martes, 25 de agosto de 2009

LA CIUDAD Y LOS PERROS, PARTE UNO (CABEZA): LAS MASCOTAS ASTRALES DEL APÓSTOL SANTIAGO

Los perros acompañan las caravanas por el camino de Valparaíso a Santiago, según ilustración del naturalista francés Claudio Gay, a mediados del siglo XIX.
Santiago de la Nueva Extremadura es una ciudad canina. Sus residentes son mestizos como los quiltros, en mayor o menor grado. Y aunque el símbolo heráldico de nuestra urbe sea un león, la verdad es que el perro nos representa infinitamente mejor, y ha sido también la gran compañía que hemos tenido por siglos sus habitantes. Muchos, quizás todos, tenemos algo de perros: incluso entre los jóvenes hoy es común tratarse de "perro", como antes era el "compadre" o "viejo", cual forma cariñosa de referirse a un amigo o camarada.
Si no usáramos tan frecuentemente la expresión "perro" como algo ofensivo y humillante, quizás ya habríamos podido aceptar con más comodidad y certidumbre nuestra comunidad de naturaleza nacional ligada con los caninos.
Hace un par de noches, un noticiario informó que hay cerca de 2 millones y medio de perros abandonados en Chile, la mayor parte de ellos en nuestra ciudad capital. Y decimos "abandonados" porque, técnicamente, los perros callejeros no existen como tales, sino los perros botados, muchos de ellos sobreviviendo de la caridad de ciudadanos generosos. Pero, como los políticos no aceptan competencia (por instinto), algunos de ellos ya han anunciado tentativas de proyectos para castigar a quienes alimenten a estos canes de las calles de la ciudad.
Sin embargo, el conjuro entre nuestra capital y los perros tiene una raíz muy profunda. Veremos que su relación con nosotros, en Santiago de Chile, se aferra a hilos que trascienden incluso lo meramente histórico y geográfico, relacionándonos desde un contenido místico y ancestral que, de alguna manera, continúa vigente en los arquetipos de la sociedad santiaguina.
Majestuosidad de la Vía Láctea en el hemisferio Norte, fotografiada desde el Valle de la Muerte, en California, Estados Unidos (fuente imagen: ntwrp.gsfc.nasa.gov)
EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS
Santiago de Chile recibió su nombre en analogía a Santiago de Compostela, famosa localidad en la desembocadura del camino iniciático del Apóstol Santiago el Mayor en España, con procesiones que se realizan oficialmente desde tiempos medievales por Europa. El destino, la ciudad de Santiago de Compostela en esta llamada Ruta Jacobea, tiene por tramo principal al denominado "camino francés", que recorre el Norte de España por parajes realmente fantásticos, donde la historia se enreda seriamente con el mito. Es una ruta cultural de incalculable atractivo, declarada Patrimonio de la Humanidad.
La vía va de Este a Oeste, casi siguiendo cartográficamente el paralelo 42. Hasta la Catedral de Santiago de Compostela está angulada en su eje de planta, como ajustándose a la inclinación terrestre. Y a la entrada del "camino francés" en territorio de España, se encuentra la localidad de Jaca. Su nombre tiene una fonética parecida a la de Jaco o Jacobo, por razones no azarosas, según veremos luego.
Más el Oeste, en cambio, son varios los caminos que, desde toda Europa, convergen sólo hacia la proximidad del territorio francés vecino a Jaca. Incluso, existen rutas marítimas, ocupadas por los antiguos habitantes de las islas británicas. Algunos autores postulan la teoría de que el camino más ancestral empezaba en las actuales ruinas de Stonehenge, de hecho, en tiempos antediluvianos.
¿Qué podría tener que ver Santiago con el símbolo del perro? Pues que las peregrinaciones, los grandes viajes iniciáticos, siempre han sido asociados a los heraldos y las representaciones caninas. El perro es el peregrino, el viajero de Santiago. Es el vagabundo, el aventurero. Sólo él conoce sus hazañas y epopeyas.

