jueves, 13 de noviembre de 2008

EL FRANCO REY DE LA COMEDIA SANTIAGUINA

Se llamaba Jorge Silva Campos y nació el 17 de septiembre de 1946. Sin embargo, la inmortalidad de la vieja escuela del espectáculo nacional lo recordará por siempre con su pseudónimo artístico: Jorge Franco, también digno merecedor en vida de apodos tales como “El Maestro del Picaresque" y luego “El Rey de la Comedia”, entre su fiel público que lo seguía desde los años de la bohemia capitalina en históricos centros revisteriles donde comenzó su carrera.
Franco se caracterizó siempre por su humor irreverente y muy pícaro, mezclado con críticas sociales y políticas, en algunos casos muy sutiles y en otros explícitos, pero adaptándose siempre al contexto temático de cada época. Así, mezclaba astutamente en sus rutinas y libretos las apelaciones en doble sentido con referencias sobre cuestiones de contingencia y de las características de la sociedad chilena: las frustraciones, los temores, los tabúes generacionales. Por tal razón, sus principales personajes humorísticos eran típicos chilenos provenientes de los sectores más desposeídos: rotos, trabajadores menesterosos, pordioseros y figuras que guardan cierta semejanza con el talento multifacético de figuras casi talismánicas en la historia del comic chileno, como son Juan Verdejo o Condorito.

Entre estas representaciones más famosas creadas por Franco, estaba un cartero agobiado por los trámites en el servicio público; un mendigo que pide dinero en un barrio hostil a los vagabundos; y un náufrago hambriento que viene de un largo tiempo abandonado en una isla. La única excepción importante a esta característica quizás sea el millonario residente del ficticio Condominio “Los Pininos” de La Dehesa, que competía y miraba peyorativamente la posición económica del animador del programa “Morandé con Compañía”, donde Franco realizó sus últimas representaciones televisivas.
En lo respectivo a su vida personal, el actor humorístico había contraído matrimonio con doña Virginia Aracena, formando una bella familia de tres hijos. Se le recuerda como un padre devoto de sus seres queridos, muy amado entre los suyos.
LOS CASSETTES DE CULTO
A principios de los años ochenta, Franco se alió con el también humorista Henry Williams, para producir un irreverente y divertido cassette titulado “La Bruja Tremebunda”, donde se satirizaba con el servicio de una astróloga y adivina que recibía una serie de clientes con problemas absurdos.
Era la época en que sonaban también las cintas de otros grandes humoristas que hicieron carrera con Franco en la bohemia santiaguina, como Daniel Vilches y “Los Académicos de la Lengua”. Franco había trabajado con la compañía de Vilches en sus inicios, por cierto. Era común que estas cintas rescataran y adaptaran las clásicas rutinas que hacían doblar de la risa a los asistentes del “Bim Bam Bum” de Santiago Centro, el “Picaresque” de Recoleta o el “Humoresque” de Avenida Matta, haciendo verdadera escuela de humor desde allí en adelante. Franco había pasado por todos estos históricos escenarios de la comedia en la capital chilena.
Cabe destacar que en “La Bruja Tremebunda” aparece un personaje que se ha repetido varias veces en posteriores producciones de humor chileno: el Genio Vaca, aquí representado por Williams. Corresponde a un malvado espíritu que, tal como los señala la cultura popular sobre los genios, concede sus deseos pero embaucando y perjudicando a quien los solicita. En el caso de “La Bruja Tremebunda”, uno de los clientes que suplica despertar algún día entre las piernas de la actriz símbolo sexual de la época, Bo Derek, acaba convertido en toalla higiénica femenina; y a otro que pide tener un miembro viril que le llegue al suelo, el genio le corta las piernas a la altura de los testículos. El fatídico Genio Vaca popularizado por Franco y Williams ha reaparecido, como hemos dicho, en otras rutinas de humoristas posteriores, como el dúo cómico “Los Indolatinos”.
Franco volvió a grabar otras de estas cintas que se hicieron muy populares y corrieron como verdadero contrabando entre los escolares y amigos de barrios de entonces. En una de ellas representaba a la mucama de un controvertido hotel parejero y también a un ciudadano acosado por la burocracia de un abusivo funcionario público que se resiste a concederle un “permiso para existir”. Eran los años de la Recesión Mundial y de enorme incertidumbre social, por lo que Franco interpelaba al abusador reclamando con frases tales como “¡Todo porque tenís trabajo!”.
