domingo, 26 de julio de 2009

MAUSOLEO DE JOSÉ MANUEL BALMACEDA: LA CANONIZACIÓN ESCOLAR DE UN INFORTUNADO EX PRESIDENTE

Otra fotografía antigua con el aspecto original del mausoleo, publicada en la propia página web del Cementerio General de Recoleta.
Coordenadas: 33°24'50.45"S 70°38'57.60"W
La pasada noche del 21 de julio de 2009, el noticiario de Mega hizo un pequeño reportaje sobre la suerte de animita que los escolares chilenos han encontrado en el mausoleo del ex Presidente José Manuel Balmaceda, por el Patio 67 del Cementerio General, en O'Higgins con Primera de Tilo. Conocí este fenómeno hace sólo unos meses, durante el verano, cuando tomé estas fotografías y comencé a preparar un posteo. Como Mega ha aportado ya lo suyo con vivo interés, prefiero adelantar ahora esta entrada, con el tema aún "calentito" y ante la necesidad de rectificar algunas de las afirmaciones allí vertidas.
Nadie sabe cómo comenzó exactamente la costumbre de solicitar favores a Balmaceda. Los hacen rayándolos en las paredes de la estructura o bien arrojándole papelitos con las solicitudes al interior de la cámara mortuoria, donde también reposa su distinguida esposa doña Emilia Toro.

