domingo, 26 de noviembre de 2006

Y LÁZARO SE LEVANTÓ... EN EJÉRCITO CON GORBEA

Parroquia de San Lázaro hacia fines del siglo XIX, con su aspecto antiguo, antes del incendio de 1928. Fotografía de Odber Heffer. La casona que se ve en el primer plano a la izquierda es el lugar donde vivió Sor Teresa de los Andes en esta cuadra (fuente imagen: Universidad Diego Portales).
Coordenadas: 33°27'7.98"S 70°39'39.42"W
Ir a tomar las imágenes fotográficas que necesitaba de la Iglesia de San Lázaro, me produjo algunos sentimientos encontrados. A la majestuosidad cautivante de su alta torre gris pinchando el cielo y forzando con encanto hechicero la mirada del peatón, se me superpone inevitablemente la perturbante imagen de una atractiva y esbelta compañera del primer año en la Universidad Central de Parque Almagro, cuando yacía trágicamente muerta en un confuso accidente a una cuadra de este lugar y también a escasa distancia de la casa de estudios, en 1990.
Alejandra, se llamaba, y rondaba los 18 años de vida. No puedo reservarme su nombre. De hecho, creo que por tal carga en mi banco de datos mentales, no volvía a este lugar desde entonces, tal vez un poco temeroso del tormento de esos recuerdos y detalles de esa triste mañana, de los que veo ahora que nunca me pude desprender.
Observar la altura erguida de la parroquia de San Lázaro, sin embargo, me da alguna esperanza o ilusión de resurrección para ella, aún cuando ésta no sea en el plano terrenal. Por más que miro y reviso la historia de esta iglesia, en un constante renacer, no puedo dejar de pensar qué clase de extraña sincronía ligó a esta con el mismo destino del para mi gusto más misterioso y simbólico personaje de los Evangelios, que logró vencer la muerte y volver por el umbral de la desaparición física.
Aun cuando hay discusiones sobre el San Lázaro de Jerusalén reconocido por la Iglesia Católica y su presunta diferencia con el Lázaro a que hace referencia la tradición popular tomada de los textos bíblicos, el personaje aparece asociado a la orden de caballeros cruzados del mismo nombre, y generalmente a los encargados de la atención de hospitales (los "hospitalarios"), siendo inevitable que el mito tomara su propia ruta ante la existencia de un culto de carácter muy pagano para el Lázaro resucitado por Cristo cuatro días después de fallecer, y del que se dice sería bastante generoso con el cumplimiento de milagros solicitados.
Hay también otro enigmático Lázaro que aparece en las parábolas de Jesús como un pobre ilustrado, que es representado con perros y portando muletas, en otra curiosa alusión al servicio hospitalario. Hubo mártires y obispos milagrosos con el mismo nombre, pero a todos los une un mismo halo místico y hasta mistérico.
Vista de época del edificio, publicada en el estudio "La arquitectura moderna en Chile", de Max Aguirre y Miguel Ángel Baldellou, de la Universidad Politécnica de Madrid (2004).
El culto de San Lázaro es antiguo en Chile. René León Echaíz da buenas referencias en "Historia de Santiago", sobre el templo que fuera erigido originalmente en el sector de La Cañada (hoy Alameda Bernardo O'Higgins) donde ahora se encuentra la calle San Martín, pero que no hay exactitud sobre la fecha. Recuerda, sin embargo, que según Thayer Ojeda la antigua iglesia ya existía en 1575.

