sábado, 12 de septiembre de 2009

BREVE ESTUDIO SOBRE LA HISTORIA Y EL SENTIDO ORIGINAL DEL LEMA DEL ESCUDO PATRIO CHILENO (Enviado a la Comisión de Defensa del Senado - Parte II)

Acta de la Independencia de Chile en versión alegórica y conmemorativa hecha por la Imprenta Litográfica Argomedo, al conocerse en el país la noticia de la muerte de don Bernardo O'Higgins en Perú en 1842... Se observa la divisa "POR LA RAZÓN O LA FUERZA" en el Escudo de Chile, mucho antes de la oficialización de 1967 (Clic encima para ampliar imagen).
(Continuación de la entrada anterior)
¿EL LEMA FUE INCORPORADO O SÓLO RECONOCIDO EN 1967?
Otro de los argumentos más recurridos por quienes aspiran a la modificación del lema del escudo patrio, supone que el texto fue incorporado “recién” en 1967, por la ley que acabamos de comentar.
Esta idea peca de doble falta: primero, pasar por alto que el lema ya era utilizado desde los tiempos de la revolución independentista, como hemos visto; y segundo, que la ley de 1967 sólo reconoció y estableció formalmente una práctica que, con algunas variaciones, ya llevaba más de un siglo en aplicación, como también creemos haberlo demostrado.
Sobre el primero de los errores de consideración, no es pertinente extendernos demasiado ya que hasta este punto hemos revisado la gran cantidad de usos del lema “Por la Razón o la Fuerza” en nuestros símbolos nacionales, por lo que nos limitaremos a recordar que el propio decreto de 1967 aclaraba que su regulación se hacía como un homenaje a la memoria del Libertador O'Higgins y no por causa de alguna odiosidad contra países vecinos, como algunos quieren creerlo.
Lo que sí enfatizaremos -recurriendo al texto original del proyecto de esta ley- es la orientación altruista con que se normó la presentación del escudo patrio incluyendo el lema “Por la Razón o la Fuerza”, pues verifica la importancia que se da al uso oficial y las costumbres de larga data en al emblema. Decía esta ley en sus "Considerando":
1.- Que el 18 de septiembre del año en curso se cumple el sesquicentenario de la creación de la actual bandera nacional, instaurada bajo el gobierno del Director Supremo, Capitán General don Bernardo O'Higgins, por decreto del ministerio de guerra de 18 de Octubre de 1817, siendo Secretario de Estado en esa cartera el Coronel don José Ignacio Zenteno;
2.- Que hay conveniencia de promover el buen uso de los emblemas nacionales y procurar que sean considerados con respeto por la ciudadanía;
3.- Que los emblemas nacionales reciben la influencia en su uso que la costumbre del pueblo le impone, lo que hace necesario reglar y orientar dicho uso;
4.- Que las circunstancias de que las disposiciones legales y reglamentarias vigentes sobre la materia estén diseminadas en multitud de textos dictados en diferentes épocas hace difícil el conocimiento de todas ellas, y es necesario, por tanto, su recopilación, y
5.- Que esta recopilación debe reactualizar y refundir con beneficio general tales normas.
Sobre el segundo error, el de desvalorizar la tradición y concentrarse exclusivamente en el hecho de que el lema fuera formalmente establecido o reconocido (y no exactamente incorporado, pues ya se usaba desde antes) en el escudo patrio, recalcaríamos la importancia de la costumbre no sólo en la proporción que le otorga el citado decreto, sino también en la formación de contenidos culturales de una sociedad, por lo que la oficialización del lema “Por la Razón o la Fuerza”, aún cuando sea más bien reciente dentro de la historia del escudo creado en 1834, no constituye una aparición o inclusión espontánea de la frase en el escudo, sino el reconocimiento formal de algo que ya se practicaba desde antaño en la tradición de los emblemas y símbolos nacionales.
Un caso análogo es el de la cueca chilena: nadie se atrevería hoy a cuestionar que ya era un baile nacional, además de patrimonio folklórico y parte de nuestra identidad cultural, antes de publicado el Decreto Nº 23 del 18 de septiembre de 1979, que la reconoció por primera vez en nuestra legislación como danza nacional (con algunas críticas que podemos hacer al concepto, por supuesto).
Así como la ley de 1979 sólo reconoció formalmente una situación en torno a la cueca que ya era un hecho desde antes, la ley de 1967 había hecho lo propio con respecto al escudo patrio y su lema “Por la Razón o la Fuerza”.
