martes, 11 de diciembre de 2007

EL FARO VERDE DE MAPOCHO: MONUMENTO A LOS HÉROES DE IQUIQUE EN PLAZA CAPITÁN PRAT

Monumento a los Héroes de Iquique o de la Esmeralda en 1967 (fuente: revista "En Viaje").
Coordenadas: 33°25'59.98"S 70°38'59.12"W
Uno de los principales símbolos del Barrio Mapocho es el faro de roca verde que conmemora la epopeya de la tripulación de la querida “Mancarrona”, nuestra corbeta "Esmeralda", en la Rada de Iquique el 21 de mayo de 1879. Incluso parece competir con el resto de los vistosos sitios históricos del sector, como la alta cúpula del Mercado Central, el Edificio del ex Hotel Bristol, los puentes y la majestuosidad de la Estación Mapocho, puntos dominantes de este paisaje urbano.
Aunque es tan característico que pareciera haber estado allí durante toda la historia de la ciudad, el Monumento a los Héroes de Iquique, llamado también Monumento de las Glorias Navales o a los Héroes de la "Esmeralda" fue inaugurado en mayo de 1962, 28 de ese mes según algunas fuentes, aunque la placa conmemorativa del mismo está fechada en el exacto 21 de mayo.

Esto sucedió durante la alcaldía del ex Director de la Escuela Militar conocido por sus inspiraciones cercanas al ibañismo, Coronel ® Ramón Álvarez Goldsack, coincidentemente cuando se manifestaba un claro interés por "monumentalizar" la cultura e historia de la ciudad, en la clásica visión conmemorativa que quedará plasmada, también, con la instalación de la estatua ecuestre de Pedro de Valdivia (hoy en la Plaza de Armas). Álvarez Goldsack fue, además, quien se hizo cargo del financiamiento municipal para la Orquesta Filarmónica chilena, pasándola después a la Corporación Cultural de Santiago.
Busquets Montalva esculpiendo una de las imágenes en su taller (fuente: revista "En Viaje", 1960).
Este conjunto constituye el primer gran monumento erigido en Santiago en homenaje a los héroes del 21 de mayo de 1879. Fue levantado atrás de la Plaza Venezuela y casi enfrente de la Plaza del Mercado, importante lugar en la época de los tranvías en el pasado.
El tramo de la plaza ha pasado a ser llamada popularmente después Plaza Capitán Prat, pero las presencias alusivas a la epopeya naval son anteriores en el sector: la antigua calle de la Nevería que allí desemboca es llamada 21 de Mayo desde los tiempos de Balmaceda y de la renovación del barrio por la canalización del Mapocho, mientras que la secular calle de las Ramadas, última que empalma perpendicularmente con 21 de Mayo, pasó a ser Esmeralda, así llamada en homenaje a la histórica corbeta de aquella misma gesta.
Allí, al final de 21 de Mayo y sobre el monumento, se realizan año a año los actos oficiales de conmemoración del Combate Naval de Iquique-Punta Gruesa, constituyéndose en el principal lugar de estas características en la capital chilena.
 Carocca Laflor concluyendo la imagen del Corneta Cabrales (fuente: revista "En Viaje", 1960)
El conjunto escultórico está, específicamente, entre las calles José María Caro (costanera) e Ismael Valdés Vergara, casi en su unión con General Mackenna, esquina 21 de Mayo. Tiene 25 metros de altura, 12 metros de base y se halla montado sobre una plataforma escalonada circular de unos 20 metros diámetro, con escalera espiral interior hasta su cima. La figura de Prat es la principal y más destacada de todo el grupo escultórico, de 3.60 metros de altura, mientras que las otras alcanzan 3.20 metros.
La obra escultórica en yeso que dio forma a las figuras de bronce, fue encargada al destacado escultor oriundo de Vallenar don José Carocca Laflor, siguiendo instrucciones de diseño de la base y la torre de acuerdo a los mapas del arquitecto Gustavo García Postigo, fallecido poco antes de que se la viera concluida. Por eso los nombres de ambos aparecen en la placa central del conjunto y en las bases de piedra situadas en la cara poniente del conjunto artístico. La cantería, pedestal y estructura de piedra del faro, en cambio, quedó en manos del destacado escultor Moisés Busquets Montalva, aunque esta importante participación suya muchas veces es perdida de vista en las descripciones que se conocen del monumento.
