lunes, 21 de julio de 2008

UN "ENT" HABLANTÍN CRECIÓ EN LA ESTACIÓN BAQUEDANO

Coordenadas: 33°26'15.04"S 70°38'5.36"W
Suena surrealista, sin duda, pero bajo tierra, en la Sala de Exposiciones de la espaciosa Estación Baquedano que une las líneas 1 y 5 del metro de Santiago, exactamente en los subterráneos de la Plaza Baquedano, ha crecido un árbol voluminoso e imponente, con rostro algo aciago pero sereno, sin embargo.
Siempre me han apasionado estos árboles monstruosos, arquetípicos, tan celebrados en el inconsciente colectivo del hombre y en su temor ancestral a los bosques sombríos, esos donde alojan ogros como los que enfrentara el héroe asirio Gilgamesh, o el mítico Kuanyaip de las leyendas onas.
Pero éste árbol, misteriosamente levantado en el subsuelo capitalino durante el presente mes de julio, si bien tiene un semblante un tanto siniestro, no asusta a los niños: se le acercan y se fotografían con él como si se tratase de ese noble gigante de los relatos de J. R. R. Tolkien, Treebeard, impropiamente traducido como Bárbol al castellano, el Ent pastor y guardián de los árboles del Bosque de Fangorn.
Se parece, de alguna manera, a los árboles bailarines de una compleja secuencia musical de "El Mago de Oz" que los productores finalmente decidieron no incluir en el clásico filme, pero de la que sobreviven algunas tiras y leyendas en la historia del cine. También me recuerda mucho a la portada de un libro educativo para niños escrito por Elisa de Paut, llamado "El Bosque, un corazón verde", obra en la que también un árbol con cara va conduciendo en las ilustraciones cada capítulo.
Nuestro modesto Ent chileno de papel maché y hojas sintéticas, no se queda en la mera parada de roble o sauce milenario allí en la estación del Metro: además de mensajes ambientalistas, está narrando constantemente relatos cortos de Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Pablo Neruda, Saúl Schkolnik, Federico García Lorca, Oscar Castro, Alicia Alonso y Jacqueline Balcells, de modo que mientras se lo observa, también se aprende con tan singular guía.
En el entorno, la Sala de Exposiciones tiene una instalación escenográfica de carácter ecológico, con un icono del mismo árbol como símbolo. Cuelgan algunos paneles con mensajes alusivos al tema, claramente dirigidos a los niños que pasan por esta concurrida estación del Metro a diario. Fue instalado precisamente en estas fechas para aprovechar el período de las vacaciones de invierno, en un arranque creativo interesante.
Empero, entristece pensar que este árbol está sólo pasajeramente en la sala. Las buenas ideas, a veces, duran bastante poco, pues hay casos en que conciben productos donde su valor es inversamente proporcional a lo efímero.
Nuestro Treebeard se retirará al humus, probablemente antes que alguien alcance a aburrirse de él; pero, en fin: así es la tragedia de la vida vegetal. Flores que duran una sola noche, plantas que se reproducen y mueren, hojas que caen al fin de la estación quemadas por la misma luz solar que les dio vida, etc.
Quizás la administración del Metro pueda mejorar la amplificación de la Sala de Exposiciones, evitando la perturbación que causa el eco en futuras presentaciones multimediales. De todos modos, el putativo Ent mapochino contador de cuentos dejará un buen recuerdo de su paso por ella, imaginariamente convertida en el Fangorn subterráneo de una capital tan inquieta, tan hormigonada y, en definitiva, tan distante de la paz tenebrosa de las forestas tolkienianas, aunque igual de peligrosa.

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