miércoles, 15 de noviembre de 2006

"LAS TEJAS": MEDIO SIGLO ENTRE CHICHA Y PIPEÑO

Coordenadas: 33°26'52.96"S 70°39'3.02"W
El local "Las Tejas" nació como una chichería popular en el sector de Santiago Centro de la calle San Pablo, cerca del popular "Barrio Chino" de Mapocho, según alcanzamos a oír a algunos veteranos. Según Plath, esto fue en 1954, pero en otras fuentes y en la propia publicidad del boliche dice que éste fue abierto al público en 1946. Sea de una u otra manera, se convirtió rápidamente en un templo de peregrinación para trasnochadores y adictos a las ambrosías de la fermentación de la uva, en los años cincuentas.
Pero, como sigue sucediendo hasta nuestros días en ese histórico barrio capitalino, un incendio redujo a escombros parte de la cuadra donde se encontraba, llevándose consigo la chichería. Los borrachines y los acólitos del culto a la bebida chispeante lloraron a mares su partida.
Comprendiendo que una parte de la cultura nacional se perdería con la desaparición de "Las Tejas", un reportero gráfico y ex decano del diario "El Mercurio", tuvo la idea de recuperar la quinta a la que tantas buenas noches de jolgorio debía. Se trataba de don Leoncio del Canto Zamora, quien vendió prácticamente todos sus bienes para volver a levantar "Las Tejas", incluyendo su propia residencia.
El nuevo local de "Las Tejas" se estableció en avenida Nataniel Cox, a tres cuadras de la Alameda y junto al antiguo gimnasio que allí se encuentra. Logró arrastrar no sólo la misma clientela que tenía en San Pablo, sino también una joven intelectualidad nacional que, por entonces, disfrutaba con sincero patriotismo de esta clase de locales tradicionales de la cultura chilena, algo lejanos a la elegancia y al refinamiento cliché.
Recuerdo de nuestros inicios en "Las Tejas", en 1997.

