sábado, 8 de diciembre de 2007

CITÉ DE NATANIEL COX 185: OTRO ENCLAVE MISTERIOSO EN EL CENTRO CAPITALINO

Coordenadas: 33°26'54.35"S 70°39'13.12"W
En tiempos donde la moda es “repensar” las ciudades en base a criterios no siempre amables con el urbanismo (y con ello se le arrojan encima desastres catastróficos como el Transantiago, dicho sea de paso), existen aún varios enclaves de la historia matriz de nuestra capital que se resisten a ceder al paso del tiempo, a las visiones snobistas de cómo debe ser una urbe y, por supuesto, de la arrogancia de los “repensadores” que, como dice celebrando la propaganda de una casa universitaria por estos días, “ven el lápiz como un bisturí” (???).
Un bisturí… Aunque a algunos de estos repensadores no les toque hacerse cargo del fallecido en plena cirugía, por supuesto. Los ejemplos en la ciudad abundan, y no siempre por la voracidad de las inmobiliarias, como se pretende hacer creer, sino también por las pésimas políticas públicas.
Hará un año ya que tomé las fotografías que aquí muestro, mientras buscaba la antigua ubicación de la quinta “Las Tejas” en calle Nataniel Cox a escasas tres cuadras de la Alameda Bernardo O'Higgins, siguiendo la información que alcanzara a entregar don Oreste Plath... Uno de esos enclaves de tiempo que han sobrevivido a los repensadores de la ciudad.
Curioso hallazgo: pasaba bastante seguido por allí, frente al propio cité, para ir a pechar cerveza y DVD’s al departamento de mi compadre Koke Velis, y nunca me había fijado de la presencia de este pequeño mundo detrás del estrecho portón de rejas metálicas situado bajo el número 185 de la avenida, con ladrillos de colores retintos que me recuerdan mi querido edificio del Liceo Manuel Barros Borgoño.
No exagero ni me apoyo en figuras narrativas trilladas cuando digo que realmente es un mundo dentro de otro, como suele suceder con toda la mística e intimidad que generan los cités, al constituirse como una especie de microciudad dentro de la ciudad mayor en la que se encuentran. Solo ingresar a una mina profunda y de grandes galerías semeja a la sensación de entrar a un cité y especialmente dentro de alguna de sus casas, pues es algo comparable a encontrar un espacio orgánico y activo en donde aparentemente no había más que una puerta o una reja.
No tengo referencias sobre la edad de este fabuloso cité de Nataniel Cox. Sin embargo, sus decoraciones forjadas en el portón evocando motivos vegetales y naturalistas propios de una versión modesta de Art Nouveau, corriente que data de fines del siglo XIX, me invita a creer que éste podría ser uno de los más viejos cités sobrevivientes en Santiago imitando con gran humildad el aspecto de las modas de arte europeo.
Me refiero a esos cités originales, los que nacieron con la petición que en aquella misma época le hiciera don Melchor de Concha y Toro al arquitecto francés Emilio Doyere para construir una solución residencial para sus parientes y amigos menos pudientes, haciendo nacer esta manifestación urbana de las clases populares que ha pasado a constituir un símbolo tan propio de la historia de Santiago y de Chile.
Los elementos de arte francés identificables en el cité son, sin embargo, especulativos a la hora de precisar un rango de fechas y completar la información que me falta. Tras revisar los restos del antiguo sistema eléctrico del recinto, sólo puedo suponer que datarían de los años cuarentas o antes, lo que -para mi gusto- sigue colocando el lugar entre los cités históricos más importantes de nuestra ciudad.
Los ladrillos visibles y ausentes de estucado, sin embargo, me vuelven a evocar un detalle de orientación creo que neoclásica, de muros rojos y portales con dinteles de forma arqueada, como se observa precisamente en mi ex Liceo, en una escuela de Avenida Matta con San Diego y en otros edificios que se remontan más o menos al período del cambio de siglo.
Al fondo del pasaje, por el largo pasillo de casas señaladas con letras y en un camino de baldosas que calculo no más ancho del metro y medio, se abre un patio de luz con la altura de los dos pisos que ofrece el conjunto. Un edificio nuevo de varios pisos se eleva exactamente al lado, robándole prepotentemente al cité el Sol de las horas crepusculares.
Tengo muchas dudas aún sobre este hermoso secreto de la capital. Hasta este momento, no he encontrado mucho de donde tomar información. Prometo actualizar cuando sepa más al respecto.

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