miércoles, 17 de junio de 2009

ESTADO 33: RECUERDOS DE LA "UNIÓN COMERCIAL", UN DESAPARECIDO REFUGIO INTELECTUAL SANTIAGUINO

Vista de la esquina en donde estaba la Unión Comercial, desde el lado de la Alameda, hacia 1935. En la vecina esquina de Alameda con Estado está el majestuoso Palacio Undurraga, también desaparecido. Imagen de los archivos fotográficos del Museo de Historia Nacional.
Coordenadas: 33°26'34.24"S 70°38'56.46"W
En la entrada de calle Estado existió un antiguo edificio neoclásico denominado Unión Comercial, en cuyas dependencias funcionaba lo que fuera, probablemente, el más grande de los bares de la época en Santiago de Chile, pues abarcaba prácticamente tres pisos de la construcción, perteneciendo a una asociación gremial mutualista de comerciantes del mismo nombre, cuyo Presidente era Juan Moya Morales y su Director el General (R) Víctor Figueroa. La sociedad había comprado la patente de bar y restaurante.
El bello y elegante edificio había sido levantado en el mismo número de la calle Estado donde tuvo su casa el federalista José Miguel Infante, durante los años de la Independencia, aunque desconocemos si la ubicación en el plano sea la misma. Sí sabemos que éste era, también, el lugar donde funcionara el famoso taller fotográfico del artista canadiense Odber Heffer, de gran importancia para la ciudad hacia el cambio de siglo.
Desde 1933, además, el local era la sede de reuniones del Centro de ex Cadetes Navales e Ingenieros de la Armada de Chile, club rebautizado como Caleuche durante uno de los encuentros allí realizados, nombre que conserva hasta nuestros días. Y, entre 1933 y 1947, la casona sirvió de sede a un entonces joven club deportivo llamado Colo-Colo, hasta que éste encontró casa en calle San Pablo y luego en Cienfuegos, donde se consagró en lo que es en nuestros días.
Su dirección exacta era calle Estado 33, cerca de la esquina con la Alameda de las Delicias. Precisamente, era Estado 33 el segundo nombre con el que se conoció a este "bar color de la tarde", como lo definiera uno de sus más frecuentes clientes, Oreste Plath, asiéndose de las palabras de Marco Jorge de Lellis. Recuerda el autor en "El Santiago que se fue", que la Unión Comercial era todo un lujo en su interior, con chimeneas de mármol y adornos de bronce en sus salas, con "buena cantina y mejor mesa".
Era un lugar de encuentro para los escritores y poetas, formándose un grupo de tertulias que se encontraba allí entre las 16:00 y las 21:00 horas, dirigido por Plath y por Jacobo Danke. Esto sucedía por ahí por 1930.
Banquete del aniversario de la Unión Comercial en 1905. Imagen: revista "Sucesos".
Aspecto de la Calle del Estado, hacia 1920.
Mario Ferrero, otro de los intelectuales que frecuentarían el bar, había llegado allí invitado por su colega Alfonso Gómez Líbano, hacia 1945. Recuerda Plath que participaban también Victoriano Vicario, Nicomedes Guzmán, Luis Enrique Délano, Pedro Olmos, Luis Orrego y Neftalí Agrella. Todos fueron grandes amigos y colaboradores entre sí, como veremos, y el escenario de Estado 33 fue un punto importante en sus relaciones profesionales y personales, alrededor de alguna botella de vino.
Muchos sucesos e inspiraciones, entonces, tuvieron lugar en la Unión Comercial. Cuando colaboraba en la revista "Ecran" bajo la dirección de Délano, en uno de los encuentros en este bar Vicario le mostró sus poemas originales a Danke, pidiéndole que se los prologara. Vicario era a la sazón un debutante, pues se ganaba la vida dando mantención a las máquinas de escribir de la compañía Chilectra. Sin embargo, Danke quedó tan sorprendido con la obra que no sólo accedió a prologarla, sino que lo elogió como un gran descubrimiento de la poesía. Estos versos fueron publicados en 1936 con dibujos de Olmos, bajo el título "Lamparero alucinado".
Otro descubrimiento de Danke dentro del círculo de asistentes a la Unión Comercial fue Guzmán, quien, según Plath, "pasaba al atardecer del vino". Era de origen muy humilde, habiendo trabajado de obrero. En sus obra "Los hombres oscuros", de 1939, retrata la vida en los conventillos. Danke se la prologa, también y Plath le hace la primera crítica en los diarios, particularmente en "La Nación", elogiándolo y definiéndolo como "el primer novelista del pueblo".
A mediados de siglo, asiste hasta la Unión Comercial el poeta argentino Marco Jorge de Lellis. Queda encantado con el ambiente cultural y fraterno del grupo de hombres que allí se reúnen, y se hace miembro de la tertulia del bar por el tiempo en que permanece en Chile. Cuando partió de vuelta a Buenos Aires, la despedida se convierte en un hecho doloroso y triste.
Estado 33 en nuestros días: la Galería del Rey.
Interior de la actual galería.
 De Lellis jamás olvidará a sus amigos, ni a la Unión Comercial. En 1951 publicó su libro "Mediodía por dentro", donde escribe sobre el club de aquel viejo lugar de Santiago:
Jacobo Danke era el mar
Oreste Plath tenía el huaso en los zapatos
Luis Orrego minero y trotamundos
Y Alfonso Gómez Líbano batíase entre pájaros
Estado 33 se llama un bar color de la tarde
El alma se doblaba en una mesa y se bebía vino largo
Pero el bar desapareció y el edificio de Estado 33 se fue con la generación de intelectuales que llenaron de liras y letras sus salas. La gran casona fue demolida para darle paso a un edificio comercial y de departamentos.
En el primer piso y entrepisos, exactamente en el número 33, hoy se encuentra la Galería del Rey, pasaje comercial con salida también por Alameda 853, llamado así en alusión al primer nombre que tuvo la calle Estado durante la Colonia, es decir, la Calle del Rey, que se le cambiara más tarde, luego de la Independencia.
Esta galería es famosa por sus innumerables salones de depilación femenina y centros de belleza, que le dan olores de ceras derretidas al ambiente interior. Pero también es reconocida por otros locales casi simbólicos de la ciudad, como el Hotel Libertador, el concurrido restaurante subterráneo "Pavo Real", disquerías, zapaterías, centros de electrónica, un cine ya cerrado y un centro de confección de banderines y pendones. Por más de treinta años funcionó en ella la casa de artículos religiosos "Jeanne D'Arc", antes de que se cambiara a su actual local de la Galería Imperio.
Encima de los recuerdos náufragos de la Unión Comercial, entonces, la Galería del Rey lleva tiempo ya escribiendo una nueva y propia historia.

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