domingo, 12 de noviembre de 2006

UNA FUENTE CONTROVERTIDA: ¿AYACUCHO EN LA PLAZA DE ARMAS DE SANTIAGO?

Otra vieja imagen de la Fuente de Ayacucho, con el antiguo Portal de Sierra Bella de la familia Fernández Concha de fondo.
Coordenadas: 33°26'16.24"S 70°39'1.99"W
Que la Plaza de Armas de Santiago se ha vuelto progresivamente más "peruana", es algo que sólo podría discutir el que nunca la ha conocido. No en vano, el apodo de la Pequeña Lima ya alcanzando desde calle Catedral a la parte norte de la plaza, que da a los edificios del Correo Central, el Museo Histórico Nacional y la Municipalidad de Santiago. Los restaurantes con comida típica de este origen comenzaron ya a instalarse alrededor de este barrio, además.
Pero hay aparentes antecedentes de lo que podríamos llamar una peruanización muy anterior, remontado al siglo XIX y que no pocos han considerado una verdadera anomalía o incoherencia histórica en esta plaza que señala el corazón y el kilómetro cero en las distancias de la ciudad capital chilena. Se trata del llamado Monumento a la Victoria de Ayacucho, Fuente a la Gloria de Bolívar o Monumento a la Libertad Americana, colocado al centro de este cuadrante desde los tiempos tempranos de la República.
Aunque se le ha buscado asociar específicamente a la memoria del Libertador Simón Bolívar, la enorme fuente blanca de mármol italiano tallado y de estética greco-románica, sigue siendo algo extraño, para muchos una curiosidad casi excéntrica enclavada en la plaza chilena, por contener lo que se interpreta como un homenaje a las glorias independentistas que dieron la libertad final al Perú, en Ayacucho, durante el año 1826.