Sucedía que había sido fundada también una capilla que se convirtió en un importante centro religioso de la Colonia, y que el Arzobispado de Santiago reconoció como parroquia casi exactamente dos siglos después. Pero se le levantó una construcción mayor por decisión del entonces Obispo Manuel Alday, que la consagró a San Francisco de Borja. Sucedió, sin embargo, que el 22 de octubre de 1781, el mismo Alday emitió un decreto para trasladar la sede de la parroquia a la antigua capilla de San Lázaro, ubicada en La Cañada entre las actuales calles San Martín (ex "de las Cenizas") y Manuel Rodríguez.
En 1875, se ordenó un traslado del templo de San Lázaro hasta un sector relativamente cercano, en la ubicación que hoy tiene: calle Ejército Libertador 417, esquina Gorbea, por entonces un barrio asociado a la opulencia y a la comodidad de las clases altas de la sociedad capitalina.
El plan del traslado se había trazado luego de las ventas de terreno que se ejecutaron a partir de 1872. Se instaló, así, sobre una ex quinta que allí había tenido el famoso empresario norteamericano Enrique Meiggs, uno de los capitalistas más acaudalados del salitre y los ferrocarriles de Chile y Perú.
La decisión del traslado la tomó Monseñor Valdivieso, al ver que el antiguo edificio de la Alameda de las Delicias era insuficiente para contener a todos los devotos que llegaban, ordenando de inmediato el inicio de las obras en tan opulento y copetudo sector de Santiago. Nadie habría pensado, por entonces, que ese mismo barrio en nuestros días, figuraría en las estadísticas delictuales como uno de los más complicados para la seguridad ciudadana, a pesar de su fuerte acervo como sector universitario.
Contrastante vista actual. Ya nada es igual a las viejas fotografías.
Vista desde el lado oriente, hacia la estación del Metro.
Para el año siguiente, el edificio de la iglesia ya estaba levantado y los fieles asistían sagradamente desde el mismo día de su inauguración. La bendición oficial del templo tuvo lugar el 7 de julio de 1877.
La historia de este lugar se cruzó con el ejercicio de la educación: En 1904, el cura párroco de la iglesia, Daniel Fuenzalida, decidió crear la escuela que lleva el mismo nombre del santo, para ser atendida y administrada por los sacerdotes de la casa religiosa. El servicio era ofrecido entonces de modo gratuito a los hijos de familias modestas, gracias a las sociedades benefactoras ligadas a la iglesia.
Pero la bondad de la parroquia no fue suficiente para que la Divina Providencia le salvara de un enorme incendio, el 9 de enero de 1928, que echó abajo la hermosa construcción de torre con arcos, con la voracidad de los siniestros que azotan la capital precisamente en esos días de intensos calores veraniegos, como tantos años antes le tocó también a la trágica Compañía de Jesús.  Aparentemente, la casa de San Lázaro había muerto, reducida en gran parte a escombros ardientes y humeantes.
Y es así como la Iglesia de San Lázaro demuestra tener la misma historia llena de símbolos y misterios que el personaje de tal nombre que aparece en el Nuevo Testamento, pues también se "levantó" volviendo de la muerte, producto de un milagro de devoción popular. Su enorme aguja se estira de manera magnífica, y literalmente sobre las cenizas de una vida anterior, haciéndose visible casi desde todo el entorno del barrio Toesca.
De esta manera, el dolor de la ciudad de Santiago no se resignó a aceptar la muerte de su querido templo y la iglesia católica se organizó con sus feligreses reuniendo fondos y ánimos: a los pocos meses, el párroco de la iglesia, Arturo Cortínez, anunció complacido la reconstrucción con un nuevo y mejor edificio, cuyo diseño quedaría encargado a los prestigiosos arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena, y la ejecución quedó en manos de los ingenieros Francke y Botinelli, según leo en un artículo de internet.
Actualización:  los ángeles de la torre-aguja, ya deteriorados.
Actualización: Imagen actual, con los ángeles deteriorados.
Los arquitectos proyectaron la nueva iglesia de estilo románico y algo de bizantino, con un extraordinario portal, decorado con la imagen de San Lázaro, obviamente, que observaría la entrada de los fieles a varios metros de altura, sobre las puertas de madera y sus columnas neo-románicas. Más arriba aún, en la gallarda torre, cuatro ángeles contemplan el final de los tiempos en una panorámica de la ciudad desde su posición de privilegio. Hasta hace poco estaban en relativo buen estado, pero ahora están muy deteriorados o al menos eso aparentan.
El interior consta de una nave central con frescos alusivos a la Anunciación, Nacimiento, Muerte y Resurrección de Cristo, y el hermoso altar está elaborado en ónix y mármol. El aviador Armando Cortínez, hermano del Padre Arturo, donó por entonces una valiosa pieza francesa llamada "El Señor de las Trincheras", de la que hablaremos a futuro. También publicaremos un capítulo especial para el interior general de la iglesia, por su belleza y espectacularidad.
La nueva construcción quedó concluida en su mayor parte ese mismo año de 1930, reinaugurándosela el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen. Así, Lázaro resucitó y volvió a convertirse en uno de los centros religiosos más importantes de la capital cuyo enorme y atractivo edificio, por Decreto Nº 21 del Ministerio de Educación del 16 de enero de 1992, fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Actualmente, la Iglesia de San Lázaro está bajo la administración pastoral de la Orden de la Madre de Dios (OMD) por decisión del Cardenal Juan Francisco Fresno. Su párroco, el sacerdote de origen italiano Paolo Biagi, se ha esmerado en mejorarla y mantenerla en excepcional buen estado dentro de los viejos Monumentos Nacionales del país. Entre otras hazañas, se cambió el piso antiguo con mármol blanco italiano de Carrara y con piezas de granito. También hablaremos más de estos detalles en alguna futura entrada.
Así, Lázaro resurrecto evocará para siempre, en Ejército con Gorbea, el también inmortal arquetipo del Fénix y del personaje bíblico que doblegó las leyes de hierro de la vida y la muerte.

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