Quién diría que, 20 años después, la realidad chilena todavía le daría oportunidad para restaurar el argumento central de esta rutina.
Jorge Franco, Guillermo Bruce y Patty Cofré en "El Cartero Chifla dos Veces"
Guillermo Bruce, Eduardo Thompson y Jorge Franco con una vedette del espectáculo "Curvas-Viña-Risas", en noviembre de 1988, diario "La Tercera". Curiosamente, a los pocos días de publicada esta foto, el ambiente del humorismo chileno fue golpeado por la inesperada muerte de otro crack de este club: el comediante Mino Valdés.
PIONERO DE LOS VIDEOS PÍCAROS
Los méritos del humorista no estaban sólo en el ingenio con que amalgamó el humor popular chileno con la burla sociológica, sino también por ser, técnicamente, uno de los pioneros de la producción de videos pícaros en Chile, inspirados en las rutinas de la vieja bohemia nacional, línea que han seguido otros humoristas como Ernesto Belloni y su personaje “Che Copete”.
Entre 1988 y 1989, al haberse popularizado en Chile el VHS, Jorge Franco grabó las que serían sus primeras dos cintas de video con esta clase de rutinas, ambas realizadas con otro peso-pesado del humor nacional, como es Guillermo Bruce, además de aparecer en ellas la querida Patty Cofré, proveniente de las mismas luces y sombras revisteriles que sus colegas. Ambas fueron producidas por Video Humor, filial de Videomaster, y dirigidas por Rodolfo Tosto, alcanzando gran popularidad pese a ser de bajo presupuesto. Los libretos de las dos fueron obra creativa de Franco.
En una de ellas, “Flor de Hotel”, el comediante representó a un mendigo sin casa llamado Totó Alegría que, en su desesperación por conseguir ingresos, acepta trabajar como recepcionista de un “hotel de citas” con la condición de tener que hacerse pasar por gay. El principal cliente del hotel es representado por Bruce, apareciendo en el reparto, entre otros el destacado y veterano actor Gabriel Maturana, la no menos consagrada Mireya Veliz, el gran Eduardo Thompson y la vedette Gina Timón, que en esos años recién comenzaba a forjar su leyenda en el espectáculo nocturno chileno.
Como 1989 era año de un contexto político sumamente efervescente y se realizaban las primeras campañas presidenciales y parlamentarias en casi dos décadas, Franco metió una cuña inolvidable en el video, al hacerse aparecer a sí mismo mirando la propaganda electoral de “la franja de los candidatos” en un televisor de la recepción del hotel, mientras con su propia voz en off realiza una de las imitaciones más celebradas y memorables que se recuerden del General Augusto Pinochet, a quien se escucha recomendando votar por “el candidato preferido por el sexo débil, porque es duro; es el único candidato que aumenta la población. Su mayor ambición es quedar adentro. Sus resoluciones aparecen dentro de nueve meses; cuenta con el apoyo de las mujeres… y de algunos hombres también…”.
En otro video, “El Cartero Chifla dos Veces” (llamado así parodiando la película de Jack Nicholson titulada “El Cartero Llama dos Veces”), Franco representará esta vez a un cartero acosado por alucinaciones donde se le aparecen mujeres muy ligeras de ropa intentando seducirlo, viéndose obligado a iniciar trámites para poder visitar a un psiquiatra encarnado en la actuación de Bruce. El diálogo con él es notable: cuando éste le recomienda contar ovejas para conciliar el sueño, el cartero responde diciendo no poder hacerlo “porque se me cagaban en la cama”; y cuando hablan en un minuto sobre los bebés “in vitro” (otro tema de debate moral en la época), éste acota que son niños que se queman más fácilmente que otros, “¿no ve que son de paja?”.
En este video, Franco restaura y actualiza su anterior rutina sobre el pobre ciudadano abusado por la inoperancia de un funcionario público que le insiste en hacerle volver al día siguiente, pero en esta ocasión correspondiendo a un agente de una financiera que se niega a concederle un préstamo. Esta graciosa secuencia, que se ha convertido en casi un tema de antología en el humor chileno, también cuenta con la participación de Bruce en el papel del agente que, para zafarse de la insistencia del cartero, llega también al disparate de exigirle presentar un “certificado de defunción”. Franco aparece con un maletín y sofocado por papeles y documentos que le serán exigidos, los que acomoda en todas las partes donde su vestimenta se lo permite.