Escudo de Chile publicado en 1929 para el Libro de los Expositores en Sevilla, a instancias del Gobierno de Chile. Aparece perfectamente el escudo con el lema y todos sus elementos actualmente normalizados, sólo 9 años después de la regulación de 1920 y faltando aún para la ley definitiva de 1967. A la izquierda está el huemul-razón (alusión noble) y a la derecha está el cóndor-fuerza (alusión guerrera), como protectores de la Libertad jurada en la Independencia.
Dibujo realizado hacia 1941 para la publicación del trabajo “Episodios Nacionales”, dirigido por Armando Silva Campos. En esta presentación, de carácter civil, se observa presente el lema del escudo tal cual lo conocemos hoy.
CORRELACIÓN ENTRE EL LEMA Y LOS ANIMALES DEL ESCUDO
Además de los revisados argumentos que se esgrimen en el interés de algunos sectores políticos e intelectuales por abolir el actual lema del blasón, existe un problema formal muy grave que provocaría el acto de alterar la frase "Por la Razón o la Fuerza" al trasladarla a "Por la Fuerza de la Razón": la posición de los animales chilenos en el escudo con relación a los conceptos representados en el mismo lema.
Como hemos explicado ya, el lema está concebido desde los tiempos de la Independencia con el primer concepto de Razón justificando al segundo de Fuerza y no de otra manera. "Por la Razón o la Fuerza", por consiguiente, alude a una causa justa (la Libertad) que debe ser resuelta en primera instancia por la Razón, por el Consejo; pero, en caso de imponerse la irracionalidad del agresor, no se titubeará en hacerlo también por la Fuerza, por la Espada. No guarda relación, por lo tanto, con la figura de intolerancia descrita por el Honorable Senador autor de la propuesta, al aseverar que equivale a “creer que se tiene la razón y si ésta no es aceptada, se autoconfiere el derecho de imponerla por la fuerza".
A este respecto, la coincidencia entre ambos conceptos opuestos del lema y el diseño del escudo es gráfica y clara: Razón a la izquierda, Fuerza a la derecha. Primero lo uno, luego lo otro, Y los animales del conjunto están exactamente así: el Huemul a la izquierda, y el Cóndor a la derecha.
Aunque no se sabe a ciencia cierta si Carlos Wood pensó en estas analogías cuando propuso su diseño de escudo, resulta evidente que la connotación que por entonces se daba a ambos animales, coincide con la del lema y así lo intuyeron también quienes colocaron la cinta con el texto en el heraldo:
  • El huemul (tierra) es un animal noble, herbívoro e inofensivo, que vive benignamente en paz con los bosques aunque sorteando el riesgo de llegar a volverse presa no sólo de pumas, sino también de los propios hombres, como se desprende de lo anotado en el proyecto de ley de 1834. Equivale a la Razón, en el lenguaje simbólico y alegórico.
  • El cóndor (aire), en cambio, era interpretado en aquellos años como un animal feroz, carnicero y rapaz, cazador de ganado (recordar las ilustraciones del naturalista Claudio Gay) y con la energía vivaz del ave grande y majestuosa; por eso el lema iba acuñado con su imagen en las monedas antiguas, dicho sea de paso. Es la Fuerza, en la representación simbólica.
Esta interpretación también es defendida por Gastón Soublette en su ensayo “La Estrella de Chile”:
“Para entender el simbolismo de los animales, aparte de lo dicho sumariamente en el texto legal, debe observarse que forman ambos un par de opuestos “elementales” que, frente al par fuego y agua determinado por los esmaltes, constituyen el par tierra y aire. Esta es la razón por la que no se escogió el puma como acompañante del huemul: en referencia al lema Por la Razón o la Fuerza, habrían constituido un par de equivalentes; en cambio el diseñador ha obrado ortodoxamente al escoger un par elemental que, en lo que se refiere al carácter de ambos animales, corresponde perfectamente al par de opuestos del lema”.
En otras palabras, los promotores de la propuesta de cambiar "Por la Razón o la Fuerza" a "Por la Fuerza de la Razón" no parecen haber reparado en que la posición de los sustantivos "razón" y "fuerza", al quedar volteados dentro del lema, generan una incoherencia con las posiciones del huemul y del cóndor y rompen la relación.
Así pues, si se quisiera cambiar el lema a "Por la Fuerza de la Razón", nos veríamos ante la necesidad adicional de tener que alterar también la posición de ambas figuras zoológicas para conservar el sentido completo del diseño en el escudo patrio.
ALGO SOBRE LOS ARGUMENTOS DE “CONVENIENCIA” DE CAMBIAR EL LEMA
Un fundamento adicional que es ofrecido entre quienes esperan cambiar la frase del escudo patrio y de alguna manera señalado también en la moción del Honorable Senador Nelson Ávila, sugiere de modo general y subjetivo las conveniencias "diplomáticas" de alterar el lema y cambiarlo a "Por la Fuerza de la Razón", fundados en que esta frase es altruista y pacifista.
