lunes, 18 de agosto de 2008

FEDERICO ALBERT TAUPP: UN VIAJERO QUE LLEGÓ A REVOLUCIONAR LA CONSERVACIÓN Y EL NATURALISMO CHILENSIS

Coordenadas: 33°26'30.84"S 70°40'54.37"W
Aunque las colecciones encargadas a instituciones y la conservación científica ya existían desde antaño en Chile, incluso entre particulares y algunas órdenes religiosas, no fue sino hasta el arribo del insigne naturalista francés Claude Gay que la museología, propiamente dicha, se instaló en el país, al fundar el Museo Nacional de Historia Natural en septiembre de 1830, cambiándose después desde dependencias de calle Catedral con Bandera hasta la Quinta Normal de Santiago, en 1876. Y el año 1889, ya en el Gobierno de José Manuel Balmaceda, se inicia la clasificación general de las colecciones de acuerdo a temas científicos concretos (botánica, zoología, arqueología y paleontología). Esto significó ampliar la cantidad de sus funcionarios y establecer un personal de planta estable.
Coincidió, entonces, que llegaba a Chile por ese mismo año un prodigioso naturalista alemán con título de bachiller en Botánica: don Federico Albert Taupp (o Faupp, según la transcripción de este apellido). Venía tras haber obtenido su doctorado en Ciencias Naturales y haber trabajado en el Jardín Botánico de Berlín. El propio Presidente Balmaceda, siempre preocupado del crecimiento cultural y científico de la sociedad chilena, había solicitado a su ministro representante Domingo Gana, ubicar a Albert en Berlín y convencerle de participar en el cuerpo docente del Instituto Pedagógico de Santiago.
Con poco más de treinta años, las credenciales del naturalista ya eran enormes. Había nacido el 8 de noviembre de 1867 en Berlín, en una conocida familia de músicos profesionales. Había trabajado realizado sus primeros estudios en el Real Gimnasio de Dorotea, donde se especializó en la Historia Natural, la Física y las Matemáticas. Con sus esfuerzos y capacidades, logró el grado de doctor en Ciencias Naturales con sólo 20 años de vida, y ocupaba un cargo directivo no menor en el mencionado Jardín Botánico de Berlín al momento de ser llamado para venir Santiago de Chile.
No bien llegó a la capital chilena, Albert se dedicó de inmediato a la exploración y la recolección, decidida e incansablemente, trabajando para el Museo de Historia Natural  con el también sabio germano Rodulfo Amando Philippi. Se sintió fascinado con la cantidad de riquezas biológicas y otros tesoros que le aparecían en este país, del cual quedó prendido y comprometido para siempre. La rápida publicación de su trabajo "Aves Chilenas" lo confirma.
En una de sus más celebradas gestiones, ese mismo año de 1889 consiguió los huesos de una ballena varada en Valparaíso para que le fueran entregados a su colega y compatriota Philippi, a la sazón Director del Museo de Historia Natural, cargo que después ostentaría también su hijo Federico. Albert Taupp viajó personalmente para traer los huesos por ferrocarril y por carretas, armándolos luego en la sala principal del recito. La empresa costó 1.500 pesos de la época.
Hasta hoy, la reconstrucción ósea de la ballena, bautizada hace no muchos años como Greta (en homenaje a la investigadora y ex directora del museo, Grete Mostny), representa la pieza más característica del museo y es casi una emblema de la museología nacional, su principal símbolo, al punto de que el palacio que lo alberga es conocido como "La Casa de la Ballena".
El naturalista alemán demostró ser un hombre de acción notable. Sólo el invierno lo detenía en sus trabajos en tierra, pero se dedicaba en tanto a completar sus investigaciones y sus vastísimos conocimientos científicos. Al comenzar el año de 1900, se preparaba para recorrer ahora la costa entre Valparaíso y Pichidangui, donde tomó muestras de las plantas y peces de la zona. Apenas regresó a Santiago, partió de viaje otra vez, con Philippi, en una exploración de Concepción a Curanilahue. En el verano del año siguiente, marginándose de los conflictos políticos que estaban estallando, realizó una nueva aventura por las Sierras de Bellavista, al interior de San Fernando, esfuerzo en el que recolectó más de 1.200 nuevos fósiles para el museo (la mayor de sus colecciones paleontológicas hasta ese momento), incluyendo el primero de un ictiosaurio hallado por estas latitudes.
