sábado, 20 de diciembre de 2008

REVELACIONES DE UNA VIEJA FOTOGRAFÍA Y OTROS DOCUMENTOS... ¿CÓMO SE METIÓ EL “VIEJO PASCUERO” EN NUESTRA TRADICIÓN NAVIDEÑA?

Un "Viejo Pascuero" en la Plaza de Armas en la Navidad de... ¡1930!
Nada me parece más exótico y extraño en nuestra cultura que el “Viejo Pascuero”, nuestra alteración adaptada del tradicional San Nicolás, Santa Claus (Klaus) o Papá Noel que llegara a instalarse a América Latina desde los países del Hemisferio Norte. Inspira un poco de burla y crueldad verlos vestidos en plena transición de primavera-verano a la usanza del más frío de los inviernos, de esos que hace varias Eras no hay ya en Santiago. Una cadena de tiendas incluso ha colocado unos hombres de nieve plásticos en la entrada de sus locales. Allí los veréis, en el Centro; a los Viejitos asándose casi hasta el infarto bajo el sol estival; cociéndose vivos con su propio sudor, dentro de trajes rojos de telas tan delgadas y frágiles como el burdo intento de simular al personaje original del invierno anglosajón lo permita, aunque nosotros debemos conformarnos con renos de cartón o palo. Ni los actores que encarnaron al robot C3PO o al monstruo de “Alien” lo deben haber pasado tan mal bajo tanto aderezo.
Creo que ni siquiera nuestra idiosincrasia va con el tierno viejito navideño. Sentar un cabrochico en las piernas es, acá en Chile, inmediata sospecha de pedofilia. Además, los chilenos, particularmente los santiaguinos, por alguna razón nos vemos tan falsos y artificiales cuando queremos lucirnos del lado del Bien, de la Bondad, de todo lo que sea altruista. Mis padres recuerdan cómo uno de los “viejos pascueros” de la Plaza de Armas, a mediados de los setentas, se agarró a puñetes con otro Viejito del gremio porque éste le ocupó su trineo para tomarse una foto con uno de estos cabrochicos que se creen el cuento. En medio de la violenta pelea, los niños presentes estallaron en llanto al ver a dos émulos del espíritu de la Paz y el Amor en la Navidad reventándose a combos, con chuchadas y amenazas incluidas. Luego de los trajes rojos, pasaron los de trajes verdes (una pesadilla para daltónicos) y sólo entonces se recuperó el orden y se restauró el sentido de nuestra Pascua de Navidad en pleno Régimen Militar.
No ha cambiado mucho nuestro cinismo desde aquellos años: Me han echado la foca en los centros comerciales donde traté de tomarle estas fotos al Viejo Pascuero de turno, bajo la prerrogativa de poder establecer que "está prohibido", por la ley del embudo o la del burro, supongo.
También recuerdo cuando el ex Alcalde Joaquín Lavín contrató hordas de Viejitos para hacerlos pasear por todo el Centro de Santiago con barbas de nylon y tocando campanas que, pretendidamente, iban a darle festividad al agrio ambiente de la crisis económica que ya entonces comenzaba a acosarnos. Su tolerancia de empleador debe haber disminuido bastante la cesantía por esos días: contrató a cuanto tipo pudo, sin ningún rigor de ajuste a la imagen tradicional del Viejo Pascuero… Flacos, jóvenes y mujeres también tuvieron oportunidad de caracterizar al barbudo gordito de trajes invernales.