Escudo patrio actual: La Razón-Huemul a la izquierda, y la Fuerza-Cóndor a la derecha.
En esta suposición se alude tácita pero principalmente a las relaciones exteriores de Chile con sus vecinos Perú y Bolivia, y a las sombras que, desgraciadamente, aún parecen proyectar sobre la diplomacia los episodios históricos de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839) y la Guerra del Pacífico (1879-1884), sin contar los demás períodos de tensión por cuestiones territoriales que aún persisten.
En primer lugar, es claro que la propuesta de "Por la Fuerza de la Razón" es un lema que no guarda ninguna relación con algún hecho concreto de la historia, la cultura, la tradición o el folklore de Chile, sino que resulta de una reformulación inteligente del lema original del escudo, para darle un mensaje nuevo valiéndose de sus mismos elementos gramaticales. En términos semiológicos, este recurso correspondería a la figura retórica de la permutación de intercambio.
A su vez, existen antecedentes de que el lema "Por la Fuerza de la Razón" tampoco es un slogan original y, de hecho, ya ha sido utilizado con mayor popularidad en el Perú que en Chile. Específicamente, el concepto de "por la fuerza de la razón" fue ocupado por la Alcaldía del Distrito de Chorrillos, durante una disputa contra un proyecto inmobiliario que se había trazado sobre terrenos de valor histórico y cultural, a fines del pasado siglo. El lema se inscribió como slogan de lucha en Morro Solar, el mismo peñón que fuera escenario de la batalla de Chorrillos durante la Guerra del Pacífico.
Por otro lado, conviene advertir que en el contexto cultural internacional, en la Aldea Global (usando términos de McLuhan), el concepto de "La Fuerza de la Razón" quedó asociado ya a un famoso y controvertido libro homónimo (“La Forza della Ragione”) que alcanzara a publicar la famosa periodista italiana Oriana Fallaci en 2004, dos años antes de su fallecimiento.
El libro de Fallaci logró gran popularidad y llegó a ser un superventas, por abordar de manera bastante polémica el asunto de la penetración del Islam en Europa y aspectos de la confrontación con la cultura cristiano-occidental.
Creemos que antecedentes como estos no pueden ser desconocidos ni minimizados cuando se discute la incorporación al escudo patrio de un lema que ya trae su propia carga de connotaciones y vínculos en la comprensión y en el uso internacional.
CONTRADICCIONES Y JUICIOS FALACES EN RELACIÓN AL LEMA DEL ESCUDO
Hay antecedentes que hacen difícil la comprensión de algunos principios que animan a actores de la realidad chilena a proponer que el lema “Por la Razón o la Fuerza” merece ser omitido en favor de criterios trascendentes de convivencia y altura de miras. Esto, porque ocurre que han sido los mismos grupos políticos que sostienen las posiciones más radicales al respecto, los únicos que realmente han descontextualizado el sentido de este lema para asociarlo a causas de lucha o confrontación.
No es nuestro ánimo enrostrar hechos pasados ni provocar una discusión filosófica sobre quién tiene derecho a arrojar la primera piedra en este tema, pero se recordará, por ejemplo, que durante el Régimen Militar en los años ochentas, militantes de grupos relacionados con la izquierda chilena realizaban publicaciones políticas desde editoriales clandestinas que llegaron a ser todo un símbolo de resistencia entre la oposición de aquellos días. Quienes recuerden esa época, saben que las publicaciones de estas editoriales, particularmente la relacionada con el Partido Comunista de Chile, llevaban un slogan característico parafraseando el mismo lema de nuestro escudo patrio: "Por la Razón o la Fuerza, ¡Venceremos!". Aparecía, por ejemplo, en la portada del entonces ilegal diario "El Siglo", histórico órgano de difusión del mencionado partido. Más tarde, cuando se recuperó la democracia y el Partido Comunista de Chile salió de la situación de proscripción, este diario se legalizó modificado su lema a uno más amable: "Con la Razón y con la Fuerza, ¡Venceremos!".
Con este ejemplo queremos demostrar lo precario y subjetivo que resultaría evaluar bajo aspectos moralistas fundamentales elementos simbólicos que pertenecen a otros contextos de tiempo y de entendimiento, además de corresponder a un lenguaje alegórico estricto.
Estampilla chilena de 1960: “sesquicentenario del primer gobierno nacional”.
Con relación a lo mismo, la argumentación general presentada en el proyecto del Honorable Senador Nelson Ávila, parece estar pecando de una falacia muy corriente en el mundo de la retórica, la política y la fundamentación: el sesgo cognitivo, formado por una impresión errada que deriva, a su vez, de prejuicios, parcialidades o conceptos preconcebidos que se imponen sobre una unidad de comprensión. En este caso, es la interpretación forzada contra el sentido original del lema “Por la Razón o la Fuerza”, torcido hacia otra idea o inducción que no guarda relación con la naturaleza y la realidad elemental de la frase.
