hecho su origen foráneo que, como vemos, presenta a su vez algunos serios desajustes con la realidad y con los registros cronológicos. La influencia del negro en el folklore chileno y en la cueca, entonces, quizás ha de ser más cultural que étnica.
  2. El destacado y de cierta forma controvertido investigador de tradiciones indígenas Lonko Kilapán, de quien hablaremos más abajo, hacía notar no sin acierto que la cueca chilena carece por completo del movimiento notorio de caderas que caracteriza todos los bailes típicos de origen o influencia "afro", como la zamba brasileña y el candombe, lo que pone en severa tela de juicio las explicaciones que atribuyen fundamentalmente el origen de la cueca al elemento étnico negro, sea éste el de los esclavos de paso por Chile o el de los negros bozales en Lima que crearon la zamba peruana en la línea evolutiva de la zamacueca, baile peruano que también evidencia algo de este énfasis en la danza con movimiento de caderas ausente en la cueca chilena. De hecho, hemos visto ya que el baile es sólo secundario en la estructura musical de la cueca chilena, que prioriza el canto, la interpretación y la musicalización, características que no son propias de la tradición musical de raíces "afro" en la forma que fueron adoptadas por estos ritmos americanos.
Un hecho importante que, si bien no comprueba ni niega necesariamente su origen negro pero sí su vinculación originaria con Chile, es que los chilenos llamaban durante la colonia y principios de la república como "zambos" no necesariamente a los sujetos mezclados de negro e indígena, sino también a la gente de pelo crespo o ensortijado. Además, se llamó "patizambo" en la misma sociedad criolla a los que tenían las piernas arqueadas, condición derivada muchas veces de una vida sobre el caballo y que se creía adecuada para llevar mejor el ritmo del "1, 2, 3" de la cueca durante el zapateo. Éste puede ser el verdadero origen de la denominación de la zamacueca, derivada de la "Zamba Clueca", expresión que une la condición del zambo con las conocidas vueltas de la gallina clueca (recordar el énfasis en el baile, para el caso peruano). Otra aparente referencia zoomórfica sobre la cueca, como vemos. Se cree también que el paso al nombre de zamacueca y luego cueca se produjo después, por ser más elegante y corto.
FUNDAMENTOS SOBRE UN ORIGEN INDÍGENA
Lonko Kilapán no se quedó sólo en las dudas sobre el supuesto origen negro de la cueca. Propuso en cambio, que el origen debía tener necesariamente una línea originaria no con españoles ni negros propiamente tales, sino con indígenas, particularmente con los pueblos de la zona de la Araucanía. Expuso estas ideas en su trabajo de estudio titulado "El origen araucano de la cueca", aunque cayendo en el error de priorizar la observación del baile por sobre los demás elementos integrales de la "chilena", vicio corriente en todos los autores provenientes desde la investigación más que desde la práctica de las tradiciones.
Para Kilapán, el baile proviene de las danzas mapuches Aschaw kai Aschawalk y Weishe Purrum, lo que explica expresiones de fonética típicamente araucana (mapudungú o chilidungú, como le gustaba llamar el idioma) durante la ejecución del baile, tales como "¡Guaifa!" ("¡Alegría!"), "Aro, aro, aro" ("con permiso") o la misma presencia de la "chicha" de uva en las ruedas, nombre dado a los fermentos embriagantes, y "muska", que es la chicha de manzana. La presencia del kultrún (tambor mapuche) en los primeros registros de la zamacueca en Chile y de sus ritmos de percusión propios, también favorecería esta teoría.
La idea del origen principalmente indígena de la cueca no era nueva. Antes, se había propuesto la posible influencia de algunas familias diaguitas de Coquimbo en el origen de la que se bailaba en la Pampilla local. Sin embargo, la teoría de Kilapán ha sido retomada con seriedad en los últimos años y algunos teóricos discuten el influjo de esta vertiente. De hecho, varios centros de estudios reconocieron hacia el año 1997 el valor de la obra "El origen araucano de la cueca", abriendo nuevos ámbitos para su análisis, mientras otros investigadores han seguido desarrollando la teoría.
Agregaríamos de nuestra parte, también, que la palabra chingana podría provenir de schilidungu o "lugar escondido", según creen otros autores. Esta denominación recibían los escondrijos secretos usados por los patriotas chilenos durante la época de la Independencia, y en los que tenía lugar otro notable hecho: la contraseña para entrar era un tamboreo de 1, 2, 3 consecutivos. Al ingresar, la misma secuencia se repetía con los pies y chasqueando los dedos de las manos. Es inevitable advertir las semejanzas de esta acción con los pasos de la cueca, por lo que a juicio de ciertas opiniones, resultaría posible que los propios patriotas independentistas, aficionados a coger elementos simbólicos de la cultura indígena como códigos de su rebeldía revolucionaria, hayan sido los responsables de la asimilación de estos mismos patrones en la sociedad chilena y en lo que será, más tarde, una de las figuras de la cueca.
A favor de Kilapán y su audaz teoría, sin embargó, está también el hecho de que, suponiendo que la cueca esté inspirada en el cortejo y los movimientos de gallos-gallinas (que en nuestra opinión, no determina más que algunos pasos del baile), en la cultura tradicional mapuche existen desde antaño otras danzas inspiradas en el comportamiento de las aves, como es el caso del Choique Purrum (basado en el movimiento de los ñandúes o choiques) y el Tregüil Purrum (basado en el movimiento del queltehue o tregüil). Así mismo, existe el baile mapuche Lonkomeo, que corresponde a un movimiento de cabeza que imita el de los pájaros cuando andan por el suelo.
CUESTIONAMIENTOS SOBRE LA TEORÍA DE KILAPÁN
Cabe advertir que la teoría del origen indígena de la cueca chilena ya había sido propuesta tempranamente por autores como P. Zafiudo Astrán, quien en 1886 daba por altamente probable la naturaleza nativa americana y posiblemente precolombina del baile y del canto. Sin embargo, las dudas sobre estas teorías ya existían entonces, por lo que la propuesta de Kilapán no ha estado exenta de ser sometida a similares juicios y en algunas ocasiones descartada de plano.
Uno de los puntos en que tropiezan sus planteamientos y el de los demás convencidos del origen indígena de la cueca como principal vertiente, es el tipo de instrumentación compleja que se usa en ella y que, necesariamente, exigió alguna relación más directa del elemento criollo en el origen del baile (estamos evitando hablar del canto, por mientras), por muy relacionado que estuviese con el elemento mapuche.
Quizás por esto es que otros conocidos autores, como Rodolfo Lenz, prefieren la idea de que la cueca sería el resultado de un cruce cultural más o menos equilibrado entre el español y el indígena, sin prioridades tan notorias en la mezcla. De hecho, el propio Lenz escribe a este respecto:
"Hasta qué grado en la ejecución del baile han entrado elementos indios, lo ignoro; pero me parece indudable que la cueca es una mezcla de baile español e indio".
Pablo Garrido cree tener, sin embargo, una explicación más sensata a la falta de notoriedad o evidencia de la posible parte indígena de la cueca chilena:
"La cuota indígena en la cueca -si la hubo- es ya indefinible; radicaría más en rasgos demóticos que en formales, fenómeno común a toda transculturación. Si sus antecedentes remotos fincaron en blendas euroasiáticas-afro-amerindias, su autoctonía como cueca o 'chilena' tiene vigencia indisputablemente secular; la zamacueca es su antecedente más cercano, y como tal emigró a comienzos del s. XIX, llegando hasta México en 1821, donde se la apodó 'chilena'."
En futuras entadas, quizás veamos cómo la "chilena" se dispersó en la región llegando a Perú y México y quizás influyendo en la "marinera" peruana y la "zamba" argentina, según algunas opiniones, produciendo con ello más perturbación a las ya descritas confusiones que perduran hasta hoy entre los historiadores, académicos y folkloristas sobre su origen exacto.

