domingo, 18 de enero de 2009

EL CASO DEL “ENANO MALDITO”: UN HORROROSO CRIMEN EN EL HOTEL DE CALLE LONDRES Y SUS ECOS

El edificio hotelero y la calle, en imagen de Santiago Mora, c. 1950.
Coordenadas: 33°26'40.06"S 70°38'54.46"W
En los años sesentas, los crímenes de mujeres todavía impactaban a la sociedad chilena y no eran aún la vulgar cuenta de muertes con la que algunos comunicadores pretenden instalarle legitimidad a términos experimentales como “femicidio” u otros gafes, según sucede en nuestros días.
La connotación pecaminosa y clandestina de la muerte de prostitutas, particularmente, a lo Jack el Destripador, era toda una novedad en aquel entonces, de modo que las muertes de las “chiquillas” pasaban rápidamente al legendario nacional y no siempre veían la luz de un caso resuelto. Más aún si este que atendemos, por extraña coincidencia, sucede en una calle llamada Londres, junto a adoquines tan antiguos y pintorescos como los de Whitechapel, y en un barrio por entonces oscuro y siniestro, antes de ser el centro de bohemia turística que es hoy. Como el descuartizador británico, nuestro asesino de calle Londres también devanó los sesos a la policía local, pudiendo haber pasado libre de polvo y paja, de no ser por una increíble casualidad.
En aquel entonces, muchas prostitutas aparecían por el lugar de la Alameda Bernardo O´Higgins contiguo a la Iglesia de los Franciscanos y hacia el frente, en el empalme de calle Estado. Una nutrida actividad intelectual y recreativa tenía campo en ambos lados de la principal arteria capitalina, precisamente, por lo que las niñas de la noche esperaban allí, atentas capturar algún borrachín viniendo de “Il Bosco” o algún noctámbulo cachondo recién salido de “El Negro Bueno”. Todo el barrio de París y Londres, a sus espaldas, alternaba viviendas con burdeles y moteles.
Como se aproxima el aniversario 41 de este clásico de la criminología nacional, hemos decidido incorporarlo también a nuestros recuerdos sobre la historia urbana de la capital chilena.
El hotel, ayer y hoy: A la izquierda, su siniestro aspecto en 1968, cuando era el "Hotel Princesa", en imagen de reporte gráfico a las pocas horas después del crimen, mientras era objeto de las pericias policiales (Fuente: boletín policial del Sr. R. Pérez). A la derecha, el actual edificio, donde funciona el turístico "Hotel Vegas".
Vista lateral del exterior del hotel.
LA TRÁGICA NINFA
Un testimonio sobre el caso y que puede servirnos de punto de partida en el relato, proviene de Oreste Plath, el mismo gran costumbrista y estudioso del folklore nacional. Esta experiencia la menciona en “El Santiago que se fue”.
Resulta que, estando todos los comensales de “Il Bosco” en su desaparecido local de Alameda con Estado, del que Plath era asiduo visitante, entró al baño de centro recreativo una de esas conocidas “ninfas” de la noche, mismas que solían tener su teatro de operaciones allí al lado, como hemos dicho, en el sector de la iglesia y la calle Estado. A veces, aparecían por allí no sólo pidiendo prestado el baño, sino pasando también a tomarse fugazmente algún trago, tanto en “Il Bosco” como en los locales nocturnos del entorno.
Esta “ninfa” que nos distrae se llamaba Marta Irenia Matamala Montecinos y contaba 23 años de vida. Tenía cierta belleza juvenil y una figura esbelta que muchos le celebraban públicamente, por lo que era bien advertida en el ambiente de bohemios y vividores; tanto así que, al ingresar a “Il Bosco”, los borrachines la reconocieron y la aplaudieron de entrada y de salida, de acuerdo a lo que cuenta Plath. Era la noche del 24 de enero de 1968; su última noche con vida. Vestía de zapatos y cartera color lila.
Según se pudo reconstruir la historia en la madeja del caso, tras su pasada por “Il Bosco”, Marta volvió a su puesto callejero buscando clientela, en la vereda Norte de la Alameda. Eran poco más de 5:10 de la madrugada, cuando un misterioso hombre la contactó para ser su cliente. Él rechazó a todas las otras y la escogió directamente a ella.
Testimonios de estos últimos sucesos en la vida de Marta los aportaron, entre otros, su amiga y colega llamada Olga Parada, quien también se encontraba presente entre el grupo de mujeres del sector.
EL HOTEL “PRINCESA”
Marta y su cliente atravesaron la Alameda en dirección a la calle Londres para consumar el servicio en alguno de los hoteluchos que había en el barrio, ocupando los suntuosos inmuebles. Llegaron hasta el “Hotel Princesa”, una de las principales sedes de amor pasajero dicho sector, que se encontraba exactamente en la dirección de Londres 49, más o menos a una cuadra de la Alameda.