Aparece en ella una mujer que correspondería al parecer a la diosa Minerva (como alegoría de la libertad) tendiéndole la mano y levantando a un indígena que se pone de pie tras haber pasado ya el imperialismo colonial. La diosa llevaba en su mano algún objeto simbólico o cetro que le entregaba al indígena, pero éste desapareció hace mucho, por lo que la dama hoy pareciera empuñar un cuchillo imaginario para apuñalar al pobre indio. Se trataba en realidad de la flama, también emblema de la libertad y de iluminación.
La base está rodeada de cuatro relieves con hitos de la liberación del Perú y, según algunos, los cuatro caimanes del pedestal son alusivos a la fauna amazónica peruana; según otros, evocan el recuerdo del río Orinoco, en las tierras de Bolívar.
Por mucho que la participación chilena haya sido fundamental para la emancipación del ex virreinato, no deja de llamar la atención su presencia a tantos kilómetros del lugar de los hechos, y celebrando una victoria que el correr de los siglos ya nos ha vuelto ajena... Pero la verdad es que la figura dice mucho más de lo que se entiende en la primera lectura.
La supuesta extravagancia tendría una explicación muy terrenal, según una leyenda propia: este monumento iba originalmente embarcado al Perú, durante los primeros años de la República, tras haber sido terminado en 1836. Sin embargo, por algunos problemas administrativos, quedó descargado en Valparaíso, donde nadie pagó su bodegaje ni se hizo responsable por solucionar los enredos burocráticos que derivaron de su transporte. Sin saber qué hacer con la fuente desarmada y embalada, la pieza fue llevada a Santiago para buscarle un destino.
Fotografía de la Plaza de Armas tomada hacia 1859, donde ya aparece la fuente con los edificios del actual Museo Histórico y la Municipalidad de fondo. Faltaba poco para que Bascuñán Guerrero ordenara convertirla en plaza verde. Publicada por Eugenio Pereira Salas.
Imagen de la Plaza de Armas, aproximadamente en 1870. Atrás se observa parte de la fachada de la Catedral de Santiago y la esquina de calle Catedral con Puente. Los cuatro hermosos jarrones de mármol que rodean la pequeña área verde, actualmente están repartidos en el Cerro Santa Lucía y el Museo Histórico Benjamín Vicuña Mackenna. Hablaré más de ellos a futuro.
Versiones alternativas dicen que el conjunto iba embarcado hacia México antes de quedar anclado en nuestro puerto. También se le ha llegado a llamar directamente como "Monumento del Río Orinoco" (?), según leo en una vieja postal de la plaza anotada a mano. Otros creen que iba a ciudades lejanas del continente, pero por un error o confusión nominal llegó hasta acá.
Carlos Ossandón, por ejemplo, sostiene que fue encargada a un taller escultórico genovés por el Gobierno del Ecuador, pues el Presidente Flores quería homenajear con ella a Bolívar, pero que cuando era llevada a Quito quedó en Valparaíso sin ser reclamada; el periodista Sergio Paz, en cambio, deslizó hace poco la idea de un error comparable con el que atribuye otra leyenda a la presencia de una estatua en el pequeño poblado de Puntarenas de Costa Rica, tras confundirse este pueblo con nuestra ciudad austral de Punta Arenas, que era la que había solicitado la obra.
Pero Sady Zañartu descarta tempranamente todas estas teorías y leyendas. La versión más realista y documentada, según sus palabras, dice que la obra fue directamente comprada por el representante diplomático chileno Francisco Javier Rosales en 1829 a su autor, el artista italiano Francesco Orsolino (Orselino u Orsalino, según otras fuentes), por 72.000 pesos, a quien se la había encargado poco antes. Desde allí fue enviada a Santiago, donde la Municipalidad la adquirió y la instaló en la plaza. Por esa razón, habría sido llamada por largo tiempo como la Fuente de Rosales, según recuerdan algunos autores, aunque la decisión de traerla habría sido directamente del Ministro Diego Portales.
Obviamente, de ser preciso tal dato, esto no acomoda mucho a discurso de ciertos historiadores chilenos o extranjeros, que han obsesionado parte de su trabajo en la idea de presentar a Portales como un radical enemigo de la identidad americana y de las aspiraciones de unidad bolivariana, incluso a nivel de homenajes o conmemoraciones.
Parecería ser que también coincidió el hecho de la instalación de la fuente con que, por el año 1836 ó 1837, se retiró la histórica fuente colonial del Gobernador Henríquez desde la Plaza de Armas, y que hoy se encuentra en el patio del Palacio de La Moneda. Por entonces fue llevada hasta la Alameda cerca del templo franciscano y luego, en 1840, a la Plaza de la Recoleta, donde permaneció hasta 1927, cuando fue llevada al palacio presidencial encontrando por fin un domicilio estable.
Se levantó, entonces, el Monumento a Ayacucho por la orden que había alcanzado a firmar el Ministro Portales antes de ser tocado por el dedo brutal de su horrible asesinato. Originalmente, estaba sobre el suelo de la plaza dura, pero más tarde se le agregó un pequeño jardín propio circundado por una reja.
