viernes, 7 de noviembre de 2008

SANTO DOMINGO 666: LA DIRECCIÓN CONDENADA QUE DESAPARECIÓ DEL PLANO URBANO

La numeración antes y después... (Fuente: diario "La Tercera", 1997)
Coordenadas: 33°26'9.30"S 70°38'48.58"W
Santiago está lleno de inmuebles de todo tipo y características, pero con fama de alojar habitantes del "otro lado", fenómenos paranormales o tradiciones malditas. No se reducen sólo a edificios de aspecto vetusto o abandonados: hay interesantes leyendas al respecto sobre el Edificio La Quintrala, el Portal Fernández Concha, el Cerro Santa Lucía, el Teatro Caupolicán, el ex Cine Grand Palace, la Estación Mapocho, etc.
Hacia 1995, era inaugurado un nuevo edificio que iba a caer en este mismo saco. Se elevó sobre la calle Santo Domingo, en la cuadra situada entre Miraflores y Enrique Mac Iver, muy cerca de la colonial Casa de Velasco y la Primera Comisaría de Santiago. El número no podía pasar inadvertido en la calle, especialmente para supersticiosos y agoreros: correspondía al 666, la más infame de las cifras según el Apocalipsis de San Juan... Estaba escrito, entonces, que este edificio se convertiría en otro alfiler clavado sobre el mapa de las leyendas urbanas más escalofriantes de la ciudad de Santiago.
Corresponde a una construcción de unos 15 pisos, principalmente residencial y con algunos interesantes juegos de planos en las caras de su fachada. En las alturas luce en números romanos su año de inauguración. Una fuente clásica de estilo europeo lo antecede en la entrada. Muchos universitarios y amigos jóvenes de mis años aquellos estuvieron interesados en sus departamentos, bastantes novedosos en un momento en que recién comenzaba la actual etapa de fiebre inmobiliaria que persiste en el Centro de la capital.
La empresa constructora fue Desco S.A. Dos inmobiliarias se aliaron para este proyecto: “La Palma Ltda.” y “El Escorial S.A.”. Los Arquitectos fueron Cedric Purcell de la V. y Enrique López C., con la firma “Omega” Ingeniería de Proyectos S.A.
Pero todo habría cambiado cerca de dos año de terminadas las primeras etapas de la obra, cuando uno de sus residentes (una mujer, según recuerdan algunos), habría fallecido misteriosamente en uno de los primeros departamentos del conjunto que fueron ocupados en el edificio de Santo Domingo 666. Según la misma leyenda, murió por asfixia o inhalación de monóxido de carbono, dentro de su propia residencia, aunque el edificio no aparece señalado con el famoso sello rojo que acusa problemas de ventilación de ambientes. Otras fuentes orales aseguran desde su ambigüedad que fue un suicidio: una mujer que saltó al vacío desde un balcón, cayendo al interior del recinto.
La tragedia habría terminado ligada inevitablemente al particular número del edificio. Según el mito que persiste, las consultas y ventas comenzaron a descender súbitamente; cundieron historias de todo tipo intentando alzar los temores y aprensiones: se habló también de otros suicidios extraños, algunos de gente joven, y de accidentes fatales, apareciendo ahora el piso 13 del edificio comprometido en esta mala racha... Pero todos estos chismes por supuesto, son negados categóricamente por el actual recepcionista de la comunidad, que me atendió en portería y me confesó trabajar casi desde los primeros tiempos del edificio, en su puesto administrativo.
Como en toda leyenda urbana, hay ciertos elementos reales en esta historia: intoxicaciones por emanaciones de gas sucedidas hacia julio de 1997. Se recuerda particularmente una del martes 22 de ese mes, que afectó a una mujer y sus dos hijos en el departamento 908 del edificio. Bomberos que acudieron al lugar, seguidos de carabineros, precisaron que había sido un problema causado por la mala ventilación del calefón y una falla en los extractores de aire.
La mujer fue a parar a la Posta Central y sus hijos al Hospital San Borja Arriarán. Todos sobrevivieron a la peligrosa experiencia, pero el suyo no fue el único caso de intoxicaciones parecidas por esos días en Santiago, que tenían con mucha actividad a los funcionarios de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC).
