viernes, 29 de agosto de 2008

MONSEÑOR JOSÉ FAGNANO: UN PEQUEÑO PASAJE CON EL NOMBRE DE UN GRAN MISIONERO

Coordenadas: 33°27'3.51"S 70°38'34.99"W
Situado en calle San Isidro hacia la atura del número 500, en la cuadra ubicada entre Eyzaguirre y Santa Isabel, el pasaje Monseñor José Fagnano alude al nombre del religioso italiano que fundara en la Isla Dawson la Misión de San Rafael, misma que intentó desesperadamente y en vano salvar dar refugio a los últimos sobrevivientes de las etnias alacalufes y onas o selknams, que alguna vez dominaron los canales y llanuras de la Tierra del Fuego, respectivamente.
El pasaje nació con la urbanización de la antigua propiedad del Patrocinio de San José, complejo educacional que ocupaba toda la manzana cuadrada entre Santa Rosa y San Isidro, cercana a la Parroquia de San Isidro Labrador y cuando el tramo de calle Santa Isabel era llamado Santa Cruz, desde el cruce con Carmen hacia el Poniente. Este Colegio había sido fundado por Blas Cañas en 1873, por autorización de Miguel Rúa, sucesor del famoso sacerdote Giovanni Melchiorre Bosco, más conocido como Don Bosco.
Con 144 alumnos de aquella generación, el Colegio contaba allí con un gran edificio de dos pisos y un templo por el lado de la esquina de Santa Rosa con Eyzaguirre. Después, pasó directamente a manos de los salesianos por petición del Arzobispado de Santiago, haciéndose responsable de la casa el mismísimo Monseñor José Fagnano. Así lo dice el "Catálogo de los eclesiásticos de ambos cleros y casas relijiosas del arzobispado de Santiago de Chile", publicado dos años después de este traspaso:
"En noviembre de 1893, el Iltmo. y Rmo. señor Arzobispo Dr. don Mariano Casanova cedió al Superior de las casas salesianas en el Pacífico, Monseñor José Fagnano, todos los derechos que tenga el Arzobispado en la Casa del Patrocinio de San José, con todos sus bienes muebles e inmuebles...".
El nombre de Patrocinio de San José que aún conserva la casa de estudios, fue una sugerencia de la aristocrática dama colaboradora del Colegio, doña Carmen Lira y Argomedo, según informa la propia institución.
Monseñor José Fagnano (1844-1916)
Actualización: El edificio del Colegio Salesiano de Santa Rosa y San Isidro, hacia el 1900, antes de ser demolido y darle espacio al pasaje Fagnano. Archivo fotográfico del Colegio Salesiano.
Como la cantidad de alumnos crecía, la casa de estudios comenzó a requerir de espacios más amplios. Así, en 1925, abandonaron sus primeras instalaciones de este barrio, para trasladarse al que había sido hasta entonces el edificio de la Escuela Normal de Preceptores Católicos, en Bellavista 0550. La propiedad vieja fue vendida y convertida en los vecindarios residenciales que aún existen, y de ahí que se haya escogido el nombre de este ilustre miembro de la misma Familia Salesiana para colocárselo al pasaje, poco después de su sentida muerte.
La familia del fotógrafo nacional Luis Poirot vivió aquí, y él pasó algunos años de su infancia en el callejón de casas sin jardines y veredas estrechas, con un aire casi de cité, sin serlo exactamente. El pasaje también fue algo conocido en los años 80, cuando tenía acá sus talleres la revista cultural de oposición "La Bicicleta", todo un símbolo de resistencia contra el régimen dictatorial. Hace pocos meses, además, apareció en la prensa policial: fue encontrado en su calzada el automóvil del asesino de la ex supervisora de TVN, Patricia Farías, que había sido muerta en su departamento de Ñuñoa.
RECUERDOS DEL FOTÓGRAFO LUIS POIROT SOBRE EL PASAJE MONSEÑOR JOSÉ FAGNANO
Publicado en "El Mercurio del sábado 7 de abril de 2007, sección "Vivienda y Decoración", con el título: "Luis Poirot: Recorrido nostálgico". Texto, Constanza Toledo Soto Retrato, Homero Monsalves
Alguien entra a la casa y el fotógrafo se acerca de inmediato, contando la historia de que ahí pasó su niñez. "Aquí vivían los Poirot", le responde la dueña; mientras él, sonriente y emocionado, contesta que era uno de ellos. Habla de sus gatas, de sus lecturas en el techo y de que se venía caminando desde el cine al estilo John Wayne. El pasaje José Fagnano, en Santiago centro, lo marcó, y en él echó raíces para siempre.
Junto a su madre, en el patio de atrás de su casa de niño. "Para Año Nuevo nos juntábamos aquí a tirar cuetes, bombas y voladores. Nos podíamos quedar jugando hasta las doce o una de la mañana, porque la calle era como el patio comunitario del barrio", cuenta Luis.
A pesar de vivir en muchos lugares al fotógrafo lo marcó este sector de Santiago: "Si mis padres no se hubiesen separado, yo feliz continuaría viviendo aquí. No me habría ido jamás", señala.
Para mí este barrio siempre fue un pequeño recinto protector. Sólo te encontrabas con la gente que vivía en el pasaje, así que podías tener la puerta abierta durante el día sin ningún problema. Todos nos conocíamos y sólo llegar a calle San Isidro, aquí en la esquina, ya era como estar en otro mundo.
Había una pandilla de niños de la misma edad, pero yo era tan antisocial que no compartía mucho con ellos. Una sola vez jugué fútbol y como no sabían qué hacer conmigo, porque era muy malo, me dejaron de arquero. ¡Recibí un pelotazo tan fuerte que ahí mismo dije: "esto no es para mí"!
Viví en Fagnano del 50 al 57, junto a mis padres y mis dos hermanos. En esa época estuve en la Escuela Militar y apenas llegaba a la mampara los fines de semana comenzaba a sacarme el uniforme para que mi perro no lo ensuciara. Además de él, teníamos dos gatas que dormían conmigo arriba de la cama.
Mis rincones favoritos eran el techo, donde subía a leer; y mi pieza, en la que disfrutaba escuchando los radioteatros.
Me iba a pie por calle San Isidro hasta el cine Santa Lucía inventando cuentos e historias. Veía la película y volvía caminando como cowboy, creyéndome John Wayne.
Es curioso porque hace tiempo una señora en la calle me dijo: "yo vivía en calle José Fagnano y no olvido que ustedes los Poirot eran los bomboncitos del barrio". Me reí mucho y pensé: ¡qué saca con decírmelo ahora, si en esa época yo sentía que no me pescaba ninguna niña... Ni soñaba con pololear!
Tengo muy bonitos recuerdos hasta el momento en que se rompe la familia. La separación de mis padres fue dolorosa; después de eso él se va de Chile y mi madre se queda con nosotros; la casa se vende porque no hay cómo seguir con ella. Volver es como hacer un recorrido nostálgico. Aquí están mis raíces... Mi infancia me vuelve a este lugar.
Fagnano, el homenajeado, nació el 19 de marzo de 1844 en Rachetta, en el nortino territorio italiano del Tánaro. Entregado a su vocación religiosa en la orden salesiana, conoció en 1870 al fundador de la misma, Don Bosco. El joven José se convirtió así en uno de los principales asistentes del futuro santo.
Don Bosco envió al territorio de la actual Argentina la primera expedición salesiana en 1875, con él entre los escogidos, cuando tenía 31 años. Allá trabajó en San Nicolás de los Arroyos y en el poblado de Patagones, siendo designado Monseñor y Administrativo Apostólico de la Iglesia para los territorios de la Patagonia Austral.
Llegó a la Tierra del Fuego el 21 de noviembre de 1886, formando parte de una expedición que realizara el argentino Ramón Lista, el ex gobernador de Río Negro que fuera, además, gran defensor de las pretensiones argentinas en territorio magallánico y autor del libro "Viaje al País de los Tehuelches. Exploraciones en la Patagonia Austral". Fue desembarcado en bahía San Sebastián, por el lado atlántico de la Tierra del Fuego, justo en la época en que el viajero judeo-rumano Julius Popper había descubierto una beta aurífera en este territorio, condenando la suerte de sus habitantes nativos y luego atrayendo toda clase de truhanes y personajes de mala vida hasta la colonia que levantó junto a esta bahía, en plena época de controversias territoriales entre Chile y Argentina, precisamente por el límite de estas tierras.
Fagnano recorrió la isla paciente y dificultosamente, viajando entre coirones, ñandúes y guanacos, para llegar a bahía Thetis, al Sur del Cabo San Vicente. Allí dirigió una célebre misa el 13 de enero de 1887, donde bautizó a los primeros indígenas locales convertidos a la fe de Cristo.