Un juicio errado por sesgo es aquél en que se incurre al hacer sentencias con fuerte carga ética sobre un elemento que proviene de otro contexto histórico y ambiental, sofisma o vicio muy común en el análisis de cuestiones históricas, como ocurre ahora con el lema del escudo patrio. Si se evalúan desde la subjetividad y parcialidad del presente elementos culturales o simbólicos que provienen de estándares del pasado, probablemente siempre se incurrirá en el descubrimiento de un “conflicto”, como el señalado por el Honorable Senador que propuso el cambio del lema desde la comodidad del actual entendimiento que él puede darle y de acuerdo a elementos cognitivos e interpretativos contemporáneos.
Podemos graficar este punto con otro caso análogo: existen en Santiago muchas representaciones del símbolo de la suástica o cruz gamada en la arquitectura, hechos en los tiempos en que aún no existía la vinculación de este signo de origen místico con el fenómeno del nazismo alemán. Por ejemplo: en el techo del Altar de la Basílica de la Merced, en las grecas decorativas de la fachada del Palacio de los Tribunales de Justicia y en el Mausoleo de la Sociedad Española de Beneficencia del Cementerio General, sólo por nombrar algunos. ¿Acaso sería apropiado y racional que, desde nuestra concepción actual y desde una compresión totalmente abstraída de la lectura que originalmente se le daba en el pasado al símbolo aludido, juzgáramos tales representaciones como emblemas políticos nazistas y propusiéramos bajo este pretexto su retiro, alteración o remoción?
EJEMPLIFICACIÓN DEL ERROR CON LOS SÍMBOLOS DE PARTIDOS POLÍTICOS
Nos permitiremos un pequeño ejercicio de formulación de juicios sesgados con elementos que puedan ser tan familiares a los Honorables Senadores de la República como lo sería el propio escudo patrio de Chile: los símbolos de los partidos políticos de nuestro país.
Para llevar a la demostración el mismo fundamento falaz y tremendista que se esconde en la interpretación imprecisa del lema del escudo patrio por parte de quienes aspiran a modificarlo, propondremos las siguientes observaciones deliberadamente concebidas desde el prejuicio y la distorsión de un sesgo cognitivo y descontextualización:
  • Por el lado de la izquierda y la centro-izquierda del espectro político, nos encontramos con símbolos partidistas que podrían ser interpretados perfectamente como emblemas de odiosidad, de asociación con tiranías, muerte o calamidades políticas, especialmente del siglo XX, como la rosa empuñada en una mano que otrora identificó a la propaganda de las internacionales revolucionarias (y que, paradójicamente, es usada por el mismo partido al que pertenece el Honorable Senador autor del proyecto), la que fue depurada sólo cuando la adoptaron las socialdemocracias europeas. Otro caso es el del partido que se identifica con un hacha de guerra indígena que parece estar amenazando a Sudamérica. Y de la hoz y el martillo, símbolo revolucionario y del bolchevismo, no hay mucho que agregar a favor de una connotación violenta. Un juicio sesgado sería proponer que, por prestarse también para interpretaciones potencialmente odiosas sobre su verdadero sentido, estos símbolos deberían ser omitidos, modificados o bien cambiados.
  • En el centro político y con relación a uno de los partidos más tradicionales de nuestra historia política, podemos recordar que para nadie es secreto que el falangismo chileno tuvo cierto grado de inspiración en el falangismo español e incluso en la primera etapa del fascismo italiano, de carácter reconocidamente corporativista y militarista, algo que es comentado en los libros “El Partido Demócrata Cristiano Chileno” de George Grayson y “Chile: De la Falange Nacional a la Democracia Cristiana” de José Díaz Nieva. Desde un punto de vista sesgado, entonces, podría argüirse que el uso común de flechas en los símbolos de ambos movimientos falangistas, el de Chile y el de España, no parece ser casual y debería generar suspicacias por su contenido de naturaleza proto-fascista, razón que muchos encontrarían suficiente para proponer que sea modificado.
  • Y sobre los conglomerados de la derecha y centro-derecha, demás está recordar la connotación militar que tenían las estrellas (independientemente de que tal interpretación sea o no la más correcta) al momento en que estos símbolos fueron incorporados a los logotipos de los dos principales partidos de este lado del espectro político en Chile, aunque en años más recientes han ido renunciando paulatinamente a la relevancia de este símbolo en sus respectivos emblemas. En un razonamiento falaz, entonces, la misma inducción utilizada para levantar un anatema sobre la frase “Por la Razón o la Fuerza” permitiría concluir que los principales partidos de la oposición chilena protagonizan un acto de apología velada del militarismo y del autoritarismo en sus simbologías corporativas.