CONSOLIDACIÓN TELEVISIVA
La caída de los espectáculos revisteriles, especialmente durante el Régimen Militar y las noches con toque de queda incluido, trasladó hasta la televisión a los más grandes exponentes del género, instalando las rutinas y los sketches en los programas familiares y nocturnos, debidamente “blanqueados” para el público abierto. Jorge Franco no fue la excepción, saltando así desde las tablas del espectáculo santiaguino a los sets de los principales canales y productoras.
Como también lo hicieran varios de sus colegas, entre ellos Eduardo Aránguiz, Helvecia Viera, Nino Valdés, Anita “Desideria” González, Gilberto “Fatiga” Guzmán, Ernesto “El Tufo” Ruiz, Tato Cifuentes y Carlos Helo, sólo por nombrar algunos, Jorge Franco se abrió espacio en programas como el entonces muy popular “Sábados Gigantes", en la estación de Canal 13, que lideraba por lejos la teleaudiencia local todos los fines de semana en aquellos años. En el mismo canal, pasó a formar parte de la planta de humor del programa “Éxito”, conducido por José Alfredo Fuentes. Pudiéndose jactar ya de ser uno de los más conocidos y divertidos humoristas nacionales, allí compartió cámaras en horario familiar con Thompson, Bruce, Adriano Castillo y la consagrada vedette argentina Beatriz Alegret.
Uno de sus personajes más graciosos de los sketches de Franco en “Éxito” era el tímido e inocente Cabo Zapiola, gendarme que debía lidiar con la violencia y brutalidad del delincuente apodado “El Choro”, interpretado por Thompson. Un personaje este último que, dicho sea de paso, adelantó por mucho a ciertas características que después identificarían al “Malo”, encarnado por el actor Daniel Muñoz. Al concluir la transmisión de “Éxito”, Jorge Franco apareció los días domingo en el programa “Venga Conmigo”, de la misma estación, conducido también por Fuentes.
En tanto, Franco había inventado un personaje nuevo que le dio grandes retribuciones hasta el fin de sus días: “El Náufrago”, un desgraciado tipo que había sobrevivido en miserables condiciones a una tragedia naviera y vestía ropas harapientas. Hace su debut en 1995, en el programa “Motín a Bordo” de TVN, conducido por Felipe Camiroaga. Fue notable su forma de adaptar la picardía de las rutinas originales al contexto de un programa de televisión abierta, al punto de volverse, desde ahí en adelante, en un representante de humor más blanco, reduciendo su irreverencia fundamentalmente a la sorna y a algunas malas palabras que intercambiaba con los actores o animadores que le acompañaban en las rutinas.
La presencia de Franco fue uno de los fuertes del programa “Motín a Bordo”, que debía otra de sus fortalezas también a la aparición de viejos cracks de la revista santiaguina: “Los Hermanos Pinzón”, adaptación para el espacio que hacían del trío humorístico “Pinto, Paredes y Angulo” los comediantes Bruce, Thompson y Guzmán.
Con “El Náufrago” alcanzando gran popularidad, Franco fue contratado por la producción del Festival de Viña del Mar para aparecer en su edición de 1996. Allí realizó una presentación que registró 19.9 puntos de rating, lo que le confirmó definitivamente como uno de los humoristas más queridos y consolidados de Chile.
No todo fue prosperidad, sin embargo: al igual que en su momento lo hizo Jorge Pedreros, el humorista proyectó intentos por revivir el género del espectáculo de revista en Chile, pero no resultó ser una experiencia con buenos resultados, infelizmente, sino más bien utópica.
Jorge Franco interpretando al "Náufrago", junto a la actriz y comediante Helvecia Viera, en "Motín a Bordo", de TVN.
FRANCO A “MORANDÉ CON COMPAÑÍA”
La popularidad de “El Náufrago” comprometió a Jorge a seguir explotando este personaje como su principal alter ego, pese a los muchos otros iconos que ya había inventado a esa altura de su vertiginosa carrera de más de 30 años. Sus poco exitosos intentos de restaurar la romántica antigua comedia revisteril sólo le convencieron de que aquella época había pasado, y así sus principales esfuerzos laborales comenzaron a orientarse a la televisión.