El Viejo Pascuero es, de alguna manera, lo que queremos ser más de lo que en realidad somos, como tantos reflejos de la actual ciudad. Nos encantaría tener saludables hijos rubios, de cachetes rosados y futuro asegurado, colgando calcetines alrededor de la chimenea encendida. Cuánto nos gustaría, también, tener invierno en diciembre (pero manteniendo el sol en vacaciones de verano, se entiende) y andar chupando pirulos por la calle mientras le tiramos migas a los renos, en vez de las palomas, porque la verdad es que ni a nuestro querido huemul lo podemos ver en vivo. Los centros comerciales dan trabajo, al menos, a los actores que personifican al Viejo Pascuero en las galerías y tiendas del Centro. Otros prefieren la “cacería” de niños entusiasmados con la farsa del viejo de los regalos, asechándolos en algún rincón decorado de rojo para robarles una foto. La pagarán los papás, que son, coincidentemente, los grandes responsables de mantener el mito comercial del Viejo Pascuero pues, en este mismo cinismo nuestro, no existe atrocidad más horrorosa en la paternidad que negarle al niñito la existencia de este gafe navideño, pecado que lo convierte a uno inmediatamente en el propio Grinch. A un hijo se lo puede cachetear, alimentarlo con bolas de grasa frita y dejarlo fumar a la salida del colegio; pero confesarle la inexistencia del Viejito, equivale a robarle la niñez (“¡Jo, jo, jo!”).
Sin embargo, existe un detalle notable sobre la presencia de este Viejo Pascuero entre nuestras costumbres nacionales, que lo coloca ya presente en Chile desde antes de la famosa difusión internacional que se hiciera del personaje a través de la publicidad de la Coca-Cola. Ni tanto para decir que es parte legítima de nuestra tradición ancestral, sin duda, pero no tan poco como para hacer vista gorda y atrincherarse en el mero hecho de que proviene de una cultura extranjera y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la nuestra… Vamos viendo esta historia completa.
"Viejito Pascuero" del Mall de Puente, en el Centro
EL ORIGEN DE LA FIGURA DE SAN NICOLÁS
El Viejo Pascuero es, originalmente, San Nicolás de Bari, llamado también Nicolás de Mira en países orientales, obispo que nació entre una familia de comerciantes de Patara, en los valles de Licia de la actual Turquía, hacia el año 280. Tras perder a sus padres tempranamente a causa de una epidemia, se dedicó al servicio religioso en Anatolia y ofició especialmente entre los pobres, que lo reconocían como un santo, adjudicándole varios milagros que están actualmente asociados a buena parte de las costumbres y tradiciones navideñas europeas. Muchas de sus hazañas tenían relación con niños. Por ejemplo, hizo aparecer monedas de oro dentro de los calcetines que las jóvenes hijas de una familia muy pobre habían colgado junto a la chimenea para secarlas... ¿Le suena familiar esto?
Como sucedió con el cristianismo en toda la Edad Media, muchos elementos tomados del paganismo se fusionaron en la tradición de Nicolás. Predicó, además, en Grecia, Lorena y parte de Rusia. Tras una vida de aventuras y asistencia a los niños y a los pobres, Nicolás falleció el año 345, creyéndose que habría sido el 6 de diciembre. Su fama había trascendido y existían ya templos dedicados a él, como uno romano del año 550.
Al comenzar la invasión musulmana contra Turquía, las reliquias y restos de Nicolás fueron trasladados secretamente en 1087, para que no fueran destruidos, y se conservan en la Basílica de Bari, en Italia.
Los milagros persistieron: la que fuera su tumba produce un extraño aceite del que, se dice, tendría propiedades curativas. Sus reliquias en Italia, además, han sido objeto de más episodios sobrenaturales afianzando el culto, por lo que no tardó en elevarse oficialmente a Nicolás a la categoría de Santo. Así comenzó su difusión definitiva por el mundo cristiano.
Representación de San Nicolás
SU TRANSFORMACIÓN EN SANTA CLAUS
Convertido así el culto a San Nicolás en una manifestación amparada por la iglesia medieval, la popularidad del Santo atravesó toda Europa y parte del Oriente, complementándose con la mitología y las tradiciones locales. Se funde, por ejemplo, con la tradición greco-romana de hacer regalos a los niños en representación del Dios Cronos-Saturno. También se alimenta con símbolos del Año Nuevo Pagano, representado por el Sol Invictus, el rito del cambio de estación en el culto a Mithra, del que hablamos hace poco al referirnos a los símbolos místicos del Pesebre de Belén.
