sábado, 27 de diciembre de 2008

LA TORRE ENTEL: NO SERÁ COMO LA EIFFEL, PERO ES LA NUESTRA

Maqueta de la torre, publicada por una revista "En Viaje" de 1972.
Coordenadas: 33°26'40.35"S 70°39'21.62"W
Tuve la fortuna de trabajar cerca de un año en el pasaje Príncipe de Gales, allá en el Centro de Santiago, frente al famoso restaurante “La Chimenea”. Era 1997, y desde esa calle corta sin salida, por encima de las viejas casonas, se podía tener entonces una vista imponente de la Torre Entel, desde su lado Norte, postal que hoy es imposible por la presencia de altos edificios que han crecido en torno a esta enorme estaca de concreto.
Afortunadamente, tuve el presentimiento de que esta visión no iba a durar mucho y tomé en aquellos días una fotografía que aún conservo, y cuya copia aquí reproduzco aunque en blanco y negro, pues la original color está a bastante mal traer.
Por esa misma época, los cabecillas de la Empresa de Telecomunicaciones de Chile (Entel Chile) habían decidido darle nueva vida a la característica torre símbolo de Santiago, incorporándole luminarias multicolores en tiempos en que ya era centro de festejos de Año Nuevo en la Capital de Chile, con toneladas de fuegos artificiales disparados sobre ella en cada ocasión. Está muy próxima a volver a encenderse de explosiones coloridas, atrayendo a los miles de chilenos y extranjeros que llegan a verla en cada cambio de año, tradición que ya se ha instalado de manera definitiva en nuestra ciudad.
Etapas de la construcción de la Torre, entre 1970 y 1974.
El pasaje Príncipe de Gales, en fotografía que tomé en junio de 1997. La vista de la Torre Entel que se observa ya es imposible en el lugar.
La Torre del Centro Nacional de Telecomunicaciones, más conocida como Torre Entel, entró así, al Siglo XXI, con su misma importancia, valor y vigencia. Su indicación en el mapa es como la de un faro enclavado junto al Barrio Cívico santiaguino, y esta relevancia no ha sido mermada por la aparición de nuevos y más grandes edificios.
Sus 127,35 metros de altura, concebidos para despejar el trabajo de sus antenas microondas, ya no suenan tanto si los comparamos con moles aún más colosales del paisaje urbano, como el Edificio Corporativo de la Telefónica con sus 132 metros, la Torre Titanium de La Portada con 181 metros y la Torre Costanera Center, que se inaugurará el próximo año con 250 metros de alto.
A pesar de todo, la Torre Entel sigue siendo ese símbolo de la ciudad, allí, erguida sobre la esquina Noroeste de Alameda Bernardo O’Higgins con Amunátegui. Es visible desde casi todos los puntos distantes del plano urbano.
Comenzó a ser construida hacia los últimos meses del Gobierno de Eduardo Frei Montalva, en julio de 1970, cuando Entel todavía era una empresa del Estado. No es gratuita nuestra comparación con la Torre Eiffel de París, en el título: cuando se llamó a concurso a cuatro oficinas de arquitectos en 1967, les propusieron ostentosamente que presentaran un diseño para la “Torre Eiffel chilena”.
La agencia ganadora pertenecía al arquitecto Carlos Alberto Cruz E., quien solicitó la participación de su hijo Carlos Alberto Cruz Claro y sus colegas Daniel Ballacey, Jorge Larraín Latorre y Ricardo Labarca Fernández. En abril de ese mismo año, previo estudio del suelo, fueron adquiridos los terrenos de su actual ubicación, considerados ideales por su proximidad con los principales centros del sistema nacional de telefonía. Según nos parece, hasta entonces estos terrenos pertenecían al recinto de una antigua institución educacional, de la que hablaremos a futuro.
Según un completo reportaje de la revista “BIT” de noviembre de 2006, la adjudicación del proyecto de obra había quedado en manos de la empresa mexicana ICA, de propiedad de Arturo Cacelín. La obra comenzó con las complejas fundaciones del edificio, mismas que se internan bajo el suelo para garantizar la estabilidad de la torre en un país donde el terremoto pareciera ser nuestro segundo baile nacional. Estas bases están 18 metros bajo el nivel del piso, y sus fundaciones sumaron 2.000 toneladas.
Como coincidía la construcción del edificio con la del Metro de Santiago, la base fue rodeada con una jaula Faraday para impedir la penetración de corrientes eléctricas detectadas en las excavaciones de la Estación Moneda, y que podrían afectar las transmisiones y recepciones. La excavación total que demandó la obra fue de 55.000 metros cúbicos.
Sin embargo, la concesionaria mexicana sólo trabajó unos meses, menos de un año, pues tuvo problemas con las terminaciones de hormigón, debiendo abandonar el proyecto. La nueva firma licitada fue Foram-Chile, de capitales nacionales, que se hizo cargo de todo. La construcción de la torre iba a demandar, de esta manera, 2.700 metros cúbicos de hormigón y contabilizó un peso de 8.620 toneladas sentadas sobre sus bases fundacionales. Originalmente, el diseño incluía una plaza, un auditórium y una conexión entre la torre y el edificio institucional de Entel, pero estas partes del proyecto fueron omitidas.
