viernes, 10 de julio de 2009

HISTORIA DE UNA ROCA GIGANTE DERRUMBADA DESDE EL SANTA LUCÍA

Coordenadas: 33°26'26.54"S 70°38'40.35"W
En nuestra última entrada, vimos algo sobre la historia del Cerro Santa Lucía desde sus orígenes geológicos hasta poco antes de ser convertido en paseo por iniciativa del Intendente Benjamín Vicuña Mackenna.
A esa etapa de la historia del cerro corresponde el caso de una roca gigantesca que se desprendió desde su ladera poniente, en el pasado, pero que por su pintoresca y curiosa situación hemos dedicado esta entrada especial.
Noticias interesantes sobre esta roca se reportarán en 1647, con el terremoto que ese año echó abajo a los adobes de casi toda la floreciente ciudad de Santiago. Cuenta el Padre Diego de Rosales en su "Reino de Chile. Flandes Indiano" (1674) cómo fue que durante el temblor cayó desde la ladera Poniente del cerro una piedra descomunalmente pesada:

"Cerca del Convento de Santa Clara está un peñasco que se derrumbó del cerro de Santa Lucia, que está junto a la ciudad, y vino rodando hasta llegar a una casa, y es tal su grandeza que no hay fuerzas para menearle, aunque se junte toda la gente de la ciudad".
Rosales comenta también que muchas otras rocas menores (pero de todos modos atemorizantes) rodaron cuesta abajo por los costados del cerro, junto con la enorme piedra, cayendo en los terrenos de las casas del entorno. Adicionalemente, Vicuña Mackenna comentará dos siglos después que, salvo por el Monasterio de las Monjas Clarisas, ninguna de las tres iglesias ubicadas en su entorno (San Francisco, San Juan de Dios y San Saturnino) se desplomaron como las otras de la ciudad, pese a ser viejas y estar deterioradas, como si alguna propiedad geológica las hubiese protegido en estos terrenos contiguos al cerro.
La roca gigante que rodó podría corresponder a la llamada Peñón del Huelén, según sugiere Vicuña Mackenna, que se encuentra exactamente en la actual entrada Poniente del paseo (la principal cuando fue inaugurado), con el nombre del cerro paseo sobre su colosal estructura y coronado con la Estatua de Caracas. Apuntó en su "Álbum del Santa Lucía" que esta piedra mide unos 12,60 metros de altura por 5,30 de diámetro, y calcula que su peso rondará las 780 toneladas métricas. Sin embargo, el ilustre intelectual cambia de parecer en 1877, cuando publica las crónicas de Rosales anotando como pie de página esta aclaración sobre la verdadera piedra desplomada:
"Este peñasco existía hasta por el año de 1850 y era de mucha curiosidad, pero lo demolieron para venderlo como piedra de cimiento... Si nuestra memoria no nos engaña, porque le vimos muchas veces, el paraje que ocupaba está marcado por un rincón que hace la pared, casi frente a la reja de entrada del paseo de Santa Lucía, en la calle de Bretón".
Batería de la fortaleza de Hidalgo, en la cara Norte del Cerro Santa Lucía durante la reconquista española, según cuadro de John Searle.
Vista de Santiago desde el cerro, según cuadro de Mauricio Rugendas (1834).
Vista del valle desde el cerro, esta vez según Claudio Gay.
La Calle del Bretón correspondió en los siglos XVII a XIX a la actual Santa Lucía, por todo el costado Oeste del cerro. A la sazón, la calle Victoria Subercaseaux era la Calle del Cerro o de los Tres Montes, y la Cañada siguió siendo llamada así antes de ser conocida como la Alameda de las Delicias. Del otro lado, la Calle de la Merced ya recibía este nombre por la presencia de la Orden y la Iglesia de los Mercedarios en la esquina con la Calle de las Claras, actual Mac Iver, que recibía tal nombre precisamente por estar allí el Convento de Santa Clara, donde, como hemos visto por dato de Rosales, se encontraba la roca gigante.
Lo más probable, entonces, es que la piedra haya desaparecido removida y no corresponda al otro peñasco que ahora recibe a los visitantes que entran al cerro por el que fuera su primer acceso.
Actualmente, sin embargo, toda ese tramo de la ladera del Santa Lucía desde la que cayó la piedra gigante, se encuentra fuera del uso del público y con acceso restringido: los terremotos han dejado grandes rocas hermanas de la que hemos hablado, sueltas y en posible peligro de desmoronamiento, razón por la que se han clausurado los accesos a las escalas que ascendían por este lado.
Puede ser, entonces, que a futuro se repita la experiencia de algún peñasco de monstruosas proporciones, precipitándose hasta las faldas del cerro y estremeciendo a toda la ciudad, como lo hizo en los tiempos coloniales.

1 comentario:

Nelson A, Vargas Catalán dijo...

Conservar el patrimonio nacional es cultura. Es desarrollo. Es tener identidad. Es saber "de donde viene la micro"...
¡¡Viva Urbatorivm!!

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