En los países nórdicos, particularmente en Finlandia, el mito de San Nicolás se mezcló con la de un mitológico carnero o macho cabrío llamado Joulupukki, que simbolizaba la celebración del final del año, y adoptó la orientación navideña que lo asocia directamente a Santa Claus y a Papá Noël, nombre este último que en francés significa Padre Navidad. Los finlandeses aún llaman Joulupukki al ahora humanizado personaje navideño. Y en Francia, en años posteriores, la imagen del viejo navideño comenzó a asociarse a la de Bonhomme Noël, de quien se conservan casi todas las características generales del actual Papa Noel, salvo porque el anterior, siendo gordito y barbón, vestía de túnicas blancas y bordadas en dorado, muy distintas del traje rojo y con listones de piel de Santa Claus. Los rusos también cuentan con su propio “Hombre de Hielo” o Ded Moroz, un barbudo viejo bonachón que reparte regalos navideños y que pasaría a ser identificado con Santa Claus. En Italia, su imagen comenzó a desplazar a la del hada mágica y bruja "buena" Befana, que hasta entonces era la encargada de dejarles regalos a los niños. En España, en los valles vascos, asturianos y navarros, la leyenda se mezcló con la del carbonero Olentzero, que regalaba juguetes, acompañado de duendes y trasgos de barba blanca, botas altas y gorro de armiño. Puede que algo de esto haya alcanzado a llegar a Chile en la Conquista, pues hubo crónicas en las que se hacía referencia claramente a los duendes de la mitología de España del Norte, mitos que sobreviven, por ejemplo, en Chiloé y en algunos sectores rurales del Norte Chico. Sin embargo, aún faltaban muchos elementos para complementar el mito de San Nicolás, señor de la Navidad.
En 1625, la colonia alemana en Norteamérica fundó la ciudad de Nueva Ámsterdam, que corresponde a la actual Nueva York. Se cree que ellos habrían importado de inmediato la Celebración de su Patrono Sinterklaas, que se realiza entre el 5 el 6 de diciembre. Hacia 1809, el escritor Washington Irving publicó una sátira caricaturizando a Sinterklaas, que en la pronunciación angloparlante resultó ser “Santa Claus”. Poco después, en 1823, el poeta Clement Clarke Moore, retomó el personaje de Irving para presentarlo en un poema anónimo que dio a Santa Claus un aspecto bastante distinto al que hoy le reconocemos: un duende delgado, regalando juguetes en víspera de Navidad desde un trineo tirado por renos, mientras que el mito europeo le adjudicaba un carruaje tirado por un caballo mágico.
A Pesar de las diferencias con el personaje definitivo, según la tradición instalada por este poema y hasta nuestros días, los renos del trineo serían: “Donner” (Trueno), “Blitzen” (Relámpago), “Vixen” (Juguetona), “Cupid” (Cupido), “Comet” (Cometa), “Dasher” (Brioso), “Dancer” (Bailarina), y “Prancer” (Acróbata, Saltador o Pompón). Pero, después de la publicación de Robert L. May titulada “Christmas Story” en 1939, que incluyó una animación para niños, quedó instalada en la tradición un noveno reno: “Rudolf” (Rodolfo), de nariz roja y luminosa que avanza a la cabeza del grupo para señalar el camino entre la nevazón.
Dibujo de Santa Claus realizado por Thomas Nast en 1881
Un "Viejo Pascuero" en la publicidad del Bazar Alemán Krauss, publicado en la prensa capitalina hacia 1910. Es uno de los San Nicolás más antiguos presentes en documentos chilenos y demuestra que este personaje ya estaba en Chile, probablemente por influencia alemana, antes de la campaña de la Coca-Cola que lo internacionalizó. Prometemos publicar a futuro algún posteo dedicado especialmente a los primeros avisos comerciales chilenos donde aparecía el "Viejo Pascuero".
EVOLUCIÓN FÍSICA Y CONCEPTUAL DEL PERSONAJE
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, Papa Noel comenzó a ser presentado con el aspecto físico de anciano gordo y barbudo que hoy tiene. A partir de 1863, el ilustrador de origen germano Thomas Nast realizó las primeras ilustraciones de este tipo representando a Santa Claus -el San Nicolás moderno-, para la publicación gringa “Harper's Weekly”, pero basándose en los atuendos antiguos de algunos obispos católicos. Aparece como un simpático viejo gordo, cargado de juguetes y fumando pipa. Sin embargo, creo que no deja de ser un tema menor la gran similitud que hay entre la vestimenta navideña de San Nicolás y algunos uniformes usados por la francmasonería para sus ritos iniciáticos. Como sea, el nuevo San Nicolás era ya, a esas alturas, especialmente una versión estadounidense.
