miércoles, 2 de julio de 2008

EL EDIFICIO DEL HOTEL BRISTOL: AYER AMENZADO, HOY MONUMENTO, ¿MAÑANA MUSEO?

El Bristol Hotel hacia los años 20. Se observa la entrada a la "Peluquería el Viajero", favorita de los que necesitaban un retoque en el pelo, de ida o de vuelta por la Estación Mapocho.
Coordenadas: 33°25'58.85"S 70°39'12.31"W
¡Y pensar que el poeta iracundo Pablo de Rokha vivió en este lugar durante los años sesenta, visitando asiduamente desde allí el Mercado Central y otras delicias del barrio!
Era la década final de su vida, en la que recibe el Premio Nacional de Literatura y, sólo tres años más tarde, pone fin a su existencia. Según Ramón Díaz Eterovic, el incorregible Rokha ahí recibió también al poeta estadounidense Allan Ginsberg, de visita en Chile. Pasaba en este enclave del tiempo componiendo versos y desbocando sus furias fulgurantes, por esos pasillos y habitaciones de la extraña construcción situada a pasos del río Mapocho, en el barrio de pecados y peligros nocturnos que lleva su nombre.
Afuera, por el lado de Balmaceda, una placa está instalada desde su centenario en 1994, por la División de Cultura de la Municipalidad de Santiago, con versos de Rokha:
“Mi ser consciente ruge cuando piensa,
brama cuando habla,
gime cuando crea,
cargado de instinto”
A pesar del relativo buen estado en que se encuentra aún, al menos exteriormente, el Edificio Bristol carga con el estigma de verse disminuido por su proximidad a la construcción imponente de la Estación Mapocho, que atrapa todas las atenciones veloces del entorno en el lugar. Pobre edificio, por cierto: tan curiosa es su forma como lo ha sido también la animosidad de algunas autoridades por destruirlo, incapaces de reconocerlo entre tantas distracciones urbanas del barrio.
El Bristol Hotel en 1928 (fuente: Fichas del Consejo de Monumentos Nacionales).
Caluga publicitaria del Bristol Hotel en 1937 (fuente: Revista "En Viaje").
 
Hotel Bristol en 1988, ya decadente (Fuente: "Las Últimas Noticias").
Se recordará que, en medio de la fervorosa preparación de los ánimos para las Fiestas del Bicentenario (cuyo entusiasmo va decayendo proporcionalmente a la imagen ambiental cada vez peor con que se nos aproxima el 2010, además), alguien tuvo la brillante idea de levantar una monstruosa torre o antena de 257 metros de altura, que llenó de maquetas las mesas del jurado en la Municipalidad de Santiago con las más diversas “voladas” modernistas imaginables, que fueran posteriormente expuestas en la Plaza de Armas.
Lo peor de este capricho es que, en el año 2002, se anunciaba que sería levantado precisamente en donde aún se encuentra el Bristol, este clásico de la historia urbana y de la arquitectura de Santiago, disciplinas cada vez más parecidas a las demandas de la arqueología, a causa de nuestra cultura sísmica radical: lo más valioso de la ciudad que no nos bote el terremoto, lo haremos nosotros mismos en medio del frenesí por el progreso y por la ilusión gallinácea de creerse lleno de futuros capaces de hacernos prescindir del pasado.
En otras palabras, el Edificio Bristol se iba, probablemente como otrora lo fueron los desaparecidos Tajamares y Puente del Cal y Canto, también por ahí cerca. La oposición a la destrucción del barrio no tardó en llegar, y el proyecto de la Torre Bicentenaria comenzó a mendigar un cobijo por varios rincones de la capital.
Esto, sumado a la falta de presupuesto de la Municipalidad para levantar el proyecto, terminaron por relegarlo al claro-oscuro y, desde allí, al sueño final del olvido. El Bristol así, se salvó providencialmente de las manos del escalofriante concepto de progreso que manifiestan nuestras autoridades.
 
 
Vista del aspecto del Salón Interior del edificio, junto a la entrada.
Administrado hoy por la Municipalidad de Santiago y con algunas actividades del Ministerio de Educación, el Bristol sigue situado en la extraña encrucijada que se forma entre el cruce de Av. Balmaceda, Bandera y General Mackenna, en una cuadra que sigue la forma sinuosa de la geometría del edificio. Es difícil imaginar otra cosa en este punto específico de la ciudad.
El edificio Bristol comenzó a levantarse hacia 1913 para el comerciante Humberto Quennete, encargándosele el diseño y la construcción al arquitecto español José Forteza Ubach, el mismo autor de la ya desaparecida maravilla del Palacio Undurraga. Fue inaugurado en 1915, según la información que tengo a mano, algo acorde al furor hotelero que despertó por esos mismos años la construcción y puesta en servicios de la Estación Mapocho.
Según fichas del Consejo de Monumentos Nacionales, en 1934 el edificio pasó a manos de don León Durandin, quien lo habría reinaugurado como el elegante Hotel Bristol, al que arribaban miles de turistas desembarcados en Valparaíso y traídos rápidamente a Santiago por las terminales ferroviarias de la estación. Su entrada histórica es la de Balmaceda 1114, con todos sus bajos habilitados como locales de comercio.
En la época bohemia del vecindario de calle Bandera, éste era el lugar favorito de los sedientos pasajeros que llegaban en el último tren de la estación, en la noche, y corrían a tomarse un traguito en su reputado bar, mientras que su restaurante destacaba por las comidas preferentemente chilenas e italianas de muy buena cocina. He tenido la fortuna de conocer algunos sobrevivientes de su edad dorada que llegaron a conocer estas virtudes del Bristol. Empero, no logro aclarar la fecha exacta en que el edificio fue convertido en el Bristol.
En las mencionadas publicaciones del Consejo de Monumentos Nacionales, se verifica que ya aparece como tal en la "Guía del Veraneante" de los Talleres Gráficos de Ferrocarriles, de 1944. Sin embargo, en los archivos fotográficos de la Municipalidad de Santiago existe una fotografía impresa de 1928, donde ya aparece como tal en lo alto de su fachada, hacia Balmaceda, con una gran leyenda diciendo: "Bristol Hotel". He observado otras guías aún más antiguas donde aparece publicidad para el mismo, como "El Amigo del Viajero en Chile" de 1924.
Por su proximidad al activo centro ferroviario del Mapocho y a los paraderos del antiguo sistema de tranvías, el hotel se convirtió en uno de los atractivos más reconocibles y valiosos de la ciudad de Santiago. Algunos de sus locales comerciales también tenían esta orientación para los usuarios del ferrocarril, como la "Peluquería el Viajante".
El hotel aparece en actividades todavía en los años ochenta, incluso después del cierre de la Estación Mapocho. Todos los vanos de su primer piso que antes eran los accesos a los locales comerciales, sin embargo, habían ido desapareciendo convertidos en ventanas exteriores. Tal cual sucedía a otros hoteles del barrio, como el Bandera, el Sama o el Central, la decadencia sobrevino con crueldad y casi vesania.
En 1991, cuatro años después del cese total de las actividades ferroviarias en el barrio y cuando la época resplandeciente del hotel ya había pasado por completo, el edificio del Bristol fue adquirido por la Ilustre Municipalidad de Santiago, destinándose sus dependencias a algunas de las oficinas administrativas y divisiones municipales.
Sin poder hacer más vista gorda a la importancia urbana e histórica que aún mantenía el edificio, el Gobierno de Chile comenzó a estudiar la posibilidad de darle al Bristol la categoría de Monumento Histórico Nacional, por lo que el Consejo de Monumentos Nacionales inició sesiones con este objetivo a partir del año 2006, ante la mirada atenta del Alcalde Raúl Alcaíno, gran partidario de la idea.
Así pues, el 20 de marzo de 2007, el Ministerio de Educación dio al ex Hotel Bristol el estatus de Monumento Nacional en la categoría de Monumento Histórico.
Pero el rescate del Bristol no se había limitado a su declaración de Monumento Histórico: también ha sido acompañado de propuestas e intereses en aprovechar sus instalaciones. Desde el año 2005, por ejemplo, existe un completo proyecto organizado por profesionales de la Municipalidad de Santiago en colaboración con otros de la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica y la Universidad Diego Portales, con objeto de recuperar el Edificio Bristol pero reorientando sus funciones y entregarle con ello una nueva dimensión de actualidad y de vigencia.
Una propuesta presentada por los arquitectos Alberto Mozó, Alejandro Morales y Bernardo Valdés, contempla la remodelación del espacio del edificio sin grandes alteraciones de su arquitectura original, aunque para mi gusto, adiciona elementos modernistas en franca oposición al ángulo original e histórico que relata a la vista la forma de la construcción. Esta modificación radical se debe a que los proyectistas han propuesto consagrar el lugar a un museo para la obra del fallecido pintor Roberto Matta, además de oficinas y otras dependencias rehabilitadas al uso.
Placa homenajeando el centenario de Pablo de Rokha, junto a la entrada del Bristol. Dicen que los admiradores del poeta, como fieles imitadores, partieron después de inaugurada la pieza a celebrar muy regadamente su memoria, en octubre de 1994.
Imágenes con bocetos de layout digital de uno de los proyectos de recuperación (Fuente imágenes: presentación del proyecto Mozó, Morales, Valdés).
El poeta Pablo de Rokha, fantasma morador en vida y en memoria del edificio (fuente imagen: memoriachilena.cl).
Me surgen algunas dudas sobre la virtud de este plan de recuperación de este sitio. El edificio con sus tres pisos más un espacioso subterráneo, de aires neoclásicos post victorianos, luce tradicional a pesar de sus rasgos de vanguardismo que era reconocibles como tales sólo en la fecha en que vio la luz. Tal vez no esté en el rango del figurativismo, pero me atacan dudas sobre la simbiosis que ahora deberá lograrse con una carga gráfica de fuerte contenido abstracto, como sería por ejemplo la obra de Matta.
Además, puede que el pintor haya merecido con creces un museo a su nombre; pero entregarle para tales efectos un lugar tan valioso en la cultura popular, alojado en medio del mapa de la cultura de la rotada más propia de la capital santiaguina, quizás sea una dedicatoria extraña para alguien sin vinculación con el barrio Mapocho, que se sentía quizás más extranjero que chileno y que construyó todo el grueso de su última y más conocida etapa artística en Italia.
Tal vez sea Rokha y no Matta el que se habría ganado más merecidamente ese espacio, según mi modesta reflexión.
De cualquier modo, no hay duda de que este proyecto y otros por el estilo puedan proporcionar una definitiva recuperación del edificio, pues se contempla integrarlo también a la obra de revitalización del sector del Mercado Central y el Centro Cultural Estación Mapocho. En este caso:
“Con la intervención el lugar –decía la presentación del proyecto- se incorpora al circuito turístico y cultural de Santiago, pasando a conformar parte de la Zona Típica del Parque Forestal, donde están además el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Contemporáneo y la Estación Mapocho. También, queda directamente conectado con el Paseo Puente, la Plaza de Armas y la Catedral, pasando por el Mercado Central”.
Entre otras cosas, se planeaba la construcción de estacionamientos subterráneos para más de 450 vehículos, comunicados en el subsuelo con Estación Mapocho y la estación del Metro Cal y Canto. En su azotea, se establecería una especie de centro de actividades, y en su parte trasera, avanzando sobre el sitio eriazo que dejó el retiro de una gasolinera desde este lugar, será hecho un parque en el que se harán proyecciones fílmicas durante la noche, a pantalla gigante sobre una de las estructuras al fondo del edificio. Finalmente, los visitantes tendrían a su disposición una biblioteca, un casino, una sala de mediateca y terrazas de mirador que harían más interesante la versión 2.0 del histórico ex hotel.
Esperemos que la salvación del Bristol se complete y no tenga vueltas atrás como tantas que ya hemos visto en la historia de los edificios patrimoniales chilenos. Tendremos que armarnos de paciencia y esperar con nervioso optimismo los resultados de este valioso rescate.
El iracundo Rokha también esperará para celebrar -con la furia que le caracterizó- el aspecto final de su refugio. Si le gusta, probablemente amanecerá florecido en todo su alrededor; si no, y conociendo el carácter temerario del poeta, sólo esperemos que su fantasma no lo incendie.

7 comentarios:

Maritza dijo...

Buenísimo artículo. He estado investigando bastante el tema de Ex Hotel Bristol y me parece que resume de muy buena manera la problemática del hotel, que a 3 años sigue siendo bastante similar porque aún no se toma una decisión. Saludos.

chris dijo...

Este inmueble esta afecto a declaratoria de utilidad publica, para el ensanchamiento de Av. Balmaceda. El Bristol tiene los días contados.

Criss Salazar dijo...

Pero no se supone que está bajo régimen de protección por ser Monumento Histórico Nacional? http://www.monumentos.cl/catalogo/625/w3-article-27091.html

chris dijo...

Recientemente se aprobo por parte del Congreso Nacional al proyecto de ley (Oficio Nº 11.501 VALPARAÍSO, 1 de octubre de 2014) que modifica la ley General de Urbanismo y Construcciones en materia de afectaciones de utilidad pública de los planos reguladores, especialmente del articulo 59. Con esto el Plan Regulador Metropolitano de Santiago prevalece sobre todo lo demás; sobre los planes de la Comuna (que ha agotado todas las instancias para salvar el edificio del Ex Hotel Bristol), sobre el CMN..

La Av. Presidente Balmaceda corresponde a un eje de carácter Metropolitano denominado “Costanera Sur del Río Mapocho”. Lo que en definitiva, su realización conlleva la demolición del Edificio Ex Hotel Bristol.

chris dijo...
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vicky westphal dijo...

Haciendo recuerdos cuando iba con mi padre y tomabamos desayudo en una mesita cerca de la ventana .me encantaba el chocolate caliente y el pan recien hecho y esas bolitas de mantequilla lindos recuerdos yo tendria en esos 5 años ...

angelo barria dijo...

lindo testimonio.. lo imaginé.

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