miércoles, 10 de septiembre de 2008

TRES DÍAS 11 DE SEPTIEMBRE EN LA HISTORIA DE SANTIAGO

…1541
Como vimos en otro posteo, el nombre de la ciudad capital de Chile, evocando al Apóstol Santiago, según la leyenda acogida por cronistas como Mariño de Lobera, habría nacido de su intervención divina contra las huestes indígenas que arrinconaron a los conquistadores tras su paso desde el valle del Aconcagua a la cuenca del Mapocho.
La verdad es que poco duró la providencia para los hispanos, una vez que llegaron al valle del Mapocho, porque la recién fundada aldea de Santiago del Nuevo Extremo estaba próxima a ser arrasada por las fuerzas del cacique Michimalongo (o Michimalonko), abandonada ya por la protección del Apóstol, sólo unos meses después de ser levantada.
Demás está decir que la ciudad de entonces era muy distinta a la de hoy: la mitad era de residencias (de chozas a solares, mejor dicho) y la otra era un campamento militar. Muchas de las tiendas de los soldados habían sido levantadas por el cerro Santa Lucía, que era entonces un peñón estéril y rocoso sobre el cual se habría fundado la ciudad en febrero, según dice la tradición y las representaciones artísticas más que la historia.
El día 7 de marzo, don Pedro de Valdivia organizó el primer Cabildo de Santiago, nombrándose en él dos alcaldes y seis regidores. Con algunas intrigas y maniobras, consiguió ser designado Gobernador en junio siguiente.
En tanto, los indígenas de los valles cercanos habían hecho demostraciones de paz para con los españoles durante el Parlamento del Cerro San Cristóbal, al que llamó Valdivia, llegando incluso a participar de la construcción de las primeras casas, según las cartas que escribe el conquistador. Sin embargo, el desalojo de algunos de ellos desde las zonas ocupadas por el incipiente poblado y las sensaciones de abuso no tardaron en poner en alzamiento a los habitantes de las comarcas, comenzando una sublevación en los lavaderos del Marga Marga, azuzados por el sagaz caudillo Michimalongo.
En una riesgosa decisión, Valdivia decidió enfrentar los alzamientos a pesar de que estaba virtualmente rodeado por todos sus costados. Con tal propósito, partió hacia el Sur con 90 de sus hombres, atacando primero a los indios del Cachapoal. Los caciques locales fueron detenidos en forma preventiva, permaneciendo en la propia casa de Valdivia. Entre ellos estaba el curaca Quilacanta.
Craso error, fue aquella decisión: la furia del Michimalongo se dejó caer con ocho mil hombres sobre el poblado del valle del Mapocho, el día domingo 11 de septiembre de 1541, justo durante la ausencia del Gobernador.
Y sí: éste fue el primer 11 de septiembre de Chile.
Los españoles, cuya resistencia era de sólo 50 hombres dirigidos y asistidos en sus heridas por doña Inés Suárez, la amante y compañera del conquistador, hicieron lo que pudieron para contener el ataque, pero los indígenas literalmente pasaron el arado por la ciudad, quemando todas las chozas, destruyendo los campamentos, saqueando los víveres y matando a los animales de los corrales.
Se dice que doña Inés supuso que el ataque podía ser para rescatar a los siete caciques detenidos, por lo que partió hasta las celdas y los mató uno a uno, arrojándole al enemigo las cabezas, aunque por razones que no tenemos claras escritores como Vicuña Mackenna consideraron, en algún momento (y si entendemos bien su obra), que esto estaba más cerca de la leyenda negra. Como sea, la embestida final de la fuerza de caballería y doña Inés decapitando a los jefes prisioneros y tirando sus cabezas a los pies de las fuerzas indígenas, habrían detenido, aunque cuando el ensañamiento ya había sido total.
Inés de Suárez decapita a los caciques prisioneros durante el ataque a Santiago (dibujo de Enrique C. Eberhardt).