Con estos pergaminos, llegó el año 2003 a “Morandé con Compañía”, el llamado estelar del pueblo del canal Mega, conducido por Kike Morandé. El programa se había caracterizado por reponer en pantalla a los grandes representantes de la generación prodigiosa de la bohemia nacional, en la misma que él se había forjado. Allí, entonces, Franco insistió con “El Náufrago” pero dándole nuevos bríos al personaje y poniéndolo en libretos donde se jugaba a crear permanentes conflictos con el temperamento del conductor del programa. Su vasta experiencia en las tablas de Santiago le permitían una gran comunicación con el público, tanto en el estudio como en la audiencia televisiva.
En una acertada pero temeraria decisión, decidió darle un giro a “El Náufrago” y convertirlo -de un momento a otro- en un millonario, un “nuevo rico” que obtiene fastuosas sumas de dinero en un golpe de azar y que inmediatamente intenta adoptar formas de vida altaneras y derrochadoras. En este periodo, Franco también comenzó a desprenderse de la rigidez de los textos y a trabajar confiando en sus posibilidades de improvisación, conforme el desarrollo de las rutinas lo permitía. La broma leit motiv de Franco en cada “discusión” con Kike era enrostrarle la ostentosa posesión de un vehículo porsche por parte de éste. Según él, esa clase de vehículos se usaban en “Los Pininos” (el ficticio condominio donde residía) para “los repartidores de pizzas”. A su vez, éste le respondía con alusiones a su peluquín blanco y con mofas por haber tenido que demoler el segundo piso de su residencia por conflictos con la llamada "Ley del Mono".
Como el contexto histórico había comenzado ya a verse envenenado por la falta de seguridad laboral, el desencanto con los políticos y la desconfianza en el sistema público, Franco pudo volver a dar flote a su histórica rutina del ciudadano lleno de papeles que era abusado por un burócrata, representado este último por el propio Kike Morandé, alias “El Burrócrata”, quien siempre insistía en pedirle un certificado de defunción como en la rutina original.
Entre las actualizaciones que acertadamente incorporaron a la nueva versión del pobre tipo tramitado por el funcionario, estaba la discriminación de la que era objeto permanentemente, cuando el infame “Burrócrata” daba generosa preferencia a sus amigos o a personajes conocidos de la TV y de la política que también se presentaban a realizar los mismos trámites, invitados a participar del sketch. Uno de ellos fue el ex ministro Patricio Tombolini, quien accedió a ser parte del libreto precisamente en momentos en que había sido complicado en un controvertido caso de corrupción política. Los diálogos entre Franco y Tombolini durante el show, incluso con algunos momentos de tensión, también llegaron a ser antológicos.
Franco se integró también como otro de los alumnos de la “Escuelita”, una rutina donde él, Thompson, Vilches, Azúa y otros hacían papeles de problemáticos alumnos de un curso al mando de una malhumorada profesora interpretada por Patty Cofré.
Jorge Franco junto a dos de las vedettes que actuaban en el electo del video de comedia pícara "Flor de Hotel".
LAS ÚLTIMAS RISAS
En noviembre de 2005, con su carrera consolidada en “Morandé con Compañía”, Jorge Franco comienza a sufrir de manera súbita e inesperada graves malestares que, según estaba lamentablemente escrito en el libro del destino, serían causa del mismo mal que le llevaría a la muerte tras casi cuarenta prodigiosos años de servicio a favor de la cultura humorística nacional. Cuarenta años cargando en su propio ser, además, una de las más importantes rebanadas de recuerdos de la vieja y adorada bohemia santiaguina, hoy casi legendaria.
De un día a otro, fue afectado por los síntomas de un problema hepático que puso a todos sus familiares, amigos y colegas en alerta. Al llegar de urgencia al Hospital Clínico de la Universidad de Chile, se le descubrió un cáncer al hígado muy avanzado, tanto así que le hizo caer en coma a los pocos días y por más de un mes. Franco consiguió salir de su estado crítico de una forma que se declaró entonces “milagrosa”, pero permaneció con complicaciones durante todo el año 2006. Como su personaje “El Cartero” lo hacía al final del video de 1989, logró arrancarle una prórroga de vida al acoso de la muerte.