Por entonces, contrajo matrimonio con una dama alemana de apellido Schneider y tuvo dos hijos: Tusnelda y Tólita. Éste último llegó a ser un famoso artista escultórico.
Su prestigio crecía exponencialmente con cada uno de sus logros, haciéndole figura pública y reconociéndosele como experto. Cuando poco después fueron encontrados los restos fósiles de un mastodonte de Catapilco, precisamente él fue quien recibió el encargo de rescatarlo, nuevamente. Infatigable, entre 1892 y 1898 había recorrido Chiloé, la zona del lago Llanquihue, islas Juan Fernández, Coquimbo y las cuencas interiores de los ríos Elqui y Limarí. Por la capital también hizo exploraciones en varias cordilleras de Santiago. Todos los conocimientos reunidos los trascribió en su "Guía del Museo Nacional".
Como se ve, Albert fue, además de un notable naturalista, un enamorado de nuestro país dedicado por entero a su protección, introduciendo por primera vez en Chile los conceptos de preservación de flora y fauna, de modo que su cambio en nuestra cultura y nuestra mentalidad es fundamental.
En 1898 reveló los resultados sobre su estudio de la langosta de Juan Fernández, tras dos viajes al archipiélago, titulado "La Langosta de Juan Fernández y la Facilidad de su Propagación en la costa" donde alertó sobre la necesidad de proteger el recurso. Con este logro, el Ministerio de Industria quiso tenerlo entre sus filas y se solicitó trasladarlo desde el museo hasta la Secretaría de Estado, en la Dirección de Estudios de Zoología y Botánica, mientras preparaba la publicación de sus estudios en el Norte Chico.
Con esta decisión pudo dar rienda suelta a su carácter de acción y a su mentalidad tan emprendedora como científica. Fundó de paso la Sección de Ensayos Zoológicos y Botánicos del Ministerio de Industria. Cada uno de sus proyectos siguientes estuvieron respaldados por una exploración, un estudio y la publicación de este mismo trabajo.
Hacia el cambio de siglo, exploró intensamente las costas y valles entre Colchagua y Talca, descubriendo el nocivo avance de las dunas y de la pesca con empleo de explosivos. Esta impresión fue fundamental para concebir un plan que frenara el fenómeno erosivo, escogiendo el lugar de pruebas en Chanco, en la Provincia de Cauquenes, poblado que estaba siendo casi sepultado por el avance de una enorme pared de dunas. Albert visitó la zona en 1900 y, tras un año haciendo planes y cálculos, regresó con un proyecto de plantaciones forestales y de viveros que permitieron repoblar zonas erosionadas y otras que habían sido arrasadas por el fuego, entre el pueblo y la línea de costa. La experiencia, realizada en colaboración de los lugareños fue un éxito rotundo, que logró detener el avance de las dunas. Dicho sitio de plantaciones corresponde a la hoy Reserva Nacional Federico Albert, con su nombre, y está en manos de la Conaf.
Su extraordinario trabajo permitió crear las primeras reservas forestales de este tipo, plasmando parte de la aventura y conclusiones en su "Las plantas leñosas de Chile" de 1906.
Escritor apasionado, también había publicado en 1901 "Los bosques en el país" y "Estudios sobre la Chinchilla". Y siempre visionario, en 1903 instaló una piscicultura en río Blanco, cerca de Los Andes, sentando su criadero con cerca de 400 mil ovas que trajo con grandes dificultades desde Alemania, constituyéndose en el pionero de la salmonicultura nacional. La piscicultura, así, nació en Chile de la mano del mismo personaje que revolucionó los conceptos de ecología y conservacionismo por estas tierras.
Confirmado el éxito de la piscicultura y la aclimatación de peces introducidos, se abrieron nuevos criaderos de salmones y pejerreyes en La Dehesa, Lautaro y Aysén. Con esta experiencia, publicó "El problema pesquero" en 1913. Para 1916 ya existían 18 lugares de este tipo levantados por él en distintos puntos de Chile.
Albert presentó varios proyectos de regulación de la pesca, la caza y la tala, impulsando la creación de una inspección para estos asuntos. En 1906 había dirigido también una misión forestal integrada por estudiosos americanos. Tras ver con ellos el dantesco cuadro de destrucción y tala indiscriminada en el Sur de Chile, creó conciencia sobre la explotación de los bosques australes, permitiendo condiciones para su protección legal. Impulsó la creación de los parques nacionales de Villarrica, Alto Bíobío y Llanquihue, e inició la reforestación de algunas zonas de los cerros de Santiago, como el cerro San Cristóbal y Conchalí, en 1907. Su idea era hacer un cinturón verde en el entorno a la ciudad, pero debió abandonar este último plan por falta de apoyo y financiamiento, siendo retomado por otros muchos años más tarde.
Plenamente convencido de la efectividad del procedimiento para detener las dunas que había probado en Chanco, también dirigió el exitoso control del avance de arenas en Cartagena y San Antonio, ayudado por los propios obreros y lugareños de la zona, entre 1906 y 1907. Volvió a hacer lo mismo en Llico y Magallanes, y luego en San Pedro de Atacama con cultivos de tamarugo. De paso por Llico y Constitución, presentó un informe donde revelaba que en cada temporada de verano se perdían más de $30.000 en terrenos cultivables, y eso estaba señalando la ruina de los agricultores.
Albert escribió una vasta literatura al respecto, en unos 130 libros y artículos fomentando el amor y la responsabilidad por el territorio natural, no sólo a nivel científico, sino también hacia el hombre común.  Con tales antecedentes de sacrificios altruistas por este país en su notable currículo, el Gobierno no pudo hacer menos que otorgarle las cartas de nacionalidad por gracia, en 1910.
Monolito de homenaje a la memoria de Federico Albert Taupp, en Parque Bustamante de Santiago, cerca de calle Rancagua. Existe otro monumento en su recuerdo en la localidad de Chanco, como agradecimiento a la detención del avance de las dunas y la creación de la reserva forestal que allí existe con su nombre.
Consciente de las deficiencias y dificultades de la fiscalización ambiental, propuso la creación de una oficina de Estado dedicada exclusivamente a esta vigilancia, naciendo así la Inspección General de Bosques, Pesca y Caza, que asumiera la propia Sección de Ensayos Zoológicos y Botánicos del Ministerio de Industria, en 1911. A pesar de todo, Albert tuvo tiempo y fuerzas para proponer también una ley de conservación forestal y de control de caza de especies, en 1912. Ese mismo año escribió desesperado en uno de sus artículos:
"¿A dónde vamos? Ahora cabe preguntarse si después de tanta destrucción sin límites de nuestras riquezas de bosques, pesca y caza, mirándolas como el peor enemigo del país, nos resta lo suficiente para mantener siquiera las más indispensables industrias...".
Luchó apasionadamente por estos fines, impulsado por su terror a ver consumada la destrucción total de los bosques chilenos. Poderosos empresarios madereros se le fueron encima, a través de los políticos que ellos auspiciaban. Albert fue duramente criticado y su proyecto quedó prácticamente paralizado en el Poder Legislativo.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, Albert parte a Alemania a acompañar a sus familiares. Aún no finalizada la gran conflagración, vuelve a Santiago débil y enfermo, dos años más tarde. Sus energías ya no eran las mismas, jubilando del Ministerio en 1917, tras su brillante labor pública. A pesar de ello, se permitió deleitar a la sociedad centrina al ofrecer un impecable concierto de cítara, dado junto a su hijo Tólita en el Teatro Municipal, en 1920.
Falleció repentinamente el 9 noviembre de 1928, a los 61 años y ya retirado de la vida pública. Al año siguiente, se aprobó la primera ley de caza, que había sido sugerida por Albert. Y su proyecto de ley para la conservación de los bosques, mismo por el que tanto luchó, finalmente fue publicado en 1931, siendo el primer antecedente de esta clase en la legislación chilena.
Salvo por el nombre de un camino semi-rural junto al Parque Metropolitano que lo conecta hacia Las Condes y por un recuerdo de un sencillo monolito en el Parque Bustamante, prácticamente, no existen grandes señales de homenaje de la ciudad de Santiago para este prodigioso germano alguna vez aquí residente, que dejara una huella imborrable de desarrollo y progreso cultural de una sociedad y de la relación sana entre hombres y naturaleza.

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