domingo, 1 de abril de 2007

LA CIUDAD DE SANTIAGO, LA "CIUDAD DE DIOS"

Fotografía de la portada del libro "Historia Urbana del Reino de Chile", del destacado investigador histórico Gabriel Guardra O.S.B.
Este mes se cumplen 20 años desde la visita del Papa Juan Pablo II a Chile. Más allá de la identificación que uno tenga con la Iglesia, no puede negarse que, en el contexto histórico correspondiente, fue todo un acontecimiento en un país tan profundamente influido por el catolicismo, pero especialmente Santiago, la ciudad del Apóstol Santiago en las Indias, el Santiago del Nuevo Extremo en su denominación original.
Varias urbes del mundo, con Roma a la cabeza, han recibido el apodo de la Ciudad de Dios, término creado por San Agustín con su concepto de la Civitate Dei, aunque bien puede que nos haya llegado por influencia del mundo árabe sobre el hispano, pues en el Islam era conocido desde antaño el nombre. Por estas latitudes, Sao Paulo, Lima y Buenos Aires han pretendido dicho apodo por recomendación de distintos cronistas o escritores.
Y, curiosamente, nuestro Santiago del Nuevo Extremo alguna vez lo recibió también, según lo confirman estudiosos de las crónicas y documentaciones antiguas. Quizás no sea una las ciudades americanas con más cantidad de iglesias levantándose sobre su urbanidad, sin duda, pero por alguna razón la presencia de los edificios religiosos fue especialmente advertida en algún momento de su historia.

Basta ver el horizonte de altas cúpulas y torres con cruces para comprender de dónde pudo surgir tal asociación con lo divino. Se comprende también, dentro del concepto agustino de la elevación de la ciudad desde estados primitivos a estados "superiores" de cristiandad y mantención de la religión, si se comprende el acoso al que fue sometido Santiago por los indígenas rebeldes enemigos de la conquista, obligando a los hombre a buscar tanto refugio en la fe como en las armas.
La Alameda de las Delicias, ex Cañada, fue el punto de partida para esta vorágine arquitectónico-religiosa que una ciudad patronada por Santiago Apóstol merecía. Oreste Plath lo explicaría así:
"Aquí se levantó la primera casa de Dios y luego se convirtió en cierto sector “de la ciudad de Dios”, por los numerosos templos que se fueron disponiendo en su techo".
Vista panorámica de Santiago hacia 1910. Las iglesias eran los edificios de mayor altura todavía a principios del siglo (Imagen: gentileza de don R. Pérez, que ha facilitado su colección para este sitio web). Clic encima para ampliar imagen.
Cúpulas y torres de los templos levantándose sobre los techos del Santiago de 1920, cual pequeña versión humilde de la grande y fastuosa Roma. La Virgen María custodia la escena desde su vista privilegiada sobre el cerro San Cristóbal.
La iglesia fue, entonces, la proliferación del sentido de seguridad espiritual en la colonia del Mapocho, como lo serían los fuertes a la seguridad material y militar de la población. La diferencia con otros establecimientos humanos también coronados por altas iglesias, como las que Darwin comentó sobre la Ciudad de los Reyes de Lima, es que, siendo esta última inmensamente rica en la época dorada de su arquitectura, la Capitanía de Chile se caracterizó siempre por su escasez de recursos y la limitación de sus materiales.
Al respecto, Sady Zañartu escribe en "Santiago, calles viejas" sobre la situación de la Cañada de la Alameda de las Delicias en la colonia, dándonos una pista de dónde surgió el apodo de la Ciudad de Dios, según comenta:
"Dios mediante, años después, en 1554 la ermita se convirtió en casa de franciscanos, y la Cañada torno el nombre del trajín que hacían los hijos del Seráfico Padre. Por los numerosos templos que fueron rodeando aquel espacio, en un área no mayor de quinientos metros, se dijo que estaba allí “la Ciudad de Dios”. En el costado sudoriente, el Carmen de San José, y, en hilera, con pocas cuadras de intermitencia, hacia el poniente, San Juan de Dios, San Francisco, La Soledad y San Diego; por el costado norte, San Saturnino, las Claras, y, como cúspide y memoria, el santuario de la Virgen Santa Lucía".
Zañartu agrega que los jesuitas llamaban la ciudad también con el sugerente nombre de la "Roma de las Indias", precisamente por esta característica de abundancia de iglesias y catedrales intentando alcanzar el cielo, aunque dicha denominación también fue usada en otros puntos de la América colonial. Esta característica es confirmada por documentos como el del sacerdote Alonso de Ovalle, en su "Histórica Relación Reyno de Chile", en 1646, cuando escribe:
"En esta materia de edificios, puede esta ciudad como también las demás de las Indias, glorificarse de una cosa digna de ponderación, y es el haber imitado en esto a Salomón, el cual comenzó por el templo, y casa de Dios, antes que tratase de edificar sus reales palacios. Así lo han hecho los españoles en aquel Nuevo Mundo, heredando la costumbre de sus antepasados..."
Siluetas de los templos en avenida Independencia.
Interpretando el famoso mapa de Santiago elaborado por Frezier hacia 1702, don Benjamín Vicuña Mackenna describe la relevancia de las iglesias en el escenario urbano del Santiago del siglo XVIII, en su libro "Historia Crítica y Social de la Ciudad de Santiago", escrito en 1869:
"La ciudad se ve en el primer trazado de su planta limitada hacia el sur por la anchurosa cañada, cuyo centro, completamente despojado de árboles, atraviesa una espaciosa acequia. En la parte sur aparecen remarcados los sitios que ocupaban las iglesias de San Juan de Dios (en la esquina opuesta a la que hoy ocupa y dando inmediato frente a San Francisco, por lo que esta calle se llamaba de San Juan de Dios) de San Francisco, San Diego y el noviciado de San Borja. Solo al frente de este edificio y por una extensión de cuatro cuadras se nota una hilera de árboles plantados con regularidad, y debía ser obra de los jesuitas, que allí tenían su colegio. En esta dirección se notan abiertas, pero despobladas, a manera sólo de rústicos callejones, (excepto al desembocar en la Cañada, donde se ve figurado algún caserío), las calles del Carmen, de San Francisco y la vieja de San Diego, que tuerce hacia el poniente a las dos cuadras de su arranque, como en la dirección del puente de cimbra, que entonces existía en el Maipo, pues esa era, al parecer, la única salida del camino red que tenia la ciudad por el lado sur".
En la obra "Chile Ilustrado", de 1872, Recaredo Santos Tornero escribe sobre la abundancia de cofradías y casas religiosas en Santiago:
"En casi todas las parroquias, lo mismo que en todos los conventos, existen asociaciones religiosas con el nombre de cofradías, órdenes, o hermandades, las cuales tienen por objeto crear la devoción de algún santo, celebrando su día con fiestas y procesiones más o menos ostentosas. Entre estas las más notables son la llamada Esclavonia del Santísimo, en la Catedral; la Hermandad del Santo Sepulcro, en la Soledad; y la del Corazón de Jesús, en la Recoleta franciscana. Las Ordenes terceras de los conventos, la del Carmen, y de San Agustín, son también bastante ricas y hacen lujosas procesiones todos los años. Están bajo la dirección de los superiores de las corporaciones, y sus miembros están obligados a contribuir con una pequeña cuota mensual y a cumplir con ciertas prácticas religiosas".
Tornero contabilizaba las siguientes parroquias y templos como los principales sólo en el sector histórico y central de Santiago a aquella fecha, aunque parecen ser sólo las más relevantes:
  • Parroquia del Sagrario
  • Catedral de Santo Domingo
  • Recoleta Dominicana
  • Iglesia de la Merced
  • Iglesia de San Francisco
  • Iglesia de San Diego
  • Iglesia de San Juan de Dios
  • Capilla de la Soledad
  • Iglesia de San Agustín
  • Iglesia de la Compañía
  • Parroquia Santa Ana
  • Iglesia de San Pablo
  • Catedral del Salvador
  • Capilla de los Huérfanos
  • Capilla de San José
  • Parroquia de San Isidro
  • Parroquia de San Lázaro
  • Parroquia de San Francisco de Borja
  • Parroquia de la Estampa
  • Parroquia de San Saturnino
Los cambios en la fe popular santiaguina han dejado a muchas iglesias de la capital con una reducida actividad litúrgica, lo que se ha traducido en descuido, falta de mantención y deterioro, inclusive en templos que han sido declarados Monumentos Históricos Nacionales. Creemos que el valor de estos edificios de la Ciudad de Dios desde hace tiempo pertenecen ya al patrimonio nacional, y no al ostracismo eclesiástico, por lo que la responsabilidad por su preservación recae en la sociedad completa, un concepto generoso difícil de comprender y defender en nuestra época de desparpajado favoritismos políticos y sectarismos mezquinos.

1 comentario:

Felipe dijo...

Cada Templo esconde detalles impresionantes, expresivos, como ya no se ven ahora en los templos nuevos.

Al listado de Tornero, agregaría algunos templos que vale la pena destacar:

* Iglesia de las Agustinas
* Basílica de los Sacramentinos
* Iglesia de la Gratitud Nacional
* Iglesia del Corpus Domini (calle Santo Domingo)
* Iglesia de la Preciosa Sangre (Plaza Brasil)
* Iglesia de La Viñita
* Iglesia de San Ignacio
* Capilla San Pedro (Mac Iver)
* Parroquia Niño Jesús de Praga
* Parroquia Recoleta Franciscana
* Basílica Nuestra Señora de Lourdes (Quinta Normal)
* Parroquia San Antonio de los Capuchinos (Calle Catedral)
* Parroquia Santa Lucrecia
* Parroquia Santa Filomena (Patronato)
* Parroquia Santos Ángeles Custodios (Providencia)
* Parroquia Santa Gema Galgani (Ñuñoa, Suecia esq. Simón Bolívar)... etc.

y esperando algún día recuperar una joya de la arquitectura eclesiástica como la iglesia de las Hermanas de la Providencia, destruida casi completamente por el horrendo incendio de comienzos de este año. En varias ocasiones estuve allí participando de Misa Gregoriana en latín, incluso una vez asistí a una pontifical solemne, que era como transportarse en el tiempo.

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