El edificio del hotel no podía ser más ad-hoc a los hechos macabros que estaban por ocurrir. El “Princesa” semejaba un castillo de tres pisos de alta aguja con mirador, a la altura de un cuarto piso. Su fachada es de ventanas arqueadas, con esa elegancia siniestra de las mansiones embrujadas, de las grandes casonas habitadas por espectros y espantos. Fue diseñado por el arquitecto Eduardo Muñoz y, desde su construcción en 1925, representa una de las piezas más características de todo este maravilloso barrio modelo de París y Londres, luego convertido en hotel parejero, poco después del mediado de siglo.
Marta conocía el ambiente y se desplazaba con seguridad por él. Quizás con excesiva confianza. Según el interesante reportaje del periodista Manuel Torres Abarzúa publicado en el diario “La Cuarta” del 6 de julio de 2006, al llegar a las pesadas puertas del “Hotel Princesa” con su extraño acompañante, la prostituta tocó rutinariamente el timbre de acceso al castillo siniestro.
El edificio del hotel en nuestros días. El crimen tuvo lugar en la habitación que da exactamente hacia el exterior en el primer piso del torreón del edificio, bajo los árboles de la imagen.
EL ASESINATO
Ambos pasajeros fueron atendidos por la camarera Julia Isla Guíñez, quien condujo a la pareja hasta la habitación número 2 del hotel, como quizás lo había hecho innumerables veces anteriores, en cada visita de la propia Marta y sus respectivos clientes. Pero esta visita estaría lejos de ser como todas.
Nada extraño sucedió hasta unos veinte minutos después del ingreso al dormitorio, cuando sonó el timbre que podía ser accionado desde el interior de la habitación, solicitando servicio. La camarera acudió al llamado pero no pudo abrir la puerta, cerrada desde dentro. Como golpeara y llamara sin recibir respuesta, abrió con sus llaves la puerta descubriendo con horror al cuerpo de la bella mujer, tirada en el suelo sobre un charco su propia sangre, con la garganta abierta y vestida sólo con su sostén.
El extraño acompañante se había desvanecido misteriosa e inexplicablemente, llevándose con él toda la recaudación que la mujer guardaba en su cartera, ahora vacía.
La difunta Marta, asesinada por dos cortes en el cuello, tenía una hijita de sólo tres años en aquellos días. Según Plath, había pasado solamente una hora desde que fuera vista por última vez, tan radiante y provocativa, en las dependencias de “Il Bosco”.
Policías retiran el cuerpo de la mujer (archivos de prensa).
LA CACERÍA DEL “ENANO MALDITO”
En estado de shock, la camarera Julia declaró que el misterioso hombre debía haber pasado por detrás suyo tras cometer el crimen, sin que lo advirtiera, y que al abrir la puerta, vio "a la joven sobre un charco de sangre". Cuando regresó, el hombre "había desaparecido" ("La Tercera", 25 de enero de 1968).
Pese a todo, la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones pudo obtener una descripción del sospechoso: moreno, tímido, cabezón y de aproximadamente un metro 50 centímetros de altura, razón por la que la prensa y la opinión pública comenzaron a llamar al asesino como “el Enano Maldito”, creándose una gran psicosis por darle captura, luego de que un retrato hablado apareciera publicado en los diarios de la época, confeccionado con las descripciones que aportaron Julia y Olga, la amiga de Marta. Las otras compañeras de trabajo de la fallecida, agregaron que el criminal tenía "rostro de indio". Sin embargo, algunos periodistas de “Las Últimas Noticias” pusieron en cuestionamiento el retrato, por considerarlo demasiado estereotipado e impreciso. El tiempo les daría la razón.
El caso comenzó a acaparar cada vez más titulares y se especulaba en todos lados sobre la descripción, supuestas fotografías y eventuales identidades del asesino. Se sabía que Marta, apodada "Mariposa Nocturna" en los medios, era una mujer muy selectiva con sus clientes, por lo que se rumoreó que su poco agraciado acompañante de aquella noche debía ser un proxeneta.
Aunque se especulaba también que el sujeto tendría algo de retraso mental, varios “enanos” de Santiago eran detenidos, interrogados y luego dejados en libertad por no tener relación alguna con el asesinato, y la impaciencia comenzaba a acrecentarse con el pasar de los meses. "La Tercera" aseguraba que, inclusive, el mundo del hampa se había propuesto cazar al asesino y vengar la tragedia de la "Mariposa Nocturna".