En fin: puede verse que, valiéndose de los mismos prejuicios puntillosos y rebuscados que se depositan contra el lema del escudo patrio abstrayéndose de los argumentos históricos y culturales principales, podría hacerse la misma advertencia contra tales símbolos partidistas, esgrimiendo que también merecen ser cambiados con urgencia por connotar señales inamistosas o confrontacionales, violentándose así toda la carga emblemática e histórica que cada uno de ellos busca representar en realidad.
Escudo con el lema correspondiente en los billetes de un “escudo” de los años sesentas, basados en una ley publicada en 1964, tres años antes de la que reconoció oficialmente el lema “Por la Razón o la Fuerza”.
EL PROBLEMA DE EVALUAR COMUNICACIONALMENTE UN ESCUDO
Un aspecto crucial de la discusión, que hemos reservado para más cerca del cierre de este trabajo, es que el escudo patrio nunca ha sido ni podrá ser un elemento de comunicación corporativa o un soporte comunicacional que resista el tipo de análisis que se ha hecho de él en interés por modificarlo, al juzgarlo con los parámetros sugeridos por los críticos del lema “Por la Razón o la Fuerza”.
Quienes proponen el cambio o alteración del escudo patrio, parecen pasar por alto también o minimizar el hecho de que los blasones heráldicos, en general, están en la categoría símbolos-emblemas de valor alegórico y trascendente en el tiempo, pese a que el proyecto de modificación del lema lo enfoca y evalúa más bien como si correspondiera a una pieza de comunicación y/o corporativa, susceptible de modificar en pro de la comprensión óptima de un mensaje.
Verbigracia: resultaría impropio suponer que el símbolo de la Cruz de la Iglesia Católica Apostólica y Romana merece ser modificado bajo la premisa de que corresponde a lo que fuera antes un instrumento o un procedimiento de muerte (la crucifixión), pues se comprende que el valor trascendente de la cruz cristiana como símbolo-emblema (en este caso, religioso) está por encima de la interpretación de elementos secundarios o derivativos que pudiesen servir como excusa para postular su alteración deliberada.
Los propios gobiernos democráticos de la Concertación que se han ido sucediendo desde 1990 hasta nuestros días, han asumido que el escudo patrio carece de tales comportamientos comunicacionales, por el hecho de que han empleado ya dos logotipos especialmente concebidos para funciones estrictamente corporativas de Gobierno: el primero fue creado a partir de una abstracción del escudo patrio, aunque sin el lema, durante la Presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle; y el actualmente vigente fue producido durante la Presidencia de Ricardo Lagos Escobar, basado en una construcción geométrica de la bandera chilena.
Los escudos y la heráldica en general trabajan con símbolos diseñados bajo criterios iconográficos y alegóricos, no con mensajes narrativos ligados a efectos comunicacionales como los que pretenden atribuírseles al lema al acusarle de connotar contenidos y contextos especiales de agresividad o belicismo, particularmente a la frase "Por la Razón a la Fuerza".
Con esta creencia, además, se violenta la naturaleza de las denotaciones y connotaciones de un símbolo: mientras la denotación está directamente ligada al objeto, la connotación está en la mente de quien lo interpreta. El que yerra al interpretarlo, no puede esperar ser premiado con la modificación denotativa (en este caso, del lema) como solución o remedio a la mala connotación que le inspira por error, sesgo, prejuicio, ignorancia o parcialidad.
CASOS DE CAMBIOS RECIENTES EN EMBLEMAS PATRIOS Y SUS RAZONES
Existen casos históricos internacionales en los que se ha modificado un emblema patrio, por cierto, pero la explicación de estas situaciones específicas no guarda relación con las motivaciones que existen en Chile para proponer el cambio del lema.
Está, por ejemplo, el de las cerca de 26 “actualizaciones” a la Bandera de los Estados Unidos de América, que han debido hacerle a la cantidad de estrellas de su campo azul, en consideración de que éstas simbolizan cada una a un respectivo Estado de la Unión, cuyo número se ha ido ampliando a lo largo de la historia. En otras palabras, había una correlación con un elemento racional que debía ser mantenido y por eso se produjo el cambio correspondiente. La última vez que la bandera de los Estados Unidos sufrió este ajuste fue en 1960, con la incorporación de Hawái.
