lunes, 15 de diciembre de 2008

SIGLOS DE HISTORIA, MILENIOS DE MISTICISMO: LOS SÍMBOLOS DE UN PESEBRE

Hay algo extrañamente cautivante en los Pesebres y, muy en particular, en el que se ve acá en el Centro de Santiago, al interior de la Catedral Metropolitana. Como todos los años por estas fechas, ya ha sido montado. Algo atrae la atención hacia él; incluso la del no creyente o del escéptico. Es como si la tradición estuviera tan arraigada, tan instalada en la cultura, que la representación pasa a ser más alusiva a un episodio de la historia arquetípica de un pueblo que a un relato bíblico, condicionado a la creencia, a la fe. Varios turistas entraban a mirarlo, pese a tener algo de rusticidad. El de la Iglesia de los Dominicos, en cambio, me pareció un poco más elaborado y elegante.
Los evangelizadores de América sabían del poder de convencimiento de esta escena mística, por lo que los Pesebres fueron utilizados en casi toda la conquista del Nuevo Mundo para convertir y someter a los pueblos indianos. Trajeron escenas de Nacimientos finamente producidas en España e Italia, para conmover a los indígenas con la pobreza fugitiva de la Sagrada Familia, convenciéndoles de tomar la fe.
En otros casos, estas representaciones del Nacimiento se fueron haciendo adaptándolas a los animales y las plantas que existían en América como parte de la decoración y el armado: guanacos, nopales, nogales, etc. En Chile sobreviven aún algunos Pesebres cuyos personajes aparecen vestidos a la usanza del huaso y la china de los campos, por ejemplo. El levantamiento de cada uno de estos dioramas, a tamaño natural cuando eran públicos, movilizaba a todo el pueblo y colaboraban en ellos personas de todos los estratos, sin distingos de clases. Me atrevería a decir que, particularmente en Santiago del Nuevo Extremo, la tradición era una de las más valoradas y respetadas por la totalidad de la sociedad, sin diferencias.
Pesebre de la Catedral de Santiago, bajo la mística estrella octogonal.
Acercamiento al mismo pesebre de la Catedral de Santiago. El Niño Jesús será colocado solemnemente durante la Misa del Gallo, como todos los años.
SAN FRANCISCO Y LOS ORÍGENES DEL PESEBRE
La historia del Pesebre o Nacimiento de Belén está vinculada a uno de los más enigmáticos y especiales santos de la historia del Cristianismo: San Francisco de Asís. Él montó una escena del nacimiento de Cristo en la Ermita de Greccio, en Italia, ayudado de un soldado llamado Juan, al aproximarse la Navidad de 1223, valiéndose de actores humanos que representaron a los personajes del pasaje del Nuevo Testamento.
La reconstrucción de la escena se hizo según la información reportada por el Evangelio de San Lucas y la representación que él mismo tuvo ocasión de presenciar en su visita a Belén, pidiendo autorización hacer lo mismo en Greccio al Papa Honorio III.
Aunque pudieron existir reconstrucciones del nacimiento de Cristo anteriores a la de San Francisco de Asís, todo indica que la popularización de esta escena en las Navidades se hizo tradición navideña a partir de la presentación que él hiciera de la misma y la continuación de la costumbre, primero por parte de los sacerdotes de su Orden Franciscana y luego por las monjas clarisas de la Orden de Santa Clara, que también adoptaron la tradición.
Más tarde, las representaciones fueron reemplazadas por figuras de arcilla, siempre con Jesús, José y la Virgen María como personajes centrales.
San Francisco de Asís y su entorno zoológico-totémico
Llegada de los Reyes Magos. Un asno y un bovino vigilan desde atrás
SUS RAÍCES PAGANAS
San Francisco representa también una de las tantas conexiones entre el cristianismo y sus poco conocidas raíces paganas y primitivas; o para no ofender: raíces precristianas, más ocultas o escondidas. Es un hilo dorado que lo une con sus orígenes orientalistas. Esto se reflejó en su pesebre, por supuesto.
La representación del Nacimiento varía entre un establo, un corral, una caverna o un granero. “Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento", dice Lucas 1,2. En realidad el lugar donde llega al mundo Jesús debió ser una "posada" o "sótano", según una traducción literal del texto en griego. El sitio que se señala como del Nacimiento bajo la Iglesia de la Natividad de Belén es, precisamente, una caverna subterránea, no un pesebre como el que hoy identificaríamos por tal, por lo que la reconstrucción de la Catedral de Santiago se ajusta a la esencia del relato bíblico.
