jueves, 1 de marzo de 2007

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA CUECA EN LA TRADICIÓN CHILENA

"La Zamacueca" de Manuel Antonio Caro (Chile, 1872)
De Norte a Sur, de cordillera a mar... La cueca se canta y se baila en todo Chile en sus propios refugios, ofreciendo una colorida y rítmica variedad de adaptaciones instrumentales o plásticas sobre la base original que la identifica. Corresponde a un estilo musical típico y folclórico, en donde las voces de los cantores se cruzan mientras la pareja danza.
Se discute sobre la analogía del baile de la cueca. Para muchos es innegable su semejanza con el rito de cortejo de las aves de corral, asumiendo el hombre la característica del gallo y su "rodeo" con el ala a la mujer, en este caso en el papel de la gallina. Por esta razón, algunos investigadores aseveran que el nombre de la cueca provendría de la expresión "clueca", asociada también a las aves domésticas. Para otros, sin embargo, esto es sólo un rasgo zoomórfico muy secundario, que sólo determina algunas poses y pasos del baile pero no la esencia de la tradición.
En su parte musical, la cueca se apoya de preferencia en voces principales y coros, sobre base de guitarra y percusión, a las que se adiciona arpa, piano y acordeón. Contrariamente a la idea que han fomentado los medios de espectáculos, el arte de la cueca es principalmente un evento de canto e interpretación más que de danza. Es muy probable, además, que esta parte esencial de la cueca haya nacido en ambientes urbanos del Chile clásico más que en el campo, también al contrario de lo que comúnmente se cree.
Para la parte del baile, que sí parece estar más asociada a la vida rural en algunos casos, idealmente requiere de vestimentas apropiadas para la soltura de la danza y de un objeto adicional: un pañuelo que gira en las manos diestras de ambos danzarines.
El "zapateo" o golpes de taco contra el suelo como parte de la danza también estaría asociado al comportamiento de los gallos en el rito de cortejo, según los defensores de la teoría zoomórfica, de modo que, a la par de ser un baile de profundas raíces culturales propias de un país con el acervo agrícola y ganadero de Chile, lleva implícito un carácter de seducción dentro de la pareja de bailarines.
Pero, sin negar las semejanzas no casuales de la cueca con el cortejo de las aves, tenemos algunas discrepancias. Quizás por la falta de contacto de algunos autores con la auténtica vida rural o las tradiciones campestres, un aspecto que se pasa por alto entre la mayoría de los investigadores de la cueca campesina es la semejanza de los movimientos del varón también con los del jinete cuando intenta lacear a sus baquillas o cuado "rodea" con el caballo a una potranca asustadiza. Desde este punto de vista, la mujer parece estar asumiendo el papel de la vaquilla o potranca en la danza. Curiosamente, esta sutil característica no se observa en las otras adaptaciones de los bailes originarios de la "zamacueca" en países vecinos y se pierde también en las expresiones de cueca citadina.
La cueca está culturalmente asociada a los dos personajes típicos de la tradición chilena: el huaso, en el caso de la raíz campesina, y el roto, en el caso de la raíz urbana. Del mismo modo, dentro de cada ámbito de la fauna humana nacional adquiere características que le son propias a la idiosincrasia local o al oficio en que se desempeñan sus cultores. Así existen, por ejemplo, la cueca del abajino (nortina), cueca del arribano (sureña), la cueca-tonada, cueca del minero, cueca del marinero, cueca chilota, cueca chora, cueca del pescador, cueca larga, cueca del chapecao, cueca porteña, cueca cómica, cueca "valseada", etc. No será, sin embargo, hasta que comienzan los registros fonográficos que surgirá la posibilidad y el interés por clasificar y definir los distintos esquemas musicales y plásticos de la cueca, a veces con una puntillosidad un poco exagerada, que inevitablemente cae en el dogma de discutir cuál es la "verdadera" cueca.
"La Zamacueca" de Arturo Gordon (Chile, 1921).
Por lo general, se considera también que la cueca es fundamentalmente un canto-baile de interpretación alegre. Entre los juegos tradicionales chilenos de niños existen algunos términos que conservan expresiones muy antiguas del lenguaje popular, como el "cara de cueca", que significa algo así como "cara feliz". En sus letras son frecuentes los ripios y las muletillas de marcado, tales como "caramba", "mi vida", "la muerte", "señora", "ingrata", "¡ay! sí", "¡ay! no", "allá va", etc.
A pesar de esto, y casi como en el drama del Quijote, parece haber en ella una curiosa presencia de sentimientos melancólicos o nostálgicos propios de las interpretaciones populares chilenas, donde abundan las letras con connotaciones trágicas, amores rotos, barrios desaparecidos o pueblos natales distantes, tendencia triste que muy pocos observadores han comentado sobre la cueca, salvo excepciones como Walker Martínez, siendo criticado por ello entre quienes prefieren ver sólo sus aspectos carnavalescos y festivos.
La difusión de la cueca entre los pueblos también presenta ciertas controversias. Se dice, usualmente, que su dispersión comienza fundamentalmente en el campo, de la mano del huaso de poncho, sombrero y espuelas. Sin embargo, parece haber un intercambio recíproco y permanente con la cueca de la urbe, nacida entre los barrios bajos y los puertos desde donde pasó (o volvió) a los campos luego de sucesivas persecuciones y hasta proscripciones en las primeras décadas de la República. Es la impresión que se desprende comparando, por ejemplo, trabajos como "Interpretación Histórica del Huaso Chileno" (Editorial Francisco de Aguirre, 1971) de René León Echaíz y de "Chilena o Cueca Tradicional. De acuerdo con las enseñanzas de don Fernando González Marabolí" (Ediciones Universidad Católica, 1994) de Samuel Claro Valdés.
Una difusión particularmente interesante en las ciudades tendrá la cueca de la mano de artistas populares muy ligados a la vida nocturna y a la tradición de los viejos locales de recreo en Santiago y Valparaíso. Las fondas de la vieja avenida Independencia en La Chimba eran visitadas hasta por personajes ilustres como los Hermanos Carrera y Diego Portales, pasando por encima de las muchas aprehensiones de las clases altas manifestaban por este tipo de sitios y manifestaciones culturales. La pampilla de Coquimbo, por su parte, parece remontarse a antiguos encuentros donde no se cantaba ni bailaba otra cosa que la cueca, existiendo registros de eventos similares en San Antonio, Concepción y Chiloé. Pero, como en su origen estuvo arraigado en lo menos granado de la sociedad chilena (tugurios, garitos y hasta casas de "niñas") siendo incluso prohibida en ciertos festejos públicos, el prejuicio llevó a evitar el reconocimiento oficial de la cueca como parte del folclore nacional por largo tiempo, hasta avanzado el Régimen Militar en 1979, aunque con un decreto cuyo texto también ha causado críticas, al priorizarlo como baile e insistir en una relación original con el mundo campesino.
A pesar de la visión sesgada que se tenía en el siglo XIX con respecto a la cueca entre las clases más pudientes, Isaac G. Strain, en 1853, declara en su obra "Sketches of a journey in Chili, and Argentine Provinces, in 1849" que había visto ya a familias de alta posición social bailando en Chile una forma de zamacueca que puede corresponder a la cueca chilena clásica. Del mismo modo, en postales producidas ya a fines del siglo XIX y a principios del XX, la cueca aparece perfectamente señalada como el baile nacional de Chile.
Existen muchos mitos y discusiones sobre estos puntos. La cueca misma es, en sí misma, un enigma lleno de atractivo e interés. Abordaremos más de estos temas a futuro.

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