Un caso más reciente es el de las modificaciones realizadas sobre la bandera y el escudo de la República Bolivariana de Venezuela, situaciones ambas que, tal como sucedió con nuestras leyes de 1920 y 1967 sobre el diseño del escudo chileno, nacen de la necesidad de regular el criterio oficial de presentación de los símbolos patrios con la pauta determinada por la costumbre, la cultura y la tradición que mejor identifica a la nación, o al menos así se fundamentó la razón del cambio en esta ocasión.
En el caso del escudo venezolano, se devolvió la mirada del caballo hacia el frente tal como estuvo hasta 1930, cuando la ley obligó a voltearle la cabeza y, desde entonces, había en circulación escudos caballos corriendo con la cabeza al frente o volteada, así como parados hacia la derecha o bien hacia la izquierda. La decisión del año 2006 fue establecer definitivamente al equino blanco corriendo hacia el lado izquierdo y con vista al frente.
El caso de la bandera de Venezuela, a la que se adicionó una estrella más, tiene una explicación parecida, pues existía una deuda con la voluntad del Libertador Simón Bolívar en relación a un decreto suyo del 20 de noviembre de 1819, en donde habría dispuesto la adición de una octava estrella en la bandera nacional como símbolo de la liberación de Guayana. Sin embargo, este símbolo se había perdido en variaciones posteriores de la bandera de sólo siete estrellas, siendo “recuperado” el año 2006 por las razones expuestas.
Como se observa, entonces, la modificación de símbolos heráldicos de carácter nacional o patrimonial, está relacionada más bien con factores de coherencia o representación alegórica y de fundamento histórico, no en interpretaciones políticas o causalidades de fundación pasajera, ligada a contextos específicos de tiempo no originales a la formación o creación del símbolo.
A este respecto, no podemos evitar recalcar que el objetivo central del actual proyecto de modificación del escudo patrio de Chile consiste en sustituir una frase de arraigo, uso continuo y valor histórico como es “Por la Razón o la Fuerza”, por otra creada especialmente para cumplir con este reemplazo, no institucionalizada en nuestra cultura, no respaldada por un contenido histórico y ausente de todos los elementos de arraigo y de lenguaje alegórico que se utilizan en la concepción de los diseños heráldicos.
Algunas etapas en la evolución del escudo de la República de Venezuela: la normalización se planteó en base al uso y la costumbre, especialmente con relación a la postura del equino (el caballo de Simón Bolívar) dentro del conjunto heráldico, que parece ser elemento menos estable del mismo a lo largo de las versiones del símbolo. El último de la serie es el tomado por oficial, actualmente y tras la revisión del año 2006.
CONCLUSIONES (EN SÍNTESIS)
  • El concepto central del lema del escudo de Chile, “Por la Razón o la Fuerza”, surge en los años de la lucha por la Independencia y asume distintas presentaciones o versiones que comienzan formalmente con la creación de los símbolos patrios en el Gobierno del General Carrera, en la Patria Vieja.
  • Tanto en sus presentaciones como “Post Tenebras Lux”, “Aut Consilio aut Ense” o “Por la Razón o la Fuerza”, el objetivo general de lucha que inspira a los lemas chilenos ha sido siempre el concepto de la Libertad, la protección y juramento de resguardo a la autonomía soberana de la República de Chile frente a cualquier fuerza o interés de dominación, aludiendo centralmente al colonialismo hispano en las guerras de la Independencia y, por extensión, a cualquier amenaza contra la bien ganada y muy merecida libertad republicana.
  • La frase “Por la Razón o la Fuerza” estaba institucionalizada en la sociedad chilena desde los tiempos de la emancipación americana y ya se hallaba posicionada en la identidad nacional al momento de ser oficializado el Escudo de la Patria Nueva en 1834. Entre otros casos, el lema estaba presente desde 1818 en sellos y monedas que se acuñaron en Chile. Siempre fue comprendida como un grito y una promesa de Libertad nacional.
  • Tras la elección del modelo propuesto por el artista Carlos Wood para el escudo nacional adoptado en 1834, existió desde un principio cierto grado de libertad e informalidad en las representaciones que se hicieron del mismo emblema patrio a nivel oficial, apareciendo a veces con variaciones en los animales y sus líneas generales de diseño. En una de esas corrientes de representación del escudo, se mostraba al blasón con un listón o cinta donde se lee claramente la frase “República de Chile” o bien “Por la Razón o la Fuerza”, pese a no haber estado originalmente en el diseño descrito por la legislación de 1834 ni en el diseño presentado por Carlos Wood. Con el tiempo y la reiteración en la costumbre y en el uso, sin embargo, se impuso la presencia de “Por la Razón o la Fuerza” como texto que acompaña al emblema.
