sábado, 25 de abril de 2009

EL MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DEL INCENDIO DE LA COMPAÑÍA: ¿CUÁNTOS SON? ¿DÓNDE ESTÁN? ¿CUÁL ES EL ORIGINAL? (PARTE I)

Imagen del primer monumento, apodado "La Dolorosa", con su aspecto y ubicación originales, en los jardines del Congreso Nacional de Santiago, donde había estado el templo incendiado.
Coordenadas: 33°26'17.80"S 70°39'10.17"W (primero) / 33°25'5.06"S 70°39'0.72"W (segundo)
Era el martes 8 de diciembre de 1863, día de la Purísima y último del Mes de María. Cerca de las 19:00 horas, se habían reunido más de 2.000 personas -especialmente mujeres- en la Iglesia de la Compañía de Jesús de la esquina de las calles Compañía y Bandera. Más de 7 mil luces estaban encendidas con gas y aceite en el recinto. Ni siquiera otro dramático incendio anterior, sucedido en 1841, había hecho escarmentar a los curas sobre los peligros que alojaba el templo al mantener lámparas de fuego en su interior.
Sucedió, entonces, una de las peores tragedias de la historia mundial: cerca del Altar Mayor, comenzó un foco de fuego a causa de una de estas lámparas. Las llamas se apoderaron de un retablo de madera y un lienzo al fondo, subiendo desde allí a la cúpula. Una estampida de personas corrió frenética hacia las puertas, dejando rápidamente obstruidos los accesos y, en algunos casos, totalmente bloqueados, pues las puertas se abrían hacia el interior de la iglesia y la muchedumbre presionaba desesperada hacia el exterior, mientras le llovían vigas y tablas ardientes sobre la cabeza.
El fuego había alcanzado ya al presbiterio y las puertas, condenando a los atrapados ante la mirada desesperada de quienes estaban afuera, intentando rescatar a los que se hallaran más a mano. En media hora, las llamas y el humo sofocaron a más de 2.000 personas, según las estimaciones, llenando de un infierno de muertos calcinados lo que, hasta minutos antes, era la casa de Dios y la más popular de las iglesias de la capital chilena. Prometemos detallar estos trágicos sucesos de nuestra historia en un futuro posteo.
La sociedad santiaguina creyó, entonces, que la Iglesia de la Compañía de Jesús estaba marcada por un sino maldito, exigiendo que las autoridades la borraran de la faz de la tierra.
Intentando lavar de la memoria las imágenes de la iglesia en ruinas y de cientos de carretadas de cadáveres que debieron hacerse en los días que continuaron para poder despejarla, los vecinos de la ciudad se organizaron para rendir un tributo permanente a todos los infortunados, creando en el lugar una pacífica plaza ciudadana y un monumento de homenaje a los fallecidos. En estas instancias, además, se acordó crear las juntas de socorro para familiares de las víctimas y se fundó la Compañía de Bomberos de Santiago, otro de los hitos más importantes de la historia de Chile.
Sólo una ínfima parte de los cadáveres pudieron ser reconocidos y sepultados en tumbas familiares. El resto de las miles de víctimas fueron trasladas hasta una fosa frente al Cementerio General, en barrio La Chimba, donde encontraron la paz eterna. Según Benjamín Vicuña Mackenna, esta fosa medía 25 varas (20,89 metros) en cuadro y significó el esfuerzo de 200 hombres para poder ser cavada. Para evitar los malos olores, se usó una gran cantidad de cloruro de cal y otras sustancias, esparcidas sobre los restos.
Fotografía de la Iglesia de la Compañía en llamas, con retoques artísticos.
CAMPAÑAS Y DESEOS DE HOMENAJEAR A LAS VÍCTIMAS
Una de las primeras reacciones registradas tras la tragedia, fue la expresada en una carta a la Intendencia de Santiago el 11 de diciembre, suscrita por los regidores Antonio Vidal, Miguel Dávila, Lorenzo Sazié, Tomás A. Martínez, Pedro V. Urzúa, Cirilo Vigil, Santiago Lindsay y Ambrosio Rodríguez, donde se solicitaba la realización de una reunión especial para "tomar algunas providencias que en parte tiendan a evitar la repetición de desgracias como la acontecida el 8 del actual". En respuesta, se convocó a reunión municipal para el día siguiente.
Hasta entonces, el combate del fuego estaba encargado a una unidad policial llamada Batallón de Zapadores Bomberos. Pero, tras lo ocurrido y considerando las dificultades observadas, se hizo evidente que la ciudad de Santiago necesitaba un cuerpo especial de Bomberos como el que había en Valparaíso, por lo que el prestigioso y acomodado vecino de la capital, don José Luis Claro y Cruz, convocó por llamado público de ese mismo día 11, a los voluntarios que quisieran integrar la compañía que estaba próxima a ser fundada. También hablaremos a futuro de este importantísimo episodio de la historia metropolitana.
Fue así como, junto con pedirse a coro la demolición del edificio, cundió también la idea de la creación de un jardín y de un monumento en el lugar de las ruinas humeantes del templo maldito.