La base de piedra estaba concluida en 1960, como se ve en esta fotografía de la revista "En Viaje".
Su origen se remonta a un llamado por ley a concurso nacional, que fue ganado en 1948 por Carocca Laflor. Desde un principio se consideraba al costado del río Mapocho como el lugar indicado para montar la obra. Pero, por insólito que suene, el artista debió esculpir dos veces prácticamente la totalidad de las figuras principales de bulto redondo en el monumento: cuando las primeras estaban listas para servir de moldes al bronce fundido, vinieron a tener lugar las olas de saqueo, enfrentamientos y destrucción de los días 2 y 3 de abril de 1957, en las que su taller fue asaltado con violencia perdiéndose innumerables otras piezas de inmenso valor.
Al retomar su trabajo, el escultor fue objeto de gran atención pública alrededor de cómo avanzaba su obra, siendo del gusto popular antes aún de inauguradas. Hubo una gran participación social y corporativa en este proyecto, además. El cobre necesario para la obra, por ejemplo, fue donado por dos empresas norteamericanas: la Sewell de Rancagua y El Salvador de Chañaral. Y a medida que se aproximaba la fecha de inauguración, primero de la columna y base de piedra en 1960 y más tarde del conjunto completo, participaron también instancias del cuerpo diplomático, académicos, organizaciones civiles, medios de prensa, grupos conmemorativos, estudiantes y otros. Se cuenta que el bronce utilizado en la fundición hecha en la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad Técnica del Estado, en 1961 según la inscripción al pie de una de las figuras, pertenecía a piezas de los acorazados "Capitán Prat" y "Esmeralda", que entraron en funciones hacia la última década del siglo XIX pero que fueron jubilados por la Armada en los años treinta.
Hay algo extrañamente místico y nostálgico en esta construcción, especialmente cuando sus luces interiores están encendidas durante las noches. No creo que este ambiente casi romántico del faro sea fruto de la casualidad... De hecho, me recuerda la atmósfera casi hipnótica que consigue el parpadeo permanente de otros faros "simbólicos", como por ejemplo el instalado en la sede NAO Santiago de la Hermandad de la Costa, en calle Almirante Carvajal, de Providencia. Marinos y hombres de mar en general, al parecer, manejan diestramente estas connotaciones y simbolismos de nostalgia oceánica.
Otro detalle interesante es que, encontrándose tan lejos del mar, este el monumento tiene varias alusiones directamente vinculadas al océano infinito del Pacífico, al mismo donde encontrara la muerte y la eternidad la gloriosa tripulación de la "Esmeralda".
Fotografía de Barrio Mapocho en 1968, por José Alsina. Destaca a la izquierda del encuadre, frente la Mercado Central y junto a la avenida Ismael Valdés Vergara, la torre del faro del monumento.
En primer lugar, recalco otra vez que el obelisco o torre está construido a modo de faro, usando como material un tipo de roca verde clara traída especialmente desde canteras ubicadas en Talca. Alguien podría esperar que el color alusivo al mar fuese azul; pero el verde siempre ha cargado con simbologías espirituales, como la esperanza y la resurrección. El Capitán Prat está acompañado del Sargento Juan de Dios Aldea, un marino atrás que fue interpretado alguna vez como el Guardiamarina Ernesto Riquelme (no tengo clara esta dudosa asociación), otro marinero preparándose para el abordaje con hacha en mano y de la Alegoría de la República a sus espaldas.