  • La presencia y la popularización del lema “Por la Razón o la Fuerza” se vio reforzada por series numismáticas acuñadas durante el siglo XIX, después del mencionado caso de los doblones de 1818, y en las que se asociaba el escudo nacional con el lema referido. De hecho, existió en la siguiente centuria una moneda chilena llamada escudo que en sus billetes llevaba oficialmente al escudo patrio con el lema “Por la Razón o la Fuerza” incluido en su diseño.
  • También existe el antecedente histórico de que la Bandera Presidencial formalizada en 1854 y que no difiere mayormente de la de nuestros días, lleva desde entonces incluso un escudo patrio con el lema “Por la Razón o la Fuerza”.
  • No existen antecedentes que permitan confirmar que la presentación de los escudos de Chile con o sin la frase “Por la Razón o la Fuerza” estuviese condicionada por períodos o contextos de ánimos específicos relacionados con malas relaciones con países vecinos o fricciones fronterizas de los siglos XIX y XX. Por el contrario, el lema del símbolo aparece o no en las distintas versiones, dentro de los criterios normales de relativa libertad de uso que existían desde el momento mismo en que este escudo fuera oficializado en 1834. Esta inconstancia se observa incluso indistintamente de si las representaciones respectivas provienen del mundo militar o del mundo civil.
  • La regulación definitiva del escudo nacional se realiza por una ley de 1967 que ordenó todos los criterios hasta entonces empleados en la presentación del emblema, priorizando la legislación de 1834 más el valor de la tradición y la costumbre, desde donde ya estaba institucionalizado el uso del lema “Por la Razón o la Fuerza” y su asociación indivisible con el escudo patrio.
  • Tampoco existen antecedentes históricos que permitan verificar que la normalización del escudo patrio o sus representaciones anteriores que incluían el lema “Por la Razón o la Fuerza” durante el siglo XX, hayan tenido una orientación belicosa, inamistosa o apasionada en contra de pueblos o países vecinos y, de hecho, la propia legislación de 1967 aclara en su texto que el reconocimiento de los elementos del escudo que se están normalizando se ejecuta como homenaje al Libertador Bernardo O’Higgins (y por extensión, a todos los patriotas de la Independencia), verificando así el sentido libertario original y definitivo del lema “Por la Razón o la Fuerza” en la tradición nacional y en nuestro propio escudo patrio.
  • El punto de partida de los juicios que proponen modificar el lema del escudo patrio es impreciso y está viciado de un grave sesgo cognitivo, al desconocer el sentido original del lema “Por la Razón o la Fuerza” y trasladarlo a un contexto errado de comprensión, desde donde se le pueden arrancar interpretaciones conflictivas, impropias y, en algunos casos, lindantes en lo antojadizo o tendencioso. También se intenta hacer, con ello, una forma de evaluación comunicacional que no es apropiada ni correspondiente al lenguaje alegórico de los escudos, blasones o simbolismos contenidos en emblemas trascedentes. En definitiva: de un error se inventa un problema; desde el mismo error se construye un caso y se crea una necesidad de resolver “algo” proponiéndose, también desde el error, una solución al problema que, desde la interpretación ajustada a los hechos, sin embargo, simplemente no existe.
  • Finalmente, se propone la sustitución del lema “Por la Razón o la Fuerza”, por el de “Por la Fuerza de la Razón”, que ha sido construido de manera ad hoc especialmente para reemplazar el actual lema a partir de una permutación de las palabras-sustantivos de la frase original, pero que carece de todo arraigo histórico-cultural en nuestra tradición, folklore e identidad nacional y, de hecho, ya tiene una carga connotativa propia al haber sido empleado y estar asociado a otras unidades de comprensión o acontecimientos internacionales, algunos muy recientes.
El escudo y el lema correspondiente en el “Reglamento especial de requisitos para la exportación de vinos”, publicado en 1935.
COMENTARIOS A MODO DE EPÍLOGO
El ilustre don Joaquín Edwards Bello escribió en una ocasión:
“Sufrimos invariablemente la desgracia de desear el cambio de todo cuanto nos rodea. Lo óptimo nos cansa y termina por fastidiarnos. Deseamos estrenos. Ortega y Gasset dijo que vivimos celebrando estrenos. Como niños malcriados, despanzurramos el juguete para ver lo que trae dentro. Total: destrozamos sin ton ni son. A veces dichos destrozos son iniciados mediante decretos de las autoridades competentes… En Londres, el tonto nacional diría: "Hay que cambiar el escudo británico, por cuanto en Inglaterra no hay unicornios". En Venecia, diría con tamaña boca abierta: "Es preciso quitar los leones alados. En Venecia no hay leones".”