Lo más sorprendente es, sin embargo, que su ruta jacobea está trazada en los cielos, en las constelaciones estelares de la noche boreal... Y también está allí el perro con su figura arquetípica.
Se cree que el Camino de Santiago de Compostela sería un reflejo de la Vía Láctea sobre la Tierra. Incluso hay razones para pensar que el nombre de la ruta deriva del latín Campus Stellae, que significa Campo de Estrellas. Según Louis Charpentier, provendría en realidad de Compos Stellae, que significa Maestro de las Estrellas. Para ambos casos, la alusión es a la Vía Láctea.
Sucede que la ruta mística de Compostela es muy anterior a los tiempos de Carlomagno o, más precisamente, atávica pre-romana. Sus raíces paganas se internan en lo profundo de la oscuridad del pasado, como tantas adopciones hechas por el cristianismo en la historia. Sin embargo, la tradición fue "recuperada" y cristianizada tras el descubrimiento de lo que serían los restos del Apóstol Santiago en el año 814, que hoy reposa en la Catedral de Santiago de Compostela.
Sobre el nombre de Santiago, mismo dado a nuestra ciudad, se habla de la tradición jacobea como un distintivo identitario. Y jacobeo equivale el gentilicio místico de Santiago, nombre que reciben también los peregrinos. Charpentier aclara que Jacques en francés es equivalente a James en el anglosajón, aunque también asociado a veces a Jack, que actualmente está más comprometido con John, o Juan, en nuestro idioma. Giacopo en italiano. En español es Yago o Jaco, y en portugués Tiago. Es decir, Santiago es la contracción esencial de San-Jago, San-Yaco o San-Tiago. En hebreo, Jacob derivó al Jacobus del latín y desde ahí pasó al cristianismo. Sin embargo, Jacobo y Jaco quedaron asociados, y por eso son indistintos en el uso que se aplica a los simbolismos de Santiago. De ahí el concepto de jacobeo. Quizás tenga alguna relación también con el nombre Joaquín, de origen arameo o aún anterior.
Dos representaciones populares españolas donde estatuillas de santos-peregrinos aparecen acompañadas de pequeños perros. El Apóstol Santiago es uno de los que, a veces, se ven en compañía de un can.
EL HÉRCULES "JACOBEO"
Muchos autores, escudados en el escepticismo y los métodos científicos difícilmente aplicables a esta área, han pretendido poner en duda o incluso ridiculizar estas afirmaciones de paralelismos del camino jacobeo con situaciones astrales, alegando que la coincidencia entre el Camino de Santiago y la línea de la Vía Láctea sólo es tal por algún rato durante cada noche, debido al desplazamiento de la bóveda estelar, por efecto de la rotación planetaria. A juicio de estas opiniones, no existe ninguna relación real entre la ruta jacobea y las constelaciones.
Sin embargo, las coincidencias son demasiadas como para dejarlas pasar con tanta facilidad, tildándolas de meros actos azarosos o caprichos del destino. Además, es sabido que los peregrinos jacobeos efectivamente se orientan por la Vía Láctea durante las noches, para seguir la ruta a Santiago.
La coincidencia más evidente entre los mitos dice relación con la presencia del legendario Hércules romano, quien se refugió en una gruta de La Coruña tras robar los bueyes del gigante Gerión y domesticarlos. Hércules es Heracles en la tradición griega y, según la leyenda antigua, éste fue amamantado de niño por la diosa Hera, recibiendo así los famosos poderes sobrehumanos que le caracterizarían. Pero el héroe del mundo antiguo mordió el pezón de la diosa durante este acto, y ella le arrojó lejos de dolor. Miles y miles de gotas de leche saltaron al cielo en este acto, desparramadas en una línea que los griegos y después los romanos identificaron con el círculo de la Vía Láctea, precisamente.
En términos esotéricos de Gobienau, Hércules y Gerión pertenecerían a la Segunda Edad del Mundo, la Era de los Héroes o la Edad de Plata. Es la de los nacidos de la mezcla de los Dioses de la Primera Era o Edad del Oro con los mortales que estamos en nuestra época ya, en la Era de los Hombres o Edad de Hierro, la peor y más profana de las cuatro que existen (la otra es la Tercera: la Edad de los Reyes o del Bronce).

