domingo, 4 de enero de 2009

UNA GALERÍA DEL CENTRO DONDE SE PUEDE PISAR EL ARTE DE NEMESIO ANTÚNEZ

Vista desde el vértice de la galería (entrada al cine), hacia el Sur.
Coordenadas: 33°26'21.04"S 70°38'52.74"W
La Galería Comercial Juan Esteban Montero fue famosa en antaño por dos de sus principales establecimientos: el Hotel Santa Lucía, al que hemos dedicado un anterior posteo, y el desaparecido Cine Huelén, otrora uno de los más elegantes de Santiago, pero que después cerrara sus puertas para abrirle paso al cine porno “Euro” y, actualmente, a un triste local abandonado, donde sólo quedan telarañas y acaso afiches resecos de los últimos estrenos, dando lástima en lo que fuera su boletería. Se sitúa en el primer nivel del edificio Santa Lucía, uno de los más característicos de la zona centro.
En nuestros días, esta galería sigue activa, a pesar de todo, y es conocida también por su peluquería, un local de revistas de historietas para coleccionistas, la “Casa del Mocasín”, y un restaurante, entre otros negocios que alberga.
Lo más valioso de ella quizás sea el suelo y los muros, como veremos: y nos concentraremos en una obra de arte finamente hecha con mosaicos a merced del talento y la paciencia del destacado artista nacional Nemesio Antúnez (1918-1993), quien lo creó inspirado en las figuras cerámicas que se han confeccionado por siglos en el pueblo de Quinchamalí, cercano a Chillán, a las que rinde homenaje con su diseño y armado. Más aún, el mural con el mismo nombre del pueblito alfarero se encuentra pintado sobre el acceso al cine, aunque en muy mal estado, así que toda esta galería está impregnada de Antúnez. Dejaré para futuras publicaciones estas pinturas y sus detalles.
Vista de la galería hacia el Norte. Al fondo, las puertas del cine.
Vista desde la entrada de Huérfanos, hacia el Norte.
Vista desde la entrada de calle San Antonio, hacia el Poniente
Nemesio Antúnez, autor del mosaico (fuente imagen: artistas-americanos.com)
Sorprende la calidad y belleza del conjunto artístico. El del piso fue confeccionado con innumerables fragmentos de mármoles blancos, negros y terracotas, bajo diseño del artista. Empero, más sorprendente aún es la ignorancia generalizada del público y de la mayor parte de la sociedad chilena de que el autor de esta decorativa de este pasaje fue Antúnez, y del valor cultural que allí se representa.
Antúnez realizó esta obra en 1958, cuando comenzaba a entrar a la etapa más conocida de su legado en la cultura y las artes nacionales a través de su famoso “Taller 99”, que había fundado sólo un par de años antes. El edificio que acoge a la galería, a su vez, había sido un proyecto de destacados arquitectos nacionales, ejecutado por la constructora Neut Latour y Cía. (la misma de los dos Banco Estado en los extremos de calle Bandera).
La obra general corresponde, fundamentalmente, a una secuencia de figuras escogidas de los motivos de la característica alfarería negra quinchamalina (que, para nuestro gusto, presenta extrañas y enigmáticas semejanzas con la alfarería atacameña desde tiempos precolombinos), que se repiten con algunas variaciones y modificaciones en cada reaparición, tanto por la entrada de Huérfanos como por la de San Antonio, pues la galería tiene forma de letra "L". Hemos escogido, por lo tanto, a las principales que pueden distinguirse en el conjunto, y que hemos individualizado en las siguientes imágenes:
La copa, con aspecto de cáliz.
El jarro antropomórfico, con vestimentas de huaso o guitarrera.
El mate, como los de calabacines usados en el Sur (dejo constancia de que, para otros, sin embargo, esto es una hornilla o una salamandra).
El cerdito, seguramente inspirado en alguna alcancía de greda.
El ciervo, probablemente un huemul.
La tetera, como las de redondas de greda usadas en el campo.
Un pez, estilizado y el único módulo horizontal del mosaico.
El gallo, motivo frecuente en la alfarería nacional.
El bello y enorme reloj mural de la entrada de Huérfanos que caracterizaba a la Galería y al Edificio, quedó detenido -y parece que para siempre- a las 12 horas
A pesar de no ser, precisamente, una de las galerías comerciales más grandes del Centro de la ciudad, el pasaje Juan Esteban Montero sí constituye uno de los más importantes de toda la capital, considerando la presencia de esta maravilla artística sobre la cual transitan cientos de peatones al día.
Quizás se trate del único lugar donde uno tenga la autorización de pisotear una obra de arte sin restarle su dignidad y trascendencia, pues se ha mantenido en magnífico estado durante toda su existencia, aunque es claramente una urgencia restaurar el hermoso mural pictórico "Quinchamalí" del mismo gran autor nacional, obra que corona esta obra en el ya desaparecido Cine Huelén.
Esperamos buenas nuevas con respecto a la conservación y mejoramiento del pasaje comercial, entonces.
Vista de los locales comerciales.
La hermosa pintura mural hecha por Antúnez sobre el acceso del ex cine Huelén, también realizada en base a los motivos de la alfarería de Quinchamalí, hoy luce opaca y visiblemente descascarada, rogando una restauración urgente.
El nombre de la Galería, en la entrada Sur, quedó un tanto perdido detrás de la marquesina del desaparecido Cine Huelén, hoy usada por el Hotel Santa Lucía, que aloja en el mismo edificio.

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