Este nuevo aspecto del personaje facilitó su fusión con mitos locales en Inglaterra, Francia y Europa Central, hacia mediados del siglo XIX. Los franceses completaron la fusión con Bonhomme Noël hasta dejarlo totalmente mutado en Papá Noel. Los alemanes, por su parte, lo incorporaron a su rica tradición navideña, asociándolo a su hombre navideño alto, flaco y vestido de azul; y buena parte de sus costumbres habrán de haber llegado a Chile del mismo modo que antes había sucedido en Nueva Ámsterdam, en nuestro caso durante la gran migración germana iniciada en ese período, pero cuando aún estábamos en la protohistoria de nuestro Viejo Pascuero.
En este entonces se creó también la leyenda de que Santa Claus vivía en el Polo Norte, idea popularizada a fines del siglo XIX por una propaganda comercial de la Lomen Company, donde ya comenzaba a aparecer con claridad la imagen que hoy le identificamos al personaje. Esta vinculación con el Polo, tomada de la tradición original de que vivía en el Hemisferio Norte, ha sido también objeto de algunas suspicacias místicas y esotéricas, que creen ver reflejado un elemento de la tradición luciferina en semejante referencia y la leyenda de las entradas al “Mundo Interior” de la Tierra por aberturas secretas en los extremos polares. Otros elementos mágicos del personaje, como su inmortalidad y su condición de “Santa”, provienen del libro infantil de Frank Baum titulado “La Vida y las Aventuras de Santa Claus”, que fuera publicado en 1902 y que reafirmó la leyenda de su residencia en el Polo, acompañado de los duendes que las leyendas españolas, irlandesas y centroeuropeas le fueron prendiendo al personaje a lo largo de su historia.
Decoración con un "Viejo Pascuero" en el caracol de las galerías comerciales de Merced, frente a la Casa Colorada.
Kiosco de calle Ahumada con infinidad de artículos navideños, incluyendo retratos y minuaturas del mentado "viejito"
DISPERSIÓN PUBLICITARIA EN LA COCA-COLA
Durante los años veintes, la compañía Coca-Cola había sido cuestionada con algo de paranoia y exageración, por el contenido de cafeína y otros productos en su brebaje, realizándose algunos juicios y campañas de desprestigio contra la empresa. Quizás fue por eso que la empresa quiso dar un buen golpe publicitario y, en la proximidad de la Navidad de 1931, solicitó al artista Habdon Sundblom concebir una imagen más humana y comercialmente vendible de Santa Claus. El pintor presentó, entonces, la que ha sido desde entonces la definitiva y más importante de todas: un anciano sonriente, de largas barbas blancas, vestido de rojo y blanco, con grueso cinturón rodeando todo su diámetro.
Se cree que la versión de Sundblom es la que mostró por primera vez en la historia el aspecto característico de San Nicolás que persiste en la iconografía actual, idea fomentada por la propaganda de la Coca-Cola. Pero no es exactamente así: En 1926, la revista infantil "St. Nicholas Magazine" ya había mostrado representaciones muy parecidas del personaje, por no decir iguales. A Sundblom se le debe, entonces, la versión que se haría popular y que instalaría de manera permanente el mito del viejo navideño, desplazando a otras imágenes o personajes anteriores, como el duende de Moore.
Además, al contrario del mito popular que cree identificar en los colores del vestuario a los que son corporativos en la imagen de Coca-Cola, la verdad es que Sundblom se basó en una de las versiones más comunes que se hacían antes de San Nicolás de Bari, y en las que se le representaba de preferencia en color rojo y blanco o bien verde y blanco. Esta última versión fue usada frecuentemente en el siglo XIX para su representación y aún sobrevive para la vestimenta de San Nicolás entre algunas culturas. Sundblom, en cambio, prefirió el color rojo por su valor comercial y acertó, al crearle un verdadero referente cultural al mundo occidental, que sobrevive hasta hoy.