Inspectores del SEC revisando el "Edificio 666", en julio de 1997 (Fuente: diario "La Tercera").
Carabineros presentes, tras la casi tragedia de la habitación 908 (Fuente: diario "La Tercera").
El acontecimiento potencialmente mortal del departamento 908 causó una verdadera sicosis colectiva entre varios residentes del llamado "Edificio 666", pues los expertos del SEC determinaron con certeza la existencia de altas emanaciones de monóxido de carbono, como lo informó la Junta de Vigilancia exigiendo una solución a Desco S.A. y a la Inmobiliaria "La Palma".
La investigación posterior confirmó que el incidente se debió principalmente a un error de la administración que no encendió los extractores, pero también se detectaron ductos mal construidos. Los moradores, en tanto, dormían con las ventanas abiertas a pesar de los fríos de la estación, y la sugestión llevó a varios a sentir dolores de cabeza y malestares que atribuían al envenenamiento respiratorio. Algunos carteles "se vende" aparecieron en esos días asomados por las ventanas de los departamentos, hacia la calle. También se produjo una controversia entre el SEC y la administración municipal del alcalde Jaime Ravinet, ya que las responsabilidades por la certificación del edificio no estaban claras.
El miedo a las intoxicaciones comenzó a cundir por todo el Centro de Santiago, obligando a la Municipalidad a realizar revisión de 142 departamentos en seis edificios. El edificio "maldito" quedó como símbolo de aquel olvidado pánico colectivo, ocurrido precisamente en momentos en que aún no se concretaba la venta de los departamentos en otras etapas de construcción dentro del mismo, lo que era un grave problema comercial. Siempre se habló también de los "varios incidentes" ocurridos antes del que aquí hemos señalado, pero nunca han sido formalmente precisados.
Intentando zafarse del anatema, hacia el mes de octubre siguiente, la Junta de Vigilancia decidió cambiar la numeración 666 del edificio, que ahora quedaba definida en un expiatorio Santo Domingo 664-680: como tenía tres entradas, el 664 había sido escogido antes para los estacionamientos, el 666 para el acceso directo al edificio y el 680 para un establecimiento comercial de sus bajos, por lo que evidentemente se quiso esconder la fatídica dirección del centro, evitando así al apocalíptico "número de la bestia".
La Municipalidad de Santiago autorizó el cambio por expresa petición de la Junta, argumentada en que el número afectaba la imagen del inmueble, para darle algún tono de sensatez justificando la medida inédita en la historia urbana de nuestro país, más insólita incluso que aquellos casos en los que se omite el piso 13 por miedo a la fama de mal agüero que se atribuye a este número. El edificio permaneció algunas semanas, sin número, hasta que se le instalaron los nuevos y definitivos, sin más 666 a la vista, a pesar de que la entrada central del inmueble siguió manteniéndolo un tiempo más en los registros postales y del Conservador de Bienes Raíces.
Pocos serían capaces de deletrear la causa patológica de este terror, manifiesto en aquella ocasión: Hexakosioihexekontahexafobia, o miedo exagerado e irracional al número 666.
El detalle no pasó inadvertido y fue comentado en la prensa, como el diario "La Tercera" del jueves 30 de ese mismo mes. Mas, al menos sirvió para intentar desprenderle la parte más oscura y excesiva que rondaba al lugar, aunque su leyenda no haya muerto y perdure como un recuerdo popular vago hasta nuestros días. De hecho, diría que la alteración numérica sirvió para reforzar el mito, abarcando prácticamente la totalidad de las demás direcciones de este sector de la cuadra. En gran parte de sus dependencias funciona también el hotel San Marino.
Aunque el edificio de Calle Santo Domingo luce lleno de vida y muy transitado por alegres residentes, empleados y oficinistas, no bastará la eliminación del 666 para que una pequeña parte que aún se conserva en el imaginario popular -siempre supersticioso y cargado a los temores colectivos- abandone por completo el peso de la sugestiva leyenda negra que cayó alguna vez sobre este lugar.

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