Una noche de viernes en Las Tejas... Septiembre de 2004.
Don Leoncio, apodado cariñosamente como "El Conde de Las Tejas" o también "Caruso" (por el parecido que su jefe en el diario, Agustín Edwards Mc Clure, le encontraba con el cantante lírico), extendió la popularidad del local atendiendo personalmente y convirtiéndolo en una especie de centro de veneración de la chicha y del pipeño, los dos elíxires nacionales que han quedado condenados a la hermandad menor del prestigioso vino chileno, pero que van tanto o más arraigados que éste en nuestra cultura.
Otro de los aspectos que hicieron popular a "Las Tejas" entre sus comensales, fue la variedad de tres chichas que ofrecía al público: la dulce, la demisec y la seca. Todo parece indicar que el conocido trago nacional "chicha-pipeño", que mezcla proporciones de ambas somas y que se vende en locales de la capital, también vio la luz por primera vez en "Las Tejas". Años después, este sitio estuvo entre los que popularizaron también el folclórico trago nacional conocido como "terremoto", que a pesar de su localizado arraigo en la Zona Central del país, ha comenzado a aparecer como novedad y con ciertas variaciones en algunos bares tradicionales de países vecinos.
Los clientes conocidos de la casa tenían la costumbre de pedir tragos específicos con los nombres de "un Juan Emilio" (en alusión al ex Presidente del Círculo de Periodistas, don Juan Emilio Pacull, un cliente frecuente del local) y de "un Caruso" (el dueño de casa).
Otro de los visitantes habituales de "Las Tejas" era el poeta y columnista Manuel Gandarillas Díaz, además de Premio Nacional de Periodismo, quien en una ocasión escribió las siguientes palabras homenajeando al centro de reuniones y a su propietario, reproducidas por Oreste Plath:
Este don Leoncio, conde de Las Tejas
supo dar a la chicha y al pipeño
en perfume de parra y cepa nueva
una estirpe de extraños abolengos
A pesar de la cultura etílica que había en torno a "Las Tejas", don Leoncio tomaba sus precauciones. Plath recuerda -como buen cliente que fuera alguna vez- que en la entrada del local había un aviso advirtiendo: "Beba con moderación, porque es Salud". Es inevitable pensar que el redactor quería hacer, quizá, una analogía con el "¡Salud!" de los cientos de brindis que cada día hacían sonar los vasos en el recinto.
A la variedad se sumaba como atracción la estética del local, que se extendió después por muchos de este estilo que reinan en la noche popular santiaguina, inspirados en el aspecto rústico y elemental de los bares y restaurantes de las zonas rurales del país. En lugar de sillas y mesas, por ejemplo, habían en el patio barriles de distintos tamaños para ser usados como muebles. En esta parte del lugar se filmaron, hacia 1963, algunas locaciones de la película francesa de Jean-Gabriel Albicocco titulada "Le Rat d'Amérique", con Charles Aznavour, Marie Laforêt y Franco Fabrizi.
Sorprende que, a pesar de la popularidad y de la rusticidad del sitio, "Las Tejas" era capaz de atraer importantes figuras de la intelectualidad política y cultural de la época, incluso futuros altos estadistas y premios nacionales de literatura. Entre otros, y aparte de los ya mencionados: Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leyton, Roberto Aldunate, Pablo de Rokha, Ricardo Latcham, Rubén Azócar, Francisco Coloane, Jorge Mistral, Silvia Pinal, Juliette Greco, Tito Mundt, Tito Castillo, Orlando Cabrera Leyva y los hermanos Augusto y René Olivares.
Como en el local se reunían cada vez más grupos de amigos y camaradas de andadas, la casa había comenzado a ofrecerles para picoteo platos propios de la sencilla cocina criolla, como perniles con papas, costillares, empanadas, pichangas de cerdo, aceitunas y escabechados. Esta característica lo convirtió, con el tiempo, en uno de los locales de cocina chilena más atractivos de toda la ciudad, fama de la que gozó especialmente durante su apogeo de los años sesentas, y que aún identifica al local.
Al fallecer don Leoncio o poco antes de esto, cuando el local era administrado por sus varios hijos, el boliche fue vendido a la familia Lira Durán, que lo conserva hasta nuestros días. Entre los años setenta y ochenta, durante el Régimen Militar, el lugar fue uno de los escasos centros de paz dentro de la dividida sociedad chilena. Era común ver entre sus visitantes a militares sentados a sólo metros de intelectuales de izquierda.
A principios de los noventa, "Las Tejas" había cambiado de dueño y se había trasladado hasta el lugar que antes ocupaba el Teatro Roma, salón menor y vecino del famoso Teatro Cariola, de calle San Diego 236 casi esquina Tarapacá, donde hoy se le encuentra abierto de lunes a sábado. Grandes pipas adornan su entrada. La entrada está exactamente bajo la marquesina y el gran cartel del otrora esplendoroso Roma, ahora medio tapados por las ramas de los árboles cual triste recuerdo de la época dorada de los espectáculos revisteriles chilenos, que tanto atraían al público santiaguino hacia el barrio San Diego.
Pasando por la barra, frecuentemente atendida por su propio dueño -apodado cariñosamente "El Guatón"-, se da a un gran salón con murales reproduciendo fiestas folclóricas nacionales. Allí los visitantes pueden disfrutar todavía de los platos y tragos típicos, en tradicionales mesas de patas cojas. Sabores al paladar de los que, por cierto, "Las Tejas" es uno de los pioneros en su difusión en la ciudad. Según su actual propaganda: "Secos para los terremotos, el pipeño y la chicha, los arrollados, perniles y parrilladas. Almuerzos y colaciones con platos llenos hasta el tope".
A los atractivos culinarios y etílicos, se suma la presencia de artistas populares que llenan de música su salón. De ellos, destaca el cantor y acordeonista Egidio Altamirano, un sobreviviente de la antigua generación de folcloristas urbanos que hoy se gana la vida paseando y poniendo música a las mesas de distintos locales de San Diego.
La novedad mediática de lo "guachaca" y algunos encuentros folclóricos, en los últimos años, han dado a "Las Tejas" una popularidad distinta de la que era compartida por quienes llevan años formando parte de la tradición propia del local. Sin embargo, más allá de la moda o los cambios, sigue y seguirá siendo el portador de otra de las particularidades más interesantes de la cultura urbana de la capital chilena; de la chicha y el pipeño entre arrollados y perniles.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook