jueves, 26 de junio de 2008

EL FALSO E INNECESARIO DILEMA NOMINAL DE ISLAS FALKLAND VS. MALVINAS

"Islas Falkland" en mapa de Arrowsmith de 1814
A lo largo de los siglos las islas del archipiélago que ahora conocemos como Islas Falkland o Malvinas, recibieron una gran cantidad de nombres y denominaciones, siendo la más popular -en el habla hispana actual- esta última, la de Malvinas.
Históricamente, sin embargo, parece ser que ha tenido mayor relevancia e importancia el nombre de las islas el título de Falkland, por mucho que esto irrite a ciertos propagandistas convencidos de una concepción poco científica sobre lo que el mero uso del idioma y los endónimos pudiese representar a favor de los intereses argentinos o británicos sobre el mismo archipiélago, según corresponda. Creo poder demostrar el error de tales apreciaciones un tanto infantiles.
Por supuesto que esto no importa a algunos autores que pretenden crear, actualmente, un ambiente solidario a la posición argentina sobre el archipiélago, al sugerirse en América Latina y España el uso de la denominación Malvinas (en realidad, preferida por ser más cómoda fonéticamente) en forma "nominativa" en favor del país platense, y por sobre la que utilizan hasta nuestros días los británicos. Sin embargo, es fácil verificar la profunda miopía de este pensamiento y su falta de sustento en la historia nominal misma del archipiélago.

La verdad es que esto ha sido sólo un error estratégico en el discurso de la vecina república, de hecho, que ha dañado incluso sus propios argumentos territoriales al hacerlos dependientes y condicionados por algo tan intrascendente como la diferencia de denominaciones para un mismo archipiélago entre dos idiomas.
Se ha sugerido que Américo Vespucio podría haber avistado por primera vez las islas, en 1502, pero la alta improbabilidad de que su viaje haya ido más al Sur del paralelo 44, hace casi imposible esta teoría. Por el año de 1520, en cambio, pasaría por el territorio del Cono Sur la famosa expedición del marino portugués Hernando de Magallanes. Después de una escala en el Estrecho de Todos los Santos, Magallanes encomendó a Esteban Gomes a viajar de vuelta a Europa en el buque "San Antón" para informar sobre sus descubrimientos, especialmente del Estrecho que hoy lleva su apellido. En su viaje, Gomes creyó haber visto lo que parecía un grupo de islas en el Atlántico, bautizándolas con el nombre de su barco. Se dice que estas islas misteriosas habrían sido las que estudiamos.
En 1527, el archipiélago fue registrado cartográficamente por Diego Ribeira da Cuhna y Olvera según los datos proporcionados por Gomes. A una parte del archipiélago le colocó el nombre de "S. Anton", y a la otra "Patos", aunque persisten las dudas de si corresponden en realidad a las Falkland-Malvinas, por el hecho de aparecer con una diferencia de siete grados de latitud respecto a su posición real. Sin embargo, con el tiempo el nombre de las islas se corrompió en "Sanson" y "Sansón", por el parecido de la "t" con la "s" en el estilo tipográfico utilizado por los cartógrafos de la época. Además se creyó, aparentemente, que el nombre era alusivo al personaje Sansón y aludía al descomunal tamaño y fuerza de los nativos patagones descritos por marinos como Pigafetta.
Aunque en estricto rigor no fue su "primer" descubridor, el estudio y la primera exploración importante de las islas la realizó el marino británico John Davies, hacia principios de 1592. Su descripción es la más precisa de la época y por eso es identificado con el verdadero ocupador del archipiélago, además de asignarle nombres a algunas zonas de su geografía.
En 1600, el holandés Sebald de Weert las rebautizaba "Sebaldinas" o "Sebaldas" en honor a su nombre, en un informe sobre las mismas, pero consciente de que Davies y otros ya las han visto antes. Precisa y curiosamente, con este último nombre aparecen registradas como territorio del "Reino de Chile", por el Presidente Gobernador y Capitán General de Chile, don Manuel de Amat y Junient, en un informe titulado "Historia Geográfica e Hidrográfica, con el Derrotero General del Reino de Chile" y enviado al soberano Carlos III en 1760.
A Sir John Strong, en tanto, durante su viaje de colonización a las islas de 1670, le correspondió bautizar el estrecho que separa ambas masas de tierra como paso Falkland, en honor a su patrono. Rápidamente, el nombre de Falkland se popularizó para denominar al archipiélago en general. No obstante lo anterior, en 1747 el cartógrafo Emmanuel Bowen denominaba al grupo insular como "New Isles" y al pequeño coro de islas al Noroeste de la Falkland del Este, las llama "Sebald de Weert".
Hacia el año de 1745 comenzó la cuestión de las islas entre España e Inglaterra, amenazando con extenderse sobre la Patagonia. Mientras los hispanos sostenían que el territorio les pertenecía por múltiples acuerdos y cédulas, los ingleses consideraban que éstas correspondían a territorio extracontinental; es decir, que no correspondían al territorio hispánico de América del Sur.
"New Isles" en el mapa de Bowen en 1747.
"Isles Malouines" o "Falkland" en el mapa de Anville en 1748.
Los movimientos británicos alertaron a los franceses, que también tenían intereses estratégicos para que las islas y en el Cono Sur no quedaran controlados por Inglaterra.
A partir de 1763, el Capitán Louis Antoine B. de Bouganville desembarcó fundando puerto Saint Louis y trayendo colonos desde Saint Malo, razón por la que comenzaron a llamarse islas "Malouines" o "Maluines", nombre que posteriormente derivaría a "Malvinas". El francés D'Anville las registraría con mayor precisión que Bowen, con el nombre "Islas Malouines descubiertas en 1700, Falkland según los ingleses". Una de ellas aparece como "Isla Sebald de Weert". Sin embargo, como hemos dicho, el marino pasó por ahí cien años antes de la referencia dada por D'Anville.
En 1765, Sir John Byron intentó llamar al archipiélago "Jason", pero continuó siendo denominado Falkland y en la práctica este rebautizo se remitió sólo al uso sobre un puñado de islas e islotes menores del conjunto. Por entonces, las islas eran conocidas erróneamente también como "Pepys" por los ingleses, pues se las creía un archipiélago distinto al de las Falkland, cosa que el propio Byron se encargó de corregir. Simultáneamente, realizó la llamada Declaración del Comodoro Byron, equivalente a la toma de posesión oficial de las islas por parte de la administración británica.
En su famoso "Mapa de la América Meridional" de 1775, don Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, cartógrafo oficial de la Corona Española, las señala como "islas Maluinas o Falkland" adjudicándolas -como Amat- a la jurisdicción del Reino de Chile, al igual que todo Magallanes y la Patagonia oriental. Arrowsmith se hará menos problemas y, en 1814, las coloca en un mapa simplemente como "islas Falkland". Sin embargo, al grupo menor que Bowen y D'Anville habían llamado "Sebald de Weert", Arrowsmith las denomina "Islas Jason". Lo mismo hará Garnier en 1862, registrando al conjunto total del archipiélago como las "Islas Malouines o Falkland".
Cabe destacar que el mencionado mapa de Cano y Olmedilla le fue entregado al primer gobernador del Virreinato de Buenos Aires, Pedro de Ceballos, en 1776, para tomar conocimiento de la situación de deslindes entre las gobernaciones, de modo que el título más genuino que podría alegarse sobre las islas en base a legislación de la época, no le asistiría por entonces a la futura Argentina (el flamante Virreinato del Plata de entonces), sino a Chile. Esta es toda una intrigante curiosidad que pocos autores se han dado tiempo de investigar e intentar ofrecer una explicación, pero de seguro derivada de la prolongación de las correspondencias territoriales patagónicas, a las que se renunció formalmente por el Tratado de 1881.
Queda claro por un lado, que el nombre Falkland ha sido en el tiempo, el más trascendente y representativo de las islas. Pero por el otro, al ser ésta una denominación de origen inglés, tanto la Argentina como algunos autores americanistas han difundido la idea errada y algo tendenciosa de que su denominación real en el habla hispana es Malvinas, omitiendo por supuesto, que el término tampoco es de origen castellano sino francés como hemos visto, y que ésa fue sólo una de las innumerables y últimas denominaciones que recibió el archipiélago.
Dicho de otro modo, se está frente a un error construido sobre otro error... Un error innecesario, a fin de cuentas, que pone automáticamente a la Argentina en desventaja, al intentar competir con el más extendido uso internacional de la expresión inglesa, además de vincular forzadamente a un tema nominal una aspiración territorial cuya legitimidad que no guarda la menor relación con tal instancia ni obstinación, sino sólo en lo derivativo.

 
"Islas Malouinas o de Falkland" en el mapa de Cano y Olmedilla de 1775. Es decir, cartografía oficial española reconociendo en tiempos coloniales el nombre británico de las islas.
"Iles Malouines ou Falkland" en mapa de Garnier, en 1862.

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