Charpentier también estudió exhaustivamente esta leyenda de Hércules en territorio jacobeo y se preguntaba sobre el origen de la misma y su relación con el extraordinario faro del siglo I conocido como la Torre de Hércules, en las costas de La Coruña, que tiene características románicas y bases de apariencia fenicia.
Otra situación interesante es la del símbolo de la "pata de la oca", convertidas con el tiempo en veneras o conchas que usan los peregrinos y que se repite en los emblemas jacobeos. Están, de hecho, en el escudo de armas de Santiago de Chile, en torno a la figura del león. Este símbolo estilizado representaría para algunos el tridente de Poseidón, que los romanos identifican con Neptuno. Tuvimos en Santiago de Chile una hermosa representación de este dios montando su carruaje de caballos, de metalurgia francesa, en la fuente de la Alameda de las Delicias hacia la altura de calle Ejército, conjunto que tuvo un lamentable final a causa de las violentas huelgas realizadas a principios del siglo XX.
Precisamente son los caballos blancos y de largos crines de Poseidón-Neptuno los que monta Hércules en sus aventuras. Y, coincidentemente, en sus apariciones de 844 durante la batalla de Clavijo, Santiago Matamoros montaba un caballo similar, según las representaciones.
Las rutas de la peregrinación (fuente imagen: ejercito.mde.es)
Plano de la ciudad de "Saint Jago" (Santiago), en el mapa de Chile de Emmanuel Bowen, 1747.
CAMINO DE LOS PERROS
Como un lazo místico y nominal nos une con la ciudad de Santiago de Compostela en la Península Ibérica, cabe preguntarse: ¿Habrá quedado escrito simbólicamente allí el contrato que la sociedad chilena y muy particularmente la santiaguina, pese a todo, mantiene con sus queridos perros callejeros, sus tótems y tenantes caninos?
Todos los elementos que hemos visto hasta aquí comienzan a converger en el anillo de la figura del perro, como si su símbolo fuera central en toda la tradición jacobea alojada en Santiago de Compostela y la expansión de la fe del Apóstol, Santo Patrono de los Ejércitos de España que avanzaban por el Nuevo Mundo.
La Vía Láctea también era conocida entre los celtas como el Arco Iris de Lug. En España existe, de hecho, la localidad de Lugones, en Asturias. Allí también vivió una tribu de celtas conocidos como los luggones. Lug o Lugh es un dios poderosos que, a veces, adopta un aspecto oscuro y un tanto siniestro, tomando para sí características de lobo o de perro. Es imposible no asociar su nombre, además, al de la Provincia de Lugo, centro de peregrinación vecino a Santiago de Compostela. Así pues, tenemos reafirmado en el mito un símbolo druídico tan fuerte como el lobo, presente en la tradición y la toponimia de los territorios jacobeos del Norte de España.
La leyenda dice que cuando Santiago el Mayor partió hacia Hispania con la frustrada intención de evangelizar, sólo le acompañó un perro. El perro es la compañía leal de Santiago, entonces, y ambos son indivisibles. Tras retornar y ser decapitado por Herodes Agripa, su cuerpo es lanzado a la deriva en un bote que, milagrosamente, llega hasta Reino de Loba, en el territorio que los romanos llamaban Iria Flavia y que hoy corresponde a la actual Padrón de Galicia, muy cerca de Santiago de Compostela.
Resurge la figura del canis también en este punto, entonces: la leyenda cuenta que una tal Reina Loba es visitada por los discípulos de infortunado Apóstol, para solicitar permiso de sepultar el cuerpo. Ésta les tiende una trampa, pasándoles bravos toros en lugar de bueyes, con la intención de que los animales los liquiden. El nombre y la geografía de este mito coinciden con el de esta mencionada localidad: Lugo, que significa "loba".
Para desagrado de la malvada Reina Loba, sin embargo, los discípulos lograron amansar a los toros valiéndose de sus artes mágicas, en una repetición del mismo relato que se hace sobre Hércules y su domesticación de los bueyes de Gerión (¿se referirán, acaso, a la Era de Tauro?). Sin duda, se trata de un mito cristiano con raíces en el paganismo más antiguo.