Desde el día 9 comenzaron a reunirse los vecinos para conversar sobre cómo dar curso a estos propósitos. El primero en hacer un aporte iniciando, así, una colecta pública con este objetivo, fue don Francisco Ignacio Ossa. Aportó 1.000 pesos y propuso la construcción de un homenaje permanente a las víctimas, a través de una temprana proclamación pública, del 10 de diciembre siguiente al de la tragedia:
"¡Elevemos un monumento de eterna recordación a las desgraciadas víctimas! ¡Un monumento que despierte las simpatías de las edades venideras, cuyos votos se unirán a los nuestros en una cadena sin fin!"
"Solicitemos del gobierno el terreno que ocupaba la iglesia y destruyamos sus muros. Libres de escombros se formará un jardín, en cuyo centro se elevará un monumento de mármol blanco con inscripciones que recuerden el fatal suceso que justamente lloramos, colocando al derredor de todo el espacio del templo una sólida verja de hierro que impida a los indiferentes profanar con su planta este lugar por tantos motivos venerado. Una comisión de personas inteligentes llevará adelante nuestro pensamiento que suplicamos a todos aceptar como el único expiatorio, y que representa dignamente el profundo dolor que nos agobia".
"Me asocio y me suscribo con ps. 1.000".
La iniciativa de Ossa y sus colaboradores prendió con fuerza en el Gobierno Supremo, logrando convencer también a don Ángel Custodio Gallo y Manuel Recabarren, entre otras figuras de la época.
Carretas retirando los cuerpos calcinados. Fotografía publicada por C. Peña Otaegui en "Santiago de siglo en siglo" (1944).
ORGANIZACIÓN SOCIAL Y DEMOLICIÓN DEL TEMPLO
En la noche del día 11, se improvisó una comisión sobre el asunto y se reunieron en la casa de don Ignacio Javier Ossa, para discutir sobre el proyecto de un homenaje público, compuesto del monumento y de los jardines. Se designó otra comisión especial, para coordinar con el Gobierno, liderada por don Antonio Varas y don Manuel Rengifo. Al día siguiente, le fue entregada una petición formal a la Presidencia de la República, firmada por una gran cantidad de personas. Decía en esta carta:
"El infausto acontecimiento que, en la tarde del ocho del actual, ha cubierto de luto a Santiago y que sumirá en el dolor a la República entera, reclama del gobierno de V. E. la inmediata adopción de una medida que, borrando las huellas del martirio, consagre un monumento de eterno recuerdo a la memoria de tanta víctima inocente. Tal es el deseo de todo corazón chileno, y haciéndonos eco de este sentimiento general, ocurrimos a V. E. solicitando la cesión del terreno que ocupaba el templo de la Compañía, para proceder desde luego y a nuestra costa a su demolición, a fin de realizar aquel piadoso pensamiento".
En tanto, la población se organizó para realizar una masiva procesión proyectada desde la plazuela de la destruida iglesia hasta el Palacio de la Moneda, con objeto de acelerar la orden de demolición y dar pie a la construcción de los jardines y monumentos. La reunión comenzó a las dos de la tarde del día 14, asistiendo unas dos mil personas. Justo en esos instantes, el Gobierno había ordenado por decreto a la Intendencia la demolición:
"Núm. 1383: En vista de lo expuesto en la nota que antecede, he acordado y decreto:
Art. 1º Procédase a la demolición de las murallas del incendiado templo de la Compañía.
Art. 2º Concédase un término de diez días para la extracción de los cadáveres que están en dicho templo."
En el encuentro, don Guillermo Matta leyó el texto del decreto desde una ventana del Consulado. Los presentes estallaron en vítores para el Presidente J. J. Pérez y su decisión. Similares reacciones se produjeron en Valparaíso, una vez que los telégrafos llevaron la noticia hasta el puerto, realizándose una reunión en el teatro de la Victoria.
Grabado litográfico de la época, mostrando inauguración del monumento en 1873.
SE DA CURSO OFICIAL A LA CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO
El 15 de diciembre de 1863, la Intendencia de Santiago acogió los llamados y, previa reunión, estableció lo siguiente:
"Estando terminada la fosa común y guardados ya en ella los restos de las víctimas que perecieron en el terrible incendio del templo de la Compañía, en la noche del 8 del corriente, y cuyos cadáveres no han podido ser reconocidos por los deudos, no obstante las más prolijas investigaciones, y siendo necesario que se erija un monumento que eternice el sentimiento profundo producido por esta catástrofe que ha llenado de consternación y luto a todos los hogares; y deseando la Intendencia hacerse el intérprete del pensamiento general a este respecto, he venido en acordar:
Nómbranse las comisiones que a continuación se expresan para que procedan a promover y recabar suscripciones en el barrio que se les designa, para costear con ellas un monumento fúnebre que guarde los restos de las víctimas de la aciaga noche del 8 del corriente y que simbolice el santo y respetuoso dolor del vecindario de esta capital por su desgraciada suerte".
Así, se formalizaron ante la Intendencia las comisiones que se encargarían de la recolección de los aportes para la construcción del monumento. Figuraban en ellas los nombres de importantes personajes de la historia de la ciudad, y estaban asignadas a las siguientes áreas geográficas:
  • De los Barrios del sector Norte.
  • Del Barrio Yungay.
  • Del Centro de la ciudad, desde calle Bandera hacia el Oriente.
  • Del Centro de la ciudad, desde calle Bandera al Canal Negrete (hoy avenida y plaza Brasil).
  • Del Sur de la ciudad, desde calle vieja de San Diego hacia el Oriente.
  • Del Sur de la ciudad, desde calle vieja de San Diego hacia el Poniente.
  • Del Sur de la ciudad, desde Canal de San Miguel hasta el Zanjón de la Aguada.
Los fondos que lograran captar estas comisiones serían depositados en la Tesorería Municipal. Al mismo tiempo, se invitó a ingenieros y arquitectos en general para que ofrecieran sus propuestas con relación "a la forma del monumento de que se ha hecho mérito y a la manera cómo debe ejecutarse".

