jueves, 29 de noviembre de 2007

PINTORES DE LA PLAZA DE ARMAS: ¿UNA TRADICIÓN SECULAR? ¿UNA IDENTIDAD EN PELIGRO?

Pintores y sus atriles en "Place de Santiago, siglo XIX".
Coordenadas: 33°26'17.42"S 70°39'3.19"W
Hace un par de días, volví a pasar por la Plaza de Armas de Santiago después de ir a dejar a una angelita dorada hasta la estación del Metro Cal y Canto, y luego de echarme adentro dos terremotos en “La Piojera”. Mi compañía tiene varios meses del embarazo, así que dedicó más bien a cucharear el helado del vaso (y yo el vino) y luego a compartir conmigo un pernil con papas.
Al pasar por la plaza firmé el libro de apoyo a los pintores y dibujantes, a los que el actual Alcalde de la ciudad, don Raúl Alcaíno, está decidido a erradicar, según ellos reduciéndoles las cuotas de trabajo y licitando los permisos para ocupar el lugar en que han permanecido desde los tiempos en que los abuelos muchos de los políticos que apoyan esta medida todavía no eran espermios. Me tomé el trabajo de ver la exposición que ofrecen estos artistas en su defensa. Pasados los efectos del terremotazo sigo bastante sorprendido.
El conflicto lleva ardiendo por tres años ya. Alcaíno habría ordenado reducir los permisos desde 60 a sólo 25 espacios, de acuerdo a lo que reclaman. La cacería comenzó hacia agosto de 2005, pero la tenacidad de los propios pintores les ha permitido sobrevivir, al menos todavía. Incluso le han aguado algunos actos públicos, al estilo de los deudores habitacionales con las aburridas fanfarrias de la Presidente Bachelet. En octubre de ese año, habían enviado la siguiente carta a los medios, advirtiendo ya entonces sobre el punto en que actualmente se encuentran las cosas, aunque para mi gusto con un lenguaje demasiado sulfurado por los ánimos:
“Los Pintores de la Plaza de Armas queremos denunciar un fraudulento concurso, de bases leoninas aceptadas y firmadas por seudodirigentes a espaldas de la mayoría. En el desarrollo de este simulacro de concurso ni siquiera se respetaron esas mañosas bases. Se pedía originalidad y los copiadores, a los que el alcalde Raúl Alcaíno alude, descaradamente copiaban con anuencia del jurado. Éste tenía los cupos designados. Se pedía aporte urbano y cultural y alguien pintó una cala, que no tiene nada que ver ni con lo urbano y ni siquiera pertenece a nuestra flora. No se consideró aporte cultural ni permanencia, tampoco, el currículum de los artistas. Naturalmente, se quedaron los copiadores, revendedores y comerciantes, que con actitudes matonescas buscan atemorizar a los artistas, por naturaleza pacíficos.
Los afectados rescatamos un patrimonio cultural valioso, que casi ha desaparecido. Nada de eso le importó a uno de los jueces. Varios hemos sufrido cobardes agresiones de parte de amatonados comerciantes por hacer arte. La represión a la cultura y las expresiones artísticas, amparando a delincuentes se llama fascismo y Alcaíno aparece como responsable. No creemos que la autoridad encubra estos hechos: pensamos que el alcalde está mal asesorado o sus subordinados amparan estas maniobras a sus espaldas. Esperamos que anule el fraudulento concurso y realice otro con bases claras y justas y que seamos respetados, con jurados que sepan arte y den garantías y que el Departamento de Cultura no proteja a delincuentes.
Luis Arteaga, Eduardo Ferreira, Mario Fuentealba, Ramiro González, Patricio López, Serafín Núñez, Gerónimo Olmo, Luis Pardo, Rubén Pichilenga, Carlos Poblete, Leonel Ramos y Elisa Vásquez”
El tenor las cartas del Alcalde ordenando a uno de sus jefes de departamento que proceda a desalojar a los pintores, publicada en el lugar por los mismos artistas, también sorprende por su rudeza y frialdad. Actualmente los puestos que ocupen los pintores están sujetos al pago de fuertes imposiciones que van directamente a la caja municipal.
Tengo cierta simpatía por Alcaíno. Creo que es lejos uno de los alcaldes más ordenados y serios que ha tenido nuestra ciudad después de las experiencias de las administraciones Ravinet y Lavín. Sin embargo, la nobleza obliga y no puedo estar del lado de esta decisión. Me parece un contrasentido, además, por provenir de una Municipalidad cuya división de cultura entrega anualmente un Premio Municipal de Artes que, según leo en su website, “pretende reconocer la trayectoria de creadores y artistas en los géneros de: Artes Plásticas o Visuales, Artes Escénicas y Artes Musicales”.
No fue difícil que los pintores me convencieran de firmar, entonces: me bastó ver la gigantografía que allí montaron del cuadro “El Huaso y la Lavandera”, de Mauricio Rugendas, y al lado una humilde fotocopia con una ilustración de la Plaza de Armas de Santiago de Chile, publicada en un libro de "Historia del Perú" de Mariano Paz Soldán, donde alguien señaló con un plumón rojo los artistas con atriles instalados ya en pleno siglo XIX… Los mismos artistas que ahora pretenden ser desterrados del kilómetro cero de Chile.
Si bien los actuales pintores se instalaron por ahí por los ochentas en la plaza, los documentos demuestran que estaban desde mucho antes en este sitio, entonces.
