domingo, 29 de junio de 2008

UNA CARTA SOBRE LA ANTÁRTIDA Y OTROS MITOS

El Dalai Lama rompiendo el protocolo de recepción en el aeropuerto, para saludar a su antiguo amigo durante el exilio en India, el ex embajador Miguel Serrano, al llevar de visita a Chile por primera vez en en 1992... "Del Kailás al Melimoyu"
Este texto corresponde a una carta publicada por el escritor y ex embajador chileno Miguel Serreano, en el diario "El Sur" de Concepción, el lunes 13 de febrero de 2006. A futuro nos propondremos analizar la extraordinaria obra del autor "La Antártida y otros Mitos", título que llevaba esta carta, precisamente.
Hace poco más de un mes se han cumplido setenta años de la construcción de la Base Militar chilena y de mi primer viaje a la Antártida. Podría decir que fui yo el responsable de su ubicación, al haber convencido al comandante Jorge Gándara Boffil de la elección en ese extraordinario sitio.

Viajaban en la inolvidable Fragata Covadonga: Oscar Pinochet de la Barra, el arquitecto Julio Ripamonti, el médico Lermanda, el mayor de Ejército Eduardo Saavedra, el capitán Hugo Schmidt, el teniente de Marina Francisco Araya Proromant, José Miguel Barros y el fotógrafo alemán Gerstmant, entre otros, cuyos nombres quiero dejar aquí estampados, para el recuerdo, en un momento que en Chile ya no se recuerda ni lo que pasó ayer.
En el Transporte Pinto iba el Presidente, Gabriel González Videla, su valiente esposa, Miti Markmann, su hija, José Claro y Francisco Bulnes. Yo fui a la Antártica con la secreta intención de encontrar los “Oasis” de aguas templadas y cruzar la Cordillera O’Higgins, para llegar al Mar de Weddell y a la base alemana de Neuschwabenland, “Paraíso Terrenal”, según el almirante Doenitz y donde se descubrieran misteriosos pasillos subterráneos de millones de años y momias de igual antigüedad.
Había logrado convencer de “esta locura” al mayor de Ejército Eduardo Saavedra, quien sería el jefe de la Base Militar. Por supuesto que no logramos atravesar las altas cumbres, a pesar de haberlo intentado varias veces, yendo sobre grietas, como las que han hecho la desgracia de los militares en la actualidad.
Los lectores podrán imaginarse de la enorme tristeza y emoción que hoy siento al enterarme de que no sólo el Ejército, sino también la Marina, han decidido cerrar sus bases antárticas.
Es esto algo tan tremendo que difícilmente país alguno en esta tierra podrá comprender.
Y todo esto justo cuando se ha descubierto bajo nuestras bases un lago de aguas templadas tan grande como de Santiago a Talca y también momias antiquísimas, además de minerales, gas, oro, uranio y posibilidad de producir electricidad. Es un hecho que el clima del planeta está cambiando por causa de la traslación de los polos y de los equinoccios. Los hielos de la Antártida se van a derretir y con ello aparecerá la legendaria Atlántida sumergida. La concepción hindú y griega de los grandes ciclos históricos se está cumpliendo. Lejana está ya la “Edad Dorada”, o Satya Yuga. Hoy estamos en la “Edad de Hierro”, o Kaliyuga, de la diosa Kali, de la Destrucción. Es también el Apocalipsis de San Juan, cuando Cristo retornará y también Wotan-Siva, resucitados en sus cuerpos, a juzgar.
¡Ay de aquéllos, entonces, que no fueron capaces de “mantenerse firmes en los viejos sueños”, luchando hasta el final para defender su tierra, su Patria, su Patagonia mágica, su sagrado Monte Melimoyu! ¡Y su Antártida!
Miguel Serrano
Ex embajador

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