El paso del tiempo también le ha ido adicionando (o restaurando, mejor dicho) elementos de raigambre pre-cristiana a la simbología del pesebre popular, algunas conectadas con el legado del Santo y otras rescatadas del propio origen mithaístico, es decir, del culto persa a Mithra, después introducido entre los romanos. Este origen zoroástrico de gran parte de la tradición de la Navidad se vincula, por ejemplo, a la antigua fiesta pagana del Sol Invictus o Año Nuevo pagano.
Pero no son las únicas intrigas que uno puede encontrar en el Santo. Como el mago Gandalf de los cuentos de J. R. R. Tolkien, adaptación tomada de un mítico duende de la mitología nórdica, San Francisco podía hablar con los animales, virtud de la que también gozó Buda. Algunos hasta le atribuyen la legendaria construcción del primer robot de la historia en base a textos científicos que conoció en Alejandría, androide de madera, metal y cuero que abría la puerta de su celda, pero que fuera destruido en un ataque de ira por Santo Tomás de Aquino. Otros, más cargados hacia el esoterismo, concluyen que el acercamiento de San Francisco con las tierras del Islam en 1219, en su intento de evangelizar pacíficamente a los árabes en plena época de las Santas Cruzadas, habría sido más íntimo y profundo que lo señalado por los libros de historia, particularmente con los sarracenos y egipcios.
Como sea, las lecturas paganas que hoy se pueden identificar sobre la escena centenaria del Pesebre no son pocas, partiendo por la representación de la Estrella de Belén en el lucero o cometa con que se grafica, frecuentemente de ocho puntas, como es el símbolo también islámico y el sello místico universal de la Estrella Esplendente, tradicionalmente asociada a Venus.
Vista del Pesebre de la Iglesia de los Domínicos, en Santo Domingo
Acercamiento al Pesebre de la Iglesia de los Domínicos, en Santo Domingo
Niño Jesús entre María y José, en la Iglesia de los Domínicos. Atrás, las efigies del Asno y el Buey, quizás las más potentes de todos los tótems zoomóficos presentes en los pesebres populares.
CONTENIDOS DE NATURALEZA ALQUÍMICA
El Niño Jesús, siempre en el cetro, casi invariablemente se presenta a la Virgen hacia su lado derecho y José al izquierdo. Se ha demostrado, además, que en la mayoría de los cuadros de la Virgen y el Niño, éste aparece también al lado izquierdo de ella, como lo comenta el antropólogo Desmond Morris, según él por la posición del corazón. Otros ven este detalle incluso en comparaciones con la representación egipcia de Isis y su hijo Horus.
Esto no es casual, según escritores esotéricos como el poeta chileno Miguel Serrano y otros quiénes logran reconocer en esta escena de los "padres" perfectamente colocados cada uno a un lado del hijo, un antiquísimo rito de Amor Mágico Alquímico, Asag de gestación de un “Hijo del Espíritu”, y de ahí el dogma de la castidad de la “doncella” María, la Virgen (Virgo), que el Cristianismo jamás ha podido explicar al mundo material en sus actuales términos, tras haber renunciado a las raíces “krísticas”, es decir, del paganismo pre-cristiano.
En el pesebre cristiano los "padres" han sido invertidos, sin embargo, si nos guiamos por las láminas del antiguo libro alquímico "Rosarium Philosophorum" estudiado por Carl G. Jung y en donde la mujer aparece a la derecha y el hombre a la izquierda centro. Empero, hay un detalle interesantísimo en la secuencia: la pareja intercambia posiciones justo al momento de engendrar el "hijo astral", nacido desde el espíritu.
Lo descrito, tiene ciertas implicancias directas en la costumbre navideña que sobrevive hasta hoy. Por tradición extendida, es común que los Pesebres se armen el 8 de diciembre, correspondiente al Día de la Inmaculada Concepción. Este concepto instalado en el calendario se debe a que ese mismo día, en 1854, a través de la Bula Ineffabilis Deus, el Papa Pío IX declaró el Dogma de la Inmaculada Concepción “inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente y en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano”, en contraste con el Pecado Originario de Adán y Eva. Son los monjes y estudiosos franciscanos los que influyeron mucho en el establecimiento del dogma de fe, precisamente.
¿SÍMBOLOS DE ANIMALES TOTÉMICOS?
Los animales dispuestos en el Pesebre también son muy particulares y tienen su connotación simbólica propia. La leyenda dice que San Francisco de Asís hizo colocar los más populares que se conservan hasta hoy, como un asno, un buey, un carnero y un cabro, por su definición como ganado de corral.
