miércoles, 29 de noviembre de 2006

HOTEL APOLO: EL AMOR CUSTODIADO POR LAS GÁRGOLAS

Coordenadas: 33°26'44.64"S 70°37'56.94"W
Uno de los edificios más intrigantes de todo Santiago ha de ser, sin dudas, el ocupado por el Hotel Apolo de Avenida Vicuña Mackenna 328, cerca de que esquina con Santa Isabel. La vista cae seducida con un instantáneo hechizo mágico, del que resulta imposible marginarse frente a esta brillante pieza de la historia capitalina.
Decorada con una impactante connotación medieval y arcos de inspiración neogótica, la construcción es un verdadero castillo arturiano, repartido en pocos metros cuadrados de fachada tal cual la quería el arquitecto español P. A. Gutiérrez C. cuando levantó sus planos en 1923, con la intención de atender en él a lo más granado de las visitas extranjeras de la época. Desde que quedó terminado, cuatro años después, extraordinarias gárgolas custodian la entrada de todos los visitantes que llegan a ocupar alguna de sus más de 50 habitaciones.
Originalmente, el estupendo edificio estaba concebido para atender a diplomáticos, agentes extranjeros y sus familias, glamour que se advierte en sus dependencias interiores: escaleras de lujo, molduras tipo europeas, dragones palaciegos, escudos murales, muebles de época y una majestuosa chimenea en el elegantísimo salón principal, otrora testigo de grandes fiestas, bailes y recepciones en las que no faltaron importantes visitas internacionales. Por ello, el lugar sigue siendo visitado por estudiantes de arquitectura e investigadores históricos sedientos de conocerlo, además de haber sido escenario de filmaciones de películas y telenovelas.

En 1958, el edificio fue restaurado por la familia Trespalacios. Se lo convirtió en el primer hotel parejero de Santiago. Demás está hablar de la polémica y los berrinches moralistas motivados por esta situación, pero el hotel fue capaz de imponer y propagar este nuevo concepto de servicio. La calidad de la construcción y la fastuosidad de su decoración interior, además, han conservado intacto el prestigio y la elegancia del lugar, reconocido como uno de los más interesantes en el rubro de la hotelería de estadía "rápida".
Actualmente, la inconfundible fachada rosa del Hotel Apolo sigue siendo una de los centros de amorío importantes de Santiago, pero también un enclave octogenario en la historia nacional.
En sus avisos publicitarios y en un cartel que da la bienvenida a los usuarios, sus actuales dueños juran estricta observancia al lema: "Atender bien a nuestros pasajeros para que otros no lo hagan por nosotros".
Con esta promesa a la vista, y con la posibilidad de pasar unas horas por una experiencia de verdadero viaje por el tiempo, uno se pregunta si una noche en el Hotel Apolo será, acaso en sí misma, una intensa y apasionada aventura.

Fotografías del edificio gentilmente proporcionadas por la administración de Hotel Apolo sólo para ser publicadas en este artículo. Los derechos de uso de estas imágenes continúan siendo propiedad de sus dueños. Las imágenes fueron tomadas por el fotógrafo y publicista Enrique Cabrolier, encargado de la imagen de Hotel Apolo:

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