El 21 de julio siguiente se estableció en la ciudad chilena de Punta Arenas, sede de su representación apostólica y en calidad de Obispo de la misma, en precisos momentos en que se conocían noticias de las atrocidades cometidas por agentes de compañías privadas contra de los indígenas fueguinos. Poco antes de su llegada a la ciudad, se habían iniciado procesos contra los empleados de la Sociedad Explotadora de la Tierra del Fuego Sheep Farming Co., y en Santiago de Chile la Corte Suprema había nombrado un Ministro en Visita para investigar la tropelías denunciadas.
Fue en este ambiente de virtual genocidio de los fueguinos que Fagnano fundó la Misión de San Rafael en Isla Dawson, el 14 de febrero de 1889. Originalmente, el establecimiento se dirigía a la evangelización de los indios alacalufes, pero la necesidad llevó a extender su labor sobre las demás etnias habitantes del territorio y, casi sin alcanzar a notarlo, en servirles de refugio.
Los religiosos hicieron lo inimaginable intentando salvar a los últimos sobrevivientes de la comunidad ona de la Patagonia austral, mas todo fue en vano. Los indígenas eran cazados en masa por rufianes como el propio Popper, bajo la excusa de que robaban ganado o invadían las estancias. Por la protección que Fagnano le brindaba a los onas, sin embargo, estos le apodaron “El Capitán Bueno”.
La verdad es que los onas ya habían sido desplazados de sus históricos paisajes impidiéndoles cazar y cerrándoles el paso a la recolección en las costas, al ser controladas ahora por privados como la Wehrhann y Cía. En su desesperación y hambruna, o simplemente por la comodidad de lo fácil, nos nativos penetraban territorios privados, a veces buscando capturar ovejas, y eran atacados con armas de fuego, poniéndosele precio a sus cabezas inclusive.
Pasaje Monseñor José Fagnano, esquina norte.
Plaza conmemorativa en el pasaje. Al parecer, la fecha de 1926 sería una errata.
Pasaje Monseñor José Fagnano, vista hacia el poniente.
Fagnano y los religiosos salesianos, conscientes de lo que estaba sucediendo en su vicariato, tan lejos del amparo de la ley y del poder de la autoridad chilena y argentina, dieron cobijo a las últimas familias indígenas que sobrevivieron a este exterminio, intentando persuadir a los gobiernos centrales de tomar medidas. Pero las masacres, las persecuciones y las enfermedades ya habían sellado el destino de los habitantes de la Tierra del Fuego.
En uno de los esfuerzos finales que la orden realizó para salvar a los onas habitantes de las orillas del Río Grande, en 1892 Fagnano y su colega el Padre Beauvoir recorrieron el Norte de la Tierra del Fuego para levantar la Misión de la Candelaria. Pero sólo pudo establecerla sino hasta el 11 de noviembre del año siguiente en Barrancos Negros, trasladándola al sector de Chorrillos y, tras un incendio de las instalaciones, hasta su actual ubicación cerca de Río Grande.
Fagnano se esforzó hasta más allá de sus capacidades para fundar capillas y colegios que albergaran a los desgraciados indígenas. Con 72 años de vida, habiéndose trasladado ya a Santiago, enfermó y falleció el 18 de septiembre de 1916, exactamente el día de las Fiestas Patrias nacionales. Sus restos fueron trasladados después hasta la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús de Punta Arenas, donde se encuentran hasta nuestros días. La memoria de Monseñor José Fagnano ha sido homenajeada en esas tierras de dramas históricos y leyendas antárticas. El Lago Cami, situado justo en el meridiano del límite entre Chile y Argentina en la Tierra del Fuego, fue rebautizado Lago Fagnano para posteridad, recordando a este noble religioso y a su labor pastoral en favor de los indígenas.
Y aquí, en el Santiago de Chile que apenas tuvo la triste suerte de recibirlo en sus último período de vida, el pequeño y modesto pasaje con las típicas casas antiguas del barrio San Isidro, recordará en las marcas del simbolismo urbano la obra del misionero y aventurero salesiano. Al cumplirse 75 años de la llegada de la orden a Chile, el Centro de Ex Alumnos del Colegio Cardenal José María Caro colocó en la esquina norte del pasaje una sencilla placa en su memoria, el 14 de octubre de 1962. Aún se encuentra allí esta pieza.

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