El escritor Enrique Lafourcade recuerda que, a causa de esta paranoia generalizada contra los enanos feos, en su círculo de amigos e intelectuales montaron “un "operativo'' para esconder a por lo menos dos poetas, uno de la "Sech", y el otro del círculo literario "La Unión Chica", pensando que a lo mejor...”, según confiesa con ironía en su positiva crítica a la mencionada obra de Plath, para “El Mercurio” del 24 de agosto de 1997.
Tres años después del asesinato, la sociedad fue sorprendida con una nueva noticia: “el Enano Maldito” había sido capturado. Se trataba, supuestamente, de un diminuto lustrabotas llamado Moisés Muñoz Moreno, quien fue internado de inmediato en la ex Cárcel Pública. Sin embargo, un tiempo después se alegó que Muñoz Moreno padecía del síndrome psicótico de Korsakoff, caracterizado por lapsus amnésicos y pérdida de voluntad que, en su caso, le habrían llevado a confesar el crimen de Marta por las presiones de los policías, pese a no tener ninguna relación con el mismo.
A pesar de ello, este sujeto no era ningún querubín: ya tenía antecedentes por otras cuatro violaciones sexuales, así que permaneció tras las rejas de todos modos por esas causas.
Marta Irenia Matamala, la trágica víctima del "Enano Maldito". Imagen de archivos de prensa.
LA LEYENDA
El caso se iba enfriando con el tiempo, siendo sobrepasado por la crueldad y brutalidad de otros hechos de sangre que fueron nutriendo la historia criminológica chilena, en años posteriores.
Pese a todo, el apodo Enano Maldito se hizo común en la jerga santiaguina. A veces, se señalaba sólo por burla a la gente baja de estatura con este sobrenombre. Otros llamaban así también a los “chicos choros”: las personas bajas de estatura y buenas para la pendencia, generalmente relacionados con el hampa. Probablemente la mayoría de los que usaban contra otros este apodo, desconocían su trágico origen en el crimen del hotel de calle Londres.
De esta manera, el enano misterioso había pasado a instalarse en el legendario urbano en los setentas, incluso más arriba del conocimiento del asesinato del “Princesa”.
En las agresivas campañas presidenciales de 1970, hizo su debut una caricatura llamada “El Enano Maldito”, para el controvertido diario a favor de la Unidad Popular llamado “Puro Chile”. La imagen de este personaje fue concebida por el Jorge Mateluna Muñoz, alias Orsus, basándose en los retratos hablados que se habían publicado del verdadero “Enano Maldito”, y a los que nos hemos referido más arriba. Pero su tira cómica era extremadamente politizada, incendiaria y hasta incitadora a la violencia contra la oposición a Allende, según sus detractores, de modo que respondía sólo al contexto político de esos años y no a alguna vinculación con el caso original del asesinato de la pobre Marta. Sí llegó a ser tan odiado como el verdadero enano, e incluso censurado por los tribunales de justicia.
LA SOLUCIÓN DEL CASO
Sin embargo, el fin de esta historia no estaba escrito. Un increíble y fortuito suceso policial permitiría dar al fin con el siniestro “Enano Maldito”, cuando su leyenda estaba posicionada en la sociedad chilena; el mismo enano que había desaparecido como un fantasma por una década y sin dejar pistas como si, efectivamente, hubiese sido un malvado duende bajado ya de vuelta a sus inframundos.
En 1978, se realizó una redada policial en la que cayó detenido un recolector de cachureos llamado José González Agüero, con antecedentes ya por otros delitos. Uno de los policías, con excelente memoria, creyó reconocer en su aspecto físico a las descripciones que se habían hecho sobre el misterioso asesino de la mujer del hotel de calle Londres, una década antes. El caso del “Hotel Princesa” justo estaba por prescribir, precisamente en esos días.
González Agüero fue interrogado por los agentes policiales y, luego de algunas preguntas, acabó confesando su autoría en el crimen y hasta entregando el arma homicida, correspondiente a una cortaplumas automática con la cual la degolló para robarle su dinero aquella fatídica noche de verano. Por alguna razón, aún la conservaba después de tanto tiempo, quizá como fetiche.
En una ironía más del destino, González Agüero conocería al otro enano, a Muñoz Moreno, durante una su pasada por la ex Cárcel Pública. Ambos eran bastante parecidos entre sí y con el mentado retrato hablado, pero el verdadero asesino era mucho más inteligente y sagaz de lo esperable, pese a su limitación de no saber leer ni escribir.
El verdadero “Enano Maldito” estuvo apenas un breve tiempo tras las rejas, saliendo en 1980 para sorpresa de muchos de los que siguieron el caso. De hecho, salió a las calles antes que Muñoz Moreno.
El odioso "Enano Maldito" celebrando la elección de Salvador Allende, de las caricaturas políticas de Orsus (Fuente: Diario "Puro Chile").
