viernes, 26 de septiembre de 2008

LA VENTANA SOLITARIA DE UN EDIFICIO PECADOR

Coordenadas: 33°26'9.82"S 70°38'57.01"W

Parece inconcebible, pero en pleno centro de Santiago hay un edificio con una sola ventana en los seis o siete pisos que se levantan sobre sus dos primeras plantas… Como suena: una solitaria ventana, aunque no todos se detienen a observar esta rareza.
En realidad, ni siquiera es una ventana, sino más bien una ventanilla pequeña, casi como escotilla; la única que se ve sobre su zócalo. Durante la primera mitad del siglo XX, se le llamó por eso "El edificio sin ventanas", por la misma razón. Es más conocido como el Edificio Capri.
Se le observa con el aspecto y colorido que actualmente tiene, más o menos desde principios de los años ochentas, más exactamente en Santo Domingo 836, entre las calles 21 de Mayo y San Antonio, tan cerca de la Plaza de Armas y del Barrio Mapocho, frente a una feria artesanal y como remanente de lo que alguna vez fue el Gran Hotel Capri (me parece que de los dueños de la taberna del mismo nombre, no estoy seguro) que en los años cuarenta dominaba todo este sector de la cuadra hasta calle Monjitas.

Su colorida fachada de simples líneas entrecruzadas fue repintada hace poco, según me informan en la administración. Me parece haber visto al recordado locutor Sergio Silva Acuña, hablando alguna vez por televisión de esta curiosidad arquitectónica, que parece sacada del set de una película futurista.
El Edificio Capri se emplaza sobre la construcción de un teatro y cine anterior, llamado originalmente Sala Montecarlo e inaugurado hacia fines de la década de los cincuenta. Dicha sala tenía características de cine familiar, con más de 809 butacas y gran elegancia: aún se conservan parte de su ornamento, que incluía pisos de madera fina, hall de entrada, alfombras gruesas, escalas reales con pasamanos, molduras, cortinas y detalles de bronce.
Pero sucedió, entonces, que una norma urbanística exigía a los edificios del sector tener una altura mínima para mantener la línea superior acorde con los demás edificios de la manzana, razón por la que debió ser levantado con esta curiosa apariencia de falsa alzada.
Este dato nos fue gentilmente confirmado por uno de nuestros lectores, don Alan Bruna, quien -además de ser un infatigable estudioso de la época bohemia y revisteril santiaguina- señala como fuente un artículo del diario "Las Últimas Noticias" de julio de 1959.
El nombre actual del edificio y de su galería en el primer piso, se debe a que, tras haber albergado al Montecarlo, pasó a ser sede del otrora reputado Cine Capri. Se accede a las salas hacia el centro del pasaje comercial, por el hall. La información manejada por los vecinos sugiere que esta galería fue construida en sociedad con los primeros locatarios que tuvo al momento de ser inaugurada.
Según tenemos entendido, la solitaria ventanilla que asoma hacia el lado norte de esta extraña figura, es el respiradero que conecta a la sala de proyección. Los característicos colores y dibujos de la fachada fueron confeccionados hace unos treinta años, cuando se quiso aprovechar tan curioso frontis para lucir algún diseño más sugerente que el del concreto casi desnudo.
Por escrúpulos, no he podido averiguar más sobre esto ni sobre el aspecto interior de este edificio, aunque una señora atendiendo la boletería tuvo la gentileza de ponerme al día con los últimos trabajos de la fachada, cuando le consulté al respecto.
Puede que no sea la maravilla histórica y elegante del “Cinema Paradiso” de Giuseppe Tornatore, pero sin duda el Edificio Capri ha de ser una extrañeza en esta ciudad. Desgraciadamente, el “Nuevo Cine Capri”, que ahora ocupa las salas, dejó atrás hace muchos años a los estrenos del séptimo arte, convirtiéndose en nuestros días en una vulgar proyectora de películas baratas y viejas del cine pornográfico, además de constituir un centro de mariconeo frenético, por donde es mejor pasar caminando con el poto para el lado de la muralla.
Insólito edificio… Pero prefiero mirarlo desde afuera, gracias.

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