Siendo el autor del presente informe dispuesto para los Honorables Senadores miembros de la Comisión de Defensa, alguien que ha sabido combinar disciplinas de trabajo tan distintas como el Diseño Gráfico de Comunicación Visual y la Investigación Histórica, no puedo hacer menos que manifestar humildemente a los parlamentarios cuán ligero y superficial es el fundamento general y el espíritu que motiva este intento de provocar un cambio o modificación sobre un elemento nacional de arraigo histórico, cultural y patrimonial, irónicamente en la proximidad de las celebraciones del Bicentenario Nacional.
Consideramos que la batería de fundamentos presentados en forma aún muy general y subjetiva para tal propósito, basada fundamentalmente en procesos inductivos, ni siquiera llega a ser la suficiente para justificar o explicar los intereses de ese mismo propósito por alterar el lema. Se trata más bien de una urgencia con más características de capricho, por cuanto se evalúa erróneamente el poder comunicacional de un escudo heráldico como si se tratara en verdad de otro tipo de pieza o soporte, entre una gran cantidad de otros problemas adicionales ya comentados a lo largo de este pequeño estudio.
Se nos figura particularmente preocupante la actitud con que se ha abordado el proyecto por parte de quienes manifiestan una oposición (o mejor dicho, una ojeriza) hacia el lema del escudo: como hemos creído demostrarlo, parten de una interpretación equivocada, emiten un juicio subjetivo también errado sobre el sentido del lema y proponen, como solución, el modificarlo por una idea concebida por ellos mismos en virtud de todo ese error inicial. En otros términos, se emite un juicio priorizando deliberadamente un error o un sesgo de interpretación y se castiga a la comprensión correcta del mensaje original del lema en el escudo de Chile.
La situación descrita es, acaso, tan irracional e incomprensible como lo sería exigir que se cambie el sentido de una calle aludiendo a que existen conductores que se internan por ella contra el tránsito. Esta analogía puede parecer caricaturesca, pero en resumidas cuentas, es la misma anomalía contenida en la idea propuesta para cambiar el lema “Por la Razón o la Fuerza”, en base al señalado error de interpretación y a una distorsión en la comprensión semántica de parte de quienes exigen esta alteración.
Así, dar curso legislativo a un proyecto de estas características, significaría validar la modificación de forma arbitraria de un emblema que pertenece a todos los chilenos y que se supone trascendente, fundándose en un vicio de comprensión. No nos cabe duda, por la misma razón, que de prosperar una idea de estas características, no tardaría mucho tiempo en tener que ser revisada por la propia legislación que la hizo nacer, pues dejará sembrados más problemas que conveniencias, como las que hemos descrito, y ciertamente una alteración del escudo será incapaz de competir con la misma costumbre que llevó al reconocimiento connatural y oficial del lema “Por la Razón o la Fuerza” en el blasón chileno, en 1967.
Respecto de esto último, se recordará que un intento gubernamental, durante el Régimen Militar, por institucionalizar el uso de la tercera estrofa del Himno Nacional de Chile, no pudo hacer más que convertir a este fragmento de la canción en una opción y una oportunidad de identificación política en el contexto de la época, a favor o en contra del Gobierno si se la interpretaba o no, respectivamente. Los años en que permaneció en uso dicha versión de la canción nacional por disposición oficial, además, no consiguieron impedir que el Gobierno de Patricio Aylwin omitiera oficialmente esta estrofa, no bien asumió la Presidencia de la República en 1990, volviendo a lo que había sido por muchos más años la tradición y la costumbre republicana de presentación de la canción nacional.
Desde nuestro punto de vista, un intento de modificación del lema del escudo nacional tendría las mismas consecuencias de ineficacia que tuvo la tentativa de forzar el uso de esta parte de la canción nacional en sus interpretaciones públicas, ambos intereses imposibilitados de poder competir con la energía del arraigo y el uso.
En definitiva, estimamos que las propuestas de cambio del lema del escudo chileno sólo se valen de criterios fundados en impresiones erradas, en estados pasajeros y en superficialidades ofrecidas como causas, todas arraigadas más bien en prejuicios de nuestra ignorancia nacional, en la superstición doctrinaria y en la “corrección política” que caracteriza el tan criticado doble estándar de nuestra idiosincrasia chilena, en lugar de abrirle paso a una verdadera vocación de autosuperación, evolución y crecimiento de la mano de lo más positivo de nuestra identidad cultural, reflejada en símbolos como el escudo patrio y su histórico lema “Por la Razón o la Fuerza”.
En Santiago de Chile,
Miércoles 26 de agosto de 2009
CRISTIAN SALAZAR NAUDÓN

Director del Área de Investigaciones Urbanas
del Centro Cultural del Patrimonio Histórico de Chile

1 comentario:

JAIME ALEXIS JAQUE MEZA dijo...

Excelente mixtura y rigurosidad de los temas.
Excelente Blog.
Felicitaciones.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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