Sin embargo, son concebibles segundas lecturas “franciscanas” en la cristiandad primitiva de estas criaturas; animales tomémicos, zodiacales (del zoo-díaco), relacionados con las constelaciones que han determinado las edades de la historia de la Creación: vacas (Tauro), ovejas (Aries) y cabras (Capricornio), por ejemplo. Hasta el siglo V, de hecho, las representaciones del nacimiento del Niño Jesús solían acompañarlo sólo de animales, de preferencia un bovino y un burro, hasta que el Concilio de Efeso autorizó incluir a la Sagrada Familia completa en la iconografía.
El mismo Cristianismo, históricamente era representado en un pez (que en realidad sería una estilización de la runa nórdica Odal) antes que por la Cruz de Cristo, y había tomado esta figura por Piscis, en cuya Era comenzó, precisamente, el Cristianismo. Y Piscis es una constelación colindante con Aries y Tauro.
Es según los controvertidos Textos Apócrifos de los Evangelios que en el Pesebre original de Belén habrían estado presentes también un burro, mula o caballo (probablemente Sagitario), y un buey en lugar de la vaca o el toro (Tauro), animales frecuentes en las representaciones del Nacimiento. Sin embargo, la presencia del asno y del buey en el Nacimiento na tenido ciertos ribetes controversiales, incluso porque se los coloca presentes en la reconstrucción que se hace anualmente en El Vaticano. Según algunas opiniones, esto se debería a referencias como la que se hace de estos animales en Isaías 1,3: "El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor”.
Una referencia parecida aludiendo a estos dos animales, aparece en el libro de Habacuc, pero no los Evangelios del Nuevo Testamento. Aún así, se incorporan de manera estable y definitiva al equipo tradicional de actores del Pesebre hacia el siglo XVI. La costumbre de tierras saharianas y egipcias comenzó a reclutar también al camello entre ellos, más tarde.
Figuritas de yeso policromado con personajes del Pesebre o Nacimiento de Belén, en venta a la salida de la céntrica Iglesia de los Domínicos, en la calle Santo Domingo con 21 de Mayo.
KRISHNA, CRISTO Y SUS ZOOMORFISMOS
Esta relación con los animales es un punto de contacto frecuente entre el Cristo de la fe Cristiana y uno de los principales dioses del Hinduismo: Krishna, la octava encarnación o Avatara de Vishnú, culto muy influido también por conceptos simbólicos y astrológicos.
Son muchas similitudes entre ambos; demasiadas para pasarlas por alto y probablemente mayores a cualquier otra deidad, y no se reducen sólo al nombre. Ambos, por ejemplo, nacen de Vírgenes (Virgo, como hemos dicho). Mientras María está oculta en el Pesebre de Belén, la madre de Krishna, Devaki, lo hace oculta en una cueva. En ambos casos, una estrella se encendió en el cielo dando aviso al nacimiento. Mientras el Niño Jesús es representado con Tauro en su entorno (el buey o la vaca, como vimos), sucede lo mismo con Krishna, cuya llegada al mundo es celebrada por las vacas que se acercaron a su iluminada caverna.
Cabe añadir que Tauro es importante en la vida del Cristianismo: coincide con la llegada de Moisés y su Éxodo, periodo en el cual condena a su pueblo por adorar el falso ídolo del Becerro de Oro, pues la época de Tauro había decaído ya, comenzando la de Aries, el carnero u oveja macho. Es el concepto cristiano del Cordero de Dios.
El elemento simbólico bovino incluso aparece destacado en unos versos que el famoso Donado Fray Andresito de nuestra Recoleta Franciscana, ilustre postulante a Santo desde nuestro país, escribiera hacia 1840 para amenizar los comedores donde se alimentaba a los pobres de La Chimba:
Nació en un pesebre
En pobres pañales,
Sin tener compañía
Sino de animales;
Con la compañía
De un buey y un juramento.
En relación al elemento simbólico ovino, cabe recordar que en los países nórdicos el carnero o el cordero simbolizaban el final del ciclo solar de cada año. La representación que tenía el personaje que los finlandeses llaman "Joulupukki", que es identificado en nuestros días con Santa Klaus es una cabra (¿Capricornio?) y, ocasionalmente también, un carnero (¿Aries?). Mithra también es una representación de la época de transición entre Tauro y Aries, correspondiendo por ello su famoso sacrificio ritual del toro, en la tradición que ha degenerado y culminando en la tauromaquia, del Oeste de Europa y también traída a América Latina en tiempos coloniales.