Prat alza su mano apuntado hacia un horizonte poniente, precisamente en dirección hacia al océano, aunque la leyenda dice que cuando inauguraron la obra las comitivas siguieron su dedo índice para buscar dónde festejar el evento tras los actos solemnes, llegando así al famoso bar de "La Piojera" un poco más abajo, donde se ha hecho tradicional esta celebración anual de los marinos presentes cada 21 de mayo.
Por esta evocación general a las glorias navales, además, es que la torre tiene relieves a ambos lados cerca de la base, donde se observan las figuras de Lord Cochrane y de Blanco Encalada (al parecer, antes tenían placas conmemorativas a sus pies, pero ya no existen), además de sobrerrelieves originales de Carocca Laflor representando en lo alto los conceptos de la Guerra, la Gloria, la Victoria y La Paz, como esculturas de medio bulto.
Otro detalle interesante de la composición y su ubicación en el barrio, es que se sitúa casi en frente a la ex Estación de Ferrocarriles de Mapocho, hoy Centro Cultural del mismo nombre. Era precisamente desde allí de donde salían los trenes hacia las ciudades de la costa central, uniendo Santiago con aquellos puertos, servicio que también conectaba con el ferrocarril hacia el Norte de Chile, desde Valparaíso a Iquique.
Al pie de las imponentes figuras, se lee la conmovedora carta que el Almirante Miguel Grau dirigiera a la vida de Prat, Doña Carmela Carvajal, apenas terminara la contienda en Iquique. En otra de las caras está grabada la arenga inmortal de Prat previa al enfrentamiento: “Muchachos la contienda es desigual, nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo...”. Esto último se observa en la cara oriental del conjunto y le acompaña una alegoría femenina, cuya vista ha quedado petrificada en dirección hacia la cordillera de los Andes.
A pesar de su ambiente conmemorativo y de la solemnidad que rodea al lugar, el monumento no ha sido bien tratado. El grupo de estatuas, por ejemplo, debió ser restaurado por varios meses luego de un potente atentado con explosivos realizado por grupos subversivos el 4 de septiembre de 1990, que mutiló principalmente la estatua de Prat.
La chusma de nuestros días cambió el amongelatina por los orines, especialmente los cientos de borrachines que pasaban por este lugar durante los fines de semana, nacionales y extranjeros por igual. Fue tan utilizado el lugar como urinario que la pulcritud obligó a aislarlo totalmente, luego de un reportaje noticioso del canal Mega denunciando estos hechos, hacia el año 2004, además de ejecutarse otra restauración parcial del conjunto y de la plaza. A consecuencia de esta falta de higiene y de tanta incultura, entonces, la Ilustre Municipalidad de Santiago hizo colocar un poco lucido pero necesario enrejado alrededor del monumento, que le ha permitido recuperar su aspecto pulcro y altivo a costa del sacrificio estético. Como consecuencia imprevista, muchos gatitos callejeros viven ahora entre las formas del conjunto, tomando Sol tras la seguridad de esas mismas rejas y burlándose de los muchos perros que pasan por allí mirándolos con rencor.
El faro de los héroes sigue señalando -así y pese a todo- un camino encantado y simbólico hacia el mar del Pacífico, aunque las distancias sean enormes y los trenes del barrio ya se hayan marchado de la ciudad, además de apuntar hacia la misma ruta del río que diera nombre a nuestro Valle del Mapocho, en testimonio de la buena y de la mala historia de nuestra ciudad.

3 comentarios:

Humberto Julio Reyes dijo...

Muy interesante y entretenido a la vez. Sinceras felicitaciones.

Viviana Seguel dijo...

Se agradecen os detalles históricos y patrimoniales en su relato. Muy buena investigación que ayuda a comprender mejor nuestra historia y monumentos capitalinos.

Fernanda Medina Núñez dijo...

Felicitaciones por su bien documentada investigación

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