miércoles, 22 de noviembre de 2006

LA BASÍLICA QUE AÚN ESPERA UN SALVADOR

Aspecto del templo hacia el año 1900, todavía con etapas pendientes de construcción, y cuando la línea del tranvía pasaba por su misma esquina adoquinada.
Coordenadas: 33°26'28.69"S 70°39'42.48"W
La mayoría de las catedrales de Chile parecen estar dispuestas con accesos en el eje Este-Oeste. Por razones más relacionadas con las intrigas de “El Péndulo de Foucault” o “El Código Da Vinci” que con teología, por siglos los arquitectos se esmeraron en asegurarle esta orientación a varios de los grandes centros ceremoniales de la fe católica.
Empero, existen notables excepciones, como la representada por la Basílica del Salvador, que la mayoría santiaguina debe conocer sencillamente como la “catedral de Huérfanos con Almirante Barroso”, preguntándose de vez en cuando si sigue en pie o ya se cayó. Su orientación es rebelde: eje Norte-Sur.
Construida a partir de 1871, aproximadamente, en reemplazo de la siniestrada Iglesia de la Compañía de Jesús, sus 30 metros de altura y casi 100 de largo fueron concebidos para albergar medio millar de fieles simultáneamente. El proyecto quedó en manos del ingeniero alemán Teodoro Burchard y luego del arquitecto chillanejo Josué Smith Solar, pesos pesados en la historia urbana chilena.
Fue tal el despliegue de trabajo demandado, que quedaría totalmente concluida en 1932, tras sesenta años de labores, siendo probable que los protagonistas del proyecto original no alcanzaran a verla totalmente terminada. En el Santiago de entonces existía una concepción distinta sobre los legados generacionales y lo trascendente, ajena a las ferocidades de la utilidad rápida y de la ganancia precoz.
El Vaticano no dudó en distinguir su monumental embajadora. En 1938, Pío XI la elevó al rango de Basílica, convirtiéndose en uno de los núcleos religiosos y arquitectónicos más importantes del país. Sin embargo, su diseño neogótico con semblanzas románicas y germánicas seguía con la vista vuelta hacia un lado distinto del preferido por sus hermanas. El Sol salía iluminando sus magníficos vitrales de origen belga, para reaparecer tiñendo de rojo ocaso las siniestras gárgolas y los ladrillos estucados del lado poniente. Las hermosas decoraciones interiores, terminadas en 1920 con el escaso erario del Arzobispado de Santiago, pasaban la mayor parte del día en la penumbra llena de ecos y fantasmas sin tiempo.
El traslado de las familias capitalinas más pudientes comenzó a castigar a la iglesia, cuya mirada perdida hacia el Norte quizás le impedía advertir la progresiva y peligrosa ausencia de fieles.
Suele suceder que aquello que va perdiendo valor práctico va adquiriendo valor histórico, conforme pasan los años, como si las grandes obras sólo pudiesen ser admiradas apropiadamente cuando ya lucen marchitas y quejumbrosas. Así, en noviembre de 1977, la Basílica del Salvador fue declarada Monumento Histórico. Creo recordar que se instaló una placa con los detalles de su historia por su lado de Agustinas, hoy desaparecida.
Pero parece que la benevolencia del Salvador ya había la abandonado, dejándola sola en su incierto destino. La albañilería presentaba serios problemas por falta de restauración.