El investigador histórico y escritor René León Echaiz, basándose en las crónicas de Gerónimo de Vivar, concluye en que los grupos de indígenas que se alzaron aquel 11 de septiembre, fueron los siguientes:
  • Los del Aconcagua, directamente dirigidos por Michimalongo.
  • Los del Maipo, dirigidos por Millacura, el mismo cacique que había aconsejado a Valdivia fundar Santiago en el valle del Mapocho.
  • Los del Pico o “Picones” del sector de Melipilla.
  • Los del Valle del Mapocho, dirigidos por el cacique Huelen-Huara o Huelen-Huala, mismo habitante del cerro Huelén-Santa Lucía.
  • Otros indígenas del caserío del valle, que no pudieron ser identificados.
Aunque sólo dos españoles murieron en la lid de tantas horas, los heridos se contaron por montones. 23 caballos se perdieron en la revuelta, y apenas sobrevivieron en los corrales un cerdo y una pareja de pollos, con los cuales se logró reproducir y recuperar la cría de aves. Los españoles realmente creyeron que fue la intervención de la voluntad de Santiago Apóstol, Santo Patrono de la ciudad, la que salvó a la naciente urbe de la ferocidad de los indígenas, al retirarse estos pese a su superioridad. Una leyenda sobre su aparición blandiendo espada sobre un caballo blanco, sería acogida por cronistas posteriores.
El primer foco de levantamiento indígena había terminado, mas la rebeldía y la resistencia permanente al español, recién había comenzado.
Al regresar y ver el dantesco escenario, Valdivia ordenó reconstruir la ciudad y erigió con ayuda de los indios leales a su gobernación la primera iglesia de Santiago del Nuevo Extremo. Gastaron todo el verano siguiente trabajando en levantar nuevamente el poblado. Tiempo después, Michimalongo se alió también a los españoles, pero volvió a darles la espalda, siendo ejecutado en el Sur.
La destrucción de Santiago, aquel 11 de septiembre, dejó sembrada una curiosa semilla de recurrencia histórica que se repetirá a lo largo de los siglos en Chile, “internacionalizándose”, más tarde.
Allende y su guardia armada en La Moneda, el día del alzamiento militar.
…1973
La mañana del 11 de septiembre de 1973, la ciudad supo finalizado “de golpe” el proyecto del Presidente Salvador Allende y la aspiración de la Unidad Popular de conducir en el país un proceso social revolucionario, la proclamada “vía chilena al socialismo, con sabor a empanadas y a vino tinto”. Llantos para unos y festejos para otros, como siempre... Como hasta hoy.
Por curiosa ironía, ese mismo siglo, en 1924, el 11 de septiembre también había sido una fecha señalada en el calendario por un golpe militar, precipitando fin a la República Parlamentaria. Ecos de causa y de recurrencia de aquel primer 11 que ya describimos, quizás.
Tras los mil días del Gobierno del Presidente Allende y de conflictos con una oposición mayoritaria en el Congreso y en la distribución de los poderes de la política partidista, el país había caído en la peor polarización social, como aquella que no se veía quizás desde la Guerra Civil de 1891. Opositores y gobiernistas habían perdido las riendas de sus propios grupos, comenzado los enfrentamientos violentos, los atentados y los crímenes políticos desatados.
Por ambos lados, además, los dos ejes internacionales de poder de la Guerra Fría intervenían directamente en la crisis, empeorándola y precipitando los hechos. El Gobierno no consiguió apoyo popular en las elecciones: del 36,3% obtenido en las presidenciales de 1970, subió a 49% en las municipales de 1971, pero cayó al 43,3% en las parlamentarias de principios de 1973, contra el 55% de la opositora Confederación de la Democracia. Nunca pudo salir del estigma que representaba la mayoría relativa para su legitimidad, entonces, algo fatal para la clase de cambios profundos que había impulsado.