Vista aérea de la Torre Entel (fuente: www.saf.cl)
Vista de la Torre desde el sector del Metro Los Héroes.
Con el advenimiento de la crisis social y política que vivía el país durante los años del gobierno de la Unidad Popular, la complicada situación tuvo su reflejo en el desarrollo del proyecto de la Torre Entel. Los trabajos comenzaron a retrasarse ante las huelgas y los paros del personal, especialmente con las operaciones de hormigonado.
Para resolver el mencionado problema y otros relacionados, los ingenieros usaron junturas metálicas especiales entre una capa de hormigón y otra, asegurándose así de que quedaran firmemente unidas, al mismo tiempo que una grúa trepadora iba subiendo los moldes que daban forma a la estructura según se iba ascendiendo en la construcción, método que se había usado hasta entonces en el levantamiento de silos, pero no en un edificio con la particular estrechez y altura de esta torre de 19 pisos. De esta manera, para cuando concluía el tormentoso año de 1973, la mayor parte de la construcción de ya estaba concluida.
El 30 de agosto de 1974, ya en pleno Régimen Militar, se celebró el festejo tradicional chileno de los “tijerales”, cuando se concluye la parte gruesa de la obra. En este caso, se habían alcanzado los 127,35 metros de altura. El 8 de septiembre del año siguiente, se colocaron dos antenas parabólicas que constituyeron sus primeros elementos de telecomunicaciones visibles desde el exterior. En noviembre se inició la instalación de los equipos de telecomunicaciones y, a fines de año, el proyecto recibió un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo equivalente un 35% de la inversión, la que totalizaba unos 80 millones de dólares de la época. El 12 de abril de 1976, entraban en servicio sus primeros canales telefónicos.
Desde entonces, la Torre Entel se ha constituido como el icono urbano más reconocible del horizonte postal en esta tremenda ciudad, haciendo las veces de punto de referencia obligado. Existe, por ejemplo, el concepto del Centro "hacia el otro lado de la Torre", para referirse a lo que queda al poniente de la urbe, hacia Estación Central. La ampliación e incorporación de nuevas tecnologías en el servicio permiten que en la torre, en nuestros días, operen todos los equipos del tráfico internacional vía satélite, el terrestre Santiago-Mendoza y la red Troncal Nacional Sur y Norte, además de interconectar los servicios públicos de larga distancia. La empresa, en tanto, fue privatizada a mediados de los ochenta.
 El advenimiento de los grandes espectáculos internacionales y el cambio del criterio popular sobre los conceptos de modernidad y tecnología, también se han reflejado en el edificio, con sus extraordinarias luminarias de colores, sus pantallas gigantes y el gran lanzamiento de fuegos artificiales que se aproxima con el próximo Año Nuevo y que viene repitiéndose desde 1992, mismo que los expertos consideran como el segundo más voluminoso y atractivo de Chile, después del tradicional show pirotécnico del puerto de Valparaíso.
En estos cerca de 35 años, la Torre Entel, además del símbolo, es una propiedad patrimonial de la ciudad: un distintivo, una característica, aunque no siempre guste. Podrá verse cada vez más pequeña en un entorno que crece y crece como el bambú; podrá ser simplona y estéticamente pobre comparada con otras obras de ayer y de hoy; pero su presencia es necesaria e insustituible para una ciudad y para un país que, por requerimientos geográficos, ha hecho de las telecomunicaciones uno de sus principales activos. Su ausencia, en cambio, equivaldría no menos que a castrar nuestro Santiago.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Fue por el año 1988, para ese entonces tenía 7 años, y fue en un viaje a nuestra capital, Santiago que pude ver la Torre Entel; y si bien ya tenía algunos alcances por la tele, poder apreciarla frente a frente fue algo que me dejó impactado, y hasta ahora al momento de recordar aquel viaje me trae los mejores recuerdos. Concuerdo con el título, si bien no es tan mentada como la Toore Eiffel, la de Pisa, es un ícono no solo de Santiago, sino de Chile y porque no decirlo de la promesa de progreso para nuestro país.

Anónimo dijo...

No Tenía Idea que su Construcción Había comenzado en el año 1970

...por lo visto, al IGual que el METRO de Santiago (también en 1970)


Muy Interesante Artículo

Anónimo dijo...

sin duda fue y es un icono del progreso de santiago y chile , un lujo para la vista y la vista desde arriba debe ser espectacular , mas ahora con tanto edificio de altura no solo en el centro si no en el resto de la capital.

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