Nada, sin embargo, comparado las secuelas del 3 de marzo de 1985, cuando Santiago fue sacudido por la naturaleza como una presa en las fauces del predador, abriendo grietas entre las grietas. La imponente construcción quedó atravesada por una dolorosa nervadura de fracturas en todas sus caras, convirtiéndola en un rompecabezas sostenido por la mera terquedad de este edificio sin parangón alguno en nuestra arquitectura.
Trozos de techo cayeron sobre las butacas, dejando vacíos aún visibles por lo alto de las cabezas de los pocos devotos que todavía comparten sus penas con ella. La enorme pared Oeste se partió como la frente de Goliat, dejando a la vista ladrillos desnudos. Ahora, una sucesión de barras metálicas con aspecto de rieles la sostienen dificultosamente, como un borracho afirmado en un árbol. Desde la distancia, semejan palillos chinos intentando contener el desmayo de un elefante; o todavía peor, las costillas de una ballena muerta tras varar.
¿Acaso la negativa de mirar a diario la ruta del Sol en la bóveda celeste molestó tanto al Salvador?
A mediados de los noventa, participé en un proyecto universitario del académico ecuatoriano residente en Chile, Hernán Guerra. Se planeó toda clase de intervenciones en la Basílica que generaran recursos destinados, precisamente, a sus reparaciones pendientes. Las propuestas iban desde ciclos de canto gregoriano hasta exposiciones históricas dentro del recinto, dedicadas al período en que se inició y terminó la mayor parte de su construcción.
Propuse destinar parte del recinto a una muestra permanente de carácter museológico, como en las principales catedrales capitalinas (Catedral de Santiago, Iglesia de San Francisco, Templo Votivo de Maipú), pues consideraba que su carácter histórico superaba ampliamente a su utilidad religiosa.
El profesor Guerra hizo cuanto pudo para convencer a los encargados de las bondades de estos proyectos. Jamás hubo una respuesta alentadora. Por el contrario, el sacerdote que actuaba como gendarme de la Basílica (un italiano, me pareció) jamás atendió nuestras peticiones, cual político al día siguiente de una elección. Decidí partir personalmente a realizar algunos registros concretos y tomas interiores con videocámara para la difusión de la iglesia, pero el cuidador me exigió pedir autorización al sacerdote, con oficina en unos departamentos a pasos del lugar.
Allá, una especie de Torquemada canoso y de mejillas irritadas me miró despectivamente, haciéndome adivinar cuál sería su respuesta a mi solicitud. Tras oír impávido y ausente de todo entusiasmo mis propósitos, alegó con pésimo castellano que ya había un periodista tomando fotos adentro y no quería que “su” iglesia “se llenara de camarógrafos” (¿Cómo lo hará entonces en matrimonios o bautizos? ¿La prestará sólo para funerales?, me pregunté en silencio). Cuando le consulté por la desaparecida placa con reseñas históricas que comentaban los vecinos, me contestó incrédulo: “¿Cuál placa? ¡Nunca ha habido una placa!”. Gracias, vuelva pronto. A estas alturas, ya no sé si dicha referencia existió alguna vez, en verdad.
Diez años después, creo que nada se puede hacer cuando la Basílica ha sido abandonada por su propio Salvador. El destino de esta iglesia que mira de costado y no de frente, será pasar por su propio calvario, su propio Vía Crucis, como su Salvador. Y al igual que éste, quizá abrigue también la esperanza de una próxima y definitiva resurrección, esta vez entre quienes realmente la valoren y la aprecien.
Destrucción del terremoto de 1985 (imagen: gentileza de R. Pérez)
Daños exteriores del templo.
Más deterioro exterior.