Desde el punto de vista de la oposición, dominaba ya la destrucción de la economía, el caos por los abusos y la pérdida de control en la aplicación de la reforma agraria en los campos y la decisión de algunos de los propios personeros de la Unidad Popular de optar por la vía de la confrontación social para consolidar el socialismo en Chile, desautorizando la buena voluntad que intentaba expresar el Presidente y la pretensión de la “vía chilena” pacífica y democrática. Paralizan camioneros y mineros. Mujeres de clase media y alta salen en masa a la calle a protestar haciendo debutar los “cacerolazos”, aunque duramente reprimidas en más de una ocasión. Agentes de grupos izquierdistas extranjeros en Chile, además, cometen asaltos y atentados, participando en hechos de sangre. En las industrias intervenidas por el Gobierno cae la producción, estancándose en la ineficiencia y la ineptitud administrativa total, desconectada por completo de las demandas del mercado.
Desde el punto e vista del oficialismo, la derecha clamaba a gritos un golpe, porque entendían que la izquierda exigía una inmediata revolución. Del clamor al acto violento, sólo un paso. Sus expresiones e inclinaciones golpistas estaban manifiestas desde antes aún de asumir Allende, abriéndose a la cooperación norteamericana en su decisión irrenunciable de poner fin al Gobierno de la Unidad Popular y echando mano también a recursos de terrorismo para tratar de precipitar la situación.
El Palacio de la Moneda, rodeado por las fuerzas golpistas.
Todo marcha hacia la crisis... El ex ministro de Frei Montalva, don Edmundo Pérez Zújovic, había sido asesinado en 1971 por dos criminales indultados por el propio Presidente Allende, en otro de los infaustos sucesos que condenarían el destino del proyecto popular y la ruptura del "juego limpio" con la Democracia Cristiana. Los del otro lado de la línea de batalla, disparan a muerte contra el Edecán Presidencial, Comandante Arturo Araya Peeters, en 1973.
El aire ionizado huele ya a guerra civil. Y Allende intuye lo que sucede: se ha comentado alguna vez que, en sus últimos meses, había comenzado a estudiar con detención el caso del Presidente Balmaceda y su famosa declaración póstuma, quizás conciente de estar atrapado en ese mismo ciclo histórico chileno del que fuera víctima aquel mandatario, y que se traducía en la crisis de gobernabilidad y choques con fuerzas de sublevación cada 40 años casi exactos.
En tanto, el mercado negro controlaba la mayor parte del comercio real y el desabastecimiento reinaba en las ciudades, a veces dirigido por los propios miembros de las Juntas de Abastecimientos y Precios designadas por el Gobierno, por un lado, y por el otro por inescrupulosos comerciantes opositores que retenían la mercadería para aumentar el desabastecimiento y la ira contra el régimen. La impresión de billetes sin respaldo condujo a la inflación descontrolada y al empeoramiento de todo.
El descontento creció como un incendio y el cuestionamiento a la legitimidad del gobierno fue hábilmente explotado por los enemigos de Allende, para arrastrar la situación hacia el punto final de quiebre, que ya parecía inminente y como única salida de la crisis. El 29 de junio del último año de la UP, había tenido lugar el “tanquetazo” que, más que un intento de golpe, fue una advertencia de lo que se vendría una semana antes de las Fiestas Patrias… La advertencia del próximo “11” en camino.
Ése era clima del día 11 de septiembre de 1973, que todos los santiaguinos esperaban enfrentar una vez más, al oír el sonido del despertador esa mañana de martes.
Pero algo más había estado sucediendo por debajo, lejos de la sulfurada atención pública. Poco antes y en una medida desesperada, Allende había incluido altos jefes militares en su Gabinete. Esto sólo aceleró los hechos, pues las ramas castrenses ya habían comenzado a discutir la idea de deponer al régimen socialista. La renuncia a la jefatura del Ejército por parte del General Carlos Prats, en agosto, selló así el futuro de la “vía chilena al socialismo” y las aguas de la sublevación militar ya estaban listas para el alba de aquel día.