Las representaciones de los primeros años de vida de Krishna junto a su madre la virgen Devaki, es rodeada de animales bovinos, es decir, simbólicos de Tauro, signo zodiacal que equivale a Vrishasca-Surkra en el horóscopo hindú. Cuando el Dios Azul baja a los bosques a tocar su música en una flauta mágica (también tiene el talento de la comunicación con los animales, como todos los demás Avataras y como el propio San Francisco de Asís), siempre aparece rodeado por los mismos animales totémicos y simbólicos que rodean al Niño Jesús en su Pesebre, especialmente toros y vacas, en alusión a su vínculo con la entonces recién superada Edad de Tauro.
Krishna, el Dios Azul, acompañado del tótem de Tauro
Representaciones infantiles de Krishna, rodeado de los animales totémicos-zodiacales. Las semejanzas con las escenas del sagrado Nacimiento saltan a la vista y pueden no ser casuales. Tendemos a creer que el Cristianismo es la religión histórica de occidente, pero en sus inicios, el Cristianismo primitivo es de origen oriental, como la mayoría de las grandes religiones y eso era notorio en los tiempos bíblicos, sobreviviendo hasta nuestros días algunas de esas simbologías místicas como la reflejada en el Pesebre.
OTROS PARALELISMOS ENTRE AMBAS TRADICIONES
Aun si las semejanzas de los símbolos "bovinos" fuera mera casualidad, todavía hay más coincidencias entre Cristo y Krishna: ambos sobreviven a un masivo infanticidio de niños varones, ordenado por sus respectivos soberanos para evitar la llegada del nuevo rey del linaje divino. Si a Jesús lo quiso eliminar Herodes con esta masacre, Kirshna sorteó la persecución de Kansa, que ordenó también la matanza de niños.
Y la humildad de ambos es casi exacta, incluso en las alegorías: Cristo pone la otra mejilla cuando es abofeteado, y Krishna cuida el pie que lo pateó. Ambos resucitan muertos, ambos sanan gente enferma y ambos le devuelven sus sentidos a sordos y ciegos.
Como en el Kristos Atlante, el Odín-Wotang de la cultura germánica atrapado en las imponentes esculturas de los montes alemanes Steinternes, ambos fueron crucificados, heridos a un costado del cuerpo, y luego resucitados al tercer día. Krishna bajó a los infiernos, durante este lapso, experiencia que también habría tenido Cristo según el Evangelio aprócrifo de Nicodemo. Es la misma propiedad que se le atribuye a Jesucristo, y que se repite en la oración del "Credo", por ejemplo. Al respecto, recuerdo que en uno de los antiguos versos que rezaba mi abuela July en sus relajantes “santiguadas” aprendidas en tradiciones campesinas para contrarrestar algún malestar físico o íntimo, repetía en una línea de las mismas una referencia similar a la del "Credo", en la que Jesucristo descendía hasta el infierno y retornaba también “para juzgar a los vivos y a los muertos”. Evidentemente, hay una connotación pagana en esta figura de intermediación entre vivos y muertos.
Por último, Krishna suele convertirse en un niño para bajar a la tierra a jugar y mezclarse con otros infantes, pues es un dios sencillo y humilde, representante del Amor. De este modo, es retratado tanto en la imagen de hombre adulto como la de un niño pequeño, tal cual sucede con Jesús y sus representaciones infantiles en el Pesebre.
La conexión infantil entre Cristo y Krishna con la infancia es constante y análoga, entonces. Jesús hasta dice “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”, en Mateo 19:14.
Pistas sobre el posible origen de un contenido esotérico y pagano en el Pesebre Cristiano, en tres etapas de la secuencia de una de las versiones del "Rosarium Philosophorum", manuscrito europeo de 1550. En la primera se ve al hombre (Sol) y la mujer (Luna), Rey y Reina opuestos, formando una runa Hagal (símbolo de la transmutación alquímica) de ramas al centro y con ayuda de una paloma que actúa como mediadora ("Espíritu Santo", ente que encarnará al hijo espiritual que será concebido). Sobre ella, la Estrella Divina (equivalente al símbolo de la Estrella de Belén). En la imagen del centro, los Reyes-amantes aparecen fusionados en un solo cuerpo andrógino y bicéfalo e intercambiados en sus posiciones (ella a la izquierda y él a la derecha, como en el Pesebre) en un estado de muerte ritual, mientras el "hijo espiritual" ("El Niño", cuerpo astral de los amantes) emerge desde ellos hacia el cielo, como alma que se desprende del cuerpo. En la imagen de la derecha, brota desde la ya vacía tábula el Rey de Reyes, la encarnación divina, en evidente alusión a la figura de Cristo. Queda concretado, así, el rito mágico del A-Mor (Sin-Muerte, en la interpretación poética).
ORIGEN PARTICULAR DEL PESEBRE CHILENO