Y no fui el único seducido con esta propaganda: detrás de mí se acercó a firmar otro tipo de anteojos y gestos nerviosos con el que intercambiamos una cháchara al respecto. No tardó en confesarme muy temerario que el único presidente que valía la pena para él había sido “el que se murió hace poco” (su General Pinochet, se entiende), pero que de todos modos votaría por un gremio visiblemente cargado a los “progres” como son los pintores de la plaza. Ambos coincidimos en pensar que estos artistas constituyen ya uno de los pocos atractivos visuales que sobreviven en este lugar de Santiago para la atención del turista. También nos preguntamos dónde están los dirigentes de izquierda cuando hay que defender a estos gremios.
Me quedó dando vueltas todo el día la cuestión de la imagen del siglo XIX con los atriles levantados en la plaza, sin embargo. Recordaba haber visto antes grabados similares. Efectivamente, después de buscarlas afanosamente entre mis archivos (la necesidad de dormir se fue a la cresta), encontré dos láminas que muestran exactamente lo mismo: a los pintores de la Plaza de Armas instalados allí hace doscientos años.
Más pintores y más atriles en "Santiago, Chile, la Plaza Mayor" hacia 1835.
La primera lámina corresponde al grabado "Place de Santiago, siglo XIX" que aparece en el trabajo "En Chili, Paraguay, Uruguay, Buenos Ayres" de César Famin (París, 1839-1840). Este documento se encuentra en las colecciones de la Biblioteca Nacional de Santiago para quien quiera obtener una copia de mejor calidad que la mía.
La segunda imagen es una lámina titulada "Santiago, Chile, la Plaza Mayor", hecha hacia 1835 por Beger, según se cree, y que aparece en "Viaje de un Naturalista Alrededor del Mundo" de Charles Darwin, en la versión publicada en Buenos Aires por Librería El Ateneo en 1945. Me parece que corresponde a la misma imagen tomada del libro de Paz Soldán y que los pintores están exhibiendo en la plaza para pedir apoyo ciudadano, y también está en la Biblioteca Nacional, según lo confirmo revisando los catálogos de Memoria Chilena.
Lamento que el señor Alcaíno esté tan extrañamente obcecado en extirpar a los artistas pictóricos de la Plaza de Armas, a veces con estrafalario exhibicionismo. Como se recuerda, el multifacético y versátil Alcalde de Santiago, en el pasado fue una figurilla televisiva, además de empresario de la recolección de basura y también instructor de artes marciales… Es decir, se especializó en sacar rating, sacar la mugre y sacar la mierda, respectivamente. Quizás ahora que ocupa el cargo de edil de la ciudad esté confundiendo los roles, digo yo.
Como se ve en algunas fotografías de prensa, los propios pintores le levantaron un cartel hace un par de años, diciéndole: “¿Quién es quién, señor Alcaíno? Mientras Ud. recogía BA$URA (sic), nosotros hacíamos CULTURA”.
No vaya a ser que esta pirueta de Alcaíno termine como la otra paranoia obsesiva del ex Alcalde Jaime Ravinet, cuando se afiebró con la idea de callar el histórico cañonazo de mediodía desde el cerro Santa Lucía, desatando un masivo descontento popular que lo obligó a reponerlo con la cola entre las piernas, aunque no sin doblegarse del todo, pues exigió que se le bajaran los decibeles a la intensidad de la detonación para dejar de todos modos su huella. Este mismo Alcalde es el responsable de que la Plaza de Armas sea hoy el conjunto de más cemento muerto que de plaza viva, como alguna vez lo fue.
Por último, y a riesgo de hacer una observación sumamente odiosa, quisiera manifestar cuánto me extraña que nuestras autoridades y "representantes" permanezcan mayoritariamente indiferentes ante esta amenaza contra la tradición cultural de Santiago por el mero capricho de una administración municipal que sólo estará de paso y quizás hasta el próximo año a lo sumo; tradición que pretende ser arrancada sólo porque a alguien se le ocurrió que la presencia de los pintores "se ve mal" o “se ve feo”. Así de simple.
Si a la Municipalidad de Santiago se le metiera entre las cejas hacer la misma tropelía y con los mismos móviles, por ejemplo, contra los ciudadanos peruanos que se juntan a sólo unos metros de allí dejando bandejas con coloridos restos de comida junto a la Catedral de Santiago (que no se ven tan “feos” ni tan “mal” al criterio municipal, según parece), apuesto las gónadas a que la gritadera histérica de los politicastros chilensis contra la discriminación, el racismo, la xenofobia y la intolerancia -por parte de los mismos que ahora permanecen virginalmente calladitos- sería escandalosa y encontraría tribuna desde Visviri hasta la Península Antártica.
¿Qué clase de intereses subyacen entonces en esta intentona por sacar los históricos pintores de la cada vez más destruida Plaza de Armas? Podría imaginar desde ya a todo este sector convertido en locales de venta para mercaderes y baratijas de mayor conveniencia para las arcas municipales, como ya se ha hecho con tantos otros sitios históricos de nuestro país. No lo creo, realmente, pero uno nunca sabe.
Así como hemos pasado más de un siglo cantando las líneas de la Carmela en el musical de la Pérgola de las Flores, cual si con eso la resucitara milagrosamente desde el fondo del abismo aquel desmantelado hito de nuestra historia, ¿terminaremos haciendo lo mismo con los pintores de la Plaza de Armas, mandándolos al álbum de los recuerdos de la ciudad?
Ni idea... Esperemos que no y veamos qué sucede con el tiempo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