Los admiradores y descendientes de Allende han propuesto que el mandatario se preparaba para anunciar un plebiscito específico para definir la continuidad del Gobierno, pero esto es algo dudoso dado lo adversas que le resultaron las parlamentarias de marzo y también por haber dejado pasar oportunidades estratégicamente propicias para hacer tal anuncio, como fue la sofocación del "tanquetazo". Cierto anuncio sugiriendo por él esta posibilidad es anterior a las mencionadas elecciones, de principios de 1973.
A mayor abundamiento, aún si se hubiese realizado la mencionada consulta, que bien podría haber evitado todo el desastre posterior, los últimos pasos de Allende en La Moneda parecen dirigidos enteramente a la idea sincera pero ilusa de contener un conflicto social hasta conseguir el fortalecimiento en el poder por la vía de la negociación con los partidos opositores, aunque en los hechos el mando presidencial ya era bombardeado sin piedad y desde todos sus costados por sus enemigos políticos.
Cabe recordar que, sólo unas semanas antes, el Congreso Nacional había aprobado un Acuerdo de la Cámara de Diputados donde se acusaba un comportamiento inconstitucional del Gobierno, algo que era sostenido también por la Contraloría tras el rechazo del Ejecutivo a promulgar las reformas económicas aprobadas por el Legislativo para la Constitución Política.
Era claro y evidente el propósito de estas decisiones: exponer las justificaciones al eventual derrocamiento del gobierno.
Efectos del bombardeo de La Moneda.
Entonces, el dirigente socialista Carlos Altamirano, uno de los personajes más nefastos de la historia  contemporánea de Chile, culpable directo de haber empujado la grave situación en tan sensibles momentos hacia el enfrentamiento que él predicaba como “necesario y fundamental” (y quien ya tenía a esas alturas un plan de escape listo en caso de alzamientos militares, que efectivamente ejecutó), cometió el desatino de intentar infiltrar a la Armada tras una reunión secreta realizada con los marinos a principios de septiembre, haciéndose acompañar de otros dirigentes de izquierda a los que convenció de participar de semejante dislate.
Como era esperable, la Armada pidió el desafuero de Altamirano, para entonces Senador de la República, petición que alcanzó a ser acogida por la Corte Suprema casi en la víspera del golpe. Para muchos, esta imprudencia escandalosa fue la chispa final que convenció a los golpistas de dar marcha a los planes para el martes 11. Para otros, sólo sirvió de excusa final que necesitaban los cuarteles para derrocar a Allende.  Como sea, la decisión del levantamiento militar se tomó por los miembros de la Junta que asumiría el poder, integrada por el General en Jefe de Ejército Augusto Pinochet Ugarte, el Capitán General de la Armada José Toribio Merino, el General en Jefe de la Aviación Gustavo Leigh Guzmán y el General de Carabineros César Mendoza Durán, que en el acto asumió la jefatura de su institución.
Aquella noche del día 11, se escucharon movimientos de camiones y vehículos pesados por las calles, perturbando el sueño de algunos en horas de la madrugada. La Intendencia de Valparaíso los notó y dio aviso a Santiago. Allende se presentó en La Moneda muy temprano, cerca de las 7:00 de la mañana. Exactamente a las 8:42, las radios Minería y Agricultura comienzan a informar sobre el alzamiento y se exige a Allende entregarle el poder a la recién formada Junta Militar. El alzamiento ha comenzado.
Las cadenas y cordones de guerrilla que habían intentado armarse precisamente para contener una asonada como ésta, no alcanzaron a reaccionar conforme se había planeado para una emergencia y todos los focos de resistencia terminaron siendo aplastados casi de inmediato, en algunos casos tras enfrentamientos. No pocos se dedicaron a armar maletas rápidamente y correr a refugiarse, dejando atrás las armas para las que habían jurado servir en favor de los trabajadores que alentaron a hacerse parte de esta etapa feroz de los planes revolucionarios.
A las 9:45, llegan los tanques a colocarse en el entorno de La Moneda. Su guardia armada se encontraba allí, por lo que la Junta Militar le dio plazo a Allende hasta las 11:00 horas para entregarse y abandonar el edificio, o éste sería bombardeado y asaltado.
Comprendiendo que todo se había acabado, entonces, el Presidente da su famoso último discurso por la radio Magallanes, a las 10:15 horas, en el que diría con elocuencia:
"¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! , ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".
Tazas de recuerdo en venta en un local de Estación Central, con las caras de los ex mandatarios Pinochet y Allende. Chile es un país dividido en dos polos. Lo ha sido siempre, de una forma u otra. Tres sucesos ocurridos en días 11 de septiembre, han dejado su huella.
Allende no se entrega, y ordena hacer salir a las mujeres. Ha decidido no rendirse a los militares ni pasar por la humillación de juicios y acusaciones que seguramente le harían. Como ochenta años antes lo hiciera Balmaceda, ha concluido en que prefiere la muerte.
A las 10:30, La Moneda comienza a ser atacada por los tanques. La respuesta de los francotiradores y guardias de Allende no logra repelerlos. A las 11:52, los aviones Hawker Hunter bombardean el palacio presidencial. Las columnas de fuego y humo se levantan sobre la ciudad.
Todo se acaba. Los militares entran al primer piso, Allende se ha suicidado disparándose en la barbilla, aparentemente con el mismo fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro, durante su controvertida visita a Chile, según se recuerda. Por décadas sus defensores harán correr una y otra vez el mito internacionalizado de que Allende fue asesinado por los golpistas, que sigue siendo acogido por propagandistas en desmedro de su heroísmo y férrea voluntad personal de no entregarse.
A partir de las 15:00 horas se declara el toque de queda en todo Chile. Santiago se convierte en una capital tomada; en un cuartel del tamaño de una ciudad. Siendo de los pocos civiles autorizados a transitar por las calles, los bomberos de las Compañías de la zona centro acuden a apagar el incendio de La Moneda y otros focos. A las 18:00, los miembros de la Junta se reúnen en la Escuela Militar, siendo aclamados como héroes por los presentes y también por varios medios de comunicación. Por cadena nacional, celebran el triunfo de la asonada.
Los partidarios del golpe, que seguramente eran la mayoría de la población (con el perdón de los revisionistas, pero es mi impresión), colocan banderas chilenas fuera de sus casas y festejan en el encierro lo sucedido. No fue sólo en barrios aristocráticos, como sostienen algunos ladinamente y en contra de lo que se ven en registros de imágenes que se conservan de aquellos días, aunque rara vez se difunden.
Y como también sucediera con los que dieron la espalda a Balmaceda, muchos de ellos saborearán el pan amargo del arrepentimiento, tiempo después... En tanto, otros, caerán en la desgracia aún peor, tras haber apostado toda su audacia al bando perdedor; o escaparán a refugiarse a embajadas de países extranjeros, sin más mochila que la frustración y el miedo. Chile ha colapsado.
Habían comenzado los 17 años del Régimen Militar en Chile, que aún generan pasiones de amor y odio.
…2001
Es el día 11 de septiembre del año 2001. Martes, tal como el de 1973.
Se han cumplido exactamente tres meses desde la ejecución por inyección letal del terrorista Timothy McVeigh, autor del sangriento atentado explosivo contra el Edificio Federal Alfred P. Murrah de Oklahoma City, en 1995, donde murieron unas 170 personas, muchas de ellas niños.