Posición que tenía realmente el monumento original, que aparece a la derecha del encuadre. Esta fotografía fue publicada por "The Illustrated London News" el 31 de enero de 1891.
Imagen del monumento en los jardines, cuando todavía se estaba concluyendo el edificio del ex Congreso Nacional de Santiago.
EL PRIMER MONUMENTO
Decidida ya la creación de la plaza y la elevación del monumento, la obra artística fue encargada al prestigioso escultor francés Albert-Ernest Carrier-Belleuse (1824-1887), quien es autor, además, del Monumento Ecuestre del General Bernardo O'Higgins que hoy se observa a la entrada del Paseo Bulnes, frente al Palacio de la Moneda. Fue bautizada sencillamente como "Víctimas" o "Al Dolor" (su nombre varía según la fuente consultada), aunque popularmente se le llamó también "La Dolorosa". Cabe comentar que Carrier-Belleuse había sido profesor de Rodín y su hijo, Louis-Robert, siguió los talentos de su padre, siendo uno de los artistas más famosos de su época. Sus trabajos tenían una orientación notoriamente devota del arte clásico y mitológico, especialmente su obra "La Abducción de Hippodameia", que algunos le consideran la mejor.
A pesar de todos los esfuerzos y las campañas que se constituyeron casi al instante después de la tragedia, se impusieron los retrasos y varios otros problemas. Por esto, el Monumento a las Víctimas del Incendio de la Compañía de Jesús terminaría siendo erigido sólo diez años después de la tragedia, inaugurado el 11 de diciembre de 1873, en un sentido acto público. Fue fundido en bronce en la famosísima casa artística parisina Val d'Osne, que por esos mismos años había sido solicitada por el Intendente Vicuña Mackenna para la producción de gran parte del mobiliario urbano de Santiago, especialmente en la ornamentación original del Cerro Santa Lucía.
Como hubo quizás mucha influencia de activas organizaciones y representantes de la masonería en la construcción de este monumento, algunas leyendas ya debilitadas hablaban de un intento por esconder bajo el mismo el supuesto y fantástico acceso al mítico Subterráneo de los Jesuitas, que según la leyenda abarca gran parte del subsuelo de la ciudad y del que se han tenido algunas pretendidas noticias incluso al lado, bajo el ex Congreso Nacional. La leyenda decía que el monumento, además de señalar el lugar del "acceso" (que en realidad está en donde antes se hallaba el altar mayor) además de esconderlo con todos sus secretos a los ojos profanos.
Se constituía de una base y una columna de mármol que se elevaba exactamente en el punto donde estaba antes el Altar Mayor del templo, al frente de lo que serían los accesos por calle Bandera del ex Congreso Nacional de Santiago, edificio cuya etapa final comenzó a construirse sólo tres años después de erigido el monumento frente a donde se encuentran hoy las monumentales columnas de su fachada, hacia calle Bandera. La figura central conjunto, sobre la columna, era una virgen que extiende sus brazos hacia el infinito, clamando piedad. Sus pies están rodeados de bucles, alusivos a las llamas.
En la base, bellamente diseñada, cuatro ángeles con expresiones de dolor desgarrado se lamentan en posiciones terribles, sufriendo por la tragedia. Bajo la vigilancia de un pequeño ángel querubín, una placa rezaba en letras mayúsculas, lo siguiente:
"A la memoria de las víctimas inmoladas por el fuego el VIII de Diciembre de MDCCCLXIII".
"El amor y el duelo inextinguibles del pueblo de Santiago".
"Diciembre VIII de MDCCCLXXIII".
Debemos comentar que, en algunas fuentes consultadas, se asegura que la obra fue levantada frente a la ex placilla de la iglesia y que debió ser trasladada desde allí para la construcción del Palacio de los Tribunales de Justicia. Sin embargo, la ubicación histórica del conjunto era la que hemos señalado aquí, en los actuales jardines de Compañía con calle Bandera. Como hemos dicho, era el lugar que ocupara la Iglesia de la Compañía, o más precisamente el Altar Mayor. Después, los jardines del ex Congreso Nacional, llamados Plaza O'Higgins, fueron abiertos precisamente como parte del homenaje a las víctimas que allí encontraron la muerte en tan dramática situación.
(Continúa en la entrada siguiente)