UN SEGUNDO ASESINATO “MALDITO”
Ahora sí parecía definitivamente olvidada la historia del asesinato cuando, treinta años después del crimen, volvió a ocurrir un hecho de sangre en una de las habitaciones del para entonces desaparecido “Hotel Princesa”. El polémico caso volvió a traer al recuerdo del “Enano Maldito” y fue aprovechado por algunos fantasiosos para deslizar la leyenda de la “maldición” que éste dejara allí.
El 31 de julio de 1998, llegó a Chile un joven y flamante matrimonio brasileño compuesto por el profesor de matemáticas Aristóteles Kochinski Smólarek Jr. y su hermosa mujer Lucianne Ribeiro de Pauli Mascardi, de 22 y 18 años respectivamente. Venían con la intención de pasar su luna de miel en el “Hotel Tupahue”, cambiándose después al “Hotel Vegas”, ubicado en el edificio donde antes funcionó el “Princesa”. Pero el día 4 de agosto, Kochinski Smólarek denunció la desaparición de Lucianne en el hotel, provocando la alerta de la Embajada del Brasil. Según él, la vio por última vez en la Alameda, donde la dejó camino al “Vegas”. El hombre regresó de súbito a su país en la madrugada del 8 siguiente.
A las pocas horas de ese mismo día, un ciclista descubrió un cuerpo femenino en el camino antiguo La Pirámide, tras unos arbustos. La mujer había muerto de un formidable golpe en el cráneo. Se determinó, además, que tenía dos meses de embarazo. Convencidos de que se trataba de Lucianne, los investigadores dieron con el ciudadano brasileño estudiante de turismo Adriano Wagner Alvez, quien confesó que Kochinski Smólarek le había ofrecido dinero para que se deshiciera de “un bulto” y luego lo quemara dentro de un vehículo. Wagner Alvez no accedió, pero le recomendó algunos lugares para ejecutar tal acción. Después, detuvieron al taxista Rodrigo Pedreros, quien había recibido dinero para ayudar a limpiar la sangre de un automóvil Nissan que Kochinski Smólarek había arrendado y que después quemó en el sector de Lo Boza. El brasileño le había regalado también un bate de béisbol manchado con sangre; el mismo con el que había dado muerte a Lucianne en el hotel.
Se supo que existía un seguro de vida a Lucianne, por 250 mil dólares. Kochinski Smólarek los había cobrado, convirtiéndose en empresario el año 2000. Sin embargo, al entregarse todos los antecedentes y exigir Chile el traslado del ciudadano, se abrió un proceso en Curitiba que condenaría al asesino, en julio de 2004, a más de 27 años de cárcel.
Entrada del "Hotel Vegas", en Londres 49.
Interior del elegante hotel "Vegas" (fuente imagen: hotelvegas.net).
EL HOTEL EN NUESTROS DÍAS
El “Hotel Princesa” cerró hace muchos años. Sus instalaciones gozan de mucho más prestigio y refinación, ahora que pertenecen al “Hotel Vegas”, uno de los hostales más bellos y turísticos de la capital chilena, concurrido permanentemente por cientos de viajeros internacionales que poco y nada habrán de saber sobre el escalofriante crimen que tuvo lugar en su interior. Este hotel también ha ampliado sus servicios como boutique.
El “Vegas”, de tres estrellas, ha potenciado la belleza del imponente edificio en que aloja, además de aprovechar su ubicación estratégica no sólo en el barrio París-Londres, sino también en la proximidad de varios Monumentos Históricos y sitios de interés del centro de la Capital de Chile. El diseño es una de las inversiones fuertes en este lugar.
En su interior predomina la elegancia de la madera y las grandes lámparas colgantes, recuperando el ambiente clásico que caracterizaba a los inicios del barrio modelo, por allá por 1920, antes que el lapso de historia pecaminosa de este sector de Santiago lo maculara con el crimen de Marta, la "Mariposa Nocturna".
La fatídica habitación número 2, donde naciera a sangre y muerte la leyenda del “Enano Maldito”, ya no existe como tal en el establecimiento del “Hotel Vegas”. Ha sido remodelada y hoy lleva el número 17. Es la que justo da con sus ventanas a la calle por el primer piso, en el torreón central de la fachada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿quién lo escribió?.. Buena, parece una pluma antigua aún con vida

Unknown dijo...

Me gustó mucho la narración, algunas impresiciones , por ejemplo que la antigua habitación 2 ahora es parte de la Recepción y no de otra habitación. El Hotel Vegas efectivamente está completamente remodelado pero aun conserva la nobleza de su arquitectura.
Hay una historia B que dice que este crimen fuera cometido por un diplomático alemán que a los dos días fue devuelto por su embajada a su país y que por eso fue un tiempo después inculpado el lustra botas. Será verdad?

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