No podría haber existido un mecanismo más acertado para hacer penetrar una imagen o concepto que en la publicidad de la Coca-Cola, sin duda. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Santa Claus probablemente ya era reconocido en la mayor parte del mundo "libre". La compañía de refrescos aún sigue reproduciendo algunas de las ilustraciones originales de este Santa Claus de la campaña de los años treintas, en sus actuales latas de gaseosa del período navideño, festejando su triunfo.
Un aviso de la campaña original de Navidad 1931 de Coca-Cola.
¿A CHILE TAMBIÉN LO TRAJO COCA-COLA?… ALGO NO CALZA
Si seguimos al pie de la letra la tradición comercial y la penetración cultural generada por la incorporación de Santa Claus a la propaganda internacional de la Coca-Cola, no quedaría más remedio que aceptar su llegada en los años de la pre-Guerra, después de su creación en 1931, cuando supuestamente apareció por primera vez a ver la luz pública de los mercados.
Sin embargo, la fotografía que aquí presentamos y que pertenece a la Archivo Fotográfico de Chilectra, nos pone en una dudosa situación que no se ajusta al itinerario internacionalmente reconocible para el desplazamiento de la imagen del Viejo Pascuero por el mundo. En efecto, esta imagen, que fuera reproducida en “Luces de Modernidad”, Archivo Fotográfico de Chilectra (Enersis S.A., 2001), está explicada y fechada en la página 212 de la publicación, con el siguiente pie de foto:
“Celebrando la Navidad en la Plaza de Armas. Stand de la compañía con juguetes para los niños pobres. Diciembre 24 de 1930”.
Aparecen en la imagen un clásico Viejo Pascuero, de barbas blancas y traje que, a pesar del formato blanco y negro, ciertamente debe haber sido rojo. Vestido al estilo invernal, con su gorra y su saco de regalos. Es decir, EXACTAMENTE el tipo americano de Papa Noel que aún no era conocido (o no debía ser conocido) en Chile a través de la aún no creada publicidad navideña de la Coca-Cola. El propio cuerpo del documento de “Luces de Modernidad” señala en su texto:
“También hay un acopio de fotografías más informales donde aparecen las celebraciones de la empresa: la Navidad con los puestos llenos de golosinas y uno de los primeros "Viejos Pascueros" en Chile, clara influencia de los grupos "gringos" de la empresa…”
He ahí, acaso, la única explicación plausible a la existencia de un Viejo Pascuero en plena Plaza de Armas de Santiago en la Navidad de 1930 (y quién sabe desde cuántas Navidades antes), en tiempos previos a que la campaña de Coca-Cola fuera concebida siquiera, pero cuando ya existía la imagen del Papa Noel del "St. Nicholas Magazine" en la sociedad estadounidense.

Pero quizás la introducción nos llega a occidente desde otro lado, desde Alemania, a juzgar por la editorial de efeméride "Hace 100 años) que publica "El Mercurio" en diciembre de 2005 anunciando, según el texto reproducido del 19 de diciembre de 1905, que "Un bazar alemán está mostrando la novedosa figura de Santa Claus y del árbol de Navidad". Es decir, si el editorial es auténtico, el viejo estaba debutando acá antes que la Coca-Cola y antes que Chilectra, y emparentado muy probablemente con Sinterklaas originales del mito del Papá Noel, antes que con toda la dispersión internacional versión gringa del personaje.

Dicho de otro modo, San Nicolás ya estaba aquí prematuramente, contra todo lo esperable, gracias a otro más de los infinitos aportes alemanes en nuestra sociedad. No resulta nada difícil comprender, entonces, porqué penetró con tana facilidad la estilización importada después desde la influencia de los Estados Unidos, y la fotografía que hemos expuesto, no hace más que demostrar que la figura ya estaba aquí cuando la Coca-Cola recién la presentaba en otras culturas.