El Pesebre, casi tal cual lo conocemos y con sus símbolos trascendentes, llegó acá a Chile traído por los conquistadores españoles sin lugar a dudas, pero puede haber recibido influencias constantes no sólo de los sacerdotes franciscanos (primera orden religiosa en establecerse acá), sino también de los inmigrantes alemanes, quienes parecen haber tenido gran influjo sobre ciertas tradiciones pascueras nacionales.
También se enraizó con fuerza el Pesebre al demandar la generosa actividad que carpinteros y artesanos le regalaron a su fe, cada vez que correspondía diseñar, confeccionar y levantar estos Nacimientos en las Iglesias, desde donde saltaron a las casas y, en nuestros días, a los salones comerciales.
Acá también es tradicional que se monte el Pesebre de preferencia el 8 de diciembre. Sin embargo, en los Pesebres de carácter oficial o públicos, el Niño no se monta sino hasta el mismo día de Navidad o “Pascua”, como aquí le llamamos desde antaño ya. Dicha costumbre es común en varios países de América Latina.
Otro protocolo, que también es tradicional en países como Perú, es que suele desmontarse el Pesebre el día 6 de enero, día en que se supone la llegada de los Reyes Magos hasta la Sagrada Familia con sus simbólicos regalos. Es el día que entre los pueblos americanos se llama “Pascua de los Negros”, por haber sido la época en que la Iglesia celebraba para ellos, los esclavos y los mulatos, la Pascua Navideña.
Antigua representación del Nacimiento, también con un asno y un toro presentes. Nótese la semejanza que tiene esta escena, especialmente por el elemento de la tábula central donde se halla el niño, con algunos de los dibujos del manuscrito alquímico "Rosarium Philosphorum".
El pesebre de la Catedral de Santiago es representado como una gruta
EVOLUCIÓN EN LA TRADICIÓN LOCAL
En los tiempos de Alonso de Ovalle (siglo XVII), durante las fiestas religiosas, una cofradía completa de "morenos" se encargaba de la procesión del Pesebre con la alegoría del Sagrado Nacimiento de Belén. Cabe indicar además que, a mediados de ese siglo, habían en Santiago sólo algunos sacerdotes, de las órdenes dominicana, franciscana y jesuita, de modo que la mayor parte de la tradición pesebrera quedaba confiada a la fe y el compromiso de la masa popular.
Hacia principios del siglo XIX y en los albores de la Independencia, lo corriente era que el espacio para armarlos fuera proporcionado por los templos religiosos más importantes, la administración municipal de las plazas y algunas casas de familias acomodadas que dejaban sus puertas abiertas a quienes quisieran conocer sus espectaculares Pesebres importados, convirtiéndose así en pasajeros pero potentes centros de atracción y de fe, hasta donde los fieles iban a dejarle modestas ofrendas al Niño Jesús o la Guagua Linda, como se le llamaba con ingenuidad por los ciudadanos y niños: panes amasados, tortillas de rescoldo, trocitos de quesos, huevos cocidos, frutas, hortalizas, granos, etc. Parece ser que, en algún momento, esta ofrenda era regalada después a las familias y niños pobres, completando el círculo. Además, los visitantes eran atendidos con mistela, horchata y helado de canela, según comenta Plath.
De este modo, de los antiguos Pesebres instalados en Santiago a la usanza europea hasta aquellos años, sobre una tarima de grandes proporciones en las que se montaba más bien el escenario general de un cuadro, la representación se fue concentrando de a poco en el Pesebre propiamente tal y en sus personajes centrales, obviando el entorno exterior, limitado sólo a la presencia protagonista de la Estrella de Belén. Las figuras de Jesús, José y María eran confeccionadas por familias que la donaban, aunque otros elementos podían ser comprados en las santerías. La Guagua Linda, también llamada Lucerito y Preciosura, era la más importante y valiosa.
La tradición rural que tenía el entorno de las ciudades chilenas permitió hacer crecer el bestiario dentro del Pesebre: vacas, ovejas, burros, cabras, gallinas, gallos, bueyes y patos. También aparecían pastores haciendo ofrendas y, por supuesto, los Tres Reyes Magos, otra tradición que ha completado su relato tomando más elementos del paganismo que del registro bíblico, empezando por sus nombres. Empero, ninguna parte de la Biblia cifra en tres a los reyes, por lo que el origen de esta creencia proviene de otra vertiente. Algunas opiniones especulan, al respecto, que serían una representación simbólica de la trilogía de estrellas del Cinturón de Orión y su relación direccional con la constelación de Tauro, por un lado, y con la estrella de Sirio (en Canis Mayor) por el otro, esta última equivalente -a su vez- a la Estrella de Belén.