de que año es su publicación que no tienes comentarios?

Anónimo dijo...

muy bueno el artículo

Criss dijo...

Estimado: lo que sucede es que activé la opción de dejar comentarios recién el año pasado cuando volví a subir el blog tras haberlo cerrado por cerca de un mes y medio... Las protestas me llevaron a reponerlo, por eso no existen comentarios anteriores a aquella fecha.

Anónimo dijo...

¿Estas autoridades no tendrán referencias de La Plaza del Tertre en Paris?

Anónimo dijo...

¿Estas autoridades no tendrán referencias de La Plaza del Tertre en Paris?

Anónimo dijo...

Muchas de las afirmaciones planteadas no son exactas, como bajar de 60 puestos a 25 (en realidad eran 42 y quedaron 35), Los pintores a pesar que alguna vez se intento cobrarles una patente, nunca la pagaron... y ojo que hay buenos pintores y otros no tanto... sugiero no comparar a Santiago con capitales Europeas... puede que seamos mejores...

Criss Salazar dijo...

Interesante, pero yo trabajo con las cifras que tengo y las publicadas son las que me proporcionaron los propios pintores organizados contra la medida. Si la Ilustre Municipalidad de Santiago se negó a atender mis consultas al respecto para contar con su versión, durante dos días seguidos en que se dio el gusto de recibir hasta grupos de turistas y no a un contribuyente como quien escribe, no es mi culpa... Como dijo Villegas: "Pasó la vieja" (2007).

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