12 comentarios:

benjamin dijo...

Criss. Gracias por el excelente articulo sobre la Basílica DEL SALVADOR. Lastima que burocracia e indolencia la encontremos en todo estamento sea de Estado. Político, Religioso, …….. Después de 4 años seguimos peor otro terremoto por medio y fuera de ilusos proyectos nada. Ojala algún día. Atentamente BENJAMIN

Criss dijo...

Gracias don Benja... Desgraciadamente, cuando escribí esto no sabía que algo peor le esperaba al templo.

Lis dijo...

Gracias por la molestia de intentar conseguir voluntades para restaurarla. Es impresionante esta construcción, creo que mezcla lo divino, lo diabólico con lo humano todo en el mismo frontis. Me encantaría conocer más de su simbología, para saber en qué estaban pensando cuándo la hicieron. Espero que alguien de apiade de ella, y no la dejen caer ladrillo por ladrillo. Es rebelde y bella.

Anónimo dijo...

gracias por la información. espero que algo se pueda hacer por esta basílica, sería una lástima que se terminara por destruir.

Gonzalo dijo...

Pobre iglesia, pensar que cuando era un niño iba con mi mamá, y esa iglesia por dentro es inmensamente maravillosa, y sus puertas misteriosas,y sobre quien sabe de esos pasadisos y tuneles...

Gonzalo dijo...

Pensar que cuando niño iba con mi mamá. lastima como se encuentra ahora.
La iglesia por dentro es inmensamete maravillosa...
Quien sabra a donde conducian esas puertas y tuneles misteriosos...

Anónimo dijo...

Felicitaciones por el artículo. Estaba recopilando información sobre la Iglesia.
Cómo me puedo contactar contigo?

Saludos Cordiales.

Miguel Angel dijo...

Hace un par de días pase por afuera de esta iglesia y me dejo pasmado su arquitectura...es realmente impresionante y eso que esta toda destruida. Hubiera sido maravillosa verla en gloria y majestad. Me quedo con una pena enorme ¿como habrá sido por dentro?. Ojala algún día pueda verla restaurada.

María José Goecke dijo...

y el asunto no mejora.
Miren
http://www.3tv.cl/index.php?m=video&v=21365

Felipe dijo...

Da para mucho la Basílica del Salvador. Verdadera joya del gótico en Santiago, su historia ha conocido grandes penas y grandes glorias. Hasta el Ejército, en tiempos de Cheyre, la compró al Arzobispado de Santiago, para transformarla en iglesia institucional, pero todo quedó en nada y la devolvieron al clero capitalino.

Hay una frase profética, que dicen que pronunció el famoso Fray Andresito, que reza así: "EN EL ESTADO EN QUE SE ENCUENTRE LA BASÍLICA DEL SALVADOR, ESE SERÁ EL ESTADO DE LA IGLESIA EN CHILE." Parece que la profecía está en pleno cumplimiento.

La basílica también alojó por casi un siglo la imagen de la Virgen del Carmen coronada, que ahora está en la Parroquia el Sagrario, donde fue quemada y ahora está de vuelta, restaurada. La historia de esa imagen merece por sí sola un artículo.

Finalmente, respecto a la orientación clásica Este-Oeste de las iglesias, obedece a un antiguo concepto de la liturgia pre-conciliar en el que el sacerdote oficiaba la misa mirando al sagrario, y a la vez mirando hacia el Oriente, que recuerda la ubicación geográfica de Jerusalén, y al propio Cristo al que se le llamaba en latín Oriens (sol, oriente), como indiqué en un post anterior. Por eso, sacerdote y fieles celebran mirando hacia Jerusalén, así como los islámicos rezan mirando hacia La Meca.

M*T dijo...

Increible iglesia, algun grupo de personas que estan interesadas en la recontruccion o mas informacion ? Thx !

Paolo T.S. dijo...

Me atrevo a hacer una afirmación sobre la iglesia, tiene los contrafuertes muy cortos, no llegan al arranque de las bóvedas. He visto que tiene una galería al costado de las naves laterales que sirve de contrafuerte, de arbotante, pero ese contrafuerte es muy corto y probablemente muy poco robusto, le falta más peso, probablemente cuando hay temblores o sismos la iglesia se mueve, y al no estar bien "apretada" por decirlo así, desde los costados, las bóvedas se desarman y se mece más de la cuenta. La galería y los contrafuertes no alcanzan a contener el empuje lateral de las bóvedas, se nota por los maderos apoyados por el exterior. Entonces la iglesia necesita más que nada una intervención, no solo una restauración, necesita reforzar sus contrafuertes para contener bien las bóvedas, pienso que de lo contrario, seguirá abriéndose. Saludos

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