Se puede calcular que, siendo antiguo ya, habrá recomenzado con esta actual característica entre los años 2006 ó 2007, pues han aparecido alguna vez inscripciones con agradecimientos por los favores concedidos hacia esas fechas. La mayoría de las peticiones son de temática educacional: buenas notas, pasar ramos o quedar en ciertas casas de estudios, en algunos casos con sendos errores ortográficos, por curiosa ironía. La verdad es que para destacar y motivarse a escalar notas en el espantoso sistema educacional chileno, es difícil no ver la ayuda sobrenatural como única salida.
José Manuel Balmaceda (1840-1891)
Me incomoda invadir los secretos y angustias íntimas de estos chiquillos, así que reproduciré sólo algunas de sus peticiones, tratado de dejarlos permanecer en lo más parecido al anonimato que se pueda.
Sin embargo, la costumbre no es nueva como creyeron los periodistas de la estación televisiva, sino que se ha restituido. Ya fue comentada por Oreste Plath en su libro "L'Animita", donde reproduce el siguiente extracto tomado del libro "Crónicas Reunidas" de Joaquín Edwards Bello, escrito en 1921:
"Personas de diversas categorías, generalmente humildes, le piden favores. Siempre está cubierta de peticiones o mandas. Un estudiante le suplica que le ayude a salir bien en los exámenes. Otro le solicita ayuda para que lo quiera una chiquilla llamada Estela. La obrera María S. le pide que libre a su marido del alcoholismo. La tumba de Balmaceda se parece a las "animitas" de extramuros".
Reaparece algo al respecto en un texto del gran periodista Raúl Morales Álvarez, "La tumba del Santo Balmaceda", publicado en 1979. Así pues, y al contrario de lo que afirmara el noticiario Mega y los propios funcionarios del cementerio entrevistados, no estamos en presencia de un fenómeno nuevo, sino del resurgimiento o redescubrimiento de algo que arrastra cierta tradición desde hace un siglo o más. Prueba de ello es que éste y varios otros mausoleos que también eran llenados en el Cementerio General con peticiones de favores, fueron sometidos a una limpieza masiva el año 2001, que borró muchas de las inscripciones que antes habían sido observadas por autores como Plath o Morales Álvares. Lo curioso es verificar la fuerza con que continúa la veneración milagrosa de Balmaceda ahora, pasando a tener una popularidad escolar que nunca antes había mostrado, a nuestro parecer.
El supuesto cuerpo de Balmaceda, según fotografías que circularon posteriormente. Se supone que lo mostraría tal cual estaba tras suicidarse y antes de ser envuelto y enviado al Cementerio General.
Imagen de los años 20.
Imagen actual del mausoleo.
La historia del mausoleo y de cómo llegó Balmaceda hasta este lugar de culto es tan dolorosa como la muerte misma del Presidente, tras suicidarse refugiado en la legación argentina, el 19 de septiembre de 1891, al final de la infausta Guerra Civil. Algún día dedicaremos un posteo a su profético y extraordinario Testamento Político, redactado sólo horas antes de su valiente pero terrible decisión de volarse la cabeza con un arma, para evitar entregarse a los revolucionarios.
El plenipotenciario argentino José de Uriburu, que estaba emparentado familiarmente con Balmaceda y lo tenía escondido en esta residencia diplomática, hizo saber a Carlos Walker y a Melchor Concha y Toro del suicidio, apenas advirtió lo que había ocurrido esa mañana en una habitación de su legación, ubicada en la ex calle del Peumo, hoy Amunátegui. Los tres resolvieron partir a La Moneda a comunicar lo sucedido. Pero al conocerse la muerte por las vías del rumor, la curiosa sociedad chilena se volcó hasta el edificio de la legación platense. Pudieron reingresar a retirar el cadáver acompañados de una comisión neutral, sólo hacia el mediodía, pero cuando llegaron hasta allá las fuerzas de orden que debieron dispersar -no sin dificultad- a las muchedumbres.
Algunos suponen que el cadáver fue revisado y montado otra vez en su posición suicida, aunque de manera bastante burda, según observan algunos. Así le habría tomado una famosa fotografía en la que aparece muerto, tendido en la cama, reproducida en diarios de época aunque hoy se pone en duda su autenticidad. Para evitar a la multitud, se simuló el retiro del cuerpo en un carro de la Beneficencia que pareció sacar un ataúd desde el edificio. El Capellán Francisco Lisboa comunicó a la gente, entonces, que el cuerpo del ex Presidente había sido retirado, y así comenzaron a retornar a sus casas. Mientras, hacia las 19:30 horas, el cadáver aún en el interior era envuelto en una colcha atada. Esperaron que oscureciera para subirlo a un carro del servicio público, custodiado por dos agentes de seguridad. Acto seguido, partieron con prisa hasta el Cementerio General. Acompañaban al cuerpo el cónsul uruguayo José Arrieta, el intendente provincial Carlos Lira, el cuñado de Balmaceda don Domingo Toro Herrera y el Capellán Lisboa, escoltados por un piquete de 10 uniformados del Guías Nº 4, comandados por el Alférez Edgardo Rogers.
Al llegar al cementerio, descargaron el cuerpo para meterlo en una urna de metal. Generosamente, el señor Arrieta dispuso de su sepultura familiar para darle entierro, atendiendo una súplica que habíale hecho el propio fallecido. Sin embargo, parece ser que algunos exaltados o agitadores los vieron, por lo que Lira propuso, en horas avanzadas de esa misma noche, evitar una profanación o actos indignos llevándolo hasta otra tumba y de manera aún más reservada. Don Manuel Arriarán, administrador del cementerio desde 1880, dispuso para ello de su propia tumba vacía, en el número 1.355. Arriarán era conocido allí, entre otras cosas, porque construyó las murallas de los nichos que rodean amplias áreas del cementerio, con tumbas más económicas, de modo que era un hombre con probadas características filantrópicas.
Permaneció cinco años allí en reposo. Afuera, en el mundo de los vivos, los odios bajaron, la confrontación cedió paso a la razón y la convivencia volvió a ser relativamente normal. Entonces, las vistas se volcaron otra vez hacia Balmaceda, hacia la pérdida trágica y a la magnificencia de su obra en defensa del progreso de Chile y de lo que se identificaba como la continuación del Estado portaliano, ya en esos días entrado en crisis final.