2 comentarios:

MARÍA ANGÉLICA GUZMÁN VICUÑA dijo...

Deseo completar este artículo con una Profecía. Andrea Núñez era una joven sencilla y piadosa que vivió en San Felipe y en la Correccional de Santiago acompañando a las Hermanas del Buen Pastor. Fue favorecida por Dios con locuciones y revelaciones. El 8 de diciembre de 1963 día de gran alegría y fervor para ella y santiaguinos, amaneció llorando y repetía sin consuelo: “La Iglesia de la Compañía está ardiendo”, “La Compañía se quema”, “Incendio en la Compañía”. Nadie daba crédito a su afirmación puesto que la Iglesia de la Compañía estaba en perfecto estado y nadie podía consolarla. (Antonio Hernández CMF, Poema heroico de Amor, 1948. p 134-135 RADE Buenos Aires.

MARÍA ANGÉLICA GUZMÁN VICUÑA dijo...

Deseo completar este artículo con una Profecía. Andrea Núñez era una joven sencilla y piadosa que vivió en San Felipe y en la Correccional de Santiago acompañando a las Hermanas del Buen Pastor. Fue favorecida por Dios con locuciones y revelaciones. El 8 de diciembre de 1963 día de gran alegría y fervor para ella y santiaguinos, amaneció llorando y repetía sin consuelo: “La Iglesia de la Compañía está ardiendo”, “La Compañía se quema”, “Incendio en la Compañía”. Nadie daba crédito a su afirmación puesto que la Iglesia de la Compañía estaba en perfecto estado y nadie podía consolarla. (Antonio Hernández CMF, Poema heroico de Amor, 1948. p 134-135 RADE Buenos Aires.

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