Pese a su delicada situación, Franco se reincorporó al programa “Morandé con Compañía”, permitiendo que se burlaran incluso de la delgadez que le dejó la convalecencia (y que le hizo merecedor del apodo de “El Ánima”) y del tenor un tanto ahogado que le dejaron permanentemente a su característica voz las intubaciones durante su hospitalización. La producción se encargó de intentar aliviar el oneroso costo de haber salvado la vida del humorista y continuar sus tratamientos, a través de convenios especiales con el Hospital Clínico. Con dignidad y decencia proverbiales, el gran humorista jamás se echó a morir ni explotó su enfermedad para generar sobre sí algo distinto de la risa y de la alegría que siempre fueron los frutos de su obra.
Las señales de recuperación de Franco fueron celebradas por su público y por todo el ambiente artístico. Aparecía con Thompson, otro infortunado de la salud, en la sección de “La Escuelita”. Muchos creyeron o quisieron creer que lo peor había pasado y que el humorista que tantas simpatías despertaba en la gente sería capaz de salir adelante, a pesar del gran fragmento de hígado enfermo que había debido removérsele. Pero el destino, de apariencia tan cruel, otra vez había decidido contratar buenos humoristas, los de calidad, para alegrarle la vida a los ángeles. Poco antes se había llevado a Carlos Helo… Poco después, haría lo propio con Thompson.
EL ADIÓS DE UN GRANDE
El cáncer persistió y, en enero de 2007, Jorge Franco sufrió una nueva y peor crisis hepática, justo en momentos en que planificaba un proyecto humorístico común con su colega Juan Carlos “Palta” Meléndez.
El 26 de febrero de 2007, entonces, Chile perdía a uno de sus más valiosos símbolos del humor popular de la tristemente desaparecida generación de la bohemia espectacular, de la nictófila comedia santiaguina. Tenía 60 años de edad.
Sus restos fueron velados en la Capilla de Nuestra Señora del Pilar, siendo trasladados hasta su última morada en el Cementerio Parque El Prado, en La Florida. En el cortejo se encontraban sus colegas y alumnos de oficio y de vida: Dino Gordillo, "Palta" Meléndez, Charola Pizarro, Óscar Gangas, Chicho Azúa, Patty Cofré y Tatiana Merino, entre muchos otros. A pesar de que su deceso se produjo en un momento en que muchos santiaguinos se hallaban fuera de la ciudad por la temporada de vacaciones, de todos modos su velorio y su cortejo fueron acompañados por cientos de personas que lo ovacionaron en su partida, en la única de sus presentaciones que resultara triste. Cascadas de pétalos de rosas le llovieron en su paso por entre los trabajadores de la pérgola de La Florida.
Al llegar al cementerio, uno de los asistentes gritó emocionado: “¡Háganos reír en el cielo, don Jorge!”. Su ataúd descendió al silencio de la tierra donde sembrara tantas semillas de alegría, al son de la canción “Si tú no estás aquí”.
Terminaba, así, la última rutina del maestro.
El vacío que dejó Franco en los medios nacionales quizás sea definitivo. La vieja escuela representada por personajes como Bruce, Vilches o Patty Cofré está consagrada sólo a ellos, a sus recuerdos, a sus memorias, al largo e histórico camino con que construyeron su senda profesional. La virtud de esas academias de humor en la tabla y en el camarín de la revista ya no existen para las generaciones nuevas de comediantes, muchos de ellos facilistas, con mayor apego a lo explícito, al mal gusto de la grosería gratuita, de lo obviamente soez y sin el ingenio creativo de figuras como Franco y sus colegas.
El Rey de la Comedia partió dejando, sin embargo, su escuela para ser estudiada, valorada y –ojalá- imitada; tomada como ejemplo e inspiración, antes de que el arte del humor llegue a perder su función esencial de hacer reír.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Infinitas gracias por este blog del recuerdo, de nuestra era dorada del vodevil Chileno.

Verdaderos MAESTROS del humor,nunca jamás igualados, los que dejaron huella y fueron el referente de muchos nuevos humoristas Chilenos.

Un blog, se nota, hecho con cariño.

Nuevamente, muy agradecido y mis totales felicitaciones.

Atte, Christian Alvarez C.

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