Con mi padre, quien me encuentra en el paradero y me lleva en su vehículo hasta mi lugar de trabajo en el centro de Santiago, llegamos de alguna manera al tema de la ejecución de McVeigh, mientras conversamos sobre nuestro propio 11 de septiembre y la proximidad de las protestas con quema de neumáticos que el lumpen realiza todas las noches de este día en el año, con la autorización implícita de la politiquería populachista tan ajena al verdadero sentido de recogimiento y reflexión de aquellas fechas.
Son cerca de las 9:00 de la mañana, un día despejado, típico de la transición entre el invierno y la primavera. Comentamos aún lo extraño del caso McVeigh: el terrorismo surgido de la desesperación y el deseo de venganza, creyendo con ello restaurar la justicia mundial.
Sin embargo, McVeigh no tenía malas razones para su ira, en este caso: el sangriento y brutal asesinato de la familia del activista blanco Randy Weaver en 1992, por parte de agentes del FBI, y el escandaloso asalto e incendio del cuartel davidiano de Waco, Texas, que cobró la vida de 75 personas al año siguiente, produjeron el cortocircuito final en la conciencia de McVeigh y su indignación contra el abuso del poder absoluto.
Un pronóstico sale allí, en la conversación: el terrorismo será la forma de guerra del futuro... La forma en que los débiles buscarán equiparar a los fuertes, contra los intocables, atacándolos por sorpresa, por la espalda, con sus propias armas secretas, con sus propios métodos arteros usados lejos de la vista oficial, pero con la crueldad y la falta absoluta de humanidad como recursos. Lo ejecutarán con el sentimiento moral y religioso de estarlo haciendo amparados en el derecho de la justicia; si no es esta justicia, empapados en la de los hombres, será una peor de autorización divina, esa donde todo está permitido.
Y, para más coincidencia, estamos de acuerdo en que Estados Unidos corre un riesgo enorme. Sus recientes intromisiones en Medio Oriente y en la ex Yugoslavia le pasarán la cuenta. No será grato. Nadie querrá ver lo que podría suceder... McVeigh fue su anticipo, sólo eso, y no lo peor para la Casa Blanca. No aún
McVeigh, acaso, fue la advertencia del “11” para los Estados Unidos, concluimos sin mencionarlo explícitamente, y nos despedimos esa mañana al momento de seguir caminos distintos. Cada cual para su trabajo.
¡Quién lo diría! Al llegar a mi lugar de labores, en el quinto piso de un edificio de calle Victoria Subercaseaux, al lado del cerro Santa Lucía, todos allí, jefes y empleados, están en la oficina principal reunidos en torno a un televisor. Miran cómo una precaria grabación de video muestra un avión comercial arrojándose sobre una de las Torres Gemelas de New York.
Es una imagen surrealista, sacada de una pesadilla o una distopía. Algo inimaginable, convertido en pura y cruel realidad... Qué escalofriante coincidencia.
Hacia las 8:45, el primer avión secuestrado fue arrojado contra en la Torre Norte del World Trade Center. A las 9:02, el segundo avión hace lo propio contra la Torre Sur, ante todas las cámaras que transmiten en vivo para el mundo. A las 9:37 es atacado de la misma manera el Pentágono, o al menos eso nos dicen entonces.
Los escalofríos se mezclan con la sensación de ser un simple e inútil espectador, incapaz de hacer algo, incapaz de ayudar, y condenado sólo a mirar y conmoverse.
Estados Unidos está bajo ataque, claramente: se ha cumplido la profecía maldita del nuevo terrorista, primera de muchas.
Aparecen más imágenes. Las veo miles de veces. Nadie trabaja, y la autorización para no hacerlo es tácita: todos miran bajo la hipnosis del dramatismo las escenas que recorren el mundo. A las 9:59, el mundo ve en directo cómo se derrumba la Torre Sur. Y a las 10:28, cae la Torre Norte... Todo en directo.
En la hora de colación, encuentro el mismo escenario en mi restaurante regalón de entonces, el “Cantábrico”, ahí a la salida de la Estación del Metro Universidad Católica. Todos comen mirando la atormentante secuencia. Apenas le apuntan con la cuchara a la boca abierta. Lo mismo sucede afuera, con muchedumbres detenidas frente a las ventanas donde hay televisores encendidos. El imperio “quiso ser Roma, pero sólo llegó a ser Cartago”, dirá después una editorial de la revista Ciudad de los Césares.
Las Torres Gemelas siendo atacadas en vivo, en los extras noticiosos chilenos.
Quién podría creer que un acontecimiento del otro hemisferio paralizó completamente a una ciudad del Tercer Mundo. No faltó el tonto histérico y megalómano que creyó que también la capital de esta republiqueta perdida en el mapa, podría estar corriendo el mismo peligro que New York.
Recibo una llamada ese mismo día, mientras miro y miro. La agencia de viajes que es nuestro cliente en la publicidad de turismo, pide parar la producción de unos avisos con viajes a los Estados Unidos para el verano. Al poco tiempo, menos de una semana, nos solicitarán sacar con edición photoshop la imagen de los desaparecidos edificios desde una postal panorámica de la ciudad de New York, para poder seguirla usando en sus ofertas de viajes... El mundo ha cambiado, pero incluso así debe seguir su curso.
No hay duda, entonces: hemos ha sufrido una trasformación definitiva este día. Y como siempre sucede, unos aplaudirán y otros llorarán los sucedido, pero todos sentirán el cambio, de una forma u otra.
En los hechos y en la conciencia colectiva, el 11 de septiembre, nuestro 11, primero de Santiago, y luego de Chile, volvió a ser desplazado a una instancia mayor, y esta vez quizás sea para siempre.
Ya no es el nuestro, sino del mundo.

1 comentario:

  1. buen articulo.

    eso si,le faltó agregar que una de las grandes razones del ataque de michimalonco a la joven santiago se debió al anterior ataque de valdivia en el valle del aconcagua en el cual michimalonco fue tomado prisionero y obligado a entregar a valdivia sus lavaderos de oro del marga-marga mas 1200 esclavos indigenas como prenda de pago.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Qué ver en una visita?

Aconcagua (9) Aeronautica (11) Africa (4) Alemania (4) Alto Hospicio (11) Angol (2) Animitas (66) Antartica (31) Antofagasta (19) Apuntes (6) Arabes (20) Arabesco (13) Araucania (5) Arauco (2) Archipielago Juan Fernandez (1) Arequipa (5) Argentina (29) Arica (39) Armas (22) Arqueologia (70) Arquitectura en hierro (21) Art Deco (33) Art Nouveau (17) Arte (166) Austria (1) Aysen (9) Bares-Restoranes (143) Barroco (49) Bauhaus (10) Belgas (1) Biobio (1) Bizantino (5) Bohemia (156) Boites (26) Bolivia (18) Bomberos (32) Brasil (3) Britanicos (33) Buenos Aires (3) Burdeles (24) Cachapoal (1) Cafes-Salones de Te (17) Cajon del Maipo (12) Calama (2) Caldera (4) California (1) Calles (75) Campo (102) Candilejas (52) Carreteras (52) Casonas (95) Cauquenes (1) Cementerios (56) Cerro San Cristobal (6) Cerro Santa Lucia (39) Cerros y montañas (35) Chile (1006) Chillan (5) Chiloe (7) Choapa (6) Ciencia (66) Cine-Teatro (43) Circo (16) Cites-Conventillos (16) Cocina (56) Cocteleria (57) Colchagua (1) Colombia (1) Coloniaje (139) Comercio (180) Comics (29) Compañias (90) Concepcion (7) Conmemoracion (125) Copiapo (21) Coquimbo (20) Criminologia (27) Croatas (5) Curico (1) Curiosidades (228) Delincuencia (58) Deporte (38) Desierto de Atacama (50) Diplomacia (22) Diseño (86) Edad Media (18) Edificios historicos (158) Edificios populares (61) Educacion (70) Egipto (2) El Maipo (2) El Maule (11) El Tamarugal (23) En prensa/medios (53) Errores (102) Esoterismo/Pagano (68) España (17) Estatuas-Monumentos (111) Etimologia-Toponimia (141) Eventos (49) Exposiciones-Museos (57) Fe popular (123) Flora y fauna (106) Folklore-Tradicion (200) Fontanas (36) Fotografia (22) Franceses (86) Francia (9) Frutillar (1) Gargolas-Grutescos (17) Gergiano y victoriano (24) Germanos (30) Gotico (17) Gringos (32) Guerra Chile contra Confederacion 1836 (10) Guerra Chile-Peru contra España 1865 (2) Guerra del Pacifico (75) Guerra Peru-Bolivia 1841 (1) Guerras antiguas (5) Guerras civiles y golpes (35) Hechos historicos (119) Heraldica (27) Heroes (80) Hispanidad (111) Holanda (1) Hoteles (31) Huasco (3) Huasos (57) Humor (57) I Guerra Mundial (2) Iglesias y templos (93) II Guerra Mundial (4) Imperio Romano (19) Independencia de America (42) Indigenas (93) Industria (68) Instituciones (160) Iquique (73) Isla de Pascua (1) Israel (1) Italia (32) Italicos (41) Jerusalen (1) Judios (10) Juegos (40) Junin (1) La Paz (1) La Serena (18) Lejano oriente (38) Lima (2) Limari (7) Linares (2) Literatura (114) Los Andes (2) Lugares desaparecidos (208) Madrid (1) Magallanes (34) Malleco (1) Marga Marga (1) Mejillones (4) Melipilla (1) Mendoza (2) Mercados (23) Mexico (1) Militar (87) Mineria (47) Misterios (101) Mitologia (148) Mitos urbanos (115) Modernismo-racionalismo (14) Mujeres (71) Musica (63) Navegacion (44) Negros (9) Neoclasico (142) Neocolonial (21) Neorrenacentismo (1) Niños (94) Ñuble (3) Obeliscos (15) Orientalismo (12) Ornamentacion (103) Ovalle (6) Palacios (23) Paleocristianismo (19) Palestina (1) Panama (1) Parinacota (1) Paris (1) Patagonia (21) Patrimonio perdido (117) Peñaflor (1) Periodistas (26) Personajes culturales (153) Personajes ficticios (51) Personajes historicos (169) Personajes populares (165) Peru (51) Pesca (16) Petorca (4) Pisagua (1) Playas (30) Plazas y parques (152) Polacos (1) Politica (51) Productos tipicos (78) Publicidad (59) Puentes (33) Puerto Montt (6) Punta Arenas (8) Quebrada de Tarapaca (12) Quillota (2) Radio-TV (50) Rancagua (3) Reliquias (137) Renacimiento (3) Reposteria/Confiteria (22) Rio Chili (1) Rio Mapocho (41) Rio Tevere (2) Roma (30) Rotos (87) Rusia (1) San Antonio (2) San Pedro de Atacama (2) Sanidad (49) Santiago (654) Semblanzas (128) Sicilia (1) Simbolos/Emblemas (66) Sociedad (142) Suiza (1) Suizos (1) Tacna (4) Talagante (8) Talca (3) Tarapaca (90) Tecnologia (82) Terrores y fantasmas (91) Tierra del Fuego (12) Tocopilla (2) Tragedias (187) Transportes/Estaciones (77) Tucuman (1) Tudor (27) UK (8) Uruguay (1) USA (19) Valle de Azapa (7) Valle de Elqui (13) Valparaiso (28) Vaticano (5) Venezuela (6) Viña del Mar (2) Websites recomendados (10)