Canis Mayor y Canis Menor, en ilustraciones inglesas del siglo XIX.
DUALIDAD ASTRAL Y TERRENAL DEL APÓSTOL-PERRO
Canis Mayor es la constelación del perro o Can Mayor que se encuentra al final de la Vía Láctea, en la desembocadura de su trazado estelar. Aunque se trata de una microgalaxia poco visible por su posición detrás de los brillos de la Vía Láctea, su lugar en la bóveda infinita está señalado por la estrella más reluciente de la noche, en la parte más alta de la constelación: Sirio, conocida también como la Estrella del Perro, que hoy sabemos es una estrella triple.
En otra analogía con la ruta de Santiago de Compostela, la línea de la Vía Láctea terminaría precisamente en los reinos de la constelación del Can Mayor, como si el misterio allí buscado estuviese escondido en el reflejo de sus estrellas sobre la tierra de los hombres. Can Mayor es, en otras palabras, el secreto, el guardián del enigma jacobeo.
Curiosamente, Canis Mayor está precedida por una especie de desdoblamiento o ubicuidad estelar: Canis Menor, el Can Menor. Esta pequeña constelación es de sólo dos estrellas: Procyon y Gomeisa. Suele ser representada como uno de los perros que siguen al cazador de la Constelación de Orión, cuyo cinturón o "collar de perlas" es conocida en el mundo latino con el meloso nombre de las Tres Marías. Canis Mayor, en cambio, está al Este de Orión. Los navegantes y los campesinos trazaban una línea imaginaria desde la fila en que se ordenan estas tres estrellas, para ubicar Sirio en el espacio al prolongarla casi en la recta.
Resulta pues que Procyon de Canis Menor aparece en el horizonte del Hemisferio Norte cerca de una hora antes que Sirio o Estrella del Perro de Canis Mayor, como si anunciara la proximidad de la constelación. De hecho, en griego Procyon significa algo así como Antes del Perro. Es la estrella que precede a Sirio, como el perro que caminaba delante del Apóstol en su peregrinación por el Norte de la Península.
El símbolo del perro es, entonces, el símbolo de Santiago, del Camino de la Vía Láctea en el plano terrestre. Y muchos se han preguntado también por esta similitud conceptual entre Canis Mayor y Canis Menor con las figuras de Santiago el Mayor (el de Zebedeo) y Santiago el Menor (el de Alfeo), los dos Apóstoles tocayos. Como en el caso de San Roque y Santa Margarita de Cortona, era frecuente que algunas representaciones populares del Apóstol Santiago incluyan uno o más pequeños perros que van a su lado, como los que se les aparecen y acompañan a tantos peregrinos jacobeos durante el viaje, hasta nuestros días. Acaso, puede que Santiago el Menor sea también un reflejo, un doble astral de Santiago el Mayor, y viceversa, representados en la imagen de los perros.
El poeta y escritor chileno Miguel Serrano, diría más cerca de nuestros tiempos sobre esta simbología esotérica en relación al perro:
"Los animales son las cualidades del Hombre-Total, que se han cristalizado, tomando esas formas visibles en la biosfera. Así, el perro, por ejemplo, es un Dios al revés, que desesperadamente anhela poder ser reintegrado a su Divinidad. Dios es God y perro es Dog; Dios al revés."
El conjuro astral es antiguo, entonces: Santiago y los perros van de la mano... O de la pata.
Santiago del Nuevo Extremo, nuestro Santiago de Chile, quizás sólo cumple con este destino arquetípico, un "reflejo" simbólico: es la ciudad de los perros; la ciudad donde los canes pasean por las calles igual que sus habitantes, confundiéndose entre sí, como si un destino común nos ligara en lo más profundo, por poco estético que resulte a veces.
Veremos en un próximo posteo cómo se amalgamó esta historia "perruna" entre los chilenos y la más popular de nuestras mascotas.

2 comentarios:

  1. La figura de la derecha no es Santiago sino San Roque.

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  2. Pero no dice aquí que sea Santiago, sino otro santo peregrino.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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