2 comentarios:

Gerardo González García - triplege - dijo...

Muy entretenido el blog,muy buena información, mis felicitaciones.

Vladimir Alexis Torres Draguicevic dijo...

Todas las teorías son claras, pero hay que hacer varias correcciones al respecto: 1.- Benjamín Vicuña no fue testigo presencial del baile afro, al cual se le atribuye la base de la cueca (El Lariate). En su texto el escritor narra las " observaciones realizadas por Julian Millet"el que sí describió la danza de los afros en el sector de Quillota en 1814, app.
2.- si bien es cierto lo de esta teoría afro, no se menciona tampoco las investigaciones de Carlos Vega. Este escritor realiza algunos apuntes valederos en la época del 1823 en adelante, sin embargo al no ser conocedor de los entreveros políticos de la época ( Argentino del 1898), desconoce la divergencia que existió entre los bailes de la Zamacueca llegada desde el Perú en 1823 o 1824 ( en la época de diego Portales, al que le gustaba bailarla) y la adoptada en 1814 por los "patriotas" de la época. La zamacueca llega para ser bailada en los salones de Santiago, por la clase aristocrática de la nueva nación, clase conformada principalmente por Realistas (leales a la corona). A partir de ahí en las fondas a que concurrían los patriotas, comienza a tomar fuerza la cueca propia con ribetes afros pero con notorias influencias Arabes andaluzas, postergando de esta manera la parsimoniosa danza de la Zamacueca, fusionando en la cueca un estilo único, que es la que viaja hasta el Perú, para llamarse La Chilena hasta fines de la guerra de 1879, cuando el escritor Peruano Abelardo Gamarra Rondó, propuso cambiar el nombre a esta danza llamándola Marinera.

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