En años más cercanos a los nuestros, distintos institutos de conmemoración han vuelto a jurar y rendir loas sobre el monumento, recordando al prócer caraqueño y a la liberación del Perú, de la que Chile y su Escuadra tuvieran la primera y detonante participación, como hemos dicho, y a pesar de cierta ingratitud y conflictos diplomáticos con las autoridades peruanas de entonces, con relación a los dineros que costara su liberación y los dolores económicos que costó tamaña empresa, agravando -entre otras cosas- la crisis que obligara a O'Higgins a dimitir en 1823, un año antes de la conmemorada victoria de Ayacucho. Aún así, el símbolo representado en la fuente permite olvidar estas asperezas y buscar mejores prospectos.
Pasó el tiempo. Unos se acostumbraron a la fuente; otros, jamás asimilaron su presencia en el corazón capitalino y siguieron suponiéndole un origen que la hacía casualmente establecida en Chile.
Para darle un sentido más amplio, se le llamó a la fontana Monumento a la Libertad Americana, aunque en estricto rigor simboliza centralmente la conseguida en Ayacucho y por Bolívar, razón por la que se ha popularizado el nombre de "A la Gloria" (de don Simón, se entiende) para la fuente. Según Sady Zañartu, éste sería el primer monumento de América Latina erigido en la memoria y la obra de Bolívar, por lo tanto, de la misma manera que el de nuestra Alameda fue después el primero erigido en el continente en homenaje al General San Martín. Hubo una larga época en que permaneció como estatua seca, además, antes de que se conectaran sus ductos de agua que le daban el valor como fuente.
En los años sesenta, se levantó una fuerte campaña para remodelar algunas ornamentaciones de la Plaza de Armas, entre las que se proponía retirar la fuente del Monumento a Ayacucho, idea quizás estimulada por las malas relaciones con el Perú (no lo sabemos, realmente) y por la leyenda de su arribo casual a nuestro país. También se propuso reemplazarla por la estatua ecuestre de don Pedro de Valdivia. La idea cobró fuerza a pesar de las protestas de intelectuales como Joaquín Edwards Bello, quien encontraba ridículo el argumento de que tal pieza era poco representativa por mostrar cocodrilos en sus diseños (por cierto, uno de éstos, en la cara sur, lleva tiempo con la mandíbula quebrada), animales que no existen en Chile.
"En Londres -escribió al respecto-, el tonto nacional diría: 'Hay que cambiar el escudo británico, por cuanto en Inglaterra no hay unicornios'. En Venecia, diría con tamaña boca abierta: 'Es preciso quitar los leones alados. En Venecia no hay leones'."
Nos preguntamos cuál era, efectivamente, la razón por la que quería retirarse la fuente de mármol. Quizás la hipocresía "políticamente correcta" tan propia de nuestros pueblos impide admitir con honestidad ante la historia el posible verdadero motivo: la permanente y secular enemistad diplomática de los países del vecindario, que aflora cada cierto tiempo de infeliz manera. Quizás de allí provengan también las versiones casi anatémicas sobre su supuesto origen foráneo e impropio a Chile, que descarta Zañartu.
Se debe advertir, además, que esta pieza conmemorativa está generando potencialmente un germen de discordia derivado de la ignorancia, por la misma razón: en Perú se ha dicho -en más de una ocasión- que la fuente del Monumento a Ayacucho formaría parte de la nómina de objetos ornamentales "saqueados por los chilenos" durante la ocupación de Lima, afirmación absurda considerando las condiciones en que llegó al país y su instalación muy anterior a la Guerra del Pacífico, testimoniada en las más antiguas fotografías que existen de la Plaza de Armas de Santiago.
Atendiendo, sin embargo, que los historiadores y académicos peruanos hoy le achacan a coro la responsabilidad a Chile, por ejemplo, en la desaparición de la enorme torre-reloj Ruiz-Gallo de la capital peruana en 1881 (cuando hasta los albores de la devolución de Tacna en 1929 aún se creía allá que la pieza había sido robada por los propios grupos de saqueadores pierolistas y probablemente sacada del país para alguna colección particular), no cuesta imaginar que el monumento de nuestra Plaza de Armas de Santiago pueda convertirse en un eventual foco de debates futuros y falsas discordias, tomando en cuenta como factor de abono, por cierto, el espantoso desconocimiento que nuestras propias autoridades han ofrecido en más de una ocasión sobre este tema histórico en particular y sobre la misma fuente de marras.

1 comentario:

Unknown dijo...

Interesantísimo, como casi todas las columnas de este blog. Sin embargo,aún queda la duda de por qué Chile (el funcionario que sea) manda a hacer una estatua que conmemora un triunfo de otro país. Es cierto que Chile contribuyó, pero fue parte de la avanzada "sanmartiniana", y por lo que leo la fuente conmemora una victoria de las fuerzas "bolivarianas". Más raro todavía, porque esos dos no se querían mucho. ¿No hay alguna teoría o explicación, o simplemente fue un raro rapto de americanismo de nuestro país?

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