Base del marco de roca rosa del acceso al mausoleo, donde se observa la inscripción de los trabajos de Tebaldo Brugnoli en 1915 sobre el mismo.
Aspecto del mausoleo con sus innumerables rayados en los muros.
La sensatez abrió ruta a la objetividad, y de la objetividad a la idealización, en menos de un lustro, como lo comenta Francisco A. Encina al repasar el desprestigio en que cayeron las clases políticas tras la guerra. De este modo, si en 1891 la prensa congresista publicaba ofensivas caricaturas de Balmaceda muerto y sangrante en una cama mientras demonios intentaban llevárselo a los infiernos, para cuando hubo cesado la demencia, hasta los enemigos de ayer se cuadraban con su memoria y lamentaban su pérdida.
El 29 de noviembre de 1896, los restos de Balmaceda fueron sacados desde su morada provisoria y trasladados en una apoteósica ceremonia a la que concurrieron miles de admiradores del infortunado mandatario. Quedaron sepultados en el elegante mausoleo familiar, donde iría a acompañarle después su viuda, doña Emilia Toro de Balmaceda, el 13 de junio de 1913.
A juzgar por una inscripción sobre la estructura, el mausoleo habría sido remodelado por el arquitecto italiano Tebaldo Brugnoli en 1915, dato que, sin embargo, no aparece señalado en las fuentes que hemos consultado. Las fotografías de la época lo muestran más espectacular entonces que en nuestros días, con aspecto románico y dos bellas columnas de ingreso. Destacan las rocas rosadas y mármoles. Un imponente y fulgoroso ángel resguardaba el descanso eterno de la familia parado sobre la cúpula, en el exterior. Por el interior, hace lo mismo un escudo patrio.
En la actualidad, al parecer a consecuencia de los terremotos, el ángel ha sido reemplazado por una cruz y parte del portal está demolido, salvo por las secciones inferiores de las columnas, ahora rematadas por jarrones de mármol de estilo Médicis, que también han servido de pizarra para peticiones y agradecimientos de la improvisada animita en que se ha convertido el sepulcro.
Personalmente, tengo dos presunciones para explicarme cómo pudo comenzar esta nueva y fervorosa etapa en el culto escolar sobre Balmaceda solicitando buen rendimiento en el colegio:
  1. La primera deriva de que este mausoleo se hizo conocido entre la comunidad de niñas del Liceo Polivalente A-28 Emilia Toro de Balmaceda de Quinta Normal, luego de que el año 2006 instalan una placa dentro del mausoleo celebrando el centenario del establecimiento educacional. La placa está a los pies de la cripta de doña Emilia, que es aludida también en algunas peticiones de favores.
  2. La otra especulación que con más fluidez y naturalidad me surge leyendo los mensajes que aparentan ser más antiguos (las paredes han sido lavadas en alguna ocasión), es por alguna posible relación detonante entre el culto escolar a la tumba y la existencia del Liceo Polivalente Presidente José Manuel Balmaceda, de barrio Independencia y a no mucha distancia de allí. Apostaría más por esta última teoría y diría que los alumnos del Liceo Balmaceda pueden ser los principales sospechosos de impulsar la fama milagrosa del ex Presidente.
Como sea, el culto de canonización informal de Balmaceda no es nuevo ni extraño, semejante sólo a casos parecidos que han ocurrido también con la tumba del Profesor Abelardo Núñez y más subjetivamente con la memoria heroica del Capitán Arturo Prat, aunque sin intervenciones sobre sus sepulcros, en este último caso.
Me agrada esta devoción espontánea por Balmaceda entre los adolescentes santiaguinos. Lo demuestra como un personaje profundamente querido; y "naturalmente" querido, diríamos, sin el refuerzo de campañas o propagandas. Mientras ciertas figuras de la historia chilena necesitan inyecciones de recursos a través de fondos artísticos, publicitarios, literarios y cuanto sea requerido para garantizar su vigencia y alta popularidad (a veces innecesariamente, y producto sólo de temores paranoicos de la política), el modesto Balmaceda sólo precisó de su mausoleo y quizás de un capítulo en la serie "Héroes" de Canal 13 para afianzar el culto popular a su figura.
Historiadores como Ricardo Donoso, que no guardaron expresiones animosas contra el mandatario, quizás jamás se imaginaron esta extraña impronta y la restauración del buen nombre de Balmaceda en la conciencia popular chilena. Finales felices, curiosos en nuestra vida histórica nacional, pero no extraños ni ajenos.
Algunos se escandalizarán, ciertamente, viendo su sacro mausoleo rayado y estos papelitos inocentemente arrojados dentro cual copia pobre del Muro de los Lamentos. Puedo comprenderlos; pero más triste luciría su cripta fría y de flores marchitas, ajenas a cualquier cariño o acto de fe entre niños y jóvenes. Esta es una garantía de gratitud por la memoria de Balmaceda para varias generaciones más, que sólo merece ser celebrada.
MENSAJES DEJADOS POR LOS DEVOTOS
Nótese que, siendo la mayoría para Balmaceda, algunos son para Emilita, su esposa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora el mausoleo fue limpiado y repintado muy poco cuidadosamente, y se le colocó un cartel pidiendo no volver a escribir mensajes, aunque tampoco ha surtido mucho efecto.

Felipe dijo...

Difícilmente se podría tener una animita de Arturo Prat Chacón en su tumba, considerando que la cripta y monumento de la Plaza Sotomayor de Valparaíso están custodiadas día y noche por dos cadetes navales, y el acceso es en horario restringido y vigilado por los custodios del monumento.

Criss dijo...

En su definitiva cripta de Valparaíso obviamente no se podría, pero en la que fuera su tumba en el Cementerio de Iquique, vi mensajes parecidos a los del Mausoleo de Balmaceda e incluso largas cartas escritas por niños o aspirantes a marinos, con notas escritas en papeles.

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