En otras palabras la introducción del Viejo Pascuero o Santa Claus en Chile puede haberse debido a esta empresa que, en 1929, había sido comprada por la South American & Foreign Power Co., incrementando por eso y como nunca antes la influencia anglosajona dentro de la misma y también hacia el exterior, como vemos. Como hijo de un ex funcionario de Chilectra, recuerdo que esta tradición se mantuvo por muchos años más, hasta fines de los años ochentas mínimo, cuando se hacía aparecer un Viejo Pascuero desde una alta grúa o hasta un helicóptero en el Estadio de la Compañía, para que todos los niños asistentes recibiéramos regalos, todos ellos bastante buenos y costosos para la época.
Otra prueba concluyente: Viejo Pascuero de utilería en una vitrina de cocinas eléctricas Hotpoint, durante una exposición organizada para incentivar la compra de productos chilenos, en diciembre de 1930, la misma fecha de la foto de nuestro personaje navideño en la Plaza de Armas.
Aviso navideño de la Coca-Cola de 1936
Viejos pascueros de chocolate en las vitrinas del Mall del Centro
DEL SANTA CLAUS GRINGO AL “VIEJO PASCUERO” CHILENSIS
El antecedente que arroja la colección fotográfica de Chilectra me parece notable, pese a haber pasado invariablemente inadvertido, dándose siempre fe ciega a la historia oficial de que su aspecto llegó acá gracias a la publicidad de Coca-Cola.
Si bien esto no refuerza ni debilita la posición de los fotógrafos y Viejitos de utilería que hoy atrapan fotos con niños en galerías comerciales y parques, o invitan a los compradores a entrar a reventar sus tarjetas de crédito en las multitiendas y malls, deja al menos una constancia de que las cosas no son siempre como parecen y las convenciones internacionales sobre ciertos sucesos sociales modernos, especialmente en la globalidad, merecen ser evaluados de vez en cuando, con la apertura necesaria para reconocer la excepción y no forzarla a calzar en nuestros moldes preconcebidos.
Como sea, las pruebas de la penetración del personaje navideño en la tradición ciudadana tras la intervención de Chilectra no tardarán en reaparecer, según se deduce al inspeccionar lo que se ha escrito sobre el Santiago de los años que siguieron al arribo del Viejo Pascuero en nuestra Plaza de Armas. El investigador Oreste Plath, por ejemplo, escribe mientras recuerda las famosas tiendas “Gath y Chaves” que atendían en la esquina de Huérfanos con Estado entre los años 1910 y 1952:
“Los aperitivos no estaban de moda. En el Tea Roam sólo se podía beberse oporto, jerez o champaña de marcas importadas, naturalmente. Después se inauguraron las tardes bailables, a cargo del profesor Valero. Se establecieron días para los niños, con números artísticos. Para Navidad empezó a atender Santa Claus y el Viejo Pascuero a fotografiarse con los niños, unos muertos de miedo y otros muy alegres. La librería de Gath y Chaves no ofrecía la atracción de la librería francesa, de la Casa Francesa que se encontraba en la esquina opuesta”.
Podemos presumir con razón, entonces, de la presencia del Viejo Pascuero con los mismos roles comerciales y de atractivos para infantes que hoy lo caracterizan, ya en esas épocas. La información que nos aporta Plath, por lo tanto, constituye otro indicio de lo muy tempranamente que llegó a instalarse a Santiago, en pleno Centro, la tradicional figura del Viejo Pascuero, desde donde saltó a la sociedad nacional entera, anticipándose a la dispersión internacional llevada adelante por la publicidad de Coca-Cola.
Chile no será parte de la cuna de la tradición de Papá Noel o Santa Claus, sin duda, pero quizás, y después de todo, nuestro criollo híbrido del Viejito Pascuero quizás sí tenía más méritos y jinetas de tiempo en el traje; más de las que le creíamos sus críticos, quienes lo miramos de reojo, como un impostor alojando en la tradición santiaguina y, por extensión, la nacional. No llegaré al remordimiento de lavarme la boca con ponche navideño, pero en la investigación, el hecho cierto, hecho es.
Feliz Navidad para quien le interese.
El viejo personaje mecánico de la tienda de sombreros "Donde Golpea el Monito", vestido a la usanza navideña.
Moda "pascuera" para mujeres sin la cintura del "Viejito", en calle 21 de Mayo
Viejo Pascuero gigante de una conocida cadena de supermercados

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