Como hemos dicho, se fue haciendo costumbre que el 8 de diciembre quedara instalado el Pesebre a la espera de la colocación oficial del Niño Jesús, que tiene lugar durante la llamada “Misa del Gallo” de la medianoche del 24 de diciembre, así llamada en referencia al gallo que habría sido el primero en ver y salir a anunciar el nacimiento de Cristo. Esta celebración religiosa ha pasado a formar parte integral y necesaria de la tradición navideña en Chile.
Imagen de la Sagrada Familia (Jesús, José y María), en los muros de la Iglesia de la Vera Cruz, en barrio Lastarria. Los elementos que se observan aquí y en las imágenes paganas del manuscrito alquímico "Rosarium Philosophorum" son semejantes: la paloma mediadora, la disposición de los personajes, la ubicación central de Cristo y la Estrella-Dios que vigila en lo alto. Coincide, a su vez, con los del Pesebre.
"CHILENIZACIÓN" Y PERSISTENCIA DEL SENTIDO MÍSTICO
La “chilenización” gradual del Pesebre en Santiago se ha notado, especialmente en las representaciones que se hacen en algunas escuelas y colegios. Se le han adicionado elementos de cultura muy local, como el símbolo de la abundancia constituido por atados de trigo sobre una fuente húmeda de greda, además de fardos de paja, decoración con escarapelas y ramas floreadas de copihues, flor nacional de Chile.
También, entre las ofrendas para los niños, aparecen juguetes tradicionales de madera, como emboques, trompos y palitroques, precisamente el tipo de regalo modesto que recibían antes los niños chilenos, en estas fechas.
La vestimenta de usanza rural que comenzó a incorporarse en las representaciones de Pesebres más pequeños y portátiles, también incluyó la presencia de personajes cada vez más típicos, como una vieja gorda tomando mate, un huaso tocándole guitarra al Niño Jesús, un perro quiltro acompañando a algún visitante; y, por supuesto, los animales de corral que se conocían acá, incluso el cerdo, que, por prescripción religiosa, se entiende que jamás habría estado entre los rebaños de una familia judía. Estas nuevas figuras de greda y cerámica eran producidas y traídas desde los talleres de artesanía de Talagante, Quinchamali, Melipilla, Pomaire y El Monte.
La carga simbólico-tomética de la zoomórfica tradición franciscana se respeta en otras tradiciones religiosas ligadas a la imagen del Pesebre en Chile. Plath comenta, por ejemplo, la "Oración de los Animales" que se hace para bendecirlos en una ceremonia que se realiza con los animales allí presentes, siguiendo la idea de que el Niño Jesús nació rodeado de animales en su Pesebre. El propio San Francisco de Asís había pedido, además, que en Navidad los propietarios de animales, ganado y mascotas tuvieran la atención de regalarles el doble de ración alimenticia. Plath relata que, en una ceremonia de este tipo realizada en 1964 en la plazoleta de la Parroquia de San Antonio de Padua, llegaron más de doscientas aves, perros y otras mascotas con sus respectivos dueños, a recibir su bendición.
Admito aquí mi poco aprecio por la Navidad. Nunca me gustó mucho, en realidad. Menos cuando dejé de recibir regalos. Sin embargo, repasar la historia de forma y de fondo de una imagen cultural tan fuerte como es el Pesebre del Nacimiento de Belén, aunque sea con esta brevedad, quizás me ha vuelto a poner en paz con la tradición navideña, con sus sentidos más ocultos y místicos; los más sombríos, pero reales, si así se los quiere ver.
Algo de esta verdadera tradición conserva ese Pesebre, allá en el Centro de Santiago. Algo de valor, entre tantos cinismos, consumismos y chabacanería aculturizada. Un cordón hacia las raíces paganas y esotéricas que, como en la concepción junguiana del hombre, parecen estar presente en cada acto de fe del mundo de hoy, por sutil que sea.
Postal del Pesebre producida en Santiago por Correos de Chile. Los símbolos persistenen la escena del Nacimiento de Belén: la Estrella Venusina (ocho puntas), María a la derecha del Niño Jesús, José a su izquierda, y la compañía de Aries (oveja) y Tauro (buey).
Pesebre instalado al interior de las dependencias del Correo Central, junto a la Plaza de Armas, junto al gran pino navideño que ha sido montado en su sala principal. Excepcionalmente, muestra a José y María en posiciones diferentes a las tradicionales.
Acercamiento al Pesebre del Correo Central de Santiago. Imitando la tradición de la Catedral de Santiago, a escasos metros del edificio, se ha dejado la escena del Nacimiento con la presencia del Niño Jesús pendiente hasta la realización de la Misa del Gallo.

3 comentarios:

  1. El pesebre de la Catedral tiene aspectos bien particulares que cabe mencionar: este fue un regalo que recibió el Arzobispado de Santiago con motivo del Congreso Eucarístico del Año Santo 2000 (2000 años del Nacimiento de Jesucristo). Antes se armaba otro pesebre en el lugar. Este tiene algunos elementos de la cultura chilena, a saber: el ángel de cabecera lleva una cruz con una estrella en el centro y una faja sobre ella a modo de sudario, las que representan, en la iconografía católica chilena, la "Cruz de Maipú" o "Cruz de Chile", que simboliza la bandera chilena hecha cruz (puede observarse la original en el Templo Votivo de Maipú). También, los pastores representan un pescador, un huaso y un indígena, que en vez de presentar las ofrendas de ganado tradicionales, ofrecen cobre, peces y frutos autóctonos de Chile.

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  2. Comparto una síntesis de la interesante carta que me ha enviado gentilemente un lector que, por cuestiones profesionales, prefiere mantenerse en anonimato (por ahora):

    Curiosidades "esterlares" de los pesebres:

    1) Los animales que rodean al nacimiento representan constelaciones zodiacales (Taurus, Aries, Sagitario, Capricornio, etc.);

    2) En las representaciones post-bizantinas, la Virgen suele estar a la izquierda y José a la derecha, concepto hermético de lo femenino-masculino trasladado a la relación Luna-Sol;

    3) Los regalos de los reyes magos representan los tres estados del opus alchimicum y los colores "solares" (negro, blanco, rojo);

    4) los mismos reyes magos suelen estar colocados de frente a la estrella de Belén o el Ángel, representando la relación direccional entre las tres estrellas del Cinturón de Orión y la Estrella de Sirio;

    5) Personajes frecuentes en las figuras de los pesebres son los pastores de ovejas, a veces cargándolas en los hombros tras su cabeza, y curiosamente en el año 6 a.C. tuvo lugar un fenómeno cósmico de ocultamiento de Júpiter tras la Luna en la casa de Aries (oveja).

    Saludos a todos.

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  3. En ningun evangelio menciona animales en dizque pesebre. El que habla sobre Jesus tiene que hacerlo desde la perspectiva judaica no hindu.

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