lunes, 30 de junio de 2008

UNA ADVERTENCIA SOBRE LA PROFANACIÓN DEL RÍO MAPOCHO

La siguiente carta fue publicada con algunas modificaciones el día viernes 7 de junio de 2002, en el diario "El Mercurio" de Santiago, bajo el título "Profanación del Mapocho". A la fecha se estaban realizando los trabajos de la Avenida Costanera Norte en el subsuelo de la extensión del río. Al ver el espiral de decadencia y corrupción en que ha caído la ciudad de Santiago en los escasos cinco años que han transcurrido desde la publicación de esta elocuente advertencia del ex embajador y poeta Miguel Serrano, no se puede hacer menos que revisarla como una profesía cumplida. Aquí reproducimos, por lo tanto, la carta en su redacción original.
Señor Director:
Nace del entrecejo de la cabeza de un gigante prisionero de la roca de los Andes. Y es como su pensamiento o su sueño de libertad, proyectado hacia la inmensa lejanía, hacia la eternidad del mar. Por ello recorre llanos, colinas y praderas, haciendo -en un tiempo ya lejano- la alegría de los cóndores, de los sauces, de las diucas y chincoles, reverenciado por los antiguos habitantes de estas frágiles regiones que lo adoraron y agradecieron, jamás pensando interrumpir su curso, su "pensamiento" sagrado y poderoso.

El Mapocho bañó la "tierra de los hombres", de los mapuches. Y en este sitio, donde se instalaría un día la capital de Chile, rodearía con sus brazos al cerro "Huelén". Allí, gente extranjera, desconocedora del sentido profundo y misterioso que guarda la corriente mágica de un río, desvió por primera vez su curso. Jamás el río lo aceptaría, al extremo de poder pensarse que mucho del carácter catastrófico de este país débese a esa profanación, nunca perdonada. Siglos después, el Mapocho se desbordó, volviendo a recuperar su cauce primigenio, la "dirección de su pensamiento original". Sí, porque los ríos son mucho más que una simple corriente de agua, que la ignorancia de algunos hombres contamina y corrompe. Los viejos pueblos lo saben. Jamás la India milenaria profanaría el sagrado Ganges, o el Jumna, menos aún el Swarasati, el "río invisible", que con el Ganges nace de la cabeza del dios Siva, en los Himalaya, y que a través de las edades transporta en sus aguas -como escribía Nehru en su testamento- las cenizas de los yogas, los sueños y las canciones de los triunfos y derrotas de los hombres. Veneran esos ríos, los adoran, y en sus aguas se bañan para lavar sus pecados, o superar su karma, pudiendo renacer mejores.
El río es un ser vivo, es un pensamiento. Con él se establece un diálogo para que nos ayude y nos proteja, junto con la tierra que habitamos. Profanar el río, desviar su curso, herirlo en sus entrañas, es atentar contra los dioses; en nuestro caso, contra un gigante que habita la roca mágica de los Andes y proyectó su sueño de libertad en esa corriente de agua que quiso bañar la "tierra de los hombres", de los mapuches: el Mapocho. Si realmente entendiéramos lo que está sucediendo, deberíamos suspender de inmediato la profanación del Mapocho, terminar con los trabajos de destrucción de ese camino bajo sus sagradas aguas, devolviéndole su curso (si fuera posible, el más antiguo), logrando así, alguna vez, retomar el diálogo respetuoso y la veneración que por este río mantuvo el indígena anterior a la Conquista. De no hacerlo, el resentimiento de las aguas, el furor por su tortura, por la "desviación de su pensamiento", se hará sentir cada vez más, pudiendo hasta destruir la "tierra de los hombres", la tierra del Mapocho.
A propósito de esto, es bueno que recuerde aquí la carta que el Profesor Carl Gustav Jung me enviara a India cuando un terremoto destruyó varias ciudades de Chile: "Aunque los científicos no reconozcan la relación que existe entre la naturaleza y el hombre, debo decirle que la tendencia destructora que hoy impera en el mundo, tiene relación directa con las catástrofes naturales que están afectando a su patria. Es la misteriosa ley del